i M i *&*& \ \ / f yo* n topografa mdica DE LA ISLA DE CU POB EL Da. D. RAMN pina y peuela, Subinspector de gegnnda clase honorario, Mdico Mayor y Secretario de la Gefatura de Sanidad militar de la Isla. LIBRARA NEW YORK OTA NIC AL GAKDEN. HABANA. IMPR. Y ENCUADERNACION DEL TIEMPO, CALLE DE CUBA, NUJI. 110. 1855. /V3 A LA ESTUDIOSA JUVEITUD MEDICA DJ5 LA. ISLA DE OTEA. cr> i f O URARY NEW YORK BOTA NICA L CARDEN. Escribo la presente Topografa Mdica de la isla de Cuba, con la desconfianza propia del que acomete un proyecto de tan- ta magnitud y con el deseo de contribuir en algo al bien de mis semejantes. No es mi obgeto escribir para los mdicos prcticos en la Isla y acostumbrados ver las enfermedades que en ella rei- nan, sino para los que se establecen de nuevo en esta Antilla, y para los jvenes que empiezan su carrera en una senda tan di- fcil y espinosa, y en cuyas manos deposita su confianza el po- bre enfermo que espera de su pericia y conocimientos la vuel- ta la salud apetecida y la conservacin de su ecsistencia. topografa medica DE LA ISLA DE CUBA. GEOGRAFA. Situada la isla de Cuba en la zona trrida, se halla com- prendida entre los 23 12' 45" y 19 48' 30" de latitud Norte, y 78 40' 22" y 67 51' 8" de longitud occidental de Cdiz. Los parages que corresponden estas graduaciones son, al Este la punta de Mais, al Norte la de Hicacos, al Oeste el cabo de San Antonio, y al Sur la punta del Ingls. Est prxima por el Este la isla de Santo Domingo, de quien la separa un canal de 14 leguas de estension, y por el Oeste a la provincia de Yucatn, distante 38 leguas. Tiene la figura de un arco, cuya parte convecsa es de 220 leguas martimas de largo, midiendo la lnea que pasa por la par- te media de la Isla. Es la llave del Seno Mejicano, cuya embocadura forma por los canales que dejan el estremo Sur de la Florida, la costa Nor- te de la Habana v el cabo de San Antonio con el de Catoche, perteneciente la provincia de Yucatn. Quinientas sesenta y tres leguas tiene de litoral, y de es- tas, pertenecen doscientas setenta y dos la costa del Norte y trescientas una la del Sur. Por consiguiente, la superficie es de 31.468 millas cuadradas, sin contar los cayos islas cercanas, que se calculan en 1.340 millas, dando la suma total de 32.808. Para mas pormenores pueden verse las geografas de La Sagra, Poey, La Torre, Pichardo, etc. etc. -6- GEOLOGIA. El sucio en qne habita el liombre tiene un influjo poderos- simo en los dos reinos de la naturaleza, que participan de la es- tructura orgnica; pero es mucho mas marcado este influjo si se combina, como no puede dejar de suceder, con el de la atmsfe- ra y las aguas que aquel contiene. La estructura y formacin del terreno demuestran las clases de animales que pueden vivir y aclimatarse en l, as como las plantas que con preferencia deban reproducirse, estenderse y crecer sus espensas. Sus desigualdades, figura y estado de su superficie, su procsimidad distancia del mar, su direccin ha- cia los varios rumbos de la aguja, modifican y originan los vien- tos, dndoles corrientes muy variadas y obrando de diversos mo- dos en la presin de las capas atmosfricas, en su electricidad y sobre todo, en su temperatura, que es la que sirve de fundamen- to parala clasificacin de los climas, que sin disputa provienen de la configuracin del suelo y de sus cualidades fsicas. Estas configuraciones y circunstancias del terreno son estables, constantes, fijas y obran sin descanso ni interrupcin alguna en los seres de la naturaleza, distinguindose en esto de las cualida- des de la atmsfera, que varan incesantemente al infinito por las mas pequeas causas. La estructura y composicin del suelo, manifiestan las gran- des revoluciones y considerables trastornos que ha sufrido el globo en que vivimos. Las hendiduras naturales las escava- ciones artificiales nos presentan a la vista terrenos dbiles de- psitos acuosos, dispuestos en capas horizontales con algunos res- tos de sustancias orgnicas mezcladas de pedernal, arena, limo y calcrea: mayor profundidad, ya encontramos animales y ve- getales de otras especies distintas de las formas que hoy conoce- mos, y por ltimo, masas enormes de granito, roca, terrenos pri- mitivos; y en todos estos se nota la impresin del fuego, que con preferencia es el que mas ha contribuido siempre los trastor- nos y cataclismos del mundo. En los terrenos mas antiguos no se encuentran seales de seres organizados, y parece que estos ltimos solo han entrado formar parte de los de transicin. El mdico pues debe conocer la composicin de la costra capa del terreno que pisa; pero el hablar de ella aqu con toda la estension que un asunto de tanta importancia ecsige, seria hacer un tratado completo de geologa, que no es de mi objeto escribir, ni tengo conocimientos suficientes para emprenderlo. 9 Todas las tierras no son conductoras del calrico im mismo grado, y lo retienen en s mas menos, segn su naturaleza, por el orden siguiente: arena calcrea, arena silcea, gipse, arcilla seca, arcilla untuosa, tierra arcillosa, arcilla pura, calcrea en polvo fino y humos detritus vegeto-animal. Por esta casalos terrenos arenosos conservan, en verano, una alta temperatura, que no baja ni aun de noche, siendo sus horas sofocantes, cal- mosas y temibles en su aprocsimacion. En todo caso la mayor menor oblicuidad de los rayos del sol, juntamente con la com- posicin naturaleza del terreno y la configuracin de su super- ficie, as como la cantidad de agua que contiene influyen sobre- manera en el grado de calor que adquiere la tierra en un tiempo dado, llegando veces la diferencia hasta 75 de Farenheit. En general el terreno de la isla de Cuba es bajo y onduloso, cubierto de una vegetacin constante y viciosa, que nutrida por la mucha humedad del aire y una alta temperatura, cubre sus campos de un eterno verdor y le da el aspecto de una no inter- rumpida primavera. La mucha cantidad de humos tierra ve- geto-animal que cubre el gran banco de piedra calcrea que sirve de cimiento al territorio cubano, es producida por los res- tos de las plantas que en el transcurso de los siglos han ido amon- tonndose en l, sirviendo de sosten y alimento las que les su- ceden y reemplazan. Se hallan graneles estnsiones de pizarra en la costa del Norte que llegan al beril del canal viejo de Bahama, donde empieza el banco calizo de que hemos hablado y que sirve de fundamen- to la Isla. Tiene esta ademas abundantes canteras de mrmo- les, yeso, cuartzos, pizarras, etc., que encierran multitud de sus- tancias orgnicas en su seno. Los departamentos central y occidental presentan una forma- cin de arena arcillosa y otra de yeso, siendo esta arena blanco- amarillenta, suelta y quebradiza. Las capas mas profundas con- tienen hierro y algn tanto de cobre, como se v en las lomas de San Juan, hacia Trinidad; mas el fondo de la baha de la Ha- bana, as como las peas del Morro y Cabana, son de cal ferru- ginosa. Hacia Regla y Guanabacoa es el terreno de transicin, y las lomas de este ltimo punto de serpentina con algunos tro- zos magnticos. Es muy poco conocida la geologa de la isla de Cuba, en razn que los hombres generalmente no se han entregado su estu- dio ni al de la mineraloga, llevados de su entusiasmo por la agricultura. Sin embargo, se han practicado algunos estudios parciales por el barn de Humbolt, La Sagra, Paz Morejon, y Poey, que nos hacen ver en las [porciones occidental y central de la Isla dos 2 10 formaciones de calcrea compacta, una de greda arcillosa y otra de gipse 6 yeso. La primera blanca amarillo-claro, fractura mate, conclioidea, con varios riones, veces huecos, de slice y petrificaciones. La otra formacin caliza reciente es porosa y ahuecada, y se llama seboruco (macara), la cual se deben loa cayos, arrecifes y fondo coralino que rodean la Isla. En las montaas que coronan el suelo cubano se encuentran muchas sustancias metlicas que desde luego llamaron la aten- cin de los primeros descubridores de la Amrica. La Sagra re- fiere que desde el ao de 1S15 al de 1834 se recibieron en Es- paa 260.000 pesos de oro procedentes de la isla de Cuba. POBLACIN. En el ao de 1849 daba el censo^ de la poblacin de la Isla 945.440 habitantes, clasificados en esta forma. Varones, Hembras/ Total. Libres de color . . . 245.694 79.624 199.177 211.438 84.787 124.720 457.132 164.411 323.897 Total . . . . 524.495 420.945 945.440 La Torre seala la Isla en 1851 el nmero siguiente: Blancos 479.490 Libres de color . . . 171.733 Esclavos 322.519 Total .... 1,023.743 almas, contando con el egrcito, marina y transentes. Entre los de color libres pueden contarse unos 2.000 emanci- pados que proceden de las presas hechas los buques negreros, y que se hallan sugetos servir por un tiempo determinado. Entre los pardos libres habr como quinientos chinos asiticos escriturados y unos trescientos indios de Yucatn sirviendo particulares. El Manual de la isla de Cuba, de Arboleya, publicado en 1852, de donde tomo esto3 datos, seala 50.000 almas^ corres- pondientes la fuerza armada de mar y tierra, tripulaciones de 11 buque9 mercantes y transentes de las poblaciones martimas; de modo que viene resultar aprocsimadamente el nmero de habitantes igual al que publica La Torre. De este guarismo cor- respondan al egrcito 20.129 hombres en el mismo ao. FUERZA MILITAR TERRESTRE Y MARTIMA. Nada tiene que envidiar el egrcito de la Isla a los de la Pe- nnsula y dems naciones europeas, en cuanto al lujo, instruccin, disciplina, vestuario, alimentos, polica y consideracin. Es ver- dad que el alojamiento no es conforme con lo que las necesida- des ecsigen y con el brillante pi en que estn las tropas respecto todo lo dems que les concierne. Uno de los grandes males que se esperimentan generalmente en la Isla es la falta de bue- nos cuarteles dispuestos de modo que reuniesen las condiciones requeridas para la salubridad y desahogo del soldado. Mas esta falta se suple con la diseminacin de la tropa en distintos edifi- cios y en varios puntos del interior que la hace estar con la co- modidad apetecible y provee las primeras necesidades de la vida, en cuanto la habitacin, aguas y aire respirable. Al tratar de los pueblos de la isla de Cuba en particular dar cuen- ta de cada uno de los cuarteles que hoy tenemos y de los edifi- cios particulares que sirven para alojar al soldado. La fuerza del egrcito se compone hoy de 18 Regimientos de Infantera 16.281 2 Regimientos de Caballera .... 1.744 1 Regimieuto de Guardia Civil. . . 666 1 Regimiento de Artillera 941 1 Brigada maniobrera de Artillera. 487 1 Compaa de Zapadores 130 Cuerpo de Bomberos 940 Cuerpo de Salvaguardias y Serenos. 444 Total 21.633 En las milicias se cuentan 3.500 hombres y otros tantos ca- ballos. La marina cuenta hoy con una fragata de 44 caones; siete bergantines con 104; once vapores con 54; cuatro goletas con 11; dos pailebots con 6; dos transportes; un pontn y un navio des- mantelados. Total: 25 buques; 219 caones; 3.000 hombres; 3.034 matriculados. i o COSTUMBRES. En general las dla Habana y ciudades principales de la isla de Cuba son algo parecidas las de Andaluca y principalmen- te las de Cdiz, sobre todo en el trato social. Mas no por, eso se han perdido algunos usos particulares de estas poblaciones, sin embargo de las ecsigencias de la moda, del comercio y del trato con los estrangeros que han impreso mas menos su sello en el modo de vivir de sus habitantes. Es desconocido el eger- cicio pi, sobre todo en el bello secso, siendo tan necesario y til para la conservacin de la salud y para desterrar multitud de ligeras indisposiciones que sin ser verdaderas enfermedades, mortifican en sumo grado y acibaran en cierto modo la ecsisten- cia. El carruage, pues, es un mueble indispensable para el secso femenino particularmente en la Habana. El cors, la cascarilla, las pomadas y olores de todas clases entran por mucho en la produccin de estas indisposicines. El nico egercicio que tie- nen las damas una constante aficin es el baile, al que se entre- gan con entusiasmo, y muchas veces les acarrea diversos males que no padeceran si llevasen una vida menos sedentaria. El aseo y limpieza de todas las clases de la sociedad en las poblaciones de la Isla es esmerado y contribuye en gran manera la conservacin de la salud, que de otro modo se perdera causa de la escesiva transpiracin y sudor que se esperimenta de continuo en este clima. En cuanto al alimento se usan por lo comn dos comidas fuer- tes y un desayuno de caf solo 6 con leche al levantarse de la cama. La carne de puerco, la de ternera vaca, los pollos, los huevos, el arroz, el pltano y el maiz, puede decirse que no hay familia que no los tenga diariamente en su casa. No por eso de- jan muchos de hacer uso de manjares suculentos, fuertemente condimentados y tanto mas estimulantes cuanto mas decado se encuentra su apetito; pero este pernicioso mtodo lejos de cor- responder sus esperanzas, les perjudica mas y mas y el fastidio la comida va cada dia en aumento. Las bebidas consisten en los vinos europeos, la cerveza, y muy pocos licores espirituosos, si se consumen algunos. En cambio se halla el caf tan generalizado que apenas hay persona en la isla de Cuba que no tome al dia cuando menos una taza. Es tambin costumbre muy general tomar frutas a las doce la una de la tarde. Las bebidas particulares propias del pais son la garapia, agualoja, chicha y zambumbia; mas estas dos ltimas LS- las usa solamente el pueblo bajo, tanto en las poblaciones como en el campo. El habitante del campo se conoce con el nombre de guajiro; es franco, astuto, aficionado al juego de gallos, y al caf, cuya infusin toma frecuentemente en el dia. A su vestido que con- siste en pantaln y camisa, acompaa el sombrero de yarey y el machete la cintura. Su alimento se compone de carne de puer- co, arroz, maiz, viandas y pltano. Casi continuamente est caballo, y sus ocupaciones diarias son las siembras en sitios de labor estancias, dirigir los trabajos del campo en los ingenios, cafetales, potreros, estancias y hatos, cuidar de la elaboracin del azcar, conducir carretas, etc., etc. Sus bailes se llaman chang8, y generalmente consisten en el zapateo acompaado de guitarra arpa y giros. Goza de una buena salud debida su frugalidad y mucho egercicio. MEDICINA. (JTIA. Por esta palabra se espresaba antiguamente una zona de tier- ra encerrada entre dos lneas paralelas al Ecuador. Desde este al polo se contaban treinta climas, de los cuales veinte y cuatro comprendan el espacio que hay desde dicho punto al crculo po- lar y seis de este ltimo al polo. Hoy se divide la ostensin que hay entre el Ecuador en 90 grados correspondientes la cuarta parte de la circunferencia del crculo. La voz clima da entender una estension mas menos gran- de del globo en toda su redondez, cuyas cualidades atmosfricas son iguales; proporcionando los mismos medios de ecsitencia al hombre. Apesar de eso los fenmenos meteorolgicos y las con- diciones del suelo, no son ecsactamente las mismas en todos los >arages situados bajo un mismo paralelo; y si nos atenemos so- amente la latitud, podemos colocar bajo un sistema idntico de climas, pases que se diferencian enteramente entre s por sus elementos y por la influencia que tienen en los seres organizados. La distribucin del calor que proviene del sol seria uniforme en su descenso del Ecuador al polo, si no encontrase en la super- ficie de la tierra un gran nmero de circunstancias perturbado- ras, que provienen de las aguas, de los terrenos llanos, montuo- sos, estriles cultivados. En la zona trrida son pequeas las variaciones de la tempe- ratura durante el dia, pudiendo asegurarse que no pasan de 8 o a 9 o por lo regular, segn el influjo que en ellas tienen la procsi- 14 midad distancia de las costas, las regiones del Este del Oes- te, la elevacin naturaleza del terreno, el estado de su superfi- cie, de su orientacin, etc. etc. Muchos observadores de los pa- ses clidos, dividen el ao en cuatro estaciones: la primera com- prende desde Noviembre Febrero, anloga en cierto modo los dos ltimos meses de la primavera europea, y constituye lo que llaman invierno tropical, que lleva la estacin seca prolon- gada hasta el mes de Mayo; despus viene el periodo llamado primavera en el que se esperimentan oscilaciones mas menos variadas de temperatura, pequeas y raras turbonadas-con re- lmpagos y truenos hasta que se formaliza la estacin de las aguas en que estas suelen caer con una violencia admirable, pre- cedidas de ventarrones que amontonan las nubes; esta estacin llega su mayor fuerza en Agosto y no coircluye hasta Noviem- bre. Entonces est pesada y fatigosa la atmsfera, frecuentes combustiuiies elctiicas iluminan el horizonte, los truenos menu- dean con grande estruendo, las nubes se deshacen en torrentes de agua, el mar se altera las mas veces, y hasta el terreno tiem- bla con frecuencia. No obstante todos estos trastornos, la vege- tacin se presenta lozana y rozagante, la vida adquiere una sor- prendente actividad en los dus reinos, la humedad penetra y en- sancha todos los cuerpos, los rios, arroyos y manantiales, crecen profusamente y fecundizan los terrenos que tienen en sus cer- canas. La zona trrida tiene vientos peridicos que siguen los movi- mientos diurnos de la atmsfera; se llaman brisas los que reinan de dia en las cercanas de los mares; empezando algunas horas despus de la salida del sol, y terminando las cinco las seis de la tarde, en que es reemplazada por el terral, que dura hasta la aparicin de la aurora. Los paises tropicales tienen ademas al- gunos vientos estraordinarios, que resultan del choque de vien- tos del Sur y del Norte del Este y el Oeste. Se llaman en las Antillas huracanes, y durante su violencia es cuando se mani- fiestan los mas enrgicos fenmenos de la electricidad, cuyas fluctuaciones son fciles de observar y que representan un papel importante, aunque hasta ahora desconocido, en la produccin de las tempestades, terremotos y catstrofes, tan comunes en es- tos mares y paises. "En los huracanes todos los elementos desencadenados, como que se ligan para destruir la naturaleza; crzanse los relmpa- gos, rimbomba el trueno, y cae la lluvia torrentes; sopla el viento, y es tal su velocidad, que no le alcanza una bala de ca- n; todo lo barre, mieses, caaverales, selvas y casas; desgjan- se las montaas, salen de madre los rios, enfurcese la mar, y hasta la tierra se estremece en sus fundamentos. Dirase, el ngel 15 esterminador estendiendo sus alas tenebrosas en las risueas, cuanto pintorescas Antillas, que muy menudo esperimentau este terrible azote." (Enciclopedia moderna.) El ao tropical es caracterizado por la subsistencia intensi- dad del calor, que dura los seis meses de sequedad, y baja tan poco en los seis de agua, que no pueden dar origen un invier- no formal. El otoo y primavera de la zonu trrida, son notables por las variaciones repentinas del calor y la humedad, y muy parecidos bajo este aspecto, los perodos equinociales de todos los climas. Siempre sostiene el aire atmosfrico en disolucin una canti- dad de vapor acuoso, que varia desde 166 33 diez milsimos de su volumen, mas no es la cantidad absoluta de este vapor la que nos hace sentir la humedad del aire. Un aire muy caliento puede contener mucha agua en estado de vapor, sin que por esto nos parezca hmedo, y un aire fri que no contenga la mitad de este lquido, nos dar la sensacin de una considerable humedad. Mientras que la cantidad de vapor no sobrepuje el mcsimun de humedad que pueda saturar la atmsfera, segn su temperatura, nos parecer el aire seco; pero al momento que aquella esceda en lo mas mnimo su saturacin, se nos hace sensible la hume- dad del aire que nos rodea. De aqu es que con frecuencia el aire ser hmedo al enfriarse y siempre seco al calentarse. El agua est continuamente evaporndose bajo cualquier tem- peratura que esperi mente la atmsfera, y este vapor se mezcla cou el aire ni mas ni menos que lo verifican dos gases al mez- clarse uno con otro; pero cuanto mas calrico contenga este flui- do, tanto mas cantidad de agua mantendr en disolucin, sin que sea sensible al higrmetro, mientras no pase del mcsimun de saturacin. La diferencia de las observaciones higromtri- cas comparadas con las baromtricas, consiste en que el hi- grmetro seala la humedad sequedad del aire que est en contacto con nuestro cuerpo, y el barmetro la de todas las capas que componen la* atmsfera hacindola mas menos pesada y produciendo por este medio la mayor menor ascen- sin de la columna de mercurio que lo constituye. Este instru- mento sensible las alteraciones de las capas mas superiores del aire, no lo es la de los vapores que procsimamente rodean la snperficie de la tierra y que influyen en nuestra economa de un modo tan poderoso; lo que nos interesa conocer con preferencia todo lo dems, como mdicos, es el aire que penetra nuestros rganos y las infinitas cualidades y variaciones que alteran mas menos su naturaleza; as es que el termmetro y el higrmetro son los que satisfacen, mas completamente que el barmetro, las ecsigencias de la prctica de la medicina. 16 El agua higromtrica contenida en la atmsfera y ayudad de los diversos estados de calor, depresin y de electricidad, es la que da origen ciertos meteoros que se veriean en este vas- to reserv.itorio, como son las nubes, granizo, mangas marinas, torbellinos, lluvia, roco, nieve y escarcha. Hay otro agente que modifica al infinito las cualidades de la atmsfera en que vivimos, influyendo de un modo bastante mar- cado en nuestra mquina, cual es segn he indicado en el prra- fo anterior, la electricidad. Todas las manifestaciones de su ac- cin fisiolgica son producidas por la electricidad vitrea, que es- cita sobremanera la sensibilidad muscular y nerviosa, al contra- rio de la electricidad negativa que causa la inmovilidad iner- cia de los msculos, la lentitud de la circulacin de la sangre, de las secreciones; en una palabra, la debilidad, la atona, insen- sibilidad, indiferencia, etc. etc., por cuya razn debe el cuerpo humano resentirse de diverso modo cuando la atmsfera se halla cargada de fluido vitreo, que cuando lo est del resinoso; en el primer caso hay animacin, fuerza, contento, alegra, y en el se- gundo languidez, debilidad, flojera, apata y cansancio; sensa- ciones que se esperimentan los dias de las fuertes cargas elctri- cas que preceden las turbonadas y tormentas, llamados comun- mente dias pesados y bochornosos. Las tempestades resinosas son fuertes, ruidosas y violentas, con vientos mas repentinos, mas variados que los que acompa- an Jas vitreas; producen chubascos diluviales que dejan en pos de s lloviznas mas menos fuertes y constantes, hasta que la atmsfera llega perder el esceso de vapor acuoso que conte- nia que un viento favorable lo empuje otras regiones mas le- janas. La procsimidad de estos fenmenos resinosos produce en algunos individuos peso dolor de cabeza, temblores, pesadez, los heridos padecen mas y se hallan espuestos verse atacados de ttanos, agravndose por lo regular todas las afecciones inter- nas agudas. Las detonaciones elctricas que conocemos con el nombre de rayos, anonadan, rompen, destruyen, queman, y desorganizan al individuo que sufre su accin, matndole aun antes de ver el re- lmpago; veces no quita la vida, pero desordena y trastorna de tal modo la economa animal, que el estado en que la consti- tuye no es compatible con la vida, y viene perderse despus de muchos padecimientos incomodidades. Otras, causa una conmocin del sistema nervioso que suele disiparse prontamen- te, y por ltimo, suele producir quemaduras de mas menos in- tensidad y peligro, y congestiones sanguneas de cabeza 6 pe- cho, de cuyo peligro puede triunfar una prudente y acertada di- reccin mdica. Los cadveres de las personas muertas por el 17 rayo, presentan una notable flaccidez en sus msculos, una san- gre muy fluida y serosa, sin alteracin sensible en los rganos, al mismo tiempo que una disposicin estraordinaria de todas las partes del cuerpo para pasar al estado de una pronta putrefac- cin. Si es dbil y repetida la descarga elctrica que hiere un individuo, viene morir asficsiado por la contraccin fuerte y constante que produce en todos los msculos del cuerpo, de don- de proviene la imposibilidad de que se verifique la dilatacin del pecho; y la asiicsia sobreviene por la falta de aire que incesante- mente debe entrar y salir de los pulmones para sostener la vida. Seria de considerar ahora la accin que producen en el aire atmosfrico sus diversos modificadores, como son la luz, calri- co, humedad, presin, composicin qumica, temperatura, seque- dad y periodicidad diurna y mensual de las acciones producidas por la atmsfera; pero esto nos llevara muy lejos y nos haria sa- lir de los lmites que nos hemos propuesto al escribir esta me- moria. Contrayndonos al clima de la isla de Cuba, diremos que es muy benigno, y lo constituyen su posicin, su suelo, la figurado sus costas y la fuerza y lozana de la vegetacin. De todas estas causas, las mas producen efectos constantes, y las otras los dan variables y hasta cierto punto imposibles de determinar. Lo nico que podemos decir es que la isla de Cuba participa de las variaciones propias de las zonas templadas desde el mes de Octubre al de Marzo, y que en aquellos en que el sol nos ilu- mina mas desde el zenit, abrasndonos con sus ardientes rayos, es cuando modera su rigor la fresca brisa que nos baa por las dos costas, con la uniformidad nada comn en las otras latitu- des. Por las noches templa el rigor del dia un suave terral que del centro de la Isla se difunde hacia sus costas, y refresca la at- msfera ayudado del roco que con abundancia cae en aquellas horas. Con todo eso, son insoportables los momentos que median desde el amanecer hasta la aparicin de la brisa, por la calma chicha que entonces se esperimenta. Por el contrario en los me- ses de Noviembre Febrero, se siente bastante fri cuando so- plan los vientos del Norte. Es tanto mayor esta impresin, cuan- to que despus de un dia y otro de un calor sofocante en que el termmetro de Farenheit seala 89 90, baja repentinamen- te 69 70. En la zona trrida hay por lo comn dos estaciones, la de llu- vias y la de seca; pero en la Isla pueden mirarse tres, que son la de la seca, la de las aguas y la de los Nortes. La de seca reina en los meses de Marzo, Abril y Mayo; la de las aguas, de Junio Octubre, con algunas ligeras variaciones; y la de los Nortes principia en Noviembre, concluyendo por lo regular en Febrero. 3 18 Cuando se entabla la seca por lo comn reinan los vientos del Sud y Sudoeste, que causan un calor sofocante y una desazn interior, aumentados con el insufrible polvo que levanta por ca- lles, paseos y caminos. El termmetro de Farenheit sube por trmino medio en Marzo 82, en Abril 86, y 87 en Mayo. El primero de estos meses baja hasta 63, el segundo 68 y el tercero hasta 69. La altura mcsima ha sido 92 en Junio y Julio de este ao, y la mnima 62 o - en Marzo. La estacin de las aguas se presenta por lo regular mediados de Junio, y llueve y truena, mientras dura, casi todos los dias. La humedad es mucha y el calor es sofocante por la calma en que queda la atmsfera al terminar el chubasco. Por los aos de 1820 28 se presentaba la turbonada de la una las tres de la tarde, descargaba toda su fuerza en hora y media dos horas, y dejaba la atmsfera clara, serena y fresca, haciendo agradable el paseo que se emprenda las seis. Hoy no sucede as, pues por lo comn despus del chubasco permanecen mas menos estacionarias las nubes y continua una incmoda llovizna en medio de la mayor calma y del calor mas fastidioso. Reunidas estas sobre los campos de la Isla los man- tienen despus del medio dia bajo un manto espeso y nebuloso, al mismo tiempo que un sol abrasador y un cielo despejado rei- na sobre sus costas y playas. Se deshacen entonces en una co- piosa y abundante lluvia con tronadas y fuertes descargas elc- tricas que veces causan destrozos y desgracias personales de bastante consideracin. Regularmente no llegan estos aguaceros las costas menos que el viento que los impulsa no sea bas- tante fuerte para vencer la resistencia que les opone la brisa, lo que es causa de que llueva mucho mas en el interior que en el litoral de esta Antilla. Las noches que suceden estas copiosas lluvias son claras, se- renas y por lo comn agradables con pocas escepciones. Las tur- bonadas suelen ser mucho mas frecuentes al principio y al fin de la estacin de las aguas que en medio de ella, esto es, en Ju- nio y Setiembre. En esta ltima poca es cuando suelen presen- tarse esos terribles huracanes que siembran el terror y el espanto en la Isla, destruyendo habitaciones, sembrados y buques, con prdida de la vida de multitud de personas y animales; aunque no son, por fortuna, tan violentos como en el resto de las An- tillas. La estacin de los Nortes es comunmente de Noviembre Fe- brero, siendo siempre precedidos de vientos al Sud y Sudoeste y de un calor insoportable; de aqu resulta que aunque no sea muy considerable la bajada de la columna termomtrica, se ex- perimenta un fri de bastante intensidad, comparado con el ca- -19 lor que le ha precedido. Antes de declararse el Norte sopla el viento al Oeste al Noroeste, con lluvias y aun algunas trona- das, que entablan por ltimo dicho viento, veces con cielo ee- lajoso cubierto de nubes, y ocasiones con la atmsfera clara, limpia y despejada; por ltimo, este viento empieza nordes- tear hasta que se declara la brisa, volviendo presentarse los mismos fenmenos cuatro, seis mas veces cada ao, cuyas va- riaciones de temperatura, por lo repentinas y considerables que son, no dejan de perjudicar mas menos la salud. En Diciem- bre y Enero suele el fri hacerse harto sensible, y aunque jamas ha nevado, se ha visto alguna vez congelarse el agua. El granizo es el fenmeno elctrico que de tarde en tarde se ha observado en este pais. La altura mcsitna del termmetro en esta estacin es de 83, la mnima 51 y la media 70 (Farenheit). Hacia el solsticio de invierno y el equinocio de primavera hay algunos temporales del Sud y Sudeste, en que llueve por algu- nos dias con varias descargas elctricas. Pero por lo general desde Octubre hasta Mayo no se oyen truenos en la Isla. La temperatura nunca es tan elevada en el interior como en las cos- tas, y la salud pblica seria perfecta en los campos de Cuba, si no ecsistiesen la mucha humedad del verano y los innumerables pantanos y cinagas de que abunda su territorio, dando origen las calenturas intermitentes de todos tipos, pues que el vmito no es tan comn y violento como en los lugares martimos, ni son tan frecuentes ni indomables las tisis, las anginas, las erup- ciones del cutis y otra multitud de males que continuamente nos acometen y afligen. La presin media de la columna de mercurio en el barmetro es en la Habana 32 pulgadas 8 lneas de la escala espaola, va- riando algn tanto al interior de la Isla, segn la mayor menor elevacin sobre el nivel del mar, de los parages donde se veri- fican las observaciones la ayuda de este instrumento. La humedad media de la atmsfera 85 15' del higrmetro de pelo; la mcsima 100, la mnima 60. El total de dias de lluvia por trmino medio al ao, es de 102; el mcsimun observado 135, y el mnimun 75. La cantidad de agua llovida en la Habana, por trmino me- dio, es 44 pulgadas 4 lneas; el mcsimun 50, y el mnimun 32 pulgadas 4 lneas. El nmero de tronadas 18; el mcsimun 32, y el mnimun 7 (Lasagra). La duracin del mayor diasolar es de 13 horas 34 minutos. El sol meridiano est en el zenit diez dias antes del solsticio de esto, de modo que cae la sombra al Sud por espacio de solos 20 dias. Las mareas no son muy sensibles, pues que solo suben de 1 20 2 pies; pero al Sud de punta do Halas y al Norte de cabo Cruz son mayores. En Manzanillo llega hasta 1 pies. La kla ha sufrido desde su descubrimiento hasta 1S52, doce huracanes, once terremotos, quince tormentas, nueve temporales y un torbellino. (Arboleya). Nadie ignora que el hombre nace y vive sngeto al influjo de los agentes que le rodean, los cuales modifican su organismo do un modo mas 6 menos variado, y por consecuencia su parte fsi- ca y moral han de sufrir la accin del clima en que vive. Sien- do las enfermedades en general, unas alteraciones de los rganos que entran en la composicin de su mquina, debo por precisin influir en ellas estraordinariamente este agente invisible, dndo- les un carcter peculiar que las distinga de las que acometen la especie humana en otros pases. Hay pues enfermedades propias de determinadas regiones, segn nos lo ensea la geografa mdica, y las que reinan en todas ellas presentan variaciones y diferencias tan distintas co- mo son los diversos climas del globo en que se manifiestan. Ademas las cualidades mas menos puras y saludables de es- tos climas dan los males propios de su localidad los comu- nes todas ellas, los caracteres generales que les imprime la constitucin mdica reinante. As es que el profesor que trata de emplear un mtodo esclusivo en la curacin de una enferme- dad, sin atender al clima en que egerce la medicina, seguir una prctica errnea, una rutina criticable, perjudicial la humani- dad, y que por precisin le ha de desacreditar en el pblico y entre sus comprofesores. Y no debe atender tan solo al clima del parage en que vive, sino la constitucin mdica actual, que siempre modifica mas menos profundamente los padeci- mientos generales de la estacin, imprimindoles un carcter que patentiza las claras, las circunstancias en que se encuentra la atmsfera, propias para producir, con preferencia en los sugetos predispuestos ellas, unas enfermedades mas bien que otras. Es innegable que desde el ao de 1833 hasta el de 1837, en que apareci y sigui reinando con mas menos intensidad la epidemia del clera-morbo asitico, as como desde 1850 hasta el dia, en que ha vuelto presentarse, aunque no con tanta es- tension como en la primera poca, la constitucin mdica que hemos estado y estamos sugetos, tiene un influjo miasmtico y pernicioso sobre nuestro cuerpo, que lo modifica de una manera inesplicable y desconocida, predisponindolo multitud de ma- les, que aunque variados en su esencia por la multitud de snto- mas que los acompaan y caracterizan, tienen, no obstante, al- gunos puntos de contacto que no pueden ocultarse la perspi- cacia del mdico estudioso y observador, y que le manifiestan 21 alguna semejanza en los fenmenos accesorios que regular y constantemente los complican, hacindolos rebeldes los medios curativos mejor indicados, y dando origen las calenturas mas graves, a las erupciones mas pertinaces, los ataques de apo- plega, las diarreas y disenteras de naturaleza colicuativa y ptrida, y en fin otra multitud de afecciones, que en tiempos normales son mas fciles de vencer y destruir, sin presentar mo- tivo para alarmar al mdico, ni hacerse temibles y refractarias los medicamentos con cuya virtud y seguridad puede contar para disiparlas. Esto lo vemos patentemente en la Isla durante los meses en que reina el vmito calentura amarilla, y esto lo tocamos ma- terialmente desde el ao de 1850 en que se manifest y ha se- guido dominando la desoladora afeccin del clera-morbo asi- tico. Al mismo tiempo que nos agoviaba esta plaga tan temible predominaba la colerina, la diarrea y la disentera solas com- plicando las enfermedades comunes, } r presentndose con snto- mas tan tenaces que muchas veces degeneraban en un verdadero clera asitico mortal. Por otra parte el mtodo de vida de los habitantes de la Isla y mas particularmente de la Habana, ciudades principales y fincas del campo, puede decirse que es muy poco nada arre- glado los preceptos de una buena higiene, tanto por lo que respecta las habitaciones, cuanto por las costumbres particula- res y privadas, por la falta de egercico, tan indispensable para la conservacin de la salud, por el uso del pao y gneros de lana, por el modo de tratar los esclavos, del que no se puede prescindir principalmente en los ingenios, donde por precisin tienen que sufrir la accin de los ardientes rayos del sol, la de las aguas en tiempo de lluvias, etc., etc. Agreguemos lo espuesto el mtodo de alimentarse los que gozan de comodidades y bienes de fortuna. Por lo general estn condimentados sus alimentos con sustancias estimulantes in- cendiarias, con el obgeto de escitar un apetito engaoso, que ha- ce recargar el estmago de una cantidad de comida que de nin- gn modo puede digerir; y con el fin de ayudar y favorecer esta funcin, se prodigan los vinos mas esquisitos, alguno que otro licor espirituoso, aunque rara vez, y por ltimo el caf de que se hace un uso bastante comn y aun ecsagerado, sobre todo en el campo. Muy fcil es de calcular cual debe ser la funesta consecuencia de todo esto en un clima como el que habitamos: la prdida de la salud y por consecuencia de la alegra y satisfaccin interior que esperimenta la persona sana, las enfermedades agudas gra- ves, las crnicas de una duracin interminable, las apoplegas, las oo indisposiciones del estmago i ntestinos, del hgado, del bazo, etc., etc. Agreguemos las causas enunciadas otra mas podero- sa, cual es el abuso do la venus, sin contar otras muchas inclina- ciones y gustos que este mtodo de vida y el influjo del clima traen consigo, y que contribuyen poderosamente hacer sufrir una ecsistencia valetudinaria y llena de incomodidades, mu- chos sugetos que se entregan sin rellecsion : una vida disipada y henchida, al parecer, de placeres para ellos. INFLUENCIA DE LA ATMOSFERA EN LA PRODUCCIN DE LAS ENFERMEDADES. Se da el nombre de atmsfera la enorme masa de aire que circunda el globo de la tierra por todas partes, y que baa todos los cuerpos colocados en su superficie. El hombre se halla uni- do ella por medio de relaciones que estn en armona con su organizacin y con su ecsistencia, siendo para l una fuente de influencias variables producidas por las alteraciones de la cons- titucin de este fluido y la accin de sus diversas propiedades; as es que la atmsfera es una de las causas mas poderosas de nuestros males y padecimientos, cuya accin en la economa hu- mana no conoce lmites, y puede fortalecer trastornar la salud, ayudada de los diversos principios constantes accidentales que Be encuentran en ella: tales son la electricidad, luz, calrico y vapor acuoso entre los primeros; y los miasmas de las lagunas y pantanos, las emanaciones perniciosas de los seres orgnicos en putrefacion, etc., entre los segundos. El aire seco y caliente dilata los lquidos y los slidos, ecsal- tando los rganos de la superficie del cuerpo, y debilitando los del interior; de manera que el cutis esponjado por la mucha can- tidad de lquidos que l afluyen, los segrega en abundancia; el sudor, que suele ser escesivo, no se evapora con facilidad en el aire que nos rodea, porque se halla saturado de toda la hume- dad que puede tener en disolucin; las orinas son escasas, las membranas mucosas estn secas, la respiracin no necesita tanto ocsgeno y por consecuencia desprende menos cido carbnico: la vitalidad se aumenta en el hgado, abundando la cantidad de bilis en los intestinos y colorando mas menos de amarillo el cutis de muchas personas. La saliva es escasa, el apetito dismi- nuye, y las digestiones se debilitan, hay sed, el tegido celular contiene menos gordura y el individuo enflaquece. Mas las per- sonas de temperamento linftico y de complecsion hmeda, tie- nen apetito, hacen mejor sus digestiones, y suelen nutrirse la vista, manifestando en esto que el calor realza la vitalidad de bus 23 rganos, hasta el punto de regularizar las funciones que estos egecutan. El aire caliente y hmedo pierde su peso y elasticidad, es mas ligero y menos respirable; debilita las funciones de la economa viviente, embota el apetito, son mas tardas las digestiones, la respiracin es penosa, la sangre arterial menos estimulante, y el peso del cuerpo disminuye notablemente. El aire cargado del agua que puede sostener en estado de vapor se opone la eva- poracin del sudor, que corre en abundancia por todo el cuerpo. Los centros nerviosos se deprimen, produciendo un estado de lan- guidez en las funciones morales intelectuales, que se deja ver palpablemente en la lentitud y pesadez de los movimientos: nos parece entonces el aire pesado, aunque realmente gravita menos sobre la columna del barmetro. Este estado de la atmsfera favorece la descomposicin ptri- da de las materias orgnicas privadas de vida, y hace que sus miasmas deletreos obren con mas intensidad en nuestro orga- nismo. De aqu las fiebres intermitentes, remitentes, subintran- tes, larvadas, perniciosas, etc., que todas deben comprenderse en un mismo grupo, como producidas por una misma causa cual es la emanacin miasmtica de las lagunas y pantanos, favorecida por este estado de la atmsfera, como lo prueba la facilidad de adquirir estos males con solo pasar una noche en las cercanas de algn agua estancada, por ser la hora en que el aire est mas hmedo y en que cesa el viento que suele llevarse lo lejos las emanaciones de estos focos de infeccin. Las enfermedades pantanosas miasmticas pueden dividirse en dos clases generales, una sin reaccin febril, y otra caracteri- zada por la calentura. A la primera pertenecen la diarrea, la di- sentera y muchos casos de clera morbo; la segunda las calen- turas intermitentes y remitentes de todos tipos, y las atcsicas continuas. En la categora de estas calenturas miasmticas debe colocarse tambin la fiebre amarilla, mirada por muchos mdicos como el ltimo grado de las fiebres perniciosas, puesto que la preceden las mismas causas y ataca los mismos rganos. Lo cierto es que la calentura amarilla se manifiesta con preferencia en las cercanas de las aguas cenagosas, en las costas y en las embocaduras de los rios; aparece en la poca de las calenturas intermitentes, y se estiende y generaliza en las mismas condiciones: as vemos que mientras los europeos son vctimas de este mal, los natura- les del pais se ven atacados de las enfermedades que antes hemos enumerado como miasmticas. Los efluvios pantanosos pueden diseminarse en una atmsfera tranquila agitada por los vientos, estendiendo en el primer ca- 24 so su inflo jo como hasta trescientas varas de distancia, aunque las cualidades higromtricaa y baromtricas de este Huido, as como su estado de calor, influyen mas menos directamente en sus efectos. Si la atmsfera est en movimiento, pueden transpor- tarse inmensas distancias los principies miasmticos, siguien- do la direccin del viento dominante, que puede variar su curso causa de las montaas, costas, bosques habitaciones. En la poca del ao en que las lagunas empiezan secarse es cuando sus efectos son mas intensos y mortferos, as como tambin son mas perjudiciales los producidos por las que estn formadas de agua del mar, de una mezcla de esta y de agua dulce. El habitante de los climas clidos lleva consigo el sello de la accin del sol, del mismo modo que los dems cuerpos de la na- turaleza que le rodean: tiene ecsaltadas las funciones esteriores, cuando las interiores estn disminuidas; por el calor rido que esperimentase contraen, se irritan sus tegidos cutneos; y si este agente es hmedo, los estiende, los hincha, los aumenta con el sudor, los llena de erupciones incmodas y pertinaces. Los l- quidos se dirigen al esterior y el cutis aumenta su sensibilidad, simpatizando principalmente con los rganos de los sentidos y del aparato genito-urinario, cu vas funciones ecsalta. Las diges- tiones son dbiles y pesadas, la elaboracin del quilo imperfecta y la sangre serosa y poco estimulante, pues que no se ocsida en los pulmones con la actividad y energa que en los pases de una temperatura mas baja; el hgado adquiere un aumento de vida que le hace precipitar en el canal digestivo, bajo la forma de bi- lis, el carbn que los pulmones no han podido separar de la san- gre por la debilidad de la respiracin. As es que el tipo gene- ral de los habitantes de los pases clidos es el predominio del temperamento bilioso combinado con el linftico nervioso. Hay debilidad, relajacin de tegidos, indiferencia y apata con ecsal- tacion de los fenmenos nerviosos, pasiones fogosas y llamaradas de actividad fsica y moral. Las estaciones medias de la zona trrida trastornan el equili- brio que debe haber entre la traspiracin cutnea y las funcio- nes ele las membranas mucosas; por eso se ven manifestarse en- tonces las bronquitis y dems afecciones catarrales, pleuresas, anginas, reumas, calenturas eruptivas, dolores nerviosos, convul- siones y ttanos. Los indgenas estn mas espuestos las infla- maciones de los rganos de la respiracin, que los forasteros, y en su consecuencia la tuberculizacin de los pulmones, que progresa con una espantosa rapidez. 25 ACLIMATACIN. Todos estos antecedentes y sus innumerables consecuencias debe tener presentes el mdico que ha de dirigir la aclimatacin de los recien llegados los paises clidos, y principalmente el m- dico militar, para quien con preferencia escribo, que ha de cui- dar de la tropa que continuamente llega nuestras playas para reemplazar las bajas del egrcito, y que regularmente se la hace pasar al punto del campo que se considera como de los mas sa- nos y propios para obtener all su completa aclimatacin. No debe olvidar que segn la diferencia de las condiciones esteriores que producen en el hombre el aire, las aguas y el sue- lo, se ve obligada su mquina ecsagerar unos actos debilitar otros, lo que produce una profunda modificacin en el estado de la sangre y del dinamismo nervioso, que hace indispensable una variacin en el rgimen, hbitos, costumbres y gnero de vida, si se queire conservar el inapreciable bien de la salud, cuya pr- dida nada puede recompensar. La diversidad de las estaciones produce en unos incomodi- dades pasageras, en otros trastornos de consideracin, segn la edad, constitucin, temperamento, secso, etc., etc., y en muchos ninguna alteracin sensible, ni la mas pequea variacin en su salud. La aclimatacin, en suma, es una lucha entre las circunstan- cias propias de un pais localidad y las disposiciones orgnicas del individuo que se somete su inluencia. Sabemos que el hom- bre es cosmopolita y que por consiguiente puede vivir en los pa- rages mas elevados del globo como en los mas profundos, en los mas frios como en los mas clidos del ecuador. Todo clima tiene, pues, sus condiciones fundamentales hijas de la temperatura, pre- sin, humedad, electricidad, terreno, etc., etc., con las que lucha el hombre acostumbrndose sus influencias y resistiendo sus variaciones; si estas son fuertes, les pagar su tributo, y veces de consideracin, pero acabar, por ltimo, por adquirir una constante tolerancia del medio en que viva. Mudar de clima puede decirse que es empezar una nueva vi- da, en la que los rganos principales han de esperimentar algu- nas mutaciones, as como el rgimen y las costumbres; pero por muy fuertes que estas sean, llegar el hombre sufrirlas sin enfer- marse, con tal de combatir por medio de los preceptos de una bue- na y bien entendida higiene las influencias del clima y los desr- denes de la reaccin orgnica. La mortandad que suele observar- se entre los europeos mientras su aclimatacin en la Isla, es debi- da la fiebre amarilla, azote de los recien llegados; si vencen este 4 2G terrible enemigo, 6 evitan con el cuidado eus ataques, no tardan en acostumbrarse la temperatura y clima de esta Antilla. Influyen mucho en esto la constitucin y circunstancias parti- culares del individuo que se somete la aclimatacin, pues el europeo llega este pais con un esceso de actividad en las fun- ciones del canal digestivo, en la sanguificacion y en la produc- cin del calor animal, y el peligro es tanto mayor, cuanto mas marcadas son en l estas condiciones; se observar generalmente que las personas de constitucin sangunea, musculosas y encen- didas son las que adquieren la fiebre amarilla con mas prontitud y gravedad; tampoco son muy apropsito para librarse de ella las nerviosas impresionables, por la mayor facilidad que tienen sentir los efectos del clima que empiezan esperimentar. Las personas delicadas y sobrias, las linfticas y por conse- cuencia las mugeres, tienen menos que temer del clima de los trpicos, que los que hemos sealado anteriormente. Los nios mas dbiles, irritables y sin reflecsion para buscar recursos con- tra los efectos del clima, perecen en bastante nmero, y solo el que es padre sabe los cuidados, fatiga y penalidades que cuesta criarlos y hacerles llegar la edad de la pubertad y de la razn. La aclimatacin se completa de un modo repentino y gradual, estableciendo una especie de tranquilidad y sosiego en las fun- ciones de la sanguificacion y nutricin y un aumento en la trans- piracin insensible al mismo tiempo que en la secrecin biliosa. De aqu proviene el color plido que adquiere por ltimo el acli- matado, la enervacin de su cutis, la disminucin del calrico interior, su aspecto enfermizo y la flojedad y lentitud de sus mo- vimientos. Como preceptos de una buena higiene para los que han de aclimatarse en esta Antilla, observar el recin llegado un rgi- men propio para disponer su mquina recibir, sin fuertes sa- cudidas, las influencias del nuevo clima en que v en adelante vivir. Ser muy sobrio en su comida y "bebida, evitando los estimulantes y usando moderadamente del buen vino, para ayu- dar en cierto modo las funciones digestivas debilitadas por la preponderancia de vida que adquiere el cutis en estos paises. Ser necesario elija la estacin de invierno para desembarcar en la Isla, haciendo la navegacin en buque de vela, que tiene la ventaja de ir acostumbrando progresivamente y de un modo lento al navegante las nuevas influencias que va esperimen- tar. Ya desembarcado y sugeto las nuevas causas que empie- zan obrar en l, deber elegir para su habitacin un terreno seco, elevado, distante de los valles y sitios bajos, de las aguas estancadas y fangosas, espuestos los vientos de Este, de donde soplan las brisas frescas y vivificadoras de los trpicos, mas coa 27 las precauciones necesarias para prevenir los efectos de las repen- tinas alternativas de calor y fri, que en tales situaciones se esperimentan y que son origen de multitud de enfermedades, preservndose con sumo cuidado de la accin directa de los ra- yos solares. Los alimentos sern vegetales con preferencia los otros; el nmero de comidas deber reducirse dos, rechazando como he dicho, los muy sustanciales y los condimentos fuertes incendia- rios, que estimulan, irritan y sobrecargan el estmago de una cantidad de materia que no puede digerir, con lo que se aumen- ta estraordinariamente el calor interior del cuerpo, que unido al de la atmsfera, sofoca, incomoda y mata los que se entre- gan inmoderadamente semejante gnero de vida. Lo mismo digo y con mas fuerte razn, del abuso y aun del uso de las be- bidas alcolicas y espirituosas, que tan comn es en las clases inferiores de la sociedad, con la idea de entonar y destruir la aparente debilidad y flojera que esperimentan; bien entendido que la tal languidez y torpeza en las digestiones es la espresion enmascarada de una irritabilidad del canal digestivo, que se ec- saspera y produce os mayores desrdenes funcionales, cuando se sigue imprudentemente el gnero de vida que acabo de pros- cribir. La leche aguada, el agua mezclada con ligeros cidos vegeta- les, cuyo esceso es siempre perjudicial, son las bebidas que con- vienen al europeo en el primer ao de su permanencia en Am- rica. La naturaleza le ofrece, para apagar su sed, frutas delicio- sas acdulas, azucaradas y aromticas, cuyo catlogo v al fin de este escrito. Convienen todas las naturalezas, todas las cons- tituciones, todos los temperamentos; mas su uso inmoderado produce diarreas biliosas, sntomas colricos, y desarregla las fuerzas digestivas de un modo bastante serio y que por conse- cuencia es muy prudente evitar. Estos mismos sntomas suelen presentarse tambin despus de un enfriamiento repentino, ya por haberse humedecido los pies el cuerpo acalorado en un ba- o, en una lluvia, por bebidas frias y heladas estando el cuer- po en sudor; vulgarmente se llaman estos accidentes resfriado de vientre del estmago, y en estos casos es muy til y aun nece- sario hacer uso al momento de un poco de agua con algn lqui- do espirituoso tal como aguardiente, brandi, rom, etc., mas siem- pre con la mayor circunspeccin y prudencia. El vestido ha de ser ligero y debe resguardarse la cabeza de la irradiacin solar; el vientre debe cubrirse con mas cuidado que el resto del cuerpo, usando habitualmente una ligera faja que le abrigue y preserve de las vicisitudes del aire. Los gneros de algodn lana son preferibles al lino, sobre todo los primeros, 28 que sin sofocar demasiado, libertan ni cuerpo de las impresiones que de otro modo le causaran las bruscas transiciones de la at- mosfera, conservndole su propio calor. No debe salir al aire libre en medio del dia, por temor de los abrasadores rayos del Sol, y sostendr en las habitaciones una corriente de aire que refresque la atmsfera que respira y mo- dere el calor que en estas horas se esperimenta. No menos da- oso la salud es el roco y relentes de las noches, que debern evitarse todo lo posible, recogindose temprano y prefiriendo las camas de lienzo hamacas los colchones que se usan en Europa. Los baos frescos son muy tiles para moderar el calor de los trpicos, regularizar la transpiracin, y acostumbrar el cuerpo la impresin del fri en un clima en que son tan frecuentes las repentinas variaciones de la atmsfera; escusado parece decir que la tranquilidad y sosiego del espritu, as como un egercicio moderado por las maanas y tardes, contribuyen poderosamente la conservacin de la salud del recien llegado. No es posible fijar el trmino de la aclimatacin, aunque al- gunos la dan por concluida al cabo de un ao; sin embargo de que se han visto sugetos con ocho, diez y mas aos de permanencia en esta antilla, que han sido atacados de un vmito violento de que han sido vctimas, cuando se creian completamente aclimata- dos y libres de esta cruel enfermedad. En los parages mas sanos y libres de aguas estancadas, la prudencia del recien llegado, las buenas condiciones higinicas, la moralidad y regulares costum- bres, arreglan y determinan en un todo la aclimatacin. Mas en aquellos sitios que se hallan infestados por las emanaciones mias- mticas de las costas, ros y pantanos, no hay seguridad para el forastero, no puede contar con la salud y la vida del que se vea en el caso contrario. Hay personas organizadas de modo que no pueden jamas acostumbrarse vivir impunemente en estos climas y que nunca se aclimatan; bien perecen los rigores de una enfermedad agudsima, se debilitan y consumen lenta- mente, sucumbiendo al fin por causa de una afeccin crnica del hgado, del bazo, del canal digestivo, de las visceras del pecho, etc., etc., sin contar con la nostalgia que con bastante frecuencia se presenta y acaba con el soldado. Todo cuanto acabo de esponer sobre la aclimatacin, las reglas de higiene que debe observar el que por primera vez llega pi- sar estas playas, entra igualmente en la consideracin del meto- do que debe sugetarse la tropa destinada esta Isla para reem- plazar las bajas de su egrcito. El recluta entra servir por lo regular la edad de 18 20 aos, poca de la vida en que hay una grande actividad en la circulacin de la sangre, en que el cuerpo est alcanzando su completo desarrollo, en que suele ha- 29 ber congestiones sanguneas hacia el cerebro, calenturas inflama- torias, hemorragias de los vasos nasales, y afecciones mas me- nos violentas de las visceras del pecho. Por lo mismo es pre- ciso acostumbrarle poco poco la vida militar, haciendo que los egercicios doctrinales sean moderados, y en las horas en que ni moleste el Sol mucho, ni el fri y humedad de las madruga- das pueda obrar perjudicialmente en l. Se eligirn para este fin parages secos, libres de yerbas que humedecen sobremanera los pies del recluta y le producen afecciones catarrales en el vien- tre, as como corizas, bronquitis; etc. l alojamiento ser en parage ventilado y con la estension su- ficiente para evitar la aglomeracin de individuos en un parage estrecho, tan perjudicial para la salud, por la viciacin del aire que respiran y el escesivo calor que producen durante el sueo. Se procurar evitar que tengan que salir al aire fresco y hme- do de la npche para satisfacer sus necesidades, cuidando que lo hagan calzados y con el abrigo conveniente para oponerse la accin de estas causas, origen de multitud de males. El alimento consistir en vegetales, carne, pan y vino, todo con moderacin y reduciendo las comidas dos ranchos con un ligero desayuno. El mtodo que hoy se observa con la tropa en esta Antilla es el mas arreglado que puede apetecerse, y llena en este punto todas las condiciones de una buena higiene. El vestido, los egercicios, los paseos militares por cuerpos, y distancias cortas, las blusas adoptadas con este objeto, los levi- tones para el tiempo de aguas y de fri, la polica, aseo, baos y rgimen interior de los cuarteles, nada dejan que desear, y la higiene mas bien entendida no podra mejorar la suerte del sol- dado bajo este aspecto. ENFERMEDADES QUE REINAN COMUNMENTE EN ESTA ISEA. Considerando cuanto se ha dicho hablando de las influencias atmosfricas y miasmticas, as como del clima de la isla de Cu- ba, veremos que unas y otras obran mancomunadamenteen nues- tra mquina, y segn las estaciones y circunstancias peculiares al individuo, se presentan las calenturas intermitentes de todos tipos, las afecciones del cutis, y sistema dermoides, las del canal digestivo, bajo las formas de clera morbo, diarreas, disenteras, calenturas biliosas, ptridas, mucosas, y vmito fiebre amari- lla. Todas estas enfermedades, al parecer distintas, reinan end- mica epidmicamente, atacan unos mismos rganos con muy poca diferencia, los enferman de un modo anlogo, y se curan 30 en general, con un mismo mtodo, como se ver al tratar de ca- da una de ellas en particular. La causa universal y primitiva de las enfermedades endmi- cas que nos acometen en este clima desde el mes de Junio al de Octubre es una irritacin de la membrana mucosa gastro-intes- tinal. Su mayor menor violencia, en razn de la mas menos intensidad de la causa que la produce, as como el temperamento, constitucin, idiosincracia, genero de vida, secso, predisposicin, etc. del individuo quien ataca, es la que ocasiona en unos el vmito; en otros el clera, en estos la disentera, en aquellos la calentura biliosa, en algunos las intermitententes, en muchos las perniciosas, etc., etc. No debe darse estos nombres la importancia mdica que al- gunos prcticos les atribuyen, supuesto que las afecciones que espresan, aunque diversas, al parecer, son como ya he dicho, idnticas, y producidas por unas mismas causas; pero es bueno usar de estas denominaciones para facilitar la descripcin y es- tudio de dichas enfermedades. FIEBRE AMARILLA. Ha tenido diversos nombres, como calentura de Siam, tiphus ictrodes, contina ptrida ictrodes, carolinensis, elodes ict- rodes, causus trpicus endmicus, calentura biliosa de los trpi- cos, maligna amarilla, marinera, amarilla pestilencial, amarilla maligna de las Indias occidentales, fiebre amarilla de Amrica, vmito prieto negro, tifus miasmtico amarillo, gastro enteri- tis y gastro hepatitis amarillas, maligna con icterus, y gastro adinmica de los pases clidos. Desde la mas remota antige- dad se ha padecido en ellos, atacando casi esclubivamente los sugetos que de los climas frios pasaban vivir las regiones ar- dientes y tropicales. Se han publicado tantos tratados, memo- rias, artculos y folletos sobre esta enfermedad, quesera penoso y casi imposible enumerarlos con certeza. Desgraciadamente sus autores se han copiado unos otros sin haber adelantado gran cosa sobre su naturaleza y mtodo curativo, pues el ao en que viene esta enfermedad, como se dice vulgarmente con espada en mano, es infinito el nmero de vctimas inmoladas sus rigores. En general casi todos estos escritos pintan la enfermedad con un aspecto y caracteres distintos de los que presentan los suge- tos que la padecen. Unos la miran como una fiebre biliosa mu- cho mas intensa por la causa deletrea que la produce. Algunos creen que el vmito prieto y la calentura amarilla son dos afec- ciones distintas, y sientan, en apoyo de su opinin, el principio de que la primera de estas enfermedades no es contagiosa y que 31 la segunda lo es en sumo grado. Mas el que despus de muchos anos de observacin y una larga prctica la estudia y sigue con cuidado su curso, v y se convence de que no ecsiste razn algu- na poderosa para establecer esta distincin, pues que nada en- cuentra que le pruebe el contagio en este mal, y hallar siempre en l un conjunto de sntomas constantes, distintivos y caracte- rsticos que no pueden confundirla con ninguna otra afeccin, y que presentndose en un sugeto no aclimatado, no dejan duda de que es presa de la fiebre amarilla vmito prieto. Es hoy un acsioma en medicina el creer que las enfermedades son individuales; de aqu es que no se pueden clasificar cientfi- camente corno se ha egecutado hasta ahora, asignndoles snto- mas determinados que deben variar al infinito en cada caso es- pecial, segn la violencia de las causas, predisposicin del indi- viduo, temperamento, costumbres, constitucin, idiosincracia, rganos predominantes, simpatas, etc. Pero la enfermedad que nos ocupa puede decirse que forma una escepcion esta regla general, porque los fenmenos que la manifiestan son tan sea- lados, constantes invariables, en el mayor nmero de casos, que basta ver un enfermo recien-llegado, en la estacin del verano, con el rostro abotagado y crdeno, ojos inyectados y como lagri- mosos, dolor de cabeza, dolores contusivos en los lomos y pier- nas, para asegurar casi positivamente que se halla atacado de fiebre amarilla vmito prieto. En efecto, los dos mas dias, estos fenmenos disminuyen, presentndose nuseas repetidas, pulso mas blando y tardo, he- morragias, ictericia y vmito negro; sntomas igualmente carac- tersticos, mas no tanto, ni tan frecuentes como los anteriores. Segn las constituciones atmosfricas, las distintas epidemias que pueden reinar en el ao, al mismo tiempo que la que nos ocupa, el estado de la electricidad y otra infinidad de circuns- tancias, predominarn en ella diversos sntomas mas menos graves; pero el curso de sus fenmenos siempre es el mismo con muy poca diferencia. Hay aos en que son sumamente graves y mortferos, de lo que hemos tenido una prueba en el de 1853, causa de haberse reunido las cualidades invisibles del aire y del calor de la estacin la influencia colrica que nos ha ro- deado en todo su curso. Mas mrese como regla general que nunca faltan en esta afeccin la rubicundez y humedad de la conjuntiva, la cefalalgia frontal, los dolores de cintura y piernas, la tranquilidad engaosa, etc. Muchos profesores que han observado la fiebre amarilla en los mismos parages donde es endmica y ademas en Cdiz, M- laga, Cartagena, Barcelona; Gibraltar, Lisboa, Senegal, Sierra- Leona, aseguran que los enfermos conservan ntegras sus faculta- 32 des intelectuales hasta el fin de la enfermedad, que su fisionoma espresa el miedo y el terror, que el dolor de estmago es agud- simo, que no hay sed mientras la lengua est hmeda, que los movimientos musculares conservan toda su energa, que se ma- nifiestan petequias en todo el cuerpo, que es caracterstica en esta afeccin la erupcin miliar, el delirio furioso, la convale- cencia pesada y lenta; mas estas pueden ser escepciones parti- culares, pero de manera alguna caractersticas indispensables de la enfermedad, porque hay muchos enfermos que deliran des- de el principio, y todos en el ltimo periodo de Ja vida; otros no pueden manifestar terror, porque se hallan soporosos, y los mas creen que lo que tienen es un refriado, una indigestin, un ca- tarro y de ningn modo el vmito; el dolor de estmago lo ad- vierte por lo comn el enfermo cuando se le toca el espigastrio y solo se queja de fatiga y angustia, pero no de dolor, la sed es siempre considerable en unos, moderada en otros y nula en mu- chos; la energa muscular se presenta durante el delirio mas com- pleto, y por lo regular ningn enfermo atacado de este mal pue- de sentarse ni ponerse de pies sin perder la cabeza y sin que le falte la accin y sostenimiento de los msculos. Las erupciones y las petequias pueden y deben mirarse como fenmenos raros de alguno que otro caso aislado, como puras escepciones, y de ningn modo como constantes invariables en esta enfermedad. Los sntomas caractersticos inseparables de ella, para formar su verdadero diagnstico, son dolor de cabeza, lomos y miembros, rubicundez dlos ojos, tranquilidad engaosa y la hinchazn del borde de la enca superior; pulso tardo y calor natural ya en el segundo periodo, y con frecuencia las hemorragias, ictericia, sen- sacin incmoda en el epigastrio, y el vmito de borras de caf, que es el mas malo de los sntomas, aunque no siempre mortal. Consiste, para muchos profesores esta enfermedad en la fleg- masa de la membrana mucosa de las vias digestivas, al paso que la calentura, si la hay, la miran como sintomtica secundaria. El calor aumenta la susceptibilidad de los rganos gstricos y en su consecuencia tambin es mayor la secrecin de la bilis. Si falta el color ictrico es prueba de que la irritacin simptica domi- na mas en otros rganos que en el hgado, que la secrecin de esta entraa est entorpecida por la fuerte escitacion que pade- ce. Segn Arejula la erupcin miliar es una buena seal en esta afeccin. Muchos enfermos conservan la integridad de sus fun- ciones intelectuales hasta la muerte, aunque con una postracin escesiva de todo su ser. Los cadveres presentan una amarillez muy marcada en las megillas, en las acsilas y en las ingles, petequias, cardenales, equimosis. Los pulmones contienen una abundante ecsalacion -33 sangunea, el estmago est distendido por una gran cantidad de sangre pura, morenuzca, negra y coposa; los intestinos parti- cipan del mismo estado y el hgado se presenta amarilloso, color de paja, de caf con leche, de mostaza, y este estado suele ser parcial general. Se encuentra tambin veces el estmago es- tendido con un gas particular y otras pequeo y fuertemente con- trado. En los casos graves y como fulminantes que suelen ob- servarse en la prctica no se encuentran alteraciones orgnicas muy palpables, causa de que la inflamacin ha sido tan violen- ta, que termina la vida antes del tiempo necesario para produ- cirlas. La cabeza y pecho solo han ofrecido manchas, adherencias, estravasaciones, etc., etc. La calentura amarilla ataca repentinamente acometiendo loa sugetos cuando se encuentran en la mayor tranquilidad y des- canso, en el sueo, en el egercicio de las ocupaciones particula- res de la vida, y cuando mas distantes se hallan de creerse enfer- mos. Empieza regularmente por un ligero dolor de cabeza, de la espalda y de las estremidades inferiores, una incomodidad di- fcil de espresar, abatimiento, sensacin de disgusto en el est- mago mas bien que dolor, nuseas, vmitos de materiales blancos promovidos mas por las bebidas que por otras causas, lengua h- meda y crapulosa, estreimiento, desvelo, agitacin y ansiedad; veces estupor, sonnolencia, afeccin comatosa, respuestas tar- das, vista incierta, conjuntiva inyectada, ofensa de la luz, len- gua y labio inferior temblorosos, pulso lleno, regular y poco al- terado; encas secas y algo tartarosas. A este conjunto de snto- mas reducen los mas de los prcticos el primer perodo de esta enfermedad, que suele durar dos, tres cuatro dias, segn las circunstancias particulares en que se encuentre el individuo quien ataca. Hacia este perodo de tiempo los sntomas espresados adquie- ren mayor intensidad, aparecen las epistcsis, el color amarillo de la piel que empieza por manchas en el cuello y muslos en los parages donde alojan las arterias de estas partes, cuyas pulsacio- nes aumentan hasta hacerse visibles, vmitos repetidos de mate- riales blanquizcos, parecidos al holln los asientos del caf, y entonces ya la amarillez es considerable: los vmitos causan en la garganta un gusto acre, ardoroso y custico; las deposiciones del vientre participan de la misma naturaleza de las materias espelidas por el vmito; se presenta hipo, postracin, petequias, poco calor, orinas escasas, veces un violento delirio, otras so- por comatoso subdelirio, sumo abatimiento, los rganos escre- torios dejan escapar una sangre disuelta y negra y la muerte po- ne fin este lastimoso cuadro del quinto al stimo dia. 5 34 Por lo regular suelen algunos enfermos presentar al segundo dia de su mal una remisin muy marcada y engaosa, que ha dado margen muy tristes desengaos, burlando completamen- te las mas halageas esperanzas concebidas no solo por los asis- tentes sino tambin por el enfermo y el facultativo que le diriga. La terminacin de esta fiebre en intermitente es, segn muchos autores y principalmente Arejula, un presagio de que la enfer- medad toca a su fin. La postracin, la supresin de la orina, el coma, las petequias y el vmito negro son los sntomas mas gra- ves que puede presentar esta enfermedad. Su degeneracin en clera-morbo asitico, de la que se han visto infinitos egemplo en la epidemia que ha reinado este ltimo ao, es pronta y se- guramente mortal. Muchos observadores son de opinin de que un ataque de v- mito no preserva para toda la vida de otro que pueda padecer el mismo sngeto. Yo participo de esta opinin desde mis primeros- aos de permanencia en la Isla; y hoy estoy mas conforme con ella, al menos en cuanto al vmito benigno que se ha manifesta- do aqu en el transcurso de varios. Sus ataques, mirados por los profesores, como un verdadero vmito, que en nada se diferen- cia de la calentura de aclimatacin cuando es benigno y reduci- do a una simple fiebre catarral, haca vivir en una absoluta in- diferencia y tranquilidad los sugetos que los haban esperimen- tado, creyndose ya muy libres de caer en este terrible mal. Pe- ro desgraciadamente y cuando mas seguros se crean, han sido atacados de l con mas violencia, como ha sucedido en este ao y y el que no ha sucumbido a sus rigores, ha padecido sobremane- ra y ha tenido que pasar por una convalecencia larga y penosa. La multitud y variedad de mtodos y de medicamentos em- pleados contra esta enfermedad, cuando es grave, la colocan en la misma categora que el clera-morbo asitico; afecciones la dos que deprimen en tanto gradlas fuerzas del organismo, que hacen impotentes cuantos recursos mdicos se han empleado pa- ra combatirlas. Figura en primera lnea la sangra que parece indicada por los sntomas con que generalmente se manifiesta al principio la fiebre amarilla; unos la admiten como indispensable y necesaria para calmar el eretismo y disminuir la flegmasa del estmago y sntomas inflamatorios generales con que comienza, sobre todo en los sugetos robustos y pletricos que sufren un ca- lor intenso, cefalalgia violenta, pulso duro y pleno, etc.; mas en- tre estos hay discordancia en cuanto la cantidad de sangre que se ha de sacar y al nmero de sangras de que se ha de hacer uso. Ya sangran hasta conseguir un cambio visible en la enfer- medad, ya hasta el desfallecimiento; ya estraen 40, 80 90 on- zas de sangre, ya las repiten muchas veces y en cortas cantida- 35 des, y ya las practican copiosas y solo en el nmero de una dos. Pero todos convienen en que deben hacerse en el primero se- gundo da del mal. Yo la miro indicada cuando los sntomas son violentamente inflamatorios en un sugeto robusto, pero tambin estoy convencido de que es un medio que debe usarse con mu- cha circunspeccin y prudencia para no privar la naturaleza de las fuerzas de que tanto necesita despus para rehacerse con- tra el agente mortifico que la agobia. JSTo pueden darse reglas se- guras sobre su repeticin, sobre la cantidad de sangre que se ha de estraer, lo que solo el profesor puede determinar segn sus conocimientos, esperiencia y juicio y con sugecion lo que pre- senta el enfermo que tiene su cuidado. No faltan autores que reprueban las sangras en esta enferme- dad, cualquiera que sea la indicacin que presente el pulso, la ru- bicundez de las megillas y el estado inflamatorio general. Se fundan para esto en que no han visto ceder con ellas la incomo- didad del estmago, ni evitar las hemorragias; antes bien aumen- taban la postracin de las fuerzas vitales, y dejaban perecer los enfermos aun cuando se practicasen en personas robustas y san- guneas con esceso; daban origen alas convalecencias largas y la hidropesa, cuando no sucumba el paciente, y la calma que por de pronto promova esta prctica era engaosa y precursora de la muerte instantnea. En los casos en que los sntomas inflamatorios predominaban esclusivamente en el estmago, pecho cabeza, empleaban con profusin los partidarios de Broussais las sanguijuelas en gran nmero, aplicadas estas distintas regiones, alternndolas aveces con las ventosas escarificadas; y yo las he visto aplicar en San Antonio de los Baos, el ao de 1830 y 31, en tanto nmero y tan repetidas, que los enfermos moran enteramente ecsanges, cuando no los acababa, despus de muchos padecimientos, una completa anasarca una tisis pulmonal, si llegaban resistir los efectos de esta errnea y funesta prctica. La misma variedad que ha reinado entre los mdicos sobre el uso proscripcin de las evacuaciones sanguneas en el princi- pio de este terrible mal, se ha observado con respecto los vo- mitivos y purgantes. Los que creen ver en el estmago intes- tinos de los enfermos un enorme depsito de bilis ptrida, han prodigado estos evacuantes con esceso, indicados, segn ellos, por la lengua crapulosa, gusto amargo de la boca, constipa- cin, etc. etc.; pero la generalidad dlos profesores desecha hoy el uso de los emticos, y en cuanto los purgantes, estn todos por los suaves lacsantes, cuando son indicados, como el tamarin- do, el man, el citrato de magnesia y otros. Casi puede decirse que todos los purgantes conocidos en la materia mdica, se han 36 propinado en esta enfermedad, desde los mas suaves hasta lo9 mas drsticos. Seria nunca acabar si quisiese referir los distintos mtodos y sustancias medicamentosas que se han empleado en la curacin de la fiebre amarilla, tanto por los profesores del arte de curar, cuanto por el vulgo y el sinnmero de curanderos y curanderas que han pululado siempre en estos paises durante las epidemias anuales del vmito prieto. La prctica ensea, por ltimo, que con los medios mas absurdos y contradictorios se curan algunos enfermos, cuando la epidemia es cruel y grave, y los aos en que se presenta benigna todos la vencen sin oponerle otros me- dios que la dieta severa y el uso de los ligeros sudorficos. El uso de las bebidas humectantes para estancar la sed, la in- fusin ele flor de tilo, un ligersimo cocimiento de cebada grama, el agua pura, las naranjadas muy suaves, los sorbetes de pina naranja en pequea cantidad, las enemas emolientes, y si no bastan, escitantes por medio del vinagre agua del mar, las cataplasmas emolientes al estmago los pies, los sinapis- mos y aun vegigatorios en caso de necesidad, las fomentaciones fras la frente cabeza, conservando, mientras su aplicacin, un fuerte calor los pies, son los medios con que pueden obte- nerse mas curaciones. Hoy se acostumbra administrar al inte- rior el aceite de almendras el comn cucharadas muy repe- tidas, cada media una hora, el que algunos mezclan con el zumo de naranja agria limn hasta producir abundantes eva- cuaciones de vientre, que por lo regular disminuyen los sntomas alarmantes de la enfermedad 5 que nos ocupa. Mas en resumen, son infinitas y muy variadas las indicaciones que presenta cado caso de por s, y por lo tanto el mdico debe poseer una sagacidad y talento creador que le hagan encontrar recursos propios para atender las ecsigencias de los casos y ac- cidentes inesperados que pueden presentrsele en el egercicia de su prctica particular. El nmero de atacados del vmito en todo el ao de 1853 es de 5.543, con 678 muertos. Casos. Muertos Agosto . . . Setiembre . Octubre . . Noviembre. Diciembre . Totales . . Casos. Muertos. Enero. . . . Febrero . . Marzo . . . Abril. . . . Mayo. . . . Junio. . . . Julio . . . . 51 2 2 24 71 390 690 11 ?) 1 11 52 87 1037 851 730 561 274 121 145 111 94 45 5543 678 37 Pertenecen la tropa 1.040 casos 19-4 muertos. la marina del Apostad? 1.021 244 la parte civil 3.482 240 m w - Igual. . . . 5.543 casos 678 muertos. El ao de 1854 fu el nmero de casos 7.034, con 1.351 muer- tos, en esta forma: Casos. Muertos. Agosto . . . Casos. Muertos. Enero . . . 65 15 1772 340 Febrero . . 41 7 Setiembre . 1081 190 Marzo . . . 51 13 Octubre . . 435 105 Abril. . . . 97 23 noviembre. 147 34 Mayo. ^ . . 255 53 Diciembre . 104 24 Junio. . . . Julio . . . . 881 2105 180 367 Totales . . 7034 1351 En todos los hospitales militares lia sido el nmero de enfer- mos y muertos durante el ao referido, el que continuacin se espresa, hablando solamente del vmito prieto calentura ama- rilla. Casos 2.878. Muertos 622. COLERA-MORBO. Trousse galante passio cholenca, colladrea lymphtica, psoronteria. (Enfermedad azul, negra, fiebre lgida graoe.) ~No debe confundirse esta enfermedad, endmica y propia de los paises clidos, con el clera-morbo asitico, epidmico entre nosotros desde el ao de 1833, siempre que se ha manifestado. Las dos afecciones son idnticas en sus sntomas, marcha y ter- minaciones, con la notable diferencia de que la primera tiene un curso mas lento y pausado, los sntomas no presentan una ec- sageracion tan marcada, y la medicina tiene tiempo suficiente para emplear los recursos aconsejados por la esperiencia contra este mal. Al contrario la segunda; las mas de las veces es vio- lenta y repentina en sus ataques, sus sntomas son muy graves y ecsagerados, corre sus perodos con una rapidez sorprendente y en muchos sugetos se presenta de un modo aterrador y fulmi- nante; es epidmico. 38 El clera reconoce dos rdenes de causas que obran, sobre el canal digestivo directamente, sobre el sistema nervioso, que influye de un modo mortfero en los rganos contenidos en el vientre. Las carnes saladas, ahumadas manidas, la de puerco, el pescado salado, los mariscos de difcil digestin, las huevas del sollo, barbo lisa, las frutas verdes, las ciruelas, el meln, algunos otros vegetales como las coles, los frijoles, etc. pertene- cen la primera clase, y obran con mas energa si los que hacen uso de estos alimentos se encharcan el estmago de agua, cerve- za bebidas frias. A la segunda - se refiere el vivir en pases c- lidos, la insolacin, el mareo, la clera, el miedo, el terror, el coito, la alegra escesiva, la vigilia, la esposicion al sereno, la humedad, etc. Regularmente estas dos enfermedades coinciden se manifiestan con predileccin, durante los mas fuertes calo- res del esto y del estado elctrico de la atmsfera. Un ataque de vmitos y evacuaciones biliosas, verdes, amari- llas, negruzcas blancas, con dolores de vientre y estremos frios, pulso dbil y poco acelerado es lo que constituye esencialmente el clera espordico endmico de los pases clidos. A ocasio- nes acomete repentinamente y al parecer sin causa manifiesta, y otras veces se anuncia con algunas horas y aun dias de antici- pacin, por medio de eructos agrios de mal olor, dolor de ca- beza mas menos violento, escalofros, peso incomodidad en el hueco del estmago, clicos, borborigmos y nuseas. Las ma- terias arrojadas por el vmito la cmara, son al principio acuo- sas con algunas porciones de alimentos, despus se vuelven bi- liosas, de distintos matices y colores y de un olor particular. Pasadas algunas horas se agravan todos los sntomas, hacindose la cardialga bastante considerable: hay sed ardiente, respira- cin corta, y con suspiros, voz ronca, pulso pequeo y dbil, ir- regular y apenas perceptible; el color es amarilloso, hay sudores frios, sncopes, espasmos en la vegiga y los miembros, la pos- tracin llega al ltimo grado acompaada de lipotimia y cara hipocrtica: las orinas se suprimen y el cutis adquiere un color azulado. Con frecuencia no pasa esta enfermedad de los primeros sn- tomas espuestos, sobre todo cuando es producida por un esceso en la comida bebida por un ligero enfriamiento, manifestn- dose su terminacin por sudores copiosos y constantes hasta la total abolicin de ella. Otras veces se hace mortal causa de los fuertes dolores que produce y de las abundantes prdidas producidas por los vmitos y las diarreas. Este funesto fin lo anuncian el fuerte calor del epigastrio, que es urente insopor- table, la escesiva y ardiente sed que esperimenta el enfermo sin poderla apaciguar de ningn modo, los sudores frios y pegajo- 39 sos, el hipo, la dificultad escesiva de respirar, la prdida dla voz, la cianosis del cutis, etc. etc. Este mal suele ser mas grave y frecuente en los hombres que en las mugeres: los viejos y los nios estn menos espuestos sus ataques, pero en cambio son estos mas peligrosos, cuando el mal les acomete, causa de la falta de reaccin que hay en su naturaleza para vencer la enfermedad. Siendo desconocida para nosotros la naturaleza del trastorno que sufre la sensibilidad de las vias digestivas, en este mal, no pueden establecerse reglas fijas de teraputica para su destruc- cin, y por consiguiente cuanto se ha aconsejado y aconseja en el tratamiento del clera, no es mas que un razonado empirismo, segn puede verse en los diversos escritos publicados sobre esta afeccin, en la que se han empleado distintos mtodos y medi- camentos enteramente contrarios, con arreglo a las ideas mdi- cas dominantes de la poca. Los emolientes, los mucilaginosos, los tnicos, los estimulantes, los narcticos, los antiespasmdicos, las emisiones sanguneas se han puesto contribucin en el plan curativo preconizado contra la invasin y marcha de esta enfermedad. Las bebidas gomosas y mucilaginosas administradas casi frias, en corta cantidad y menudo con arreglo la intensidad de la sed, compresas empapadas en cocimiento de altea y adormide- ras aplicadas al vientre, cuidando de que no se enfrien, medias enemas mucilaginosas opiadas y tibias, algn ligero narctico al interior, la dieta mas severa y la tranquilidad absoluta del cuerpo y del espritu, triunfarn las mas de las veces de este mal, asociando tales medios con los baos tibios, que en varias circunstancias han producido muy buenos efectos. En los prdromos, conviene muchas veces para evitar el cur- so de esta afeccin, la dieta mas rigurosa, un poco de agua azu- carada con la cuarta quinta parte de aguardiente de caa, un terrn de azcar empapado en este mismo licor espirituoso, y el t con una dos gotas de alcohol alcanforado. CLEEA ASITICO. El clera epidmico asitico se present por primera vez en- tre nosotros el ao de 1833, esparciendo el terror y el espanto por todos los ngulos de la Isla. Se observaron antes de que se de- clarase abiertamente este mal, algunas muertes repentinas, atri- buidas entonces causas muy variadas, como apoplega, defectos orgnicos interiores, etc., pero en mi concepto debidas ataques fulminantes de clera seco, como se ha llamado despus al que 40 fc ha presentado sin vmitos ni diarreas quitando la vida on po- cos momentos. En Febrero del citado aflo se estendi con furor por lu JI;il):ina y su territorio, llegando su apogeo en Cuaresma y Semana mayor, dias en que se contaron mas nmero de ataca- dos y de fallecimientos. ( 'omo sucede comunmente mientras rei- na una constitucin epidmica, la mayor parte de las enferme- dades desaparecieron hasta cierto panto reemplazndolas laque nos ocupa, y los sugetos afectados de enfermedades crnicas y sobre todo de las visceras del vientre sucumbieron los rigores de la afeccin dominante. No nos vimos libres de esta plaga hasta el ao de 1837 38, sin que por eso haya dejado de obser- varse de tarde en tarde alguno que otro caso de clera en los aos posteriores, mas bien espordico que epidmico, aunque agravado y frecuentemente mortal, en razn del influjo elctrico que ha estado y est sugeta nuestra atmosfera desde la poca qne hemos referido. El ao de 1850 y en el mes de Abril volvi manifestarse esta enfermedad con los mismos caracteres y violencia que en su primera aparicin; ha seguido y continua reinando en el dia, aunque disminuyendo la verdad en el nmero de atacados, pero no en violencia y mortandad, pues que la proporcin nu- mrica entre los primeros y los fallecidos siempre es igual la que desde el principio se ha calculado. Los sntomas de esta enfermedad son los que caracterizan el clera espordico, con la diferencia de ser aqu mas intensos desde el principio; se suceden con una rapidez admirable y aca- ban con el enfermo en el espacio de dos hasta veinte y cuatro treinta y seis horas, siendo pocos los ejemplos de los de mayor duracin, no ser que haya terminado el mal en un tifus que la larga viene destruir su vctima. Los mas de los individuos quienes invade esta enfermedad no presentan prdromos ni incomodidades de ninguna especie, vindose acometidos de ella de un modo repentino y casi fulminante; otros sufren unas lige- ras diarreas, consecuencia de una indigestin, de un enfriamien- to de otras distintas causas, y si no tratan de remediarlas con la dieta absoluta, la quietud, de algn otro modo, caen brus- camente con este mal, pagando su apata indiferencia nada menos que con la prdida de su vida. En muchos se ha presen- tado inopinadamente durante la convalecencia de una enferme- dad aguda, conducindolos al sepulcro cuando ya se miraban salvados de sus primeros padecimientos. En este caso se han visto infinitos enfermos del vmito du- rante el ao de 1854, tanto de los particulares como de los de tropa en los hospitales, y sobre todo los marinos, que han perdi- do la vida consecuencia de un clera fulminante sobrevenido 41 al fin de Pti enfermedad en medio de la mas lisongera conva- lecencia. Semejante fenmeno es hijo de la constitucin colrica bajo cuyo influjo nos hallamos, que hace mas susceptibles los sugetos debilitados por una enfermedad grave, por prdidas considerables, para adquirir la afeccin que domina todas las dems, imprimindoles su sello y carcter. Esta constitucin colrica y su poderoso influjo en la economa animal, no puede ponerse en duda, pues sus efectos son bien ma- nifiestos y concluyentes. As es que todos han observado duran- te el tiempo que ha reinado esta epidemia, que muchos indivi- duos que no eran atacados del clera, lo eran de ligeras diarreas, otros de la colerina, infinitos de afecciones gstricas y saburra- es, de fiebres intermitentes, tendiendo mas menos hacia esta terminacin; las disenteras eran mas frecuentes y tenaces, y por ltimo las afecciones abdominales son las que han dominado con preferencia en la Isla, mientras ha ecsistido la constitucin epi- dmica de que llevamos hecha mencin. Se ha propagado caprichosamente y del modo mas raro, sin seguir una direccin uniforme, y sin dar el mas leve indicio de que pueda ser contagiosa. De un punto donde egercia sus destro- zos ha saltado otros situados considerables distancias, sin abandonar por eso sus vctimas del parage donde apareci; ve- ces ha afectado una marcha progresiva para volver atrs con mas violencia, ha atacado pueblos y fincas, saltando con ligere- za de unos otros puntos y volviendo cebarse en los que me- nos la esperaban y se crean libres de su azote. Por ltimo, al mismo tiempo que se ha notado su trasmisin desde un punto cntrico los dems, se han visto mil retrocesos repentinos, mil anomalas caprichosas, que no permiten formar un juicio cierto sobre la marcha, propagacin y progresos de esta cruel enfer- medad. No entro en la descripcin detallada de esta afeccin, porque no podra hacer otra cosa que repetir lo mucho que hay escrito sobre ella; seria perder el tiempo intilmente sin poder adelan- tar nada nuevo lo que han dicho los innumerables autores que con empeo, criterio y asiduidad se han ocupado de su historia. Dir solamente que muchos le marcan dos perodos, algunos tres, y la verdad es que en los enfermos acometidos desde el princi- pio de un clera bien caracterizado, no he visto mas que uno, desde el momento del ataque hasta la terminacin de su ecsis- tencia. La reaccin tan deseada y que tanto se solicita en este mal, suele manifestarse por una congestin al cerebro, por infla- maciones del pecho, por sntomas tifoideos y en muy raros casos por erupciones cutneas. A veces puede la medicina triunfar de estos distintos estados, peligrosos siempre mas menos para 6 49 el en formo, poro muchas mas observa con dolor el prctico la impotencia del urte para vencerlos,}' pasa por el sentimiento de ver morir el paciente cuando so lisongeaba de llevarlo puerto de Balvamento. Carezco enteramente de noticias sobre inspecciones cadavri- cas practicadas en los que han muerto del clera, y me abstengo de indicar las alteraciones orgnicas (pie puedan encontrarse en ellos, porque probablemente deben sor las mismas que sealan los que han escrito sobro esta enfermedad y SU9 resultados. Su tratamiento ha consistido en el uso do todos los medios aconsejadas por los profesores del arte al tratar de la curacin de una enfermedad que tan largas escursiones ha hecho, inva- diendo casi todos los puntos del mundo conocidos, y ademas en el empleo do infinitas sustancias indgenas tanto por los mdicos recibidos, cuanto por el sinnmero de curanderos que han pulu- lado en las distintas pocas que nos ha visitado este molesto hus- ped, sembrando el espanto, terror y amilanamiento entre los ha- bitantes de esta preciosa Antilla. Afortunadamente en estos l- timos tiempos no ha sido tanta la consternacin, bien sea por- que el nmero de atacados no ha llegado ser tan considerable en las poblaciones como elaode 33, bien porque casi est proba- do que con una rgida observancia de las reglas de una buena hi- giene en todos sentidos, se liberta el hombre de esta enfermedad. Con todos los mtodos conocidos en medicina, con el uso de las sustancias mas raras y caprichosas, que el miedo, el amor la humanidad la codicia y la especulacin han sugerido la infinidad de curanderos que han salido luz en estos tiempos, y con los solos esfuerzos de la naturaleza han curado y han muerto muchos sin que pueda atribuirse cientficamente preferencia de ninguna clase tal cual mtodo tal cual sustancia em- pleada contra este terrible mal. Esta asercin no les parecer grata seguramente los preconizadores del mtodo que hayan adoptado en general para combatir los sntomas del clera, y mu- cho menos los charlatanes especuladores que han tratado de prosperar espensas de la credulidad del vulgo, vendindole un- turas, pomadas y pcimas, ya con el obgeto de preservarlo del clera y ya con el de curar esta enfermedad si se veia atacado de ella. Muchsimas personas se libraran de semejante azote si con tiempo acudiesen remediar las ligeras indisposiciones ventra- les que suelen padecerse en el reinado de la constitucin epid- mica que lo produce, por medio de la dieta mas rigurosa, el en- cierro, el preservarse de la humedad, el privarse del agua bebi- da en abundancia, sugetndose al uso del agua panada, de una ligera infusin de t, de or de tilo, de manzanilla, de yerba- 43 luisa, hojas de naranjo, torongil, etc. etc.; si aun estos recursos no bastasen podran agregarse las infusiones dichas dos tres gotas del alcohol alcanforado. Segn lo que he podido observar en todas las epidemias que en la Isla he presenciado, con estas solas medidas pueden evitarse infinitos casos de clera, que ata- cando personas ya predispuestas l por las alteraciones de que acabo de hablar, sin querer modificar de modo alguno su mtodo de vida acostumbrado, las hace vctimas de su impru- dencia y de su desprecio hacia las advertencias higinicas que en su favor se les hacen. Los sugetos sanos, no deben variar el mtodo ordinario de ali- mentarse en tiempo de epidemia colrica, como lo han hecho algu- nos durante las que nos han afligido, que sin padecer la mas pe- quea indisposicin en sus funciones digestivas, se han impuesto privaciones sin nmero, de donde han resultado varias especies de desarreglos en su vientre, y ligeros accidentes nerviosos que pre- disponen, mas bien que preservan, a padecer esta enfermedad. No son pocos los egemplos que se han visto de esta verdad en las pocas azarosas que desde el ao de 33 hemos atravesado. La diarrea que frecuentemente precede al clera se ha com- batido generalmente en la Isla, con las infusiones aromticas de que he hablado, la dieta, las bebidas gomosas, los cocimientos de pan, de arroz, de cebada, las medias enemas laudanizadas, la emulsin de Wauswietem, los polvos de Morales, etc., etc. De- clarado ya el clera se ha empleado el bao caliente, las bebidas aromticas mas enrgicas, como la manzanilla, el torongil, la yerba buena, ya solas con azcar y ya con alcohol, aguardiente, quinina acetato de amoniaco; las limonadas, naranjadas con el rom, el brandi cognac para hacerlas mas sudorficas y algo estimulantes, el agua helada y aun la nieve. Al esterior los es- citantes como baos de pies y manos sinapizados, los fomentos y las cataplasmas de la misma naturaleza; las fricciones secas y estimulantes con cepillos, franela, alcohol alcanforado, tintura de cantridas, amoniaco, aguarrs, etc., etc. Ademas de todos estos medios se ha procurado reanimar el ca- lor echando mano de la ceniza caliente, de ladrillos, botellas, y vegigas llenas de agua una elevada temperatura. Los vmitos se han combatido con el sub-nitrato de bismuto, el opio, el trta- ro emtico, y la hipecacuana, que es la que ha gozado de mas boga en este mal. Se ha usado el carbn para variarla naturale- za de las evacuaciones del vientre, as como tambin los calome- lanos. En fin, se ha hecho uso de la electricidad, galvanismo, mag- netismo, acupuntura, sin dejar por eso las pociones tnicas capri- chosamente variadas y frias, las preparaciones del amoniaco, los vinos mas esquisitos, los alcohlicos mas graduados y el ter. Mas, 44 como he dicho antes, con todos estos recursos y ann con muchos mas, aconsejados indistintamente por todos los que veiun los en- fermos, tuviesen no nociones de medicina, se han salvado y han fallecido muchos de ellos sin que en justicia se le pueda dar mdicamente la preferencia ninguno de los mtodos usados. En las reacciones se han manejado los facultativos con arreglo los sntomas (pie mas predominaban, tratando de impedir moderar las congestiones flegmasas dlas principales visceras contenidas ii las cavidades esplanchnicas, que muy amenudo han hecho sucumbir al paciente cuando ya se veia salvado de su mal. Por eso se han empleado las emisiones sanguneas en distintas regiones del cuerpo por medio de sanguijuelas, vento- sas y aun sangras, segn las indicaciones que el enfermo ha pre- sentado; los fomentos, las cataplasmas emolientes, los baos y semicupios tibios; las bebidas fras y heladas, en las inflamacio- nes congestiones violentas del estmago, del cerebro; los t- nicos al interior, las bebidas gaseosas, los lacsantes salinos, el hielo, las fricciones con la quinina y el amoniaco, las afusiones y fomentos frios, la aplicacin del hielo, las lociones con los cloruros, y todos los dems recursos indicados en el estado tifoideo, que es el que con muchsima frecuencia ha terminado esta enfermedad. Los calomelanos en la dosis de 25 treinta granos en cuatro cinco tomas repetidas cada media hora, varan enteramente la naturaleza de estas evacuaciones, hacindolas biliosas, con tai de ayudar la accin de esta sustancia con una disolucin del sul- fato de sosa. Variado ya el estado de los intestinos marcha por s sola su completa curacin. La homeopata emplea, segn el cuadro de sntomas que presenta el enfermo, el arsnico, lacha- momila, china, dulcamara, ferrum, hipecacuana, mercurio, pul- satila, rheum, scale, y sulfur; pero sin fruto alguno cuando es violenta y corre sus perodos con una espantosa rapidez. Casos de clera en toda la Isla durante las pocas que se espresan. A"r> sentera so presente apirtica. En esta misma circunstancia, y despus de pasada la administracin de la ipecacuana, se echa mano del opio para calmar los dolores que acompaan esta en- fermedad, eligiendo el estracto gomoso con preferencia cual- quiera otra preparacin. Cuando la disentera es grave y la acompaan una gran postra- cin v sntomas tifoideos, se acude los aromticos astringentes, como la quina, la ratania, el diascordio, los vinos generosos, las unturas alcanforadas, los semicupios calientes y los vegigatorios en el abdomen, administrando al mismo tiempo el acetato hi- droclorato de morfina por el mtodo en drmico. La homeopata combate esta enfermedad con el acnito en el perodo inflamatorio, despus el mercurio corrosivo, el soluble, el vivo, la colocinthis, el clchico, la pulsatila, la chamomila, ipecacuana, sulfur, brionia y petrolenm, segn el cuadro de snto- mas que se observa en el paciente. En la disentera grave, ars- nico, rhus, carbo vegetbilis, china y nuez vmica. Se han presentado la prctica mdica en el ao referido 7312 casos de disentera, de los que han fallecido 368, en esta forma. Casos. Muertos. Agosto . . . Casos. Muertos: Enero. . . . 302 11 493 22 Febrero. . . 186 7 Setiembre . 549 34 Marzo. . . . 123 7 Octubre . . 373 26 Abril . . . . 327 21 Noviembre. 486 34 Mayo. . . . 580 21 Diciembre . 388 29 Junio. . . . Julio . . . . 777 433 29 31 Totales . . 7312 368 Pertenecen la tropa trescientos sesenta y uno. ]STo puedo fijar el nmero de muertos por confundirlos en los hospitales con los que provienen de las otras clases, segn he di- cho anteriormente. Ao de 1854. Casos. Muertos. Agosto . . . Casos. Muertos. Enero. . . . 409 27 1215 79 Febrero. . . 409 27 Setiembre . 792 68 Marzo. . . . 442 25 Octubre . . 771 66 Abril . . . . 412 26 Noviembre. 609 62 Mayo. . . . 565 28 Diciembre . 532 48 Junio. . . . Julio . . . . 629 1598 31 104 Totales . . 8393 591 Los militares presentaron 705 casos. -53 CALENTURAS INTERMITENTES. A medida que en la Habana y ciudades principales de la Is- la se han ido cegando las cinagas y pantanos que en nmero con- siderable ecsistian en estos puntos, por el aumento de la pobla- cin que ha obligado fabricar habitaciones que la contuviese, se han ido desterrando las epidemias de fiebres intermitentes que afligan casi constantemente sus moradores, dejndoles muchos por reliquia inflamaciones crnicas, induraciones obs- truciones del hgado v del bazo, hidropesas y otra multitud de males que afligan mas menos su ecsistencia. Mas en los campos y poblaciones pequeas rodeadas de rios, arroyos, lagunas aguas encharcadas, continan siempre estas calenturas, habindose hecho endmicas y atacando en todas las estaciones del ao un nmero harto considerable de individuos, de donde las traen las ciudades en las temporadas que de sus fincas rurales pasan ellas. La intermitencia es el estado de calma y de reposo que se ob- serva entre los ataques de las enfermedades nerviosas y de las calenturas, as como de todas las afecciones que siguen este tipo. Han sido muy ingeniosas las esplicaciones que se han dado de este fenmeno, pero nunca han satisfecho completamente la so- lucin de un problema tan interesante. Las calenturas de que nos ocupamos se presentan todos los das, cada tercero, cada cuarto, cada quinto, sesto y stimo, in- tervalos mas prolongados; pero por rareza se ven en la Isla ca- sos que se presenten con estas grandes intermisiones, siendo los tipos mas comunes el cuotidiano, el tercianario y alguna que otra vez el cuartanario. Estas fiebres se manifiestan una misma hora y se llaman en- tonces regulares arregladas; pero si varan las horas que aco- meten, se las denomina errticas irregulares. El carcter de estas calenturas es el de manifestarse bajo tres estados distintos que son: el de fri, el de calor y el del sudor. Preceden estos tres fenmenos, incomodidad, falta de apetito, aturdimiento de cabeza, mal estar, pesadez etc.: veces acome- te la fiebre de un modo repentino y en muchas ocasiones sobre- viene a otra enfermedad. El acceso se manifiesta con bostezos, lasitud, cansancio, pandiculaciones, debilidad, uas plidas, as como la nariz y los labios, siendo muy comunmente estos rga- nos de un color aplomado: hay fri con temblor y castaeteo de dientes, ponindose el cutis del aspecto de carne de gallina; la respiracin es fatigosa y el pulso se manifiesta mas menos con- centrado. A estos fenmenos sucede el calor, en el que la respi- 51 racin es mas libre, la cara encendida, el pulso fuerte y frecuen- te y la sed considerable. El sudor termina por ltimo la acce- sin y deja al paciente despnes de un sueo mus menos pro- longado en un estado completo de apericsia. o siempre se presenta la calentura intermitente con esta sen- cillez. Aveces se complica con un estado inflamatorio, en el qne el fri se manifiesta sin temblor y en un grado menos considera- ble, acompandola todos los caracteres de las fiebres de esta naturaleza. Esta especie de calentura intermitente tiene una es- traordinaria tendencia revestirse del tipo remitente continuo. La intermitente gstrica biliosa aparece con los sntomas de una irritacin del estmago del hgado, conocida por el amar- gor de la boca, la crpula de la lengua, la fetidez del aliento, etc., etc., bien por los dolores contusivos, las nuseas, los vmitos, el dolor de cabeza, la sed inestinguible, la sensibilidad del epi- gastrio y de los hipocondrios, la frecuencia y dureza del pulso y dems fenmenos propios de las afecciones inflamatorias. La intermitente mucosa es caracterizada por los fenmenos hi- jos de esta clase de enfermedad y sobre todo por manifestarse en el tiempo de invierno, en las personas de constitucin linfti- ca, de malas digestiones, del secso femenino, y que estn suge- tas padecer del estmago intestinos, leucorrea, lombrices, y que viven habitualmente en parages bajos y hmedos, alimen- tndose mal. En la estacin de las aguas, que es en la que con frecuencia reinan las calenturas intermitentes en esta Isla, suelen presentar- se casos muy graves que han hecho dar estas afecciones el nom- bre de perniciosas y que veces acaban con el enfermo la se- gunda tercera accesin del mal. Siempre viene acompaada de una afeccin cerebral bastante profunda, y es preciso al terminar la primera accesin saturar el enfermo de quinina, si no quere- mos verle perecer en el segundo tercer ataque. Otras veces es una fiebre remitente casi continua, con sntomas nerviosos y cerebrales, que ecsige imperiosamente el uso de esta misma sus- tancia en cantidad considerable, y aun sin estar el enfermo com- pletamente apirtico, para evitar una muerte cierta y pronta. Doce aos de prctica en la ciudad de Matanzas me han ensea- do la verdad de estas proposiciones. El profesor que no est pre- venido sobre esta circunstancia pierde un tiempo precioso, y aun el enfermo, si espera dos tres accesiones la completa apirecsia para administrar el antiperidico por escelencia en cantidades macizas y suficientes para cortar de una vez estas calenturas. Por lo regular se administran quince, veinte y hasta treinta granos en una sola dosis, al terminar la primera accesin, la segunda mas tardar, si da tiempo para ello. 55 Algunos aos suelen presentarse las fiebres intermitentes de un modo epidmico y grave, llevando la tumba multitud de personas de todos secsos, edad y condiciones. Estas desoladoras escenas se repiten con bastante frecuencia, debidas la accin de los fucos infectos que rodean ciertas poblaciones y principal- mente Matanzas, de donde se desprenden emanaciones mort- feras, qne atacan el principio de la vida y que, al que no cae vctima de su influjo pernicioso y deletreo, le deparan una en- fermedad crnica de las principales visceras del vientre, que le hace llevar una ecsistencia enfermiza y dolorosa. Muchos parages poblados de la isla de Cuba, se ven cercados de manglares henchidos de aguas cenagosas y encharcadas, de- bidas tanto las lluvias del tiempo de verano, cuanto las aguas de los ros, arroyos y costas martimas de que se ven rodeados. La putrefaccin que necesariamente se verifica en las sustancias vegetales de sus orillas por la accin del agua y del escesivo ca- lor del clima, as como tambin la de infinitos animalillos que viven y mueren en ellas, esparce sus productos ponzoosos en la atmsfera, y hace que sin cesar se aspire un principio de corrup- cin, que acarrea una multitud de males y destruye en un mo- mento nuestra frgil ecsistencia. El mas comn de todos ellos es el de las calenturas intermi- tentes y remitentes que vemos con tanta frecuencia en esta Isla, y que dejan en pos de s obstruciones verdaderas inflamaciones crnicas del hgado y del bazo, que destruyen la salud mas robusta y acaban generalmente en una hidropesa mortal. El cerebro se ataca tambin en ellas, dando origen las temibles calenturas ce- rebrales de los antiguos, que se manifiestan con preferencia en los nios y los viejos, y que acaban las mas veces en la muerte. A es- tas mismas causas deben su nacimiento las fiebres perniciosas que la segunda tercera accesin terminan con la vida del enfermo. !N"ada mas manifiesto que la produccin de estas calenturas por la accin de las aguas estancadas; por eso no atacan igual- mente en todas las estaciones, sino que se presentan con mas fuerza y violencia despus de los grandes calores y lluvias del esto, en que hay por precisin mas emanaciones. En los aos de mucho calor son muy violentas las calenturas intermitentes, y principian con frecuencia por el tipo remitente y aun continuo; mientras que en aquellos en que la temperatura es muy varia- ble, estas enfermedades son menos intensas, mas francamente peridicas, pero tambin atacan mayor nmero de individuos. El calor y la humedad favorecen, pues, cada uno su modo, la produccin de estas calenturas; el primero dndoles mas intensi- dad, y la segunda mas generalidad y estension; pero el primer mvil est en la influencia de los miasmas pantanosos. En todos los parages en que ecsisten cinagas pantanos y en donde las calenturas Intermitentes son endmicas, la causa mias- mtica tiene tal poder, que tudas las dems estn subordinadas ella. No es por haber tenido calor, ni fri, ni por haber seguido un mal rgimen, ni por haberse entregado un trabajo violento por lo que el enfermo ha contrado la fiebre, sino porque ha es- tado espuesto la accin de los miasmas que las aguas estanca- das ecsalan. Estos miasmas son tanto mas activos, cuanto las la- gunas son mas estensas, menos profundas, y el calor mas fuerte. La accin de las emanaciones pantanosas es nula la mayor parte del dia, mientras que egerce toda su plenitud casi siempre una misma hora de la noche. Los miasmas ptridos se des- prenden principalmente y en mayor cantidad en la fuerza del calor, es decir, cuando la evaporacin de las aguas cenagosas, que es su vehculo, se verifica con mas energa, pues entonces di- suelve la atmsfera una cantidad de estas aguas miasmticas proporcionada su temperatura; pero cuando esta disminuj^e, como sucede al ponerse el sol, las capas de aire mas presimas la tierra se condensan, y depositan una porcin de agua carga- da de los principios ptridos que tiene en disolucin. Esta agua, que se precipita con tanta mas abundancia cuanto mayor es el enfriamiento, se halla en contacto con nuestro cutis, con la mem- brana de los rganos de la respiracin y tal vez con la de las visceras digestivas: absorvidas por todas estas partes, acaba por determinar los fenmenos de las calenturas intermitentes. Esta verdad la demuestran principalmente en Matanzas las personas que habitan en el barrio del Ojo de Agua, cuyas calles pantanosas y llenas de aguas encharcadas, son al anochecer un foco constante de emanaciones ptridas. Las casas pequeas, mal construidas sobre los mismos pantanos, de quienes las separa tan solo un mal piso de madera, son unos verdaderos baos de vapores perniciosos, donde el infeliz jornalero, harto de trabajar, escaso de alimentos, y lleno de privaciones de toda especie, en vez del des- canso que necesita y busca para reparar sus prdidas, encuentra la enfermedad y aun la muerte. La observacin ensea que estas ca- lenturas acometen, en general de noche, y que son mas graves en estos individuos que en los que se hallan en condiciones opuestas. Es de observacin tambin que no se padecan tantas calentu- ras ni de tan mal carcter, en Matanzas y dems parages cena- gosos, cuando las lagunas y pantanos se vean llenos de mangles: estos mismos vegetales evitaban la accin directa de los rayos del sol sobre las aguas, cubrindolas con su sombra, preservn- dolas de que se corrompieran, y oponindose en cierto modo la descomposicin orgnica por medio del tanino princio cur- tiente de que tanto abunda esta planta. - 57 - Pero la principal causa es que hasta entonces no se haban es- tablecido tantos almacenes en las orillas de los rios, las aguas no quedaban remansadas como en el dia, y tanto las llovedizas como las de las mareas salian con presteza por la pendiente na- tural, aunque insensible, de estos terrenos. Las mismas aguas los lavaban, digmoslo as, y arrastraban consigo, en las mareas bajas, los restos y basuras que hoy se desorganizan en su seno. Buena prueba de esto es la poblacin de Nueva Gerona, en la isla de Pinos, rodeada de rios, arroyos y manglares anegadizos, y donde apenas se conocen las calenturas intermitentes. Las calenturas no son los nicos males debidos la accin de las exhalaciones de estas lagunas, sino tambin las disenteras, las liebres ptridas, el clera espordico, el tifus, las oftalmas per- tinaces inflamaciones de los ojos, reumatismos rebeldes, etc. La constitucin de los habitantes se debilita, la salud es vacilante y la disposicin adquirir estas distintas enfermedades es estraor- dinaria. El efecto mas constante y que se presenta de un modo mas general, es la debilidad y principalmente la de los msculos que son los rganos esclnsivosdel movimiento. Los que viven en pa- rages cercados de lagunas pantanosas son por lo comn mas flo- jos que los que se hallan en circunstancias contrarias: la lentitud de sus pasos y movimientos, as como la ineptitud al trabajo, des- cubren cada instante esta debilidad. La abundancia de fluidos blancos linfticos es otro de los efectos que producen estos pa- rages: en algunos individuos se manifiesta una gordura escesiva y enfermiza, en otros los edemas hinchazones; en estos un color pajizo amarillo de tierra, prcsimo a la hidropesa; y finalmen- te, muchos se ven con hinchazones glandulosas, obstrucciones inflamaciones crnicas de las visceras del vientre, lceras en las piernas, enfermedades tuberculosas, etc., etc. Con respecto a la parte moral intelectual, se v en estos individuos una inteligen- cia poco desarrollada, veces muy corta, hablando generalmen- te, y una apata, una indiferencia muy marcada para todo. Bien se deja presumir que con semejante constitucin la vida debe ser triste, y muy breve. Las poblaciones sugetas este terrible azote casi jamas pros- peran, en razn de que todos huyen de unos parages donde les es- peran las enfermedades y la muerte. Todos los habitantes tienen pues un inters directo en contribuir la destruccin de semejan- tes focos de males y desgracias, empleando para ello su influjo, su dinero y aun su trabajo personal. Es muy difcil, por no decir imposible, el hacer comprender al vulgo y aun la mayor parte de las personas que se tienen por sensatas, el pernicioso influjo de las causas invisibles de des- 8 58 traccin que nos rodean sin descanso, y atontan contra nuestra eesisteneia; porque naturalmente el hombre no es movido sino por los obgetoa que estn al alcance de sus sentidos, y carece en general, de la instruccin y conocimientos necesarios para calcu- lar el valor y tamao de esta influencia. Los parages rodeados.de aguas, sean no cenagosas 6 enchar- cadas, no son los nicos que estn sugetos las fiebres intermi- tentes. Se manifiestan tambin por sola la accin del calor, y c<>n preferencia si los puntos estn rodeados de montaas, en razn de las alternativas de la fuerte temperatura del dia con el fresco hmedo de las noches. No son tan graves, ni se presentan con los alarmantes sntomas que suelen acompaar muchas de las producidas por los pantanos. Las pocas en que ha reinado el clera-morbo epidmico ha sido fecunda en casos de fiebres intermitentes desgraciados, por haber terminado muchos de ellos en esta desoladora enfermedad. Semejante accidente no admirar los que recuerden lo que lle- vamos dicho hablando del influjo colrico que egercia la atms- fera en todas las enfermedades durante el tiempo que esta plaga nos ha visitado. En la categora de las calenturas intermitentes entran las ca- lenturas fiebres larvadas de algunos autores, que muchas afec- ciones distintas dan este nombre con tal que presenten las claras el fenmeno de la intermitencia. Tanto por esta singularidad, cuan- to por ceder completamente al uso de la quinina, las han consi- derado como verdaderas fiebres intermitentes, aunque el corazn y sistema arterial no toman parte en muchas ele ellas. Un dolor de muelas, una cefalalgia dolor de cabeza, una inflamacin de ojos, una punzada de clavo neuralgia de uno dlos lados dla cara, etc., etc., con tal que repitan por intervalos y cedan al an- tiperidico dicho, se miran como unas verdaderas fiebres inter- mitentes larvadas. Estas afecciones reinan tambin principalmente cuando apa- recen en su fuerza y vigor las calenturas de que nos ocupamos. Entonces se ven muchas personas padeciendo estas enfermeda- des, infinitas sufriendo distintos males que les repiten diaria- mente una misma hora. El mtodo curativo que se emplea en las calenturas intermi- tentes es bastante conocido de todos los profesores y aun de mu- chas personas estraas la medicina. Consiste casi nicamente en el uso de la quinina, ya al interior y ya en fricciones en ene- mas. Cuando la enfermedad no es peligrosa y hay sntomas de saburra gstrica, se acostumbra empezar por la administracin de un emtico un purgante en la primera intermisin que se presente, y en la segunda el antiperidico por escelencia. Las 59 complicaciones con que veces se manifiestan estas enferme- dades se atacan con los recursos aconsejados en las distintas afecciones que las complican. Algunas fiebres intermitentes se hacen rebeldes al uso de la quinina, y en este caso echamos mano del arsnico como de un poderoso anti peridico que corres- ponde muy bien la indicacin formada por el profesor que lo prescribe. La escuela homeoptica emplea contra estas afecciones, pulsa- tila, ipecacuana, nux, etc. en las cuotidianas, y arsenicum en las cuartanas; pero ademas echa mano de la china, quinina, vera- trum, rnica, antimonium crudum, belladonna, brionia, drosera, lachesis, licopodio, etc. etc., segn el cuadro de sntomas fsicos y morales que presente el enfermo. Las calenturas intermitentes reinan todo el ao en la isla de Cuba, aunque con preferencia en unos puntos mas bien que en otros, segn las distintas localidades y la procsimidad distan- cia que se hallan de los puntos en que ecsisten aguas enchar- cadas, lagunas pantanos, bien montaas mas menos eleva- das y mas menos pobladas de vegetales. El cuadro siguiente manifiesta el nmero de individuos ataca- dos de estas calenturas, en el ao de 1853, y con muy poca di- ferencia puede mirarse como general en todos los dems aos, segn lo demuestran los partes sanitarios de muchos de ellos que tengo la vista para formar este clculo. Total de casos, 22870; total de muertos, 189, en esta forma. Casos. Muertos. Enero. . . . 2206 20 Febrero. . . 1500 17 Marzo . . . 1358 6 Abril. . . . 1095 4 Mayo. . . . 1125 2 Junio. . . . 1309 23 Julio . . . . 1530 8 Agosto . . Setiembre Octubre . Noviembre Diciembre Totales . Casos. 2396 1950 2996 2567 2838 22870 Muertos. 15 14 43 23 14 189 Pertenecen la tropa 3622 casos y 11 muertos. (>0 El aiv> de 1854 se presentaron los casos siguientes, contando con las intermitentes perniciosas. ';i->.~. M uartoa A i^osto . . . ( ':\)H, M uertoa. Enero. . . . 1l'*2 9 2764 26 Febrero. . . 1186 5 Setiembre . 2808 34 Marzo . . . 100S 13 Octubre . . 2982 28 Abril . . . . 1144 13 Noviembre. 1772 37 Mayo. . . . 827 11 Diciembre . 1668 15 Junio. . . . Julio . . . . 1115 1347 9 14 Totales . . 19903 214 La tropa tuvo 5092 casos. CALENTURAS INFLAMATORIAS. Es opinin de muchos profesores del dia que no ecsiste la ca- lentura inflamatoria simple idioptica, bien que no dura mu- cho tiempo sin hallarse acompaada de alguna afeccin local. Mas pesar de eso, no es rara en las personas jvenes, vigoro- sas, pletricas, principalmente en este clima, en que el escesivo calor predispone en cierto modo esta clase desugetos pade- cerla, y con mucho mas motivo si hay herida, contusin, quema- dura, etc. Cuando no proviene de ninguna de estas cansas, sue- le durar de uno tres cuatro dias, cediendo por lo regular alguna emisin sangunea, proporcionada a su violencia y la constitucin del paciente, as como tambin al uso de los sub-ci- dos y refrigerantes. Basta solo el acnito para dar fin de ella por el mtodo homeo- ptico. El nmero de enfermos ocurridos en el ao de 53, es de 1590 con 22 muertos, lo que indica que esta perdida puede haber si- do causada por haberse presentado la calentura como sntoma de una aguda afeccin interior que apag instantneamente el prin- cipio de la vida. Casos. Muertos. Agosto . . . Setiembre . Octubre . . Noviembre. Diciembre . Totales . . Casos. Muertos. Enero . . . Febrero . . Marzo . . . Abril. . . . Mayo. . . . Junio. . . . Julio . . . . 83 42 62 67 99 144 338 4 1 1 2 3 2 226 192 136 122 80 5 1 3 5? 1590 22 61 Los meses de Julio y Agosto, en que reina el calor con mas fuerza y constancia, son tambin los que han presentado mas n- mero de casos, aunque el de Enero es el que sufri mayor ume" ro de muertos. De los 1590 casos tocaron la tropa 6S8, no pudiendo deter- minar el nmero de muertos por las razones espuestas al hablar de la diarrea. El ao de 1851 ocurrieron los casos siguientes: Casos. Muertos Agosto . . . Setiembre . Octubre . . noviembre. Diciembre . Totales . . Casos. Muertos. Enero. . . . Febrero . . Marzo . . . Abril. . . . Mayo. . . . Junio. . . . Julio . . . . 112 188 138 222 238 317 457 1} M 1 5 2 6 3 918 219 192 193 93 2 14 8 95 3317 41 Pertenecen la tropa 427. CALENTURA BILIOSA. Es muy frecuente en este clima, esperimentar peso y plenitud en la regin del estmago, conatos vomitar, eructos fastidiosos y repugnantes, gusto amargo boca pastosa, sequedad secre- cin abundante de saliva, inapetencia, lengua cargada, crapulo- sa, blanca amarilla; cansancio, dolorrontal, variacin de color de la cara, agitacin, abatimiento, fri en los pies y en las ma- nos: todos estos sntomas indican una turbacin mas monos violenta en los rganos digestivos. Una comida abundante y es- cesiva de materias difciles de digerir alteradas, bebidas de la misma clase, las influencias atmosfricas, la clera, las pesadum- bres, etc., dan lugar estos fenmenos. Si este estado contina, sin oponerle medio alguno para su destruccin, se desarrolla y aumenta hasta el estremo de cons- tituir una verdadera calentura gstrica, con mayor peso del est- mago, la hinchazn de la parte hueco que esta viscera ocupa es considerable, pero blanda insensible al tacto: hay vmitos de alimentos y mucosidades viscosas tinturadas por la bilis; cons- tipacin, si la enfermedad est mas adelantada se presentan diarreas de alimentos mal digeridos. Cefalalgia particular, pre- sin en la frente, debilidad de las facciones, con tintura amari- llosa de la crnea; fri mas menos violento, seguido de calor, mas con sequedad del cutis; pulso vivo, blando, con frecuencia intermitente desigual; la orina turbia y jumentosa. O^- Ciiando predominan los sntomas biliosos, se halla establecida la calentura de este nombre, y todos los otros cobran mayor in- tensidad; el calor es muy vivo, ardiente, con tumescencia del cutis, la agitacin considerable, la sed fuerte, y por todas partes se descubren huellas de la bilis: la lengua se presenta con una costra amarillosa, que va ponindose mas oscura; boca y eructos muy amargos, los vmitos son de materias verdosas, el vientre est constipado las evacuaciones son diarricas, amarillas, ver- des 6 negruzcas: la cara est terrea, algo ictrica; hay sensibili- dad, dureza, calor, tensin en las regiones del hgado y del es- tmago; la orina es de un rojo oscuro, el pulso frecuente, lleno, intermitente dicroto. Esta calentura ha solido confundirse con el tifus, pero se dife- rencia de esta ltima enfermedad, en que no tiene sntomas ner- viosos, ni dolor en el occipucio, ni turbacin de la vista oido; el epigastrio, aunque doloroso al tacto, no est hinchado en el tifus; falta tambin el dolor en el ciego y las cmaras que carac- terizan este ltimo mal, as como igualmente el aumento del vo- lumen del bazo. Aqu recorre unas veces la enfermedad sus perodos en el tiem- po de uno cuatro das, pero tambin se prolonga hasta los ca- torce veinte y uno. Si ha de terminar en bien, se manifiestan grandes evacuaciones ventrales bien vmitos de materias bilio- sas, de un gusto acerbo y desagradable, sudores, orinas claras, con sedimento terreo coposo, una erupcin miliar, pstulas y botones en los labios, que es lo mas comn. Puede quedar la di- gestin perturbada de una manera crnica, una intermitente degenerar en el tifus, con todos los fenmenos y sntomas de tal, y de la calentura nerviosa. Esta enfermedad puede confundirse y se ha confundido mu- chas veces con la fiebre amarilla, sobre todo cuando afecta el ti- po remitente; pero los caracteres principales de la calentura bi- liosa la distinguen tanto de la fiebre amarilla, como del tifus. Estos son la grande iritablilidad gstrica, la afeccin considera- ble del hgado, estmago y bazo, y la de la cabeza. El pulso sue- le mantenerse regular, veces de 120 130 pulsaciones por mi- nuto; la temperatura del cutis sigue los mismos grados que ma- nifiesta el pulso en su ritmo; muchas ocasiones con un delirio es- traordinario solo se observan 86 pulsaciones y el calor est casi natural. Siempre hay constipacin irritacin disentrica, pero nunca deposiciones naturales. La ictericia no siempre es constan- te en este mal. Los antimoniales, los calomelanos y las bebidas refrigerantes y sub-cidas constituyen casi esclusivamente el mtodo curativo empleado en la Isla contra esta enfermedad, sin perjuicio de los 63 otros medios correspondientes para oponerse los sntomas ner- viosos que suelen manifestarse. En homeopata se emplean la pulsatila, brionia, nux vmica, trtaro emtico, antimonio crudo, chamomila, etc., etc. El nmero de casos de fiebre biliosa ocurridos el ao de 53 es de 2191 con 36 muertos: de estos han pertenecido la tropa no- vecientos cincuenta casos. Casos. Muertos. Agosto . . . Casos. Muertos: Enero. . . . 211 6 226 2 Febrero. . . 102 55 Setiembre . 341 2 Marzo. . . . 57 55 Octubre . . 354 4 Abril. . . . 75 55 Noviembre. 272 6 Mayo. . . . 282 4 Diciembre . 260 4 Junio. . . . Julio . . . . 114 194 3 5 Totales . . 2191 36 Enero. . Febrero. Marzo. . Abril . . Mayo. . Junio. . Julio . . Ao de 1854. Casos. 53 83 47 84 124 218 327 Muertos. 55 2 2 55 3 9 5 Agosto . . . Setiembre . Octubre . . Noviembre. Diciembre . Totales . . Casos. 778 608 567 124 104 3117 Muertos. 22 38 20 2 5 108 Los militares dieron 676. CALENTURA TIFOIDEA. Sobresalen en esta enfermedad los mismos sntomas de irrita- cin del sistema vascularque en las calenturas erticas y snocas, iguales fenmenos de irritabilidad de los nervios, y principalmen- te de la de los sistemas cerebral y ganglionar, a los que se presen- tan en las calenturas nerviosas. La variabilidad de sus sntomas, la contradiccin que se v en ellos y al parecer con el estado del enfermo, son los signos carac- tersticos de esta afeccin. As vemos que la boca est muy seca y el paciente no tiene sed; que hay motivos para esperimentar dolores y no se queja de dolor alguno; que la enfermedad es su- mamente intensa y que afecta poco nada al individuo, el cual asegura que se halla bueno y se siente perfectamente bien. (54 Muchas do las enfermedades que se padecen en la isla de Cu- ba, casi todas tienen una marcada tendencia :l interesar mus menos el sistema de los nervios y presentar algunos sntomas propos de la fiebre tifoidea, por poco nervioso que sea el sugeto que las padezca. Esto lo vemos todos los (lias en nuestra prcti- ca particular, y los profesores que han asistido muchos enfermos del clera, del vmito y de otras varias alecciones, no podrn dejar de convenir en la certeza de lo que escribo. No deja de ser bastante comn esta funesta enfermedad en nuestra Isla, sobre todo en el verano, poca en que reinan el v- mito prieto calentura amarilla, las fiebres intermitentes y la3 viruelas. Las mas de las veces no puede el profesor observarla y seguir su marcha desde el principio, porque muy pocos son los que acu- den al aucsilio de la medicina, cuando no les ataca este mal repen- tinamente y de un modo alarmante. En efecto, el abatimiento, el cansancio, la inapetencia, el disgusto y el mal humor que algunos esperimentan por espacio de varios dias, antes de declararse de- finitivamente esta afeccin, se creen sntomas producidos por el calor de la estacin, que desaparecern con observar un poco de cuidado. Mas al fin se presenta una calentura mediana, con dolor de ca- beza intenso, sed, diarreas con dolores de vientre, bien consti- pacin y vmitos glerosos biliosos. La lengua est hmeda con una capa blanquizca poco espesa, y el abdomen bastante suave y blando. El aire del enfermo es abatido, sus fuerzas se hallan deprimidas, los ojos algo ojerosos, la nariz seca, pasa bien las no- ches, aunque veces se manifiesta algn delirio fugaz: la cara presenta una estupidez estraa al despertarse y la frente est ba- ada en sudor. Del sesto al stimo dia cesa el dolor de cabeza, y aparecen al- gunas manchas rosadas en el vientre y parte interna de los mus- los, la lengua est menos hmeda, las encas un poco hinchadas, el abdomen abultado y sonoro, y se siente zurrido, murmullo y borborigmos en la fosa iliaca derecha. Todos estos sntomas suelen irse agravando y complicndose con tos bastante molesta, con epistcsis, pneumona, pleuresa, somnolencia, agitacin, delirio, sollozos, gritos, quejidos, etc. etc., cuando ha de terminar el mal de un modo funesto. Al contrario empiezan decrecer y disminuir si su termina- cin es favorable, hallndose el enfermo libre de este mal en el perodo de catorce, veinte y uno, treinta, cuarentay aun mas dias,- segn la intensidad con que ha marchado y recorrido sus pero- dos, la naturaleza, temperamento, edad, secso, mtodo de vida, etc., etc., del emfermo, y constitucin mdica reinante. 65 Ya hemos indicado anteriormente que durante los aos en que ha permanecido entre nosotros el clera, muchos casos de esta afeccin han terminado en una verdadera tifoidea mortal, pero con la rareza de hallarse caracterizada por la absoluta indiferen- cia, la apata, una completa insensibilidad, y la apariencia de ser el sngeto un cadver mas bien que un enfermo. Cuando el vmito fiebre amarilla no viene acompaado de unos sntomas inflamatorios bien marcados, no se verifica la descomposicin ptrida de la sangre, acabando con su vctima en el trmino de tres siete dias, suele degenerar en una verda- dera tifoidea muy semejante la de que acabo de hablar, mas con la circunstancia particular de que algunos enfermos suelen conservar intactas sus facultades intelectuales y raciocinar con la misma ecsactitud y precisin que si se hallasen en su estado normal, hasta el fin de su ecsistencia, pero conservando siempre esa inmovilidad, esa indiferencia, esa insensibilidad de que ha- bl en el prrafo anterior. El mtodo curativo empleado generalmente por los profesores que egercen la medicina en esta Antilla, consiste en el uso de los calomelanos la dosis de dos cuatro granos cada media ho- ra, ayudando su accin purgante con el aceite de ricino, el sul- fato de magnesia, otra sal semejante, con el obgeto de produ- cir abundantes evacuaciones de vientre y variar el modo de ser de los intestinos, cuyos folculos se hallan ulcerados, constituyen- do el carcter distintivo del tifus. "No por eso se desatienden los dems medios propios para com- batir esta enfermedad segn las ecsigencias y los diversos esta- dos y perodos que recorre. La homeopata empleainfinitas sustancias contra este mal, alter- nndolas proporcin de los variados sntomas que presenta, aun- que Mr. Teste solo recomienda tres, que son: la ipecacuana, cuyo uso no debe pasar del tercer dia, la belladona por las maanas y el cido-muritico por las tardes, durante el curso de la enfermedad. El nmero de casos de calentura tifoidea, durante el ao de 53, ha sido 913 y 235 muertos. Han pertenecido la tropa 395, segn los estados de los hospitales militares que la vista tengo. Casos. Muertos. Agosto . . . Casos. Muertos; Enero. . . . 88 17 131 32 Febrero. . . 31 10 Setiembre . 116 29 Marzo. . . . 21 7 Octubre . . 146 33 Abril. . . . 24 6 Noviembre. 103 27 Mayo. . . . 39 9 Diciembre . 33 25 Junio. 41 90 15 25 Totales . . Julio . . . . 919 235 9 66 Ao el e 1854. Casos. Muertos. Agosto . . . Casos. Muertos. Enero. . . . 67 15 224 58 Febrero. . . 47 12 Setiembre . 312 94 Marzo. . . . 50 19 Octubre . . 255 67 Abril . . . . 41 12 Noviembre. 109 36 Mayo. . . . 70 17 Diciembre . 57 21 Jimio 105 232 17 56 Julio . . . . Totales . . 1569 424 Pertenecen la milicia 73 casos. AFECCIONES CATARRALES. Desde el simple romadizo hasta la bronquitis mas intensa se presentan estas afecciones en todas las estaciones del ao, pero con mas estension y violencia en la de los Nortes, durante los meses de Noviembre Marzo. La estacin de las aguas, de Ju- nio Octubre, suele ser bastante fecunda en la manifestacin de estas enfermedades, aunque con un carcter menos inflamatorio y mas puramente catarral. As como en la primera poca predo- minan los sntomas que indican las distintas afecciones de los r- ganos respiratorios y sus dependencias, as en la segunda ocupan, por lo general, el primer trmino los que manifiestan hallarse interesadas las membranas serosas de las articulaciones, las fibras musculares y el aparato digestivo con mas menos violencia, se- gn la edad, el secso y la predisposicin del individuo. En los meses de seca sea de los Nortes, reinan pues los cori- zas, las bronquitis, las calenturas catarrales, la gota, el reumatis- mo agudo, participando todas estas afecciones de un carcter de- cididamente inflamatorio, y necesitando para su curacin tanto el mtodo sudorfico, cuanto el antiflogstico mas menos activo y debilitante: no se entienda por esto que semejantes dolencias interesan el sistema vascular sanguneo del mismo modo que en los paises frios donde las inflamaciones son muy marcadas y ec- sigen emisiones sanguneas generales y locales para su curacin; lejos de eso, necesita el profesor ser muy cauto al echar mano de semejantes medios, si no quiere ver prolongarse la enfermedad al infinito degenerar en nna afeccin grave y crnica que la lar- ga conduce su vctima al sepulcro despus de penosos padeci- mientos. La estacin de las aguas da origen las afecciones mas fran- camente catarrales, como son los mismos corizas, las fiebres mu- 67 cosas, los reumas crnicos, las diarreas, las disenteras, etc., etc., cuyos medios curativos consisten en los diaforticos, las pociones estivio-opiadas, y dems medios aconsejados por los prcticos en estas varias afecciones, que aunque distintas en apariencia son debidas una misma causa, cual es la supresin de la transpira- ciun por el contacto del aire hmedo con las superficies absor- ventes de nuestra mquina. La impresin de la- humedad en el cuerpo cuando este se halla acalorado, como sucede en la estacin de que nos ocupamos, al- tera y pervierte las funciones del sistema dermides, y suprime disminuye la insensible transpiracin y el sudor. De aqu se sigue necesariamente un aumento de accin en los rganos cuyas funciones vitales suplen las del cutis, llegando muchas veces alterarse considerablemente el estado normal de ellos y dando origen por supuesto las distintas afecciones que hemos enume- rado. El egercicio accin de los rganos es el que sufre- en es- tos casos, dando lugar tales manifestaciones, que de ningn modo son hijas de la variacin de lugar de la materia de la trans- piracin, como generalmente se cree. Por lo regular las enfermedades catarrales se presentan duran- te las estaciones en que reinan con preferencia, de un modo sen- cillo y franco, con sus caracteres propios, combinadas unas con otras de un modo mas menos complicado: mas veces suelen degenerar en un estado nervioso tifoideo, bien por la violencia de la afeccin primitiva, por el abandono de los enfermos, el mal tratamiento empleado contra ellas, la constitucin atmosfrica reinante, y la predisposicin, gnero de vida y costumbres del paciente. La fiebre catarral puede tener su foco, segn lo que llevamos dicho, en los rganos respiratorios, digestivos, genitales orina- rios, pesar de que comunmente no se da el nombre genrico de catarro, mas que la afeccin de los del aparato pulmonal y sus accesorios. Abre la escena un ligero calosfri, regularmente de noche, con sed, debilidad y agitacin. Poco tiempo despus se manifiestan sntomas de irritacin inflamatoria, en las mucosas del cuello garganta, del pecho, de las fosas nasales y de los senos frontales. Segregan todos estos rganos, un lquido claro y acre, que en adelante se vuelve mas espeso y pegajoso: la lengua se pone blanca, se pierde el olfato, as como tambin el gusto, la respiracin se hace frecuente y mas menos anhelo- sa; la orina est encendida, turbia y con abundante sedimen- to mucoso; hay dolor de cabeza gravativo, como de presin, particularmente hacia los senos frontales. Al mismo tiempo se afectan otras varias mucosas cercanas entre s, y con las que padecen primitivamente, lo que produce varias c>s sensaciones dolorosas 6 desagradables que no dejan de mortificar al enfermo. La conjuntiva parece mas blanda y roja, con sequedad lagrimeo abundante, y no puede sufrir la impresin de la luz, la nariz sufre un molesto hormigueo, con frecuentes estornudos, y con dolor gravativo sobre los ojos. Hay ronquera, y a veces opresin y tos seca. Se encuentran en la Isla muchas personas que se acatarran con estraordinaria facilidad, y llega hacerse en ellas esta afec- cin casi habitual y crnica. Los viejos, los nios y los sugetos dbiles son los que la padecen con mas frecuencia. Las per- sonas que tienen alguna lesin orgnica del corazn, tubrcu- los pulmonales, son las que mas sufren los ataques de esta dolen- cia. En ciertos individuos suele durar muchos aos sin compro- meter su vida, ni considerarlos como enfermos. Mas en algunos, y no son pocos, se hacen los esputos mas y mas abundantes y de aspecto puriforme; enflaquecen insensiblemente, suele presentar- se una febrecita, al principio errtica, y despus continua, con recargos la noche y sudores por las maanas, acabando por mo- rir con todos los fenmenos de una verdadera tisis pulmonal. Muy rara vez se v en este clima, que una bronquitis crnica se cure radicalmente, hacindose aguda, como suele observarse en otros paises, ni ceder consecuencia de un ataque de calentura intermitente de la aparicin de un ecsantema crnico. En estos casos es en los que los profesores echan mano de to- das las sustancias capaces de destruir una afeccin tan temible y cuyas fatales consecuencias se preveen con tanta anticipacin; aunque si hemos de hablar con franqueza, ni el enfermo, ni sus parientes, ni el mdico miran con tan sombros colores el estado de estos enfermos, hasta el momento en que los sntomas empie- zan hacer temer por la vida del paciente. Las bebidas pectora- les, las pastillas de la misma naturaleza, los jarabes, los looks, los lacsantes, los narcticos, los ponches con algn espirituoso sin l, las emisiones sanguneas, los vapores emolientes, las cata- plasmas, los pediluvios, los vomitivos de ipecacuana y de trtaro emtico, los vegigatorios, los fontculos y aun los sedales, son los medios de que se valen para ver de disipar tal estado de grave- dad, aunque las mas veces sin fruto. Los catarros de la vegiga y del recto son debidos por lo regu- lar las mismas causas que originan las mismas afecciones catar- rales, agregndose ademas en la de la vegiga el abuso de diur- ticos, las inyecciones irritantes, los escesos de la venus, la reten- cin de la orina, y en la del recto, las enemas de agua fria, las hemorroides, etc. La primera la indican las mucosidades que sa- len con la orina, la dificultad de retener este lquido, el peso, la incomodidad, el ardor y dems fenmenos que acompaan la li- --69 gera inflamacin de esta entraa. La del recto se deja presumir por las diarreas mucosas, por el tenesmo, dolor sordo, peso, dis- gustos y calosfros que se sienten hacia este rgano. Las afecciones catarrales las ataca la homeopata con la dul- camara, drosera, eufrasia, heparsulfuris, pulsatila, brionia y otros muchos medicamentos, empezando siempre con el acnito en las que vienen acompaadas de calentura fenmenos de mucha escitacion. El nmero de casos de calentura catarral ocurridos en el ao anterior es de 10429 con 10 muertos. Casos. Muertos. Agosto . . . Casos. Muertos. Enero . . . 1379 55 514 2 Febrero . . 1166 55 Setiembre . 720 2 Marzo . . . 989 55 Octubre . . 716 1 Abril. . . . 1034 55 Noviembre. 680 4 Mayo. . . . 863 55 Diciembre . 1190 1 Junio. . . . 595 55 Julio . . . , 483 55 Totales . . 10429 10 Pertenecen la tropa 801 casos. Ao de 1854. Casos. Muertos. Agosto . . . Setiembre . Octubre . . Noviembre. Diciembre . Totales . . Casos. Muertos. Enero. . . . Febrero. . . Marzo . . . Abril. . . . Mavo. . . . Junio. . . . Julio . . . . 1366 515 983 674 593 667 860 4 2 1 2 55 55 2 1161 1462 1215 1267 1287 3 7 4 2 2 12050 29 Los militares han presentado 908 casos. ANGINAS. Bajo este nombre genrico se comprenden comunmente en la Isla las afecciones de la garganta, sean puramente inflamatorias catarrales, dejando solos los profesores que las denominen con los eptetos de tonsilar, uvular, gutural, farngea, esofgica, la- rngea, traqueal y brnquica, segn la parte primitivamente afec- tada, el predominio de la indisposicin de una de ellas sobre todas las dems; pues es bien sabido que muy rara vez se halla 70 una de estas partes atacada de inflamacin, sin que las otras participen mas menos de la misma enfermedad. Son inseparables de las afecciones catarrales; se presentan en las mismas estaciones, y corren la misma marcha que aquellas, con la nica diferencia de que las francamente inflamatoria? sue- len terminar en supuracin con mas frecuencia que las decidida- mente catarrales. Suelen presentarse algunos casos, aunque bastante raros, de la angina gangrenosa maligna, y aun de la membranosa, diphte- ritis, descripta por los antiguos con los nombres de ulcus sy- Tacum, angina pestilencial, estrangulatoria, sofocante, etc. Su- cede a veces que las falsas membranas formadas en la faringe se estienden la laringe complicndose con el croup, con quien se la ha confundido alguna vez. La angina simple, la mas comn de toda la isla de Cuba, acompaa las afecciones eruptivas que han reinado en estos l- timos aos, tales como las viruelas, el sarampin, la escarlatina, etc., principalmente si estas enfermedades se han presentado en los nios de poca edad. En algunos sugetos, desde los primeros aos hasta pasada la edad de la pubertad, se hacen habituales, padecindolas una y otra vez en todas las estaciones, y aun todos los meses, resultan- do de aqu, con mucha frecuencia, que las amgdalas y la cam- panilla se ponen hipertrofiadas, fatigando un poco la respiracin del enfermo durante el sueo, as como tambin va causando in- comodidad de la glotis por la demasiada longitud de la vula. Algunas escisiones de estos rganos se han practicado en la Isla con el fin de evitar semejantes molestias. Los fenmenos locales que presentan las anginas son rubicun- dez, calor, sequedad, hinchazn, dolor, dificultad de tragar que se aumenta estraordinariamente con los esfuerzos que hace el enfer- mo para verificarlo: las sustancias lquidas son arrojadas al este- rior por las narices, y hay mayor dificultad para tragarlas que las slidas; hay acumulacin de saliva y moco viscoso en el fon- do de la boca que solo puede espulsar el enfermo despus de mu- chos esfuerzos y fatigas; tiene dificultad de hablar y respira con la boca abierta. A veces suelen hincharse las yugulares, con en- cendimiento purpurado y lvido de la cara, dolor de cabeza, deli- rio, sudor desagradable, fetidez del aliento y de la saliva. Se ob- serva tambin cansancio, dolores contusivos en los miembros, calosfros, calor y calentura ertica si la inflamacin es superfi- cial; inflamatoria si es flegmonosa. Las partes atacadas por la hinchazn estn secas, muy rojas, y cubiertas de mucosidades espesas, blancas y amarillosas, que generalmente cree el vulgo que son lceras llagas. 71 El mtodo curativo mas generalmente usado en la Isla para esta enfermedad, consiste en las grgaras emolientes y anodinas, las tisanas diluentes y mucilaginosas, sanguijuelas, cataplasmas, y regularmente los emticos, prefirindola ipecacuana. Muy po- cas veces jiunca es preciso acudir al bistur para dilatar los abs- cesos que se forman en las amgdalas, porque la supuracin se abre paso por s sola durante algn esfuerzo de los que esperi- menta el enfermo para toser tragar. En homeopata se combate esta afeccin con el acnito, lacha- momila, belladonna, dulcamara, pulsatila, etc., etc., segn las di- versas indicaciones. El nmero de casos ocurridos en la Isla durante el ao de 1853 es el de 3882 y 52 muertos. Casos. Muertos. Agosto . . . Setiembre . Octubre . . Noviembre. Diciembre . Totales . . Casos. Muertos. Enero. . . . Febrero. . . Marzo . . . Abril. . . . Mayo. . . . Junio. . . . Julio . . . . . 307 206 272 435 398 453 361 8 4 7 7 3 1 1 323 352 241 253 281 6 7 5 5 1 3882 52 Ao d e 1854. Casos. Muertos. Agosto . . . Setiembre . Octubre . . Noviembre. Diciembre . Totales . . Casos. Muertos. Enero. . . Febrero . . Marzo . . . Abril. . . . Mayo. . . . Junio. . . . Julio. . . . 254 423 465 539 321 256 325 3 4 7 8 3 2 4 278 255 303 230 289 2 4 5 2 2 3938 46 A la tropa han pertenecido 121 casos. oftalmas. Empleo esta palabra como genrica para espresar todas las enfermedades de los ojos, que tan comunes son en la Isla y prin- cipalmente en la tropa que la guarnece. Como no es un tratado de Patologa el que estoy escribiendo, no debo entrar en distin- ciones y pormenores que me haran salir de mi obgeto, cual es el hablar en general de las enfermedades mas comunes que se padecen en la isla de Cuba. En la palabra oftalma, qne mejor hubiera hecho en emplear la de enfermedades de los ojos, debe- mos comprender todas las afecciones do estos interesantes rga- nos, desde la mas simple blepharitis hasta la oftalma siltica mas intensa y desorganizadora. Todas cuantas especies de afecciones puede padecer el rga- no de la visin, se presentan en la isla de Cuba la prctica m- dica, de lo que dan un testimonio irrecusable los hospitales que hay en ella, y sobre todo los militares. En efecto, un nmero bastante considerable de los soldados que aqu se licencian por intiles al cabo del ao, es debido las desorganizaciones parcia- les generales de estos rganos. As como estos individuos son los mas espuestos, por su profesin, a las causas que producen las oftalmas en este pais, as tambin son los mas afligidos por estas penosas enfermedades. La reverberacin de los rayos del sol sobre un suelo y paredes blancas, el polvo calizo de que se halla car- gada la atmsfera casi continuamente, el sereno, los vapores amo- niacales de los escusados, los escesos de todo gnero que suele entregarse la tropa, y doloroso es decirlo, la prctica criminal de algunos, que por medio de sustancias irritantes y caterticas se causan y sostienen estas enfermedades, con el obgeto de conse- guir sus licencias por intiles de permanecer mucho tiempo en el hospital, son las causas mas comunes de estas afecciones, de su tenacidad y de sus fatales consecuencias. No por eso dejan de ser bastante numerosas en las poblaciones y en el campo, segn los partes mensuales remitidos por las Jun- tas subalternas de Sanidad la superior de la Isla, debiendo te- ner en consideracin que las dichas noticias solo comprenden los enfermos asistidos por profesores de medicina, calculndose tanto en estas como en todas las dems enfermedades generales, nna tercera parte mas de enfermos que se curan por s solos con remedios caseros con los que les aconsejan y propinan los innu- merables curanderos que hormiguean por toda la Isla. En el ao de 1846 llegaron de la Pennsula por Abril y Mayo mas de quinientos reclutas, y desde los primeros que aportaron Holguin se observ que algunos estaban afectados de oftalma que se fu desarrollando progresivamente con bastante generali- dad. Desde 1? de Mayo hasta ltimos ele Noviembre entraron en aquel hospital 140 oftlmicos, y en la enfermera del cuartel doscientos setenta y siete. Se presentaron desde el principio con sntomas de palpebritis, y conjuntivitis, de carcter catarral; cuando la inflamacin era muy aguda, iba acompaada de esclerotitis, keratitis y en algu- nos enfermos de coroiditis, retinitis, etc. Si las emisiones sangu- neas generales y locales, los tpicos emolientes, los revulsivos, la -73 dieta y los atemperantes no rebajaban la inflamacin los pri- meros dias, se complicaba esta con las afecciones primitivas de que adolecan algunos de estos reclutas, como sfilis, reuma- tismo, herpes, escrfulas, etc. En los que gozaban de buena salud y robustez cedia la afeccin los veinte dias, por trmino medio: si se resolvan con pronti- tud estas inflamaciones, recaan los enfermos y en particular los que quedaban con alguna fotobia, cuyo sntoma era muy constan- te y el ltimo que desapareca. De veinte casos de oftalma ble- norrgrica, terminaron en nubes muv densas en ambas crneas dos, de los cuales uno se licenci por intil, y el otro mejor al- gn tanto sin quedar del todo bueno: doce quedaron con lceras en la misma parte, y seis siguieron indefinidamente padeciendo una oftalma reumtica crnica. Casi todos los enfermos sentan al anochecer los prpados co- mo pegados, hacia el ngulo esterno del ojo; a la maana siguien- te ya la inflamacin estaba desarrollada, y se la aumentaban fro- tndose para despegar los prpados, para mitigar la incmoda sensacin de arenillas que tenan en aquellos rganos; de este mo- do fueron atacadas en la noche las dos terceras partes de la tro- pa y los dems en ei resto del da. l mtodo curativo generalmente empleado es el antiflogstico cuando los sntomas inflamatorios son intensos y dan en un suge- to robusto; los colirios y cataplasmas emolientes y laudanizadas, los pediluvios, los lacsantes, etc. etc. Si la inflamacin cede y el ojo queda afectado, mas bien por relajacin de los tegidos que por la causa contraria, se echa mano de los colirios esti- mulantes y astringentes, entre los que ocupan el primer lu- gar los compuestos del nitrato de plata disuelto en agua apli- cado en sustancia, el sulfato de cobre, el de almina, los sinapis- mos, vegigatorios, sedales, fonttulos, etc. etc., con el fin de opo- nerse ala desorganizacin de unos rganos tan delicados, cuya consecuencia mas comn suele ser la de la prdida de la vista. La oftalma erisipelatosa la combaten los homepatas con el acnito, htvpar, sulfuris, arsnico y otros. La catarral con la cha- momila, belladonna, eufrasia, ipecacuana y dulcamara. La reu- mtica con la pulsatila, brionia, rhus, clematis y eufrasia. La ar- trtica con belladonna, spigelia, colocinthis, calcrea, hepar sul- furis, sulfur, etc., etc. La crofulosa con todos los medicamentos empleados tanto contra la oftalma en general como contra el vi- cio escrofuloso. La digital, mercurius vivus, graphites, licopodio, iodo y otros varios, en las afecciones de las distintas partes que componen el rgano de la vista. El nmero de casos de enfermedades de ojos asistidos por fa- cultativos, ha sido en todo el ao, 1502, dlos que corresponden 10 74 la tropa 1093. El gnero de vida propio de estos individuos los espone rancho mas esta clase de niales, en razn de las ho- ras de centinela al sol y al sereno, la estrechez de las cuadras en que duermen, las salidas repentinas en la noche los lugares es- cusados, las emanaciones amoniacales de estos, etc., etc. Los 40) enfermos de la prctica civil, pueden mirarse como una peque- sima fraccin del total correspondiente estas afecciones, pues- to que casi todos se curan con remedios caseros, sin acudir al auc- silio de la medicina, como no sea en casos graves y pertinaces. La tropa tuvo en 1854, 1380 oftlmicos y entre ellos 1 muerto. ENFERMEDADES DEL HGADO. Esta entraa que goza de un esceso de vida, digmoslo as, en los paises clidos, sufre con harta frecuencia en nuestra Antilla multitud de afecciones de distinta naturaleza, que muchas veces hace arrastrar una penosa y enfermiza ecsistencia y otras termina con prontitud la vida del individuo en medio de los mas agudos padecimientos. Regular y comunmente pueden reducirse estos distintos fen- menos la hepatitis aguda y la crnica. Es bastante difcil for- mar el verdadero diagnstico de estas afecciones, determinando con precisin el punto que principalmente padece en esta entra- a; razn que esplica la causa de que antiguamente se descono- ciesen estas enfermedades en la Isla, se confundiesen con otras, sin embargo de que tal vez no serian tan frecuentes como se han hecho hoy, por el aumento de la poblacin, la vida mas seden- taria que esta lleva, el abuso de las bebidas espirituosas y la im- pureza de la atmsfera. La importancia del hgado en la econo- ma animal, sus numerosos vasos sanguneos y nervios, su procsi- midad al estmago intestinos y las estrechas simpatas que guar- da con la cabeza y el cutis, le hacen una de las entraas mas es- puestas padecer de inflamaciones, de las cuales las crnicas son las que la atacan mas frecuentemente. El hgado por su posicin, por sus ataduras y por su tamao, puede hallarse inflamado en puntos muy diferentes, y manifestar ademas de sntomas muy diversos, los correspondientes las afec- ciones de los otros rganos con quienes se halla en contacto. La violencia de la inflamacin, bien que esta ocupe su sustancia las membranas que lo cubren y atan las partes vecinas, dar origen diversos sntomas, de los cuales unos pertenecern la verdadera hepatitis y otros la inflamacin simptica del peri- toneo, intestinos, estmago, diafragma, etc. La hepatitis aguda reconoce por causa en este pais, prescin- diendo de la influencia del clima, las violencias esteriores, como -75- cadas, golpes, el ejercicio caballo y en carruage, cuando es escesivo, por la conmocin y sacudimiento que est espuesta esta entraa atendida su situacin y volumen; la insolacin, las pasiones de nimo tristes, la clera, las repentinas y bruscas tran- siciones de la atmsfera, los espesos en la comida y bebida, y to- das las dems que entorpezcan repentinamente la circulacin de la sangre en el sistema de la vena porta. Sin embargo de esto, la hepatitis crnica es mucho mas comn y general que la aguda. Esta ltima no siempre se estiende todo el hgado, sino que ocupa uno solo de sus lbulos, una parte de l, caracterizada por la hinchazn de esta, la congestin de una sangre negra en su tegido, que sigue el reblandecimiento, el cual no tarda en adquirir las cualidades del pus, dando origen los absesos que no dejan de presentarse en nmero algo respetable en toda la Isla. La supuracin es blanca en los absesos recientes, mas en los antiguos, es verdosa, sanguinolenta, color de chocolate y ftida. Suele abrirse paso naturalmente por el ombligo, la ingle, la es- palda, el costado, el estmago, les intestinos, diafragma y pul- mn derecho. Esta ltima terminacin es la peor de todas, por- que acaba con el enfermo consecuencia de una calentura hecti- ca de una tisis pulmonal. Siendo esta enfermedad tan comn en la isla de Cuba, y su diagnstico tan difcil de formarlas mas de las veces, se me per- mitir estenderme algo mas de lo que ecsige esta clase de traba- jo, en la descripcin de sus signos caractersticos. Dolor fijo, continuo en el hipocondrio derecho, que se estien- de hasta el epigastrio el esternn, y veces hasta el pecho. Es lancinante, ardiente, incisivo, unas ocasiones muy vivo y agudo, y otras obtuso, presivo, que solo se percibe en una fuerte inspi- racin, durante los accesos de tos, cuando el enfermo se acues- ta del lado derecho. La regin que ocupa la viscera est muy sensible, pulsativa, tensa, ardorosa, dilatada y con pintas man- chas encarnadas; dando al mismo tiempo un sonido mate. El do- lor se estiende hasta el hombro, regin de la clavcula y brazo, cuyo miembro se halla entorpecido y aun paralizado; la respira- cin es fatigosa, ansiosa, interrumpida y con suspiros; suele ha- ber tos seca, profunda y hueca, dispnca, aumentndose estos l- timos sntomas en el decbito del lado izquierdo. Algunos enfer- mos no pueden acostarse de lado, sino de espaldas sentados con el cuerpo inclinado hacia adelante. Hay calentura inflamatoria con frecuentes remisiones, intermisiones completas, hipo, nu- seas, eructos fatigosos, vmitos poco abundantes y que no alivian, sino que mas bien agravan el estado del enfermo; gusto amargo, lengua crapulosa y amarilla, tintura ictrica del cutis, constipa- cin y escrementos endurecidos, de color gris, y de consistencia __7G arcillosa, principalmente si la afeccin ocupa la parte cncava del hgado. Sin embargo de que este clima predispone tanto las enfer- medades del hgado, no es tan frecuente como podra imaginar- Be la hepatitis aguda, segn la acabo de describir; pero lo es mu- cho la crnica, y por desgracia snele confundirse menudo con otras enfermedades. Esta se manifiesta de un modo lento insi- dioso, trae consigo algunos sntomas de la hepatitis aguda, pero oscuros y rebajados en intensidad. El dolor en la regin del hi- pocondrio, del Hombro y brazo, la dificultad para acostarse de la- do, la elevacin y dureza de la cavidad que ocupa la entraa, el desarreglo de la secrecin de la bilis, el color gris de los escre- mentos, la ictericia mas menos caracterizada, son sntomas que casi siempre acompaan la inflamacin crnica del hgado, pe- ro de un modo sumamente variable en nmero, intensidad y con- tinuidad intermitencia. La amargura de la boca, la suciedad de la lengua, la varia- cin y desorden del apetito, las malas digestiones, las ventoseda- des, el disgusto, el desaliento, la tristeza, los mareos, el mal hu- mor, dependen tanto de la afeccin que nos ocupa, como de las simpatas que egerce sobre el estmago y sobre las funciones de relacin. La tos, el cansancio, la dificultad de respirar se deben la afeccin simptica del diafragma, con quien est en tan es- trecha relacin el hgado. Muchsimas veces se cree ver una afeccin del hgado donde no hay mas que una alteracin en las funciones del colon ascen- dente, manifestadas por un dolor sordo obtuso de esta parte, borborigmos y diarreas alternadas con la constipacin, faltando todos los dems signos caractersticos ele aquella enfermedad. Otras ocasiones es esta tan latente insidiosa, que acaba con su vctima, sin haber presentado la mas leve seal de su ecsistencia. Son infinitas las alteraciones del tegido de esta entraa que se han encontrado en los cadveres inspeccionados por esta otras causas, as como en los que han servido para los estudios anat- micos de los que se dedican en esta Isla la medicina. Se han visto hgados de muy poco volumen y compactos, de un tama- fio escesivo que ocupaban casi toda la cavidad del vientre, con abscesos, endurecimientos escirrosos, tuberculosos, clculos, de- generaciones gelatinosas, albuminosas, cancerosas, etc., etc. Los resultados de estas afecciones han sido la calentura hctica, la consuncin, la hidropesa, la ascitis y la muerte. Puede confundirse tambin la hepatitis con la flegmasa del estmago; pero en esta afeccin falta el aumento de volumen del hipocondrio derecho la percusin y al tacto, la ictericia y el co- lor gris de los escrementos. Las flegmasas torcicas las demues- 77 tran los signos obtenidos por la auscultacin y el plesmetro. En la diafragmitis sigue el dolor todo el trayecto dlas ataduras del diafragma, la respiracin es mas dificultosa, y ademas se presen- tan el hipo, la risa sardnica, la angustia y el delirio. El clico causado por los clculos biliarios se conoce en que se manifies- tan los dolores con intermitencia y por parocsismos. Como las afecciones francamente inflamatorias no son comu- nes en este clima segn llevamos espuesto, y las hepatitis agudas perfectamente caracterizadas se encuentran por rareza entre las enfermedades reinantes de la Isla, no puede sealarse un mto- do curativo general seguido contra este mal por los profesores de medicina que egercen en la Isla el arte de curar. Si alguna vez se ha presentado la prctica una hepatitis aguda con todos sus caracteres especficos, se han empleado las sangras genera- les y locales proporcionadas la robustez del enfermo y la vio- lencia del mal. As es que las ventosas escarificadas, las sangui- juelas la parte y con profusin al ano y regin del sacro se han empleado como el primer medio que oponer esta enfermedad. A esta prctica ha seguido todo el mtodo antiflojstico aconseja- do en semejantes casos, y cuando la inflamacin ha empezado ceder, se ha echado mano de los sub-cidos, de los lacsantes y aun del mercurio interior y esteriormente. Escusado parece men- cionar los vegigatorios por ser uno de los medios mas general- mente usados en todas las afecciones internas de alguna gra- vedad. Mas en las hepatitis crnicas bien manifiestas, no son los m- dicos prdigos en las emisiones sanguneas, seguramente por la razn de que estas aparecen en sugetos ya debilitados por la mis- ma enfermedad que ha estado fijndose de un modo latente, por padecimientos anteriores de fiebres intermitentes, hemorroi- des, desrdenes de la digestin, trabajos intelectuales, etc. etc. Pero en cambio se prescribe la dieta rigorosa, las bebidas acidu- ladas y atemperantes, las unturas oleosas y resolutivas, los fo- mentos, cataplasmas y enemas emolientes, el mercurio al inte- rior y al esterior, las preparaciones ioduradas, y por ltimo la pildora de Ugarte sub-nitrato de mercurio, de que hemos tra- tado al hablar de la diarrea y disentera. Cuando el hgado padece de una manera oscura insidiosa, preciso es confesar que se echa mano de distintos mtodos y sustancias mas menos apropiadas para combatir los sntomas dudosos y anmalos que presenta el enfermo, y que con mucha frecuencia hacen variar al mdico el diagnstico de la enferme- dad que tiene que combatir. En estos casos, por desgracia bas- tante comunes en la Isla, despus de ver que de ninguna mane- ra se logra destruir las incomodidades del paciente, y que cada 73 dia hace nuevos progresos la enfermedad, se hace estacionara acibarando laecsistencia del individuo, se aconseja la ida al cam- po, la variacin de aires, la mudanza de clima, y los baos del mar, los minerales de San Diego, Madruga, Guanabacoa, etc., administrndolos artificiales cuando no es la estacin propia de estas aguas. El medico homepata empieza combatir la hepatitis por medio del acnito dosis repetidas. Despus entran la chamo- mila, la pulsatila, labrionia, la belladonna; remedios que suelen bastar para destruir la hepatitis aguda; pero para la crnica ape- la la nuez vmica, mercurio soluble, antimonio crudo, china, licopodio, sepia, sulfur y otros infinitos remedios proporcionados las ecsigencias del mal y los distintos aspectos que presenta en su curso. El nmero de casos ele afecciones del hgado, ha sido en el ao ltimo, 1629, con 110 muertos. Casos. Muertos. Agosto . . . Setiembre . Octubre . . Noviembre. Diciembre . Totales . . Casos. Muertos. Enero. . . . Febrero. . . Marzo. . . . Abril . . . . Mayo. . . . Junio. . . . Julio . . . . 89 130 95 117 170 98 152 5 13 5 5 8 6 4 131 165 172 169 138 9 17 13 18 7 1629 110 Pertenecen la tropa 102 casos: 5 muertos. TISIS. El escesivo calor de este clima, la humedad, las vicisitudes atmosfricas, el mtodo de vida y la predisposicin de los indi- viduos hacen que esta enfermedad sea bastante comn en la isla de Cuba. Bajo la palabra tisis entienden todos en este pais la pulmunal, sin considerar como idnticas la larngea, la heptica, la del mesenterio, etc. etc., las que clan el nombre de tico, atendiendo tal vez que todas las afecciones ele consuncin las acompaa constantemente la calentura hctica. Los mdicos de la antigedad admitan tantas especies de.t- sis cuantos eran los rganos desorganizados por la supuracin y los vicios de la sangre de los humores que las producan. As es que haba tisis tuberculosas, granulosas, hemotoicas, pletri- cas, sifilticas, escorbticas, reumticas, y otra multitud de ellas 79 que seria largo enumerar. Hoy limitan la palabra tisis para in- dicar la destruccin purulenta del pulmn y de la laringe. El catarro pulmonal crnico frecuentemente repetido, des- cuidado tratado indebidamente, da lugar una tisis pulmonal, aun cuando el sugeto no padezca ele tubrculos en esta entraa, ni su constitucin indique una predisposicin la tisis. Esta es una de las causas mas comunes de semejante enfermedad en es- te clima, sobre todo en la tropa. La predisposicin hereditaria, esto es, el haber nacido de padres tsicos tuberculosos, es otra causa poderossima de esta afeccin, cuyo resultado es irreme- diable por mucho cuidado y empeo que se emplee para opo- nerse sus consecuencias. Los malos alimentos, el desabrigo en tiempo de Nortes, las habitaciones estrechas, sombras, hmedas y mal ventiladas; el polvo, el hacinamiento de las personas en una misma habitacin (circunstancia en que se encuentra la tropa que guarnece esta Antilla, por la estrechez ele ios cuarteles), la masturbacin, los escesos venreos y las enfermedades de los rganos de la respi- racin, descuidadas maltratadas, son causas de la tisis pulmo- nal, con muy poca predisposicin que el sugeto tenga para ella. La tisis pulmonal es mas frecuente en las mugeres que en los hombres; pero aqu se cuenta mayor nmero de los ltimos que de aquellas. La diferencia de gnero de vida, los escesos de to- das clases mas comunes en los unos que en las otras, esplican la razn de esta diferencia. El tratamiento que se sigue en esta Antilla contra la tisis, es el mismo que aconsejan los autores de medicina al hablar de es- ta cruel enfermedad; pero es intil contra la tisis confirmada, por la naturaleza ntima del mal, la gravedad de los desrdenes y desorganizaciones materiales que la constituyen, y por la im- portancia del rgano enfermo. De aqu se sigue que lo que debe procurar el mdico y lo que procura el que verdaderamente egerce su facultad llenando tocias las obligaciones que le impone la sa- grada misin de que se halla revestido, es encontrar los medios de prevenirla evitarla, cuando las circunstancias particulares de parentesco, amistad inters por el bien de la humanidad se lo permiten. Procura, pues, que los hijos de padres tsicos los nios lin- fticos, se crien en una atmsfera seca y moderada, cuando es posible: trata de desarrollar su sistema muscular, y sobre todo el del pecho y brazos, por una gimnstica bien entendida: cuida de preservarlos de las afecciones catarrales, no llenndolos de precauciones intiles y ecsageradas que los hagan mas delica- dos y sensibles en adelante las menores mutaciones de la at- msfera, sino desarrollando su actividad por la constante lucha 80 que se les haga entablar con las influencias esteriores, propor- cionada sus fuerzas, edad, constitucin y energa vital: em- plean sus conocimientos con el n de proveerlos ae una sangre abundante en fibrina por medio de un rgimen de alimentos ani- males bien dirigido, y por el uso moderado del vino, sin olvidar por esto los consejos y advertencias sobre el modo de esponerso sin peligro la accin de todos los dems agentes que les rodean. No es mas feliz la homeopata en la curacin de la tisis con- firmada; pero emplea contra los prdromos de ella y contra la predisposicin del individuo contraerla, multitud de medica- mentos (pie seria ocioso relatar, y que entre ellos se encuentran el mercurio soluble, el corrosivo, el hepar sulfuris, la drosera, phosphorus y otros en la tisis traqueal larngea; la nuez vmi- ca, pulsatila, brionia y sulfur en la pulmonal; la cliamomila, el liepar sulfuris, la cia, la china, el arsnico, el rhus y el petro- leum en la mesenterica; y la silcea, el rnica, la sepia, el ferrum y muchos otros en la heptica. En el ao ltimo hubo 1301 casos de tisis pulmonal, de los que fallecieron 585. Casos. Muertos. Agosto . . . Casos. Muertos. Enero. . . . 126 27 134 68 Febrero. . . 94 64 Setiembre . 128 95 Marzo . . . 66 4 Octubre . . 96 12 Abril. . . . 103 13 Noviembre. 112 27 Mayo. . . . 104 74 Diciembre . 118 69 Junio. . . . Julio . . . . 120 100 48 64 Totales . . 1301 585 Pertenecieron la tropa, 283 casos: 178 muertos. Ao de 1854. Casos. Muertos. Agosto . . . Casos. Muertos. Enero. . . . 85 65 116 89 Febrero . . 112 66 Setiembre . 141 106 Marzo . . . 82 57 Octubre . . 162 34 Abril. . . . 135 63 Noviembre. 80 52 Mayo. . . . 75 58 Diciembre . 131 85 Tnnr 105 251 71 19 Julio . . . . Totales . . 1475 765 De tropa han sido 390 casos con 176 muertos. 81 ENFERMEDADES EEUPTIVAS. Comprendo bajo esta denominacin las viruelas, sarampin, escarlatina, sarna, tina, y por ltimo todas las que tienen su asiento en la superficie del cuerpo, y que se conocen en general con el nombre de enfermedades cutneas. Estas consisten en un trabajo afeccin inflamatoria del cutis, por causa del cual se presenta este rgano con una infinidad de variaciones en su co- lor y en su forma. No deben confundirse estas lesiones con las producidas por causas violencias esternas, como las quemadu- ras, equimosis, vegigatorios, sinapismos, etc. Como en los climas clidos goza el rgano tegumentario de un esceso de vida, esto es, de un estado de escitacion continua, resulta que las afecciones eruptivas son muy comunes en esta Antilla, tanto las agudas y febriles, como las crnicas y apirti- cas. Estas ltimas suelen prolongarse al infinito y hacerse te- nazmente habituales en las personas viciosas, mal vestidas, mal alimentadas, y que viven en medio de la miseria y abandono, sin cuidarse del aseo tan necesario indispensable para conser- var la salud en estos climas. En la clase proletaria y en la gente de color es donde mas predominan estas enfermedades. Las viruelas atacan con furia algunos aos, como se ha visto en los dos ltimos, los nios y negros del campo, segando mul- titud de personas, aun pesar de hallarse vacunadas. En el ao de 1844 me hallaba destinado en el hospital militar de la ciudad de Matanzas cuando ocurri el descubrimiento de la conspira- cin de la gente de color. Fu grande el nmero de los presos que se hallaban hacinados por falta de local propsito para contenerlos. Esto, unido al desaseo que es consiguiente seme- jante situacin, dio margen que se declarase entre ellos una epidemia de viruelas que los hacian pasar al hospital cente- nares, causando un considerable nmero de vctimas. Los dos ltimos aos que he hecho referencia anteriormente, ha reina- do esta enfermedad de un modo epidmico, estendindose tanto por las poblaciones y el campo, que casi puede decirse que ha- ba pocas casas y fincas donde no hubiese algn virulento. El nmero de ellos en el de 1853, segn los datos remitidos la Junta Superior de Sanidad de la Isla, ascendi 8896, en esta forma. 11 82 C:i- Muertos, A gosto . . . Casos. m aertos. Enero . . . 2271) 279 400 33 Febrero . . 1461 137 Setiembre . 293 30 Marzo . . . 1028 82 Octubre . . 641 26 Abril. . . . 780 59 Noviembre. 303 31 Mayo. . . . 862 72 Diciembre . 385 23 Junio. . . . Julio . . . . 53 5 431 43 Totales . . 8896 820 Puede calcularse una mitad mas de sugetos que han padecido varicela, varioloides y aun viruelas, sin haberlos visto ningn fa- cultativo. Han correspondido la tropa veinte virulentos. Ano d e 1854. Casos. Muertos. Agosto . . . Casos. Muertos. Enero. . . . 843 52 177 33 Febrero. . . 687 36 Setiembre . 164 29 Marzo . . . 541 32 Octubre . . 167 19 Abril. . . . 511 44 Noviembre. 84 9 Mayo. . . . 553 71 Diciembre . 120 9 Junio. . . . Julio . . . . 363 168 24 22 Totales . . 4378 380 En los militares hubo 48 casos de estos y 2 muertos. La enfermedad se ha presentado siguiendo un curso regular bien determinado, y con perodos justos; tambin se ha compli- cado con calentura inflamatoria, nerviosa, ptrida, gstrica y por ltimo ha dado margen muchas anomalas de bastante consi- deracin. En unos casos la erupcin ha sido rpida, en otros irregular, retardada, interrumpida, acompaada de fiebre que ha continua- do despus de verificada aquella, las pstulas se han desarrolla- do de un modo incompleto, ya deprimidas, sin aureola, vacas llenas de linfa de sangre, en fin con todos los sntomas propios de las viruelas llamadas malignas. El curso de estas ltimas ha sido harto violento, habiendo terminado con la muerte, por lo co- mn del quinto al stimo dia; en algunos casos no ha sobreveni- do esta sino del once al catorce con muchos padecimientos. No han faltado enfermos que han sufrido una estraordinaria sensibilidad de los ojos la luz, el delirio, una sobre escitacion general del sistema nervioso y un estado de sopor unido la ca- lentura. Otros han tenido congestiones encephlicas, pectorales, 83 con fuerte calentura, mucha sed, insomnio, constipacin, fri calor natural en pies y manos mientras el cuerpo estaba ardien- do, gran dificultad de respirar, tos continua, agitacin estraordi- naria, etc. Se han visto tambin virulentos con coriza, ronquera, anginas y todos los dems fenmenos de una fuerte afeccin ca- tarral complicando las viruelas. En los nios se han manifestado ademas las convulsiones, los sntomas de un desarreglo gstrico y de una afeccin verminosa, la depresin repentina de la cara, el ennegrecimiento de las ps- tulas, los fenmenos del tifus, la boca negra, la lengua hendida, meteorismo y estraa debilidad. "No pocos enfermos han padecido al concluirse las viruelas, enormes cicatrices muy molestas, oftalmas pertinaces, forncu- los dolorosos y repetidos, caries, consuncin y tisis. Muchsimos han pasado esta enfermedad sin hacer cama, sa- liendo al aire libre, y sin saber que estaban acometidos de virue- las hasta ver la erupcin completamente desarrollada. Este mal solo puede confundirse con la varicela, pero sin otro inconveniente que el de creer el sugeto que est ya libre de las viruelas, que solo se padecen una vez en la vida, cuando aquella no preserva de estas ltimas. Infinitas personas ya vacunadas se han visto acometidas dla afeccin conocida con el nombre de varioloides propia nicamen- te de los que han sufrido la accin del virus vacuno, la que no es mas que una modificacin de la verdadera viruela, con la fie- bre de infeccin mas dbil, y que casi nunca acompaa la su- puracin de sus granos; estos no dejan cicatrices, sino manchas encarnadas que duran mas menos tiempo. Con todo eso algu- nos casos han sido tan violentos que han venido terminar en la muerte. Ha sido muy general en la Isla la prctica de dilatar las ps- tulas para dar salida al pus que se forma en ellas, con el obgeto de evitar las cicatrices que esta enfermedad deja, principalmen- te en la cara. Muy pocos han empleado el nitrato de plata con el mismo obgeto, y raro el qne ha hecho uso de las aplicaciones emplsticas la cara aconsejadas antiguamente por los autores para oponerse la violenta infiamacion de esta parte y sus funes- tas consecuencias. Se han empleado para la curacin de este mal las emisiones sanguneas cuando los sntomas inflamatorios las han ecsigido, ya generales, ya locales, segn la violencia de la enfermedad, la constitucin del individuo y la naturaleza de las congestiones que lo complicaban. El mtodo antiflojstico en toda su estension, modificndolo mas menos a proporcin de las indicaciones par- ticulares que cada profesor tenia que satisfacer. 84 En las viruelas acompaadas de desrdenes nerviosos se ha echado mano del alcanfor, asaftida, csido de /-'me, valeriana y dems antispasmdicos; del hielo, de los calomelanos, etc., etc. Si se han manifestado fenmenos que hiciesen temer la altera- cin de la sangre, como manchas, petechias, hemorragias pasivas y serosas, y dems signos de putrefaccin, se ha acudido los pediluvios, baos tibios, baos de vapor, los vomitivos, los sudo- rficos, las preparaciones mercuriales, los purgantes, los tnicos, los opiados, y todos los dems medios que se oponen las fiebres tifoideas, adinmicas, atcsicas, etc., etc. La homeopata ha empleado el acnito, la belladonna, el rhus y el opio, en* el primer perodo. En el segundo el stramonio, la chamomila, la nux vmica, el antimonio, la bryonia, el phosforo; y en el tercero el mercurio, el nitri acidum, el hepar sulfuris, trtaro emtico, cido-muritico, rhus y arsnico con arreglo las distintas indicaciones. El sarampin es bastante comn en la isla de Cuba, y puede decirse que no hay ao que no presente un cierto nmero de in- dividuos atacados de esta enfermedad. Casi siempre se mani- fiesta de un modo muy benigno, pero algunas veces se generali- za estraordinariamente y se acompaa de sntomas de alguna gra- vedad como ha sucedido en los aos de 1852 y 1853. Una cuar- ta quinta parte de los atacados de este mal ha recurrido a los aucsilios de la medicina y el resto lo ha pasado combatindolo con remedios caseros, cosa muy generalizada en las poblaciones interiores y en el campo. Los casos de alguna entidad han empezado por un fuerte cori- za, con inflamacin la garganta y todos los sntomas de una verdadera angina a que ha sucedido una erupcin numerosa con ligera tumefaccin de la cara y de las manos. Otros, y han sido los mas, han corrido sus perodos ele una manera insignificante, principiando por una ligera fiucsion la nariz, y manifestndo- se la erupcin como un ligero zarpullido, que por haber ocurri- do mientras reinaba la epidemia, se ha llegado saber que era el sarampin el que se tenia a la vista. Muv escaso insignificante es el nmero de los enfermos en quienes el catarro se ha elevado una afeccin pulmonal, que na producido la hidropesa, los esputos de sangre, y en los nios escrofulosos la tisis violenta agudsima. Se han empleado para su curacin muy pocas ningunas emi- siones sanguneas, pero en cambio se ha recurrido los sudor- ficos, demulcentes, suaves lacsantes, espectorantes, etc., y la ho- meopata lo ha combatido con la pulsatila, el acnito, la eufrasia, coffea, belladonna y otros. 85 En el ao de 185 han ocurrido la prctica de la medicina los casos sig uientes: Casos. Muertos. Agosto . . . Setiembre . Octubre . . Xoviembre. Diciembre . Totales . . Caso?. Muertos; Enero. . . . Febrero. . . Marzo. . . . Abril . . . . Majo. . . . Junio. . . . Julio . . . . 137 17 123 85 21 37 24 3 3 5) 1 55 36 5 18 2 560 7 La escarlatina ha reinado tambin epidmicamente, atacando la cara, el cuello, el pecho, las manos j los pies en los casos le- ves, y ganando en seguida todo el cuerpo en los graves. Las mis- mas circunstancias y los mismos fenmenos generales que han precedido y acompaado la aparicin del sarampin, han do- minado tambin en la poca de la manifestacin de la escarlati- na, a cuja afeccin se ha unido la urticaria, la prpura, llamada aqu colorado, as como la escarlatina cujas afecciones se han confundido fcilmente causa de que sus respectivos fenmenos y sntomas han sido muy benignos. El mtodo curativo emplea- do se reduce preservarse del aire, j seguir el mismo mtodo que en la curacin del sarampin. La escuela de los semejantes usa la belladonna como especfico en este mal, empleando otros varios medicamentos segn las ecsi^encias. -i- La urticaria, la miliar, la prpura, la erisipela, el eritema, el herpes agudo, el pemphigus j la zona suelen presentarse tam- bin con alguna frecuencia, pero hasta ahora no las he visto rei- nar epidmicamente, ni tengo noticia de que tal haja sucedido. Entre las enfermedades eruptivas apirticas, se nos ofrece en primera lnea la sama, especie de eccema producido por la pre- sencia de un insecto parsito llamado por los naturalistas Acarus Scabiei, y caracterizado porua viva y molesta picazn que ator- menta aL enfermo principalmente de noche, y por la erupcin de vegiguillas acuminadas, de las cuales sale un surco recto tortuo- so cuyo estremo se encuentra el animalito. Es muy contagio- sa, y se conocen dos variedades en la Isla: la miliar canina y la gruesa pustulosa. 'Es muy comn entre los negros, entre los naturales de las Is- las Canarias que llegan esta Antilla-mal alojados en los buques que los trasportan y mal alimentados por razn de la mucha gente que embarca uno de estos buques y causa de la escesiva economa con que tratan de hacer este viage. Tambin la tropa SC- que vieno reemplazar las bajas do este egrcito suele llegar plagada de esta enfermedad, <[ue la comunica en mas menos propon-ion los otros compaeros de cuartel })or el roce (pie coa precisin ha de tener con ellos. Es comn en los nios de pecho, confundindose muchas ve- ces con las distintas erupciones (pie suelen acompaar la den- ticin. Las pomadas azufradas, los lacsantes y los baos del mar, triunfan por lo comn en poco tiempo de esta repugnante enfer- medad, cuando no la complican la sfilis, las escrfulas, el escor- buto, etc. Homeopticamente se emplean contra la pustulosa, causticum, kreosotum, mercurio, sepia y sulfnr; contra la miliar, carbo ve- getabilis, sil ice, cuprum y otros varios medicamentos. El ao de 1SJ:6 se hizo tan contagiosa y se presentaron tantos casos en la tropa que se estableci en la fortaleza de la Cabana un hospital provisional para asistir esclusivamente esta clase de enfermos. Permaneci establecido desde el mes de Noviem- bre hasta el de Diciembre de 1S47, habiendo entrado en el un sin nmero de enfermos, de cuyos pormenores no tengo noticia alguna. La costra serpiginosa y la de leche son propias de los nios de pecho, y se confunden y complican muchas veces con la sarna, la tina, los herpes, etc., etc., llegando a esparcirse desde las ore- jas, donde regularmente empiezan, hasta la cara, cuello, tronco y estremidades. No faltan ejemplos de estas afecciones que ga- nan bstalos ojos, produciendo en estos rganos una inflamacin particular llamada oftalma psorica impetiginosa. Los lacsan- tes, las pomadas oftlmicas mercuriales, los colirios emolientes, anodinos, calmantes, resolutivos etc., etc., son los medios que se emplean contra estas diversas afecciones. Los homepatas usan el arsnico, la calcrea, el sulfur, la dul- camara, la sepia, el licopodio y muchos otros, segn las indica- ciones. Las espinillas, los barros en la cara, la mentraga, el imptigo, los dartros, y otra multitud de erupciones cutneas se padecen en la Isla siendo mas menos pertinaces, segn las complica- ciones y constitucin del individuo, y cediendo la accin de los demulcantes, refrigerantes, suaves lacsantes, pomadas, baos comunes, del mar y minerales, rgimen apropiado y uso de la leche. La medicina de los infinitesimales emplea multitud de medi- camentos antipsricos, apropiados los casos que debe combatir. La lepra mal de S. Lzaro se halla bastante estendida en la isla de Cuba, con la particularidad que muchos individuos la pa- 87 decen estacionara en nn grado bastante ligero, achacando sus incomodidades la irritacin y una sangre mala, que miran como origen de sus padecimientos*. Solo los que viven en la mi- seria y el abandono son los que apelan al recurso de ser recibi- dos en los hospitales de S. Lzaro, fundados esclusivamente pa- ra la asistencia de estos desgraciados enfermos. Es bastante co- mn en los negros. SFILIS. !No hay enfermedad alguna, ni aun entre las contagiosas, que perjudique mas la humanidad, ni sea mas temible que la sfi- lis. Las epidemias aterran porque no son comunes, porque se presentan en pocas distantes una de otra, porque hieren un n- mero considerable de vctimas, y porque se manifiestan refrac- tarias toda clase de remedios. Mas no dejan seales indelebles de sus efectos, no pasan de generacin en generacin de un mo- do hereditario, formando una raza bastarda, intil para los car- gos civiles como para la carrera de las armas, y no trasmiten sus venenosas semillas por medio del primer alimento que toma el hombre del pecho de una nodriza al venir al mundo formar parte de la sociedad. La sfilis ecsiste en el universo y ecsiste de modo que sus des- trozos no tienen intermisin: ataca con preferencia la parte de las poblaciones que por su juventud constituye la fuerza y pode- ro, as como la riqueza de imanacin. En vez de hombres vigo- rosos y robustos, se ven por lo general hombres debilitados, va- letudinarios y enfermizos en mayor menor escala, que engen- dran seres tan desgraciados mas que ellos, y que mas bien son un peso para la sociedad, que no el orgullo y sostenimiento de ella. Esta enfermedad se halla por desgracia harto estendida en la isla de Cuba, bien manifestndose las ciaras con sntomas muy visibles, bien minando las naturalezas y constituciones de un modo latente insidioso, y desconocido muchas veces los ojos del vulgo y aun de la mayor parte de los prcticos. Debe comprenderse bajo el nombre de sfilis el producto del virus sifiltico, y mirar esta afeccin como una enfermedad crni- ca contagiosa, que ataca en general, como la lepra, no solamen- te el cutis, sino tambin otros rganos, presentndose nuestros sentidos por medio de lceras otros fenmenos locales que cau- san la desorganizacin de las partes que atacan y que traen su nico origen de la infeccin del virus sifiltico. Bajo todos los aspectos conocidos hasta el dia, se presenta esta enfermedad en la isla de Cuba, manifestndose por medio de l- 88 ceras primitivas do aspecto lardceo y do carcter inflamatorio agudo: por lceras induradas, phageclnicas, grangrenosas y can- cerosas; por afecciones secundarias del cutis, de las membranas mucosas, de los huesos, ojos, etc., como ecsantemas, manchas, vegigas, burbujas, pstulas, ppulas, escamas, tubrculos, alope- cia, alteracin de las uas, tumefaccin de las glndulas linfti- cas, eesostoses, dolores osteocopos, cyuntivitis, iritis, amaurosis,, etc., etc., sntomas todos de la infeccin sifiltica primitiva y se- cundaria. Tambin se encuentran con mucha frecuencia los pertenecien- tes la sfilis terciaria que puede llamarse tambin constitucio- nal, aunque este nombre pertenece mas bien la sfilis de los re- ciennacidos, por ser pongnita y hereditaria, infectando toda la constitucin del nio. As es que se ven los condilomas, las cres- tas de gallo, coliflores, berrugas hmedas y secas, puerros, grie- tas, etc., etc., principalmente en los negros, en la tropa y en la clase proletaria de la Isla. En los reciennacidos se han visto burbujas en el cutis, la na- riz ostruida, las comisuras de los labios ulceradas, escamas, man- chas, condilomas, rgades, lceras en el interior de la boca, aftas, otitis, iritis, periostitis y dems afecciones propias de esta infec- cin. Estos nios presentan un aspecto enfermizo; son pequeos, dbiles, flacos; sus facciones imprimen su cara la fisonoma de un viejo; sus msculos son blandos, arrugados, as como el cutis que ofrece un tinte amarillo de paja, moreno amarilloso. A todos los fenmenos deque he hecho mencin en los prrafos anteriores suele preceder acompaar una blenorragia mas menos violenta caracterizada por la inflamacin de la uretra y del prepucio en el hombre, y de la uretra y la vagina en la mu- ger, con una evacuacin de humor mucoso purulento. Esta sue- le complicarse con el fmosis y parafmosis, la inflamacin del balano, la del miembro, la estrechez de la uretra, la hinchazn de las glndulas inguinales, la inflamacin del cuello de la vegi- ga de la prstata, con la hematuria, la orquitis, la oftalma ble- norro'ica, el reumatismo articular y los dartros empeines en distintas partes del cuerpo, y principalmente en laboca y garganta. No siempre es de origen sifiltico la blenorragia, sobre todo en este clima, y puede presentarse a consecuencia de una fuerte irri- tacin de la uretra producida por la presencia de un cuerpo es- trao, las inyecciones irritantes, la equitacin, la masturbacin, el coito repetido, egecutado en tiempo del menstruo, con las que padecen flores blancas, la impresin de una temperatura fria y hmeda, la inflamacin de la prstata, la retencin forzada de la orina, las ascrides en el intestino recto, la denticin en los nios, las hemorroides, los vicios herptico, psrico, gotoso, el abuso de 89 los esprragos, cebollas, cerveza jotras mil cansas que serialargo enumerar. A pesar de esto, no es fcil determinar con certeza si la blenor- ragia es debida cualquiera de estas causas, y simplemente in- flamatoria, si es producida por el virus sifiltico. Todos cuantos signos han dado los autores para alcanzar este obgeto, son de po- co valor para el que busca sinceramente la verdad. En los casos dudosos puede y debe emplearse un ligersimo tratamiento mer- curial, que si no cura completamente, no es susceptible de perju- dicar al enfermo, por muy delicado que sea. Mas empearse en mirar todas las blenorragias como sifilticas, por poco que se pro- longuen, lo que dispone fuertemente el clima en que vivimos, saturar al paciente de mercurio, empleando las preparaciones mas activas y hasta las fumigaciones, con el fin de destruir un virus que no ecsiste sino en la imaginacin del que tal hace, es un dao muchas veces irreparable, por las consecuencias que trae consigo la accin de este metal en nuestra mquina, y por la pro- duccin de una enfermedad mercurial que casi nunca llega destruirse. He visto muchos egemplos de esto en la Isla, y los profesores que hayan tenido en ella una prctica regular, no po- drn menos de convenir en la verdad de lo que espongo. Una de las afecciones dependientes del virus sifiltico es la de los tumores gomosos; tienen su asiento en las cercanas de los huesos y contienen una materia pegajosa y espesa semejante al mucilago de la goma alquitira adragacanto. Se desenvuelven en el tegido celular que une el periostio los huesos. Antes de manifestarse se presentan dolores sordos en los para- ges donde han de aparecer. Empiezan por una hinchazn dura, adherente, que aumenta desde el tamao de una nuez hasta el de un huevo, y que permanece indolente mas menos tiempo, ablan- dndose por ltimo hasta presentar una verdadera fluctuacin en toda su superficie, y ya por los esfuerzos de la naturaleza del arte dejan escapar un lquido viscoso, bastante espeso, trans- parente las mas veces, de color blanco, amarilloso y no pocas ocasiones rojizo. Siempre dependen de un vicio sifiltico antiguo inveterado, y se distinguen de los bubones y otros tumores glandulares en que tienen su asiento constantemente sobre los huesos que se ha- llan mas prcsimos al cutis y en las cercanas de las partes apo- neurticas ligamentosas. Coinciden muchas ocasiones con su aparicin los ecsostoses, pstulas cutneas, lceras de las fauces, dolores nocturnos, debi- lidad y enflaquecimiento general. Es enfermedad muy comn en los negros, causando la muer- te de muchos de ellos; pero se ha hecho menos frecuente y mor- 12 90 tal desde que la medicina lia perfeccionado el tratamiento dlas afecciones sifilticas. Como las enfermedades sifilticas siempre son bochornosas pa- ra el que las padece, como se presentan bajo tan distintos aspec- tos, como los mas de los que se ven atacados de ellas recurren remedios caseros y curanderos para destruirlas, y como son en- fermedades que se refieren la ciruga, carecemos de una esta- dstica completa de estos males, y no puede determinarse positi- vamente el nmero de casos que hayan podido presentarse en la Isla durante el ao de 1853. Solamente la tropa, por la precisin que tiene de curarse en los hospitales militares, es la que nos suministra los datos necesarios para saber el nmero de ataca- dos, en el referido ao, de la enfermedad que nos ocupa. Los casos pues de sfilis presentados el ao que aludimos son 1603, sin contar los que hayan pasado con otras afecciones debidas tal vez causas sifilticas como dolores, herpes, oftalmas, etc., etc. Enero . Febrero Marzo. Abril. . Mayo . Junio . Julio. . Agosto. . . Setiembre. Octubre. . Noviembre Diciembre. Totales. . Casos. 158 162 182 151 177 1603 El ao de 1854 ascendi el nmero de sifilticos en la tropa 2975, y un muerto. Hay una enfermedad muy comim en el bello secso y que se padece casi generalmente en la Isla, cual es la leucorrea, flo- res blancas, que muchas veces se ha mirado como sifiltica y ha sido origen de alo-unas desgracias, debidas la administracin del mercurio, del iodo, y dems antisifilticos conocidos, con el obgeto de destruir un virus que no ecsistia, y cuyas consecuen- cias son mas fciles de adivinar que de describir. El clima, el gnero de vida sedentario que observan las seo- ras de este pais, la aficin al baile, las lociones de agua tibia, el uso de alimentos vegetales y de poca sustancia que regularmen- te toman las solteras para no engruesar, y otra multitud de cir- cunstancias que seria ocioso referir, producen esta afeccin, mas pronunciada en las personas dbiles, linfticas, plidas, desco- loridas, tristes, de carnes blandas, de digestiones pesadas, y de ideas ecsageradas y romnticas. Desde las nias de la mas tier- na edad, hasta las adultas de la mas avanzada, pueden padecer 91 esta afeccin y la sufren en efecto con mas generalidad de la que puede creerse. Casi todas la miran con indiferencia, creyndola como un mal irremediable, hijo del cuma en que nacieron, y evi- tando con empeo todo mtodo curativo que tienda suprimir- la, no ser que llegue causar trastornos que comprometan su ecsistencia. No hay estado que las liberte de esta incomodidad, pues que las solteras, viudas y casadas la sufren con mas menos abun- dancia segn las causas que obren en ellas, su constitucin, su gnero de vida, y entre las ltimas, segn los partos mas menos frecuentes y mas menos pesados que han tenido, as como tam- bin con proporcin al nmero de hijos que hayan criado. Regularmente consiste este mal en la evacuacin por la vagi- na de un moco viscoso, de un aspecto semejante al sag cocido, la clara de huevo, la leche, y en algunas es de un color ama- rilloso, mas menos verde, rojizo, y aun tinturado ligeramen- te de negro, sin olor por lo comn, aunque veces suele ser f- tido, debido los fuertes calores, al poco aseo, y las procsiini- dades de la menstruacin. Las que padecen en mayor escala esta enfermedad presentan la membrana mucosa que cubre las partes genitales, floja, mar- chita y arrugada, el cuello del tero algo voluminoso y con algu- nas manchas de un rojo algo mas vivo que el de la vagina; cosa que ha impuesto algunos profesores, que no han tenido reparo en cauterizar esta parte con el nitrato de plata, mirando en ella un mal que no ecsistia y cuyas consecuencias son fciles de adi- vinar. Es bastante escaso el nmero de las que no ven esta inco- modidad, sino antes y despus de la presentacin del menstruo. TTANOS. Enfermedad cruel, con bastante frecuencia mortal, propia de los pases clidos y no poco comn en la Isla, que ataca con pre- dileccin los hijos de esta Antilla, los negros y aun algu- nos europeos que se esponen con demasiada confianza al influjo de las causas que la producen. Las mas generales son la supresin repentina de la transpira- cin, la impresin de una temperatura fria de una corriente de aire estando el cuerpo en sudor, el fri causado por la lluvia, el fresco y humedad de la noche, las abundantes evacuaciones, el envenenamiento, los escesos en los placeres del amor, las heridas, los golpes, las cadas, el beber agua fria despus de tomar un ali- mento muy caliente, los baos de una alta temperatura, saliendo inmediatamente al aire; las gastro-enteritis gastro-eucefalitis, y las lesiones traumticas, como las picaduras, heridas contusas, heridas de armas de fuego, panadizos y niguas, etc., etc. cp Se ha presentado infinitas veces esta enfermedad consecuen- cia de las heridas mas ligeras y aun despus de un araazo, 6 de una pequea incisin hecha al afeitarse, as como tambin por la extraccin de una nigua que no haba llegado hincharse completamente, siempre que hayan concurrido algunas de las causas de que he hablado antes. Vulgarmente se conoce con el nombre de pasmo y se le distin- gue en pasmo de estmago, pasmo de pecho y pasmo del cere- bro. La costumbre que tienen los negros de las fincas de dormir ai lado del fuego en sus bohos, los espone estraordinariamente pasmarse al salir por las madrugadas al trabajo, cuando mas se siente el fresco y el sereno de la noche. En los nios reciennacidos se manifiesta con mucha frecuencia y se le conoce con el nombre de mal de los siete dias, porque se ha observado que pasado este perodo ya no es comn que pa- dezcan semejante enfermedad. La multitud de medicamentos y de mtodos empleados contra esta dolencia prueba lo grave de ella, y la poca confianza que se puede tener en triunfar de sus rigores. Seria nunca acabar si quisiese referir no solo los medios puestos en prctica por los pro- fesores del arte de curar, sino tambin los disparates y absurdos de que echan mano los curanderos y la gente vulgar para destruir un mal que tanto aflige al paciente y los que presencian sus tormentos y agonas. Basta decir que cuantas sustancias conoce la materia medica y muchas otras de que no hace mencin, caprichosas, raras y aun repugnantes hasta el ltimo estremo, se han propinado en esta afeccin; y cosa rara, con todos estos medios se han curado unos y han muerto otros, como sucede generalmente en todas las en- fermedades, donde la naturaleza vence, no solo el mal, sino tam- bin el efecto de los remedios, burlndose de nuestros pronsti- cos y convencindonos de que siempre debemos tener en cuenta sus innumerables recursos y su fuerza medicatriz. El profesor D. Jos Carbonell, residente muchos aos en Gua- nabacoa, al escribir su memoria sobre topografa mdica de aquel punto, incluye un mtodo curativo del ttanos que le ha dado muy buenos resultados en su prctica particular, y en varios in- dividuos que hoy ecsisten en aquella villa y otros puntos de sus cercanas. Es como sigue: "Abro la escena (dice) administrando al enfermo segn su edad intensidad del mal, una, dos tres cucharadas del zumo de la nicotiana verde (hojas de tabaco), estraido con una pequesima parte de agua tibia, dos tres veces al da: su uso se repite por tres cuatro, interpolando cada dos horas una cucharada de tres onzas de jarabe de altea comn, con uno, dos tres granos de -93 estracto tebaico, teniendo presente lo dicho antes sobre la edad: este orden lo he seguido hasta el trmino de la curacin, que pa- sa algunos dias mas del veintiuno. "Agua comn la del cocimiento de hojas de naranjo agrio. "Enemas del cocimiento de una dos hojas del mismo taba- co verde con azcar aceite, repitindose segn parezca necesa- rio por algunos dias. "Unturas todas las partes contraidas con el aceite pil dorado. "Si la necesidad lo ecsige, dispongo alguna vez el aceite de la palmacristi para evacuar, sin abandonar la prosecucin del plan indicado. "Ninguna reserva del aire v abrigo ser escesiva. "Por lo general los enfermos en los primeros dias no sienten alivio alguno, pero no son pocos los que este mtodo deben la vida, "Ningn remedio se administrar fri. El alimento ser lqui- do y segn las fuerzas del paciente se le dar vegetal animal." Los homepatas emplean en este mal la angostura, belladon- na, brionia, camphora, chamomila, ipecacuana, moschus, opium, platina y scale, con otros varios, segn las circunstancias. He dicho antes que era muy comn en este clima el ttanos infantil trismus nascentium, y con efecto perecen muchsimos de este mal, aun antes de llegar los siete dias de su nacimien- to, sin emplear recursos mdicos en los mas de ellos, tanto por las dificultades que presentan unos seres tan delicados la ad- ministracin de los remedios, cuanto por el conocimiento que tie- nen sus padres de que es una enfermedad necesariamente mor- tal en unas mquinas tan tiernas y deleznables. Sus causas, segn muchos escritores, son las irritaciones gs- tricas, determinadas por la mala leche, las afecciones morales de las madres de las que les dan el pecho, las ulceraciones del ombligo, etc., etc., que producen una fuerte irritacin del cere- bro, mdula oblongada y espinal, origen de las contracciones y dolorosos espasmos que estos inocentes sufren hasta terminar su cortsima ecsistencia. El Dr. americano J. Marin Sims, hablando del trismus nas- centium, dice en un peridico mdico publicado en Filadelfia, "que es una enfermedad de origen cntrico, dependiente de una presin mecnica egercida en la mdula oblongada y sus nervios; que generalmente esta presin es el resultado de una dislocacin hacia dentro del hueso occipital, muchas veces bastante percep- tible, pero otras tan ligera que solo puede descubrirse con mu- cha dificultad; que cuando persiste algn tiempo despus del parto, se hace una condicin patolgica, capaz de producir todos los sntomas que caracterizan el trismus de los reciennacidos, los 01 cuales so alivian instantneamente por la simple rectificacin de esta dislocacin anormal, removiendo por sn medio la presin de la base del cerebro/' Aconseja para su curacin variar la posicin qnc comunmen- te se d los nios acabados de nacer colocndolos de espaldas en la cama de la madre. Esta mala, prctica hace que la com- presin que egerce el hueso occipital sobre la mdula oblongada sea cada vez mayor, y por consiguiente que los sntomas del tris- mus vayan en aumento. Refiere varios casos prcticos que han terminado felizmente con solo variar la posicin del nio, acostndolo de lado y dando lugar de este modo la reposicin del hueso que va afirmndo- se en su situacin normal, y dejando de comprimir la mdula dis- minuye los fenmenos propios de la enfermedad. Esplica los diversos sntomas que la acompaan del modo si- guiente: "el noveno par de nervios (distribuido en los msculos de la lengua) nace de la fisura que hay entre el cuerpo pirami- dal y olivar, se comprime en el punto de su nacimiento y da ra- zn de la dificultad de mamar que es el primero de los sntomas de esta afeccin. "La circulacin acelerada, la respiracin anhelosa y el laringis- mo provienen de la compresin del octavo par de nervios y sus diversos ramos; el mal aspecto de la cara, la espresion contraida del semblante, con los espasmos de los prpados su abertura paraltica, pueden mirarse como dependientes de la porcin du- ra del stimo par. U E1 cerramiento caida de las quijadas y la gran dificultad de coger el pezn se refieren la presin del ramo motor del quinto par. La rigidez tnica de las estremidades resulta de la presin continua del puente del cerebro, propagada al tronco motor de la mdula, mientras los espasmos clnicos vienen como una conse- cuencia de esta, y son escitados por el sonido, por los movimien- tos por cualquiera otra cosa que afecta el sistema escito-motor. La especie de vmito por regurgitacin, los borborigmos y la diarrea, son escitados por la ntima conecsion que ecsiste entre el gran simptico y los nervios implicados en el gran punto de presin. "Cuando la compresin proviene de la dislocacin de las pa- rietales en su sutura lambdoidea, se verifica esta en las protube- rancias laterales del cerebro, en sus lbulos posteriores, los que empujados contra la tienda del cerebelo, tiran el occipucio ha- cia afuera de su direccin vertical, lo que produce la estension de la tienda; por consiguiente el cerebelo se halla comprimido entre esta por arriba y el occipucio por abajo, y de este modo se hace resbalar hacia adelante empujando la mdula oblongada 95 contra el proceso cuneiforme del occipital y comprimindola all precisamente con tanta igualdad y efecto (aunque no con tanta fuerza) como cuando se verificaba la presin directamente hacia adentro por el hueso occipital. Estas no son congeturas; es una materia de certeza absoluta, de demostracin matemtica." Me he estendido algo mas de lo que creia sobre este asunto, con el obgeto de llamar la atencin de los prcticos sobre una enfermedad tan general en la Isla, mirada como incurable y casi abandonada en cierto modo aun por los mismos profesores, y fin de que estudiando los principios que sienta este autor como in- concusos y que pueden verse con mas estension en el peridico americano de ciencias mdicas, que publica en Filadelfia el Dr. Isaac Hays, perteneciente al mes de Abril de 1846, en el de Ju- lio de 188, pgina 59, y en el de Octubre del mismo ao, p- gina 354, pueden salvarse tal vez algunas vctimas de esta temi- ble enfermedad, principalmente cuando no quita la vida por as- ficsia en el trmino de dos, cuatro seis horas, sino que da algn tiempo para poner en prctica sus consejos y evitar el derramen de sangre consiguiente en la mdula espinal, que con seguridad mata al enfermo. El autor no solo recurre la posicin, sino tambin cuando es posible, y los padres se prestan ello, la operacin de destruir la cavalgadura de los huesos parietales uno con otro, con el occipital sea de este sobre los otros. El nmero de tetnicos que ha habido en lalsla el ao de 1853, y que ha llegado conocimiento de los mdicos, ha sido de 519 con 233 muertos. De estos son 226 del traumtico, con 106 fa- llecidos; 182 del espontneo, con 50 muertos; y 111 del infantil, de los que han perecido 77. A la tropa pertenecen tan solo dos casos desgraciados. En el ao de 1854 hubo de ttanos traumtico 193 casos, con 108 muertos. Del espontneo, 146 ele los primeros y 52 de los segundos. Del ttanos infantil ocurrieron 258 casos y 193 falle- cidos. ENFERMEDADES DE LA DENTADURA. Sea por efecto del clima, del vicio sifiltico, del escorbtico, del escrofuloso, por el mtodo de vida peculiar de les habitan- tes de esta Isla, bien por el indiscreto uso de polvos dentri- cos preparados con sustancias acidas; los padecimientos de la dentadura son muy comunes en ella, no solo en las ciudades y poblaciones principales, sino tambin en el campo. Desde la primera denticin empiezan manifestarse en mu- chos nios fenmenos que denotan en cierto modo los padeci- mientos de que han de ser vctimas en las distintas pocas de la 00 trida porque tienen que pasar. La fiebre continua, la errtica, el desarreglo de las funciones digestivas como los vmitos y la diar- rea, el trastorno del Bstema cerebral, manifestado por las con- vulsionas y aun por la eclampsia (alfereca), el de los rganos respiratorios, y una oftalma pertinaz, acompaan 6 preceden con mucha frecuencia la aparicin de los primeros dientes. Si la diarrea os moderada, causa una deplesion til para el tra- bajo de la denticin y esto lo saben perfectamente las madres y nodrizas, oponindose siempre a tocio lo que pueda suprimirla. Mas llega este empeo en algunas tal estremo que mirando tanto este sntoma como los dems que llevo referidos, indispen- sables para que se complete esta funcin sin malas consecuencias para el nio, no permiten que la medicina modere semejantes padecimientos, que adquiriendo mas y mas violencia, destruyen la delicada naturaleza de unos seres tan tiernos, hacindolos vc- timas de su preocupacin y de un cario mal entendido. Es bas- tante considerable el nmero de prvulos que fallecen anualmen- te consecuencia de una denticin difcil y trabajosa. Concluido ya el trabajo de la primera denticin, vemos mu- chos nios con sus dientes alterados en el color, en el esmalte, en el marfil, padeciendo de espina ventosa en sus raices y lti- mamente cariados y vacilantes, ecsigiendo su pronta estraccion, cuando no caen espontneamente, para evitar mayores males. La segunda denticin suele veces ser casi tan tormentosa co- mo la primera, aunque por lo general recorre sus perodos de un modo poco sensible para el sugeto. Mas desde el primer diente que sale fuera de su alvolo se empieza conocer poco mas menos la clase de dentadura que le ha de tocar en suerte. A las afecciones de que he hablado antes se unen las altera- ciones qumicas de los dientes, que se han confundido hasta ha- ce poco, con la carie de estos rganos, debindose mirar mas bien como una erosin corrosin de su sustancia que obra siempre de fuera dentro, producida por agentes esteriores, empleados con el obgeto de conservar la dentadura despojarla del color oscuro amarilloso que tiene, del sarro, de los restos alimenti- cios detenidos entre sus uniones, y de la verdadera carie que se manifiesta en ella. Pero la causa mas comn y constante de estas alteraciones, es la naturaleza acre y particular que los humores de la boca sue- len sufrir, ya por consecuencia de una severa dieta en las enfer- medades graves, ya por la lesin de rganos distantes, como las gastritis y enteritis crnicas, que hacen que la saliva se transfor- me en un lquido corrosivo que destruye el esmalte y blancura de estps rganos, cuyo efecto lo produce tambin el vicio escro- fuloso, herptico, sifiltico y psrico. 97 A consecuencia de todas estas causas, se presenta la inflama- cin de la pulpa y del cordn dentario, la de la membrana ester- na periostio de las raices, el estremecimiento y la movilidad 6 vacilacin de los dientes, y las enormes concreciones de trtaro que observamos en algunas dentaduras. De aqu resultan la odon- talgia reumtica, artrtica, sangunea, inflamatoria, catarral, gs- trica, nerviosa y caquctica, que tanto hacen padecer muchas personas de uno y otro secso, y principalmente al femenino en estos pases. El conocimiento ecsacto de cada una de las enfermedades de que llevo hecha mencin, causas que las producen las sostie- nen y modo de remediarlas, es loque constituye la odontotechima, arte del dentista, que en nuestros dias ha llegado un punto de perfeccin desconocido absolutamente en la antigedad. La higiene dentaria se reduce solo al aseo de la boca, procu- rando lavarla al levantarse y siempre despus de comer alguna cosa por pequea que sea. l polvo de quina, el de magnesia el de carbn de papel, suspendidos en agua pura ligeramente alcoholizada, es todo lo que debe usarse para la buena conserva- cin de la dentadura. Los negros en general y muchas personas del campo, mantienen sus dientes blancos y sanos, sin cuidrse- los jamas, y por el contrario, muchsimos individuos que puede decirse son esclavos de su boca, padecen estraordinariamente de ella, presentando unos dientes oscuros, cariados y sarrosos, que los desfiguran sobremanera, y les hacen perder unos rganos tan indispensables para la masticacin de los alimentos. Esto consis- te en la particular constitucin de cada uno, y en los distintos vicios y enfermedades de que nos hallamos contaminados. El nmero de odontlgicos en toda la Isla es infinito, pero solo puedo fijar el de la tropa el ao de 1853, que lleg 90, emen- dme nicamente incluir en l los que pasaron los hospita- les con el obgeto de que les estrageran una dos muelas. En el ao de 5 fueron 305. AFECCIONES NERVIOSAS. HISTERISMO. ]S"o es mi nimo especificar bajo esta denominacin todas las enfermedades que da origen el desarreglo parcial general del sistema nervioso, en esta Antilla, porque seria meterme en un la- berinto del que difcilmente podria salir. Me ceir solamente indicar las convulsiones, algunas neuroses neuralgias y el his- terismo, segn el orden observado hasta ahora en las distintas afecciones de que he dado alguna idea. Mr. Jolly define la convulsin, "un movimiento desordenado de la fibra muscular, correspondiente la ecsageracion morbfica 13 98 de la fuerza motriz, sea esterior 6 voluntaria, sea interior vis- ceral." Bajo todos los aspectos posibles se ven las convulsiones en la isla de Ouba, pais que por su naturaleza predispone Bobre manera los padecimientos de esta especie, tanto por el calor del clima, que sostiene una estrema susceptibilidad en el apara- to nervioso, cuanto por el sistema de educacin seguido en la primera infancia y el mtodo de vida adoptado por la generali- dad de los habitantes de este pais. Acostumbrados los nios desde sus primeros meses satisfa- cer todas sus rarezas y caprichos, esperimentan la menor con- trariedad, accesos de rabia y de clera que con un sistema de nervios delicado impresionable sobremanera, les producen movimientos convulsivos que muchos han costado hasta la vida. En los varones suelen moderarse estas voluntariedades al empezar su educacin, en los colegios, ya por una conducta bien entendida de los directores, ya por el roce y ejemplo de sus com- paeros mas entrados en edad. Las nia3 no se hallan por lo general en este caso, y siendo por constitucin mucho mas nerviosas que los anteriores, con- servan tal vez por toda su vida una propensin estraordinaria padecer distintos fenmenos nerviosos, que acibaran su dbil ecsistencia y mortifican mas menos los que se ven en la pre- cisa necesidad de vivir su lado. Hay muchsimas, la verdad, que ecsageran las mas insignificantes indisposiciones, y otras las simulan fingen perfectamente, con el obgeto de escitar la compasin, de conseguir algn deseo, de dominar desptica- mente los que tienen la desgracia de elegirlas por compaeras de toda su vida. Se manifiestan pues las convulsiones por medio de una con- traccin muscular ligeramente involuntaria producida por una alegra, por la clera, el miedo, el influjo del caf y de los lico- res alcohlicos, el de una risa escitada por las cosquillas: se ha- cen mas manifiestas en los bostezos, calosfros y pandiculaciones que preceden un acceso de calentura; llegan la crispacion, agitaciones impaciencias musculares, en un ataque de histeris- mo, y por ltimo, alcanzan su mcsimum en la epilepsia y en la inflamacin del cerebro. Las convulsiones que no provienen de una afeccin orgnica del sistema de los nervios de alguna otra viscera principal, no son de un peligro inmediato, son mas impo- nentes que graves, y hay personas que las sufren muchos aos sin comprometer su ecsistencia. Chaussier da el nombre de neuralgia "un dolor veces muy vivo que se esperimenta en el trayecto de un tronco ramo ner- vioso, y que se manifiesta por accesos irregulares y peridicos." Se presentan en este pais bajo la forma de una angina de pecho, 99 de asma nervioso, de otalgia, dolor de odos, de cardialgas, de clicos, de disphagia, de gastrodinia, de histrico y de hipo- condra. Pero las neurosas de la cabeza son las mas frecuentes y tena- ces, dndose conocer por la hemicrnea jaqueca, el tic dolo- roso, la prosopalgia, la odontalgia. En los miembros y tronco se presenta bajo la forma de neuralgia cubito-digital supra-escapu- lar msculo cutnea esterna, lombar, scitica femoro-poplitea, femoral crural y plantar. Tambin se ven con bastante frecuen- cia las neuralgias del tegido muscular, fibroso, huesoso, seroso, mucoso, cutneo y parenquimatoso. No faltan ejemplos de neu- ralgias viscerales ganglionares, pneumo-gstricas, y diafrag- mticas. El histerismo, pasin histrica, sofocacin de la matriz, males y ataques de nervios, es una afeccin convulsiva, sin calentura, de larga duracin, y que repite por accesos. En las poblaciones de la Isla y principalmente en las mas considerables como la Habana, Cuba y Puerto-Prncipe, se manifiesta esta afeccin en el bello secso bajo todos los aspectos y formas de que es suscep- tible de revestirse. El que reflecsione lo que llevamos dicho res- pecto al clima, la impresionabilidad esquisita del secso feme- nino, la mala direccin dada al espritu por una educacin enervante, la vida sedentaria, la falta de egercicio al aire li- bre, al abuso del caf, etc. etc., no estraar que sea tan comn esta enfermedad, y que la padezcan la mayor parte de las muge- res, sean solteras, viudas casadas. Grande irritabilidad moral, humor variable, melancola, an- gustia, convulsiones y dolores en los miembros, suspiros, boste- zos, ruido en el vientre, desarreglo estraordinario de las funcio- nes del estmago intestinos, constriccin de la laringe, estasis, prdida suspensin del conocimiento, trastornos, sofocaciones, llamaradas de calor que alternan con el fri general de las es- tremidades, ningn apetito deseo de alimentos caprichosos y. raros, malas digestiones, fatiga, desconsuelo y dolores pasageros de estmago, humor irritable, triste, regan, caprichoso, raro, y dominante; impaciencia, ira, imposibilidad de sufrir una luz viva, ciertos sonidos, ciertos olores, las mutaciones de la atms- fera, y la electricidad; accesos de risa y llanto por las mas leves causas sin causa manifiesta; y en fin, convulsiones generales y accesos de epilepsia, y aun de catalepsis, son los sntomas, que aislados, y mas menos complexos, presentan muchsimas seo- ras y jovencitas de la isla de Cuba, sea cualquiera su categora, y el estado mas menos acomodado que disfruten en la sociedad. Se ofrece este mal la prctica bajo tantos diversos aspectos y de graduaciones tan distintas, que causa la desesperacin de 100- los mdicos y el martirio de las personas qne tienen por preci- sin que sufrir y cuidar una histrica. Es lo raro que muchas 6e encolerizan y no pueden resistir el que se las convenza de que padecen de histerismo, llegando su indignacin hasta el estremo de aborrecer los que tal cosa les indican y de variar de mdi- cos y de mtodos curativos casi todos los meses. Escusado parece decir que se ha echado y se echa mano para curarlo de cuantos calmantes y antispasmdicos conoce la mate- ria mdica, solos combinados caprichosamente, sin conseguir casi nunca el obgeto que nos proponemos, sino mas bien agra- var los padecimientos beneficio de tantas sustancias diversas incendiarias que con tales ttulos se propinan. Los baos comu- nes generales y parciales, los del mar, los minerales de S. Diego, Madruga, Guanabacoa y otros, y por ltimo la variacin de lu-, gar la navegacin, se han puesto en prctica contra esta afec- cin, y casi siempre sin fruto. Seria de desear qne se evitase previniese el desarrollo del histerismo por una educacin juiciosa y bien entendida, en las personas predispuestas l desde su mas tierna edad. Las jve- nes sugetas distintas afecciones nerviosas, como jaquecas, so- focaciones ahogos en la respiracin, palpitaciones, rigidez ca- talptica al verse contrariadas en sus inclinaciones deseos, son las que necesitan mayores cuidados y vigilancia. Se las debe obligar que egerciten sus msculos diariamente, aun hasta el cansancio, que se entretengan en algunos trabajos manuales, en el estudio de los seres de la naturaleza, y en tener su enten- dimiento y su espritu continuamente ocupado. Se evitarn to- das las causas capaces de ecsaltar su viva imaginacin, de esci- tar las pasiones y de llenarles la cabeza de ideas ecsageradas, de ilusiones, fantasmas y quimeras. Deben acostarse tarde y levan- tarse con la aurora, usar alimentos fciles de digerir y el agua pura con muy poco vino. No se les permitirn las frutas ver- des, de que se abusa tanto en este pais, el caf ni aun con leche, el t ni los licores espirituosos. Han de usar el agua fresca y pu- ra para lavarse as como para los baos que debern usar conti- nuamente para fortalecer su delicada y dbil constitucin. Con semejante conducta sabia y firmemente seguida, pueden evitarse los males sin nmero que caben en suerte las que han de ser algn dia madres de familia, y en vez de una descenden- cia raqutica, enfermiza y endeble tendrn hijos sanos, fuertes y robustos, que su turno hagan la felicidad de las personas que se vean precisadas vivir su lado. El mdico homepata emplea contra las afecciones nerviosas multitud de medicamentos segn las circunstancias, como la va- leriana, viola adorata, scale cornutum, aurum, pulsatila, mos- 101 chus, conium, coccoulus, natrum muriaticum, calcrea, asafetida, sepia, etc., etc., pero las mas de las veces sin poder destruir ra- dicalmenre este temible Proteo. CIGUATERA. Enfermedad comunicada por el pescado y cangrejos que han comido el fruto del Manzanillo (Hippomane mancinella) arbus- to comn orillas del mar y que se mira como venenoso. No la he observado en mi prctica particular, ni he hallado escrito al- guno que trate de ella; por tanto considero que ser til copiar el artculo que sobre este mal escribi Parra en su descripcin de diferentes piezas de historia natural de la isla de Cuba, impresa en la Habana el ao de 1787. u En la esposicion de muchos de los pescados antecedentes he dicho que unos no se comen por ser ciguatos, y que otros son sospechosos por contraer veces este veneno. Para que el lec- tor se imponga en las circunstancias de la ciguatera dar una pequea descripcin, aunque mas propia de los mdicos; pues ellos tratan todos los dias los enfermos que la contraen. Los pes- cados ciguatos, son aquellos que despus de comidos ocasionan sntomas propios solo un veneno. Los efectos de este se con- traen solo al comerlos una vez. Los primeros sntomas son el co- lor plido, el semblante macilento, los ojos tristes, dolores fuer- tes en los huesos, y articulaciones, la inapetencia y enflaqueci- miento sensible, evacuaciones, y vmitos, picazn intolerable en todo el cuerpo, granos, lceras en todo el cutis, una postracin de fuerzas generales, y otros muchos. Por m puedo decir lo si- guiente: El dia 15 de Marzo de 1786 disequ el pez Cubera, co- mimos de l veinte y dos personas, y todas contragimos sus efec- tos, bien que unos mas que otros. Mi familia qued inhbil, de modo, que el dia siguiente fu preciso ocurrir a la calle a buscar quien sirviese: todos estaban postrados; pero cada uno se queja- ba de diferente dolencia, aunque la comn y general era eva- cuaciones, con mas menos pujo. Ocurr las limonadas con las que se logr algn alivio, bien que se esperimentaron otros muchos remedios, y por tanto no se puede averiguar cual fu el mas poderoso contra este mal. Not particularmente que ningu- no sinti la menor novedad hasta despus de haber dormido un tanto. En m observ se me oprima el pecho ocasionndome un gran dolor y afliccin. La lengua se me puso spera y desabri- da, efectos que esperimentaron casi todos, y algunos se les in- flam. Lo mas singular que notamos, fu al beber agua fria, en la punta de la lengua esperimentbamos una picazn tan inc- moda, como si la punzaran con alfileres; pero tomndola tibia no 102 se senta nada. Tambin fu particular el que en el acto de ins- pirar se introduca un fri que penetraba las entraas causando un grande desconsuelo. En los ojos una picaron y ardor insopor- table. En las uas, especialmente en su unin, un crcnlo mora- do, y si me mojaba las manos sentia un gran dolor entre ua y carne, y una frialdad que se estendia los dedos, manos y bra- zos. A veces acometia pujo en la orina, otras se perciba correr por lo interior de los huesos una frialdad (pie parecia hielo, y estos acompaaba tambin el dolor; y ltimamente, se manifes- t la rasquera, nada menos incmoda. Estos sntomas mas me- nos graves, duraron casi un mes, bien que he sabido de muchos que han esperimentado sus efectos mucho mas tiempo. Por lo general, la enfermedad no es mortal: no obstante, algunos han muerto." "Por lo comn se atribuye este veneno que contraen los pes- cados una fruta de un rbol que llaman Manzanillo que se cria las orillas del mar y que se conoce por venenoso; pero es inve- rosmil este modo de pensar, respecto que en la Costa Firme se notan estos mismos rboles con mucha mas abundancia, y no se observa all semejante ciguatera; ni tampoco es general en las is- las de Barlovento; bien que algunas veces lo han esperimentado en algunas. Yo creer que sea difcil averiguar el origen de seme- jante veneno, ni su cualidad; pues si atendemos los sntomas, veremos que unos manifiestan seales de un lcali poderoso, y otros de un cido vigente. Si atendemos al buen efecto que pro- duce el zumo del limn, colegiremos ser alcalina la virtud de di- cho veneno; por si miramos la frialdad que ocasiona ser acida bu cualidad. La falta de especulacin, y repetidas observaciones, ha ocasionado el defecto de nociones que se esperimenta en una materia tan delicada y tan til al gnero humano. Hasta la pre- sente la curan los mdicos empricamente: de modo que si fue- se escribir los remedios que da el pblico para esta enferme- dad, se llenara un volumen no chico: esta es la razn porque no me determinar sealar ninguno y dejar los facultativos, pues les pertenece de obligacin este cuidado. Lo nico que po- dr hacer es, encargar los que se hallasen en este puerto, que no coman jamas sino de aquellos que la esperiencia ha enseado no enciguatar." Antiguamente era este mal bastante comn, causa de que se permitala venta de toda clase de pescado sin distincin. Mas hoy que se prohibe espender al pblico, los que la observacin ha enseado que pueden comunicar la ciguatera, y son los que van sealados en el catlogo con una * no se v con tanta fre- cuencia esta enfermedad. Muchos creen conocer en el pescado, antes de comerlo, si se encuentra enfermo y capaz de comunicar 103 este mal, pero segn informes, que he tomado de algunos inteli- gentes en el ramo de lapezca, no se conoce con certeza semejan- te estado, por lo cual lo mas prudente es el abstenerse de su uso, sobre todo del Coronado, la Pica, el Cag, el Joc, el Jurel y otros que son los que comunican esta afeccin. El mtodo curativo empleado contra los sntomas producidos por este envenenamianto es hacer espeler las sustancias conteni- das en el estmago por medio del trtaro estibiado, el agua ca- liente, el aceite, administrndolos hasta conseguir el obgeto. Si- guen despus las limonadas, naranjadas, agua de coco, de gra- ma de cebada, orchatas, ogimiel, las malvas, las tunas y dems atemperantes, eon el nitrato de potasa, dando por ltimo, un po- co de emulsin de almendras; con el agua de azahar, la tintura tebaica, la goma arbiga y el azcar, miel jarabe; con todos los otros medios apropiados ios diversos sntomas que en ade- lante se vayan presentando. El remedio casero que emplean los pescadores y la gente del campo, es la espina del mismo pescado, tostada, reducida pol- vo fino y mezclada con vino, leche, t agua azucarada. La homeopata emplea, despus de haber hecho vomitar y es- peler las sustancias del estmago, una mezcla de polvo fino de carbn de lea y agua azucarada jarabe, el alcanfor en olfacion, y el caf puro. Si se presentan algunas erupciones hinchazn de la cara otras partes del cuerpo, se administra la belladon- na, haciendo uso antes de las vinagradas ligeras y de las fric- ciones con el vinagre al esterior. - LOMBRICES. Estos animales son unos Entozoarios propios de la especie hu- mana, verdaderos parsitos, que solo toman del individuo que los abriga en su seno, el sitio, el calor y los materiales nutritivos que necesitan para su sostenimiento. nicamente se han encontrado hasta hoy cuatro especies en el canal digestivo del hombre, que son la ascride lumbricoide, el ocsiuro, el tricocephalo y el tcenia. Los helminthos y los entozoarios en general, no son gusanos que vienen del esterior, siendo muy probable que se engendren ya espontneamente, ya por medio de grmenes, en razn fque no se conoce insecto alguno que pueda penetrar nuestro cuerpo en estado de larva y ser arrojado de l en el de gusano. Las lombrices intestinales reconocen por causa remota una mala digestin de alimentos tomados en cantidad escesiva y an- tes que los anteriores hayan sido digeridos. Esta perniciosa cos- tumbre se observa con los nios en general, dejndoles su ar- 104 bitrio tomar ti todas las horas del da cnanto so les antoja comer. Por eso es tan comn en ellos padecer de lombrices, principal- mente entre los de la raza negra. Cada especie de lombriz tiene su asiento determinado en el ca- nal digestivo: las que se han encontrado en las vias respiratorias, en los conductos biliarios y en los rganos genito-urinarios, vie- nen del conducto alimenticio precediendo antes la perforacin intestinal la salida de ellas para otras partes. Estos animales son muy comunes en la Isla, pudiendo decirse que muchos nios los anidan en sus intestinos, as como la ge- neralidad de los negros. La presencia de los belminthos intesti- nales se ha confirmado en casi todos los cadveres de los indivi- duos que han muerto de enfermedades graves, de donde ha re- sultado el mirar muchas afecciones oscuras cuyos sntomas pre- dominantes provienen del sistema digestivo, del nervioso de otros aparatos orgnicos, como enfermedades esclusivamente ver- minosas; mas si se esceptuan los pocos casos en que los sntomas locales hayan sido originados mecnicamente por las bolas vermi- nosas que se han encontrado en los cadveres que hayan sido arrojadas del cuerpo del enfermo, no se puede citar un solo hecho en que se manifieste positivamente que la enfermedad que se tiene la vista sea de esta especie. Semejante opinin ha sido causa de multitud de accidentes desagradables, como inflamaciones violentas del canal alimenti- cio, producidas agradadas por la administracin imprudente de purgantes drsticos, de los mercuriales y del innumerable cat- logo de vermfugos tanto mdicos como empricos, la menor in- disposicin de los nios, mirada por sus padres y aun por algu- nos profesores como dependiente de las lombrices. A pesar de lo comunes que son estos animales en la isla de Cuba, puede casi asegurarse que no hay enfermedad puramente verminosa, es decir, enfermedad que sea el resultado esclusivo de la presencia de las lombrices. Lo que puede admitirse es que hay sntomas verminosos producidos por el estmulo mecnico que estos gusanos originan en los rganos donde se anidan. Es- tos sntomas son el color aplomado de la cara, llamaradas de ca- lor y rubicundez, ojos apagados, pupilas dilatadas, veces estra- bismo, picazn en las narices y en el ano, estornudos, olor agrio de la boca, apetito desordenado, abultamiento de vientre, vmi- tos, clicos, etc., etc. Pero al mismo tiempo es bueno advertir que se han visto sugetos que han arrojado muchas lombrices, sin haber esperimentado tales sntomas. ' Entre las especies de helminthos hay una llamada Filara, Dracunculo, lombriz de Guinea de Medina, muy comn entre los negros y principalmente entre los Carabales. Esta lombriz 105 tiene un cuerpo cilindrico, de un blanco de leche, elstico y fr- gil, de una longitud que varia desde una dos pulgadas hasta quince veinte pies. Es del grueso de un fideo, de una cuerda de violin de un hilo, por cuya razn se le ha dado el nombre de Filaria. Su cutis est estriado circularmente, la cabeza agu- zada, el esfago hace un cuerpo continuo con el intestino, el cual se conoce por su color mas oscuro que forma una lnea longitu- dinal en el centro del cuerpo del helmintho, y carece de circun- voluciones. Los parages del cuerpo donde con mas frecuencia se mani- fiesta son los tobillos, las piernas, los pies y los brazos: mas tam- bin se ha observado en las rodillas, en las corvas, en el escroto, en las manos, en la cadera y en los ojos. No tengo noticia de que en esta Isla se haya visto mas que en los ojos, piernas y pies. Se anida bajo el cutis inmediatamente, al cual levanta figuran- do una vena varicosa, y veces un tumor bastante voluminoso, blando y achichonado, bien se introduce en el intersticio de los msculos se enreda entre los tendones y ligamentos. Los sntomas que da origen no son constantes, pues hay mu- chos individuos que no conocen semejante mal hasta que el hel- mintho se abre paso al esterior despus de haber permanecido en el cuerpo por el espacio de algunos meses y aun aos, sin dar se- ales de su ecsistencia. Algunos enfermos esperimentan una insufrible picazn, y otros sin tener calentura, ni otra causa de enfermedad, se vuelven insensiblemente marasmdicos y termi- nan en la muerte. Despus de haber permanecido por mas menos tiempo bajo el cutis se abre paso el filaria perforando este rgano y saliendo una parte al esterior; veces se presenta causando vivos dolores; otras se inflama mas menos el tumor antes de abrirse; no es raro que se forme una vegiguilla flictena del tamao de una avellana, blanda, cuyo lquido acuoso, sanioso purulento que corre de ella, suele ser tambin transparente, sanguinolento ne- gro. Sea que se abra por s misma por el arte, se presenta la cabeza del filaria, y medida que va prolongando su cuerpo, se enrolla en un can de pluma, en un pedazo de madera, un ro- llo de lienzo, etc., cuya operacin se repite cada dia, teniendo sumo cuidado de suspender la traccin la menor resistencia que se esperimente, porque en llegando romperse, el animal se retira, y al momento se presenta una violenta inflamacin, do- lores atroces, supuraciones interminables, fstulas rebeldes; y con- cluida la curacin, si se consigue, quedan deformidades mas menos estensas y duraderas. Se cree que el Dracunculo est lleno de gusanitos muy peque- os y casi microscpicos, hijos del mismo animal, y por esta cir- 14 10C cnnstancia se procura que no se rompa 6 despachurre, pues en- tonces los filaras pequeos que quedan en la lcera herida producen los crueles sntomas de que acabamos de hablar. Varios profesores y naturalistas creen que el Dracnnculo es debido al desarrollo de la larva de un insecto que penetra el cu- tis que se introduce en nuestro cuerpo con las bebidas; unos que las aguas fangosas y encharcadas contienen el grmon del animal; otros aseguran que dichas aguas los ocultan bajo una pequenez microscpica y que pueden taladrar fcilmente el cu- tis, y por ltimo hay quien los atribuye al uso de ciertos pesca- dos, de la langosta, etc., etc. Nada cierto se sabe hoy sobre el origen de estos helminthos. Algunos autores los miran como contagiosos. (Enciclographia de ciencias mdicas, artculos Entozoarios y Filarla). NIGUAS. La picada introduccin bajo el epidermis de una pequesi- ma pulga llamada nigua (pulla penetrans), produce incomodida- des y ulceraciones que abandonadas s mismas dan lugar mu- chos acidentes mas menos peligrosos. Los parages en que hay mucho polvo, los sitios inmundos, las caballerizas, los chiqueros, abundan de estos animalitos, que sin sentirlos, se introducen bajo el epidermis causando una picazn agradable que obliga rascarse, y queda mas menos dolorida la parte despus de verificarlo. Poco poco va aumentando de volu- men esta imperceptible pulga, hinchndose hasta adquirir el ta- mao de un garbanzo, y ahuecando proporcin el parage en que se ha introducido. Hay personas ya muy prcticas en esta inco- modidad, que sienten al momento su picada y la estraen antes de que haya podido penetrar el ligero espesor del epidermis; pero otras, y sobre todo los negros que ignoran la causa que les origi- na tal picazn, la dejan crecer hasta un punto que les incomoda y hace llamar su atencin hacia la p^te donde esperimentan aquella molestia. Regularmente se acude alguna persona que conoce el origen de semejante desazn y la estrae por medio de un alfiler otro instrumento punzante, aplicando en la herida ceniza de tabaco, sebo, trementina, agua-ras, resina de algn rbol, etc. etc. Se encarga mucho cuidado en preservar la parte de la humedad, por temor al ttanos pasmo, regularmente mortal, que ha so- lido presentarse consecuencia de una sacadura de nigua aban- donada. Muchos individuos que saben ya que la picazn que esperi- mentan es producida por la presencia de esta pulga, aplican bck 107 bre la parte cualquiera de esas sustancias, con lo que basta para que el animalito muera y caiga poco tiempo bajo la apariencia de una postilla. El parage en que comunmente se manifiestan las niguas, es en los pies, y sobre todo en los dedos, eligiendo con preferencia loa costados de las uas, pero tambin se ban visto en las manos, y en otras varias partes del cuerpo. Los negros de las fincas de campo son vctimas de esta inco- modidad; se han visto algunos siu dedos en los pies, cuyos rga- nos estn desfigurados presentando una masa informe y asquero- sa, consecuencia de las ulceraciones y supuracin corrosiva que producen las innumerables niguas que sin cesar se introducen, procrean y paren en el espesor de sus tegumentos y basta entre las articulaciones de los falanges, que caen uno despus de otro, privndoles de este punto de apoyo tan necesario ala progresin. El medio mas seguro de preservarse de las niguas es el mucbo aseo, usar calzado alto y de suela gruesa, principalmente en el campo, frecuentar muy poco los parages en que pueden anidarse estos animalitos y desterrar sobre todo el uso de las babuchas, pantuflas y cbinelas que tan generalizadas se ven en este clima para andar en casa. SUICIDIO. Suelen presentarse en nuestra Isla bastantes egemplos de esta desgraciada ocurrencia, principalmente entre los esclavos de las fincas rurales, creidos en que, estrangulndose van resucitar su pais natal. As es que se han encontrado muchos negros ahor- cados de un rbol y con su lio de ropa y provisiones para el ca- mino los pies. Se ba corregido bastante esta funesta preocupa- cin, quemando el cadver en presencia de todos los otros com- paeros, con el obgeto de disuadirlos de semejante idea. Segn los datos presentados por la Audiencia Pretorial de la Habana en la Gaceta Oficial del 3 de Enero de 1854, ocurrieron en el ao anterior 162 suicidios en su jurisdiccin, y ademas hu- bo en la tropa 14. No me estieudo en pormenores sobre estos tristes accidentes por no baberlos podido hallar, con la facilidad que hubiera deseado, y porque este seria mas bien obgeto de una obra de estadstica mdico-legal, que de un escrito topogrfico- mdico como el presente. Por lo dems se ignoran completamen- te los motivos que pudieron tener los 14 soldados que cometie- ron semejante locura, no obstante las pesquizas informaciones judiciales que se ban becbo para averiguarlos. -108 ENFERMEDADES DE LOS NIOS. Las impresiones que se reciben en la infancia, subsisten casi sin variacin durante la vida, y las inclinaciones, modo de pen- sar, y sentimientos que manifestamos en el curso de nuestra ec- Bistencia, suelen ser una consecuencia natural y precisa de ellas. A estas impresiones debemos por lo regalar nuestros vicios vir- tudes, nuestro carcter, genio, comportamiento, ideas, preocupa- ciones, religiosidad, herosmo y el buen estado de salud perfec- ta mas menos enfermiza. Del cuidado y direccin que se le da al hombre en los primeros aos de su vida, depende casi siem- pre su destino futuro, de donde se sigue forzosamente lo mucho que importa establecer y seguir sobre buenos principios su pri- mera educacin, fundamento y base de su bien estar y de su fe- licidad desgracias venideras. Esta educacin principia desde el mismo dia de nuestro naci- miento, y debe continuar hasta el tiempo en que llegamos la edad de la madurez. Su obgeto ha de ser llevar por buen cami- no el alma y el cuerpo, dependientes el uno de la otra, en tanto grado, que la moral y la higiene vienen ser dos cosas insepa- rables, formando un todo estrechamente unido, que ha de presi- dir siempre los preceptos y dems medios que han de ponerse en prctica para conseguir que una educacin benfica y salu- dable dirija el tierno ser que tenemos que cuidar. Desgraciadamente este es un punto sumamente abandonado en la isla de Cuba por el escesivo cario de los padres; cario mal entendido que redunda siempre en perjuicio de la robustez, bue- na salud inclinaciones y carcter de sus hijos. Desde el mo- mento que el nio empieza respirar, se entrega al cuidado de una nodriza negra libre esclava, regularmente nacida en frica, cuya constitucin, naturaleza, costumbres y carcter difieren en tanto grado de los nuestros y cuya abyeccin y dependencia la tienen continuamente en un estado de disgusto interior difcil de ocultar. Por temor de que el nio llore y enferme se le da cuanto gus- to quiere, aunque sea en las cosas mas estravagantes y capricho- sas. Estos seres tan pequeos inocentes no dejan de conocer muy pronto el estado de dependencia en que vive la que les su- ministra el primer alimento, y abusan continuamente de la pre- ponderancia que sobre ella tienen, con tanto mas motivo, cuan- to que sus padres, parientes y amigos se lo recuerdan cada momento, dando lugar que se conviertan en unos tiranuelos que empiezan suplicando y acaban mandando despticamente, atormentando de todos los modos imaginables sus nodrizas y 109 haciendo esperi mentar casi la misma suerte los que le dieron el ser y todos los que le rodean. Las consecuencias de esta viciosa direccin que se le da a la parte moral, son fciles de comprender, y esplican sobradamen- te el origen de multitud de males para la sociedad, que no es mi nimo referir en este escrito. En general la naturaleza de los nios es dbil en sumo grado, y nerviosa por escelencia, aunque la vista manifiestan algunos una gordura y robustez engaosas. As es que la menor con- trariedad que esperimentan, entran en convulsiones, llegando declararse en algunos una verdadera eclampsia alfereca mor- tal. Un disgusto, una pesadumbre la clera de la nodriza, que tan espuesta se halla por su estado de servidumbre y depen- dencia, han solido producir los mismos efectos bien los vmi- tos y diarreas colicuativas, el clera espordico y aun el epid- mico casi siempre mortales. Los malos humores de las que crian los nios en este pais, los virus sifiltico, escrofuloso, herptico, psrico, deque ocultamen- te estn contaminadas, pasan con la leche saturar aquellos tier- nos seres y a prepararles una muerte prematura una ecsisten- cia valetudinaria, enfermiza y llena de padecimientos. Prescindiendo del ttano infantil de que ya he tratado, y que tan comn es en este clima, padecen los nios con bastante fre- cuencia las aftas sapillo, oftalmas, clicos, diarreas, vmitos, constipacin, atrofia, enfermedades eruptivas, afecciones nervio- sas, lombrices, inflamaciones de pecho poco caracterizadas, aun- que de fatales consecuencias; anginas, croup, encefalitis, hidro- cfalo, mielitis, coqueluche tos ferina, escrfulas, tumores, ra- quitismo, lucsaciones espontneas, denticin difcil, etc. etc.; pe- ro ocupando siempre el primer trmino las afecciones nerviosas, las catarrales y las que dependen de una difcil denticin. La mas comn entre estas ltimas es Ja diarrea, que cuando es moderada, favorece en cierto modo la erupcin de los dientes, por la deplecion que causa, disminuyendo el eretismo que se ma- nifiesta en la boca, cabeza y vientre del nio. Mas algunas ma- dres tienen la fatal preocupacin de creer que deben respetarse estas evacuaciones aunque escesivas, por no interrumpir el tra- bajo de la naturaleza en este delicado perodo. De aqu resulta que suelen hacerse colicuativas y aun colricas, siendo entonces la medicina impotente para corregirlas, y haciendo el papel de espectadora de la muerte de aquel tierno vastago, vctima de una precaucin y temor mal concebidos. Hay estados y circunstancias que efectivamente privan a al- gunas madres del placer de criar sus hijos, cuales son una cons- titucin endeble y enfermiza, los abscesos y grietas de los pechos 110 y pezones, la falta do la leche, las afecciones nerviosas bien ca- racterizadas, la tisis pulmonal, etc. etc., y en estos casos es indis- pensable acudir al recurso de una nodriza, bien la lactancia artificia], que en mi opinin debera preferirse siempre una criandera, cuando la misma madre no puede cumplir con este sa- grado deber impuesto por la naturaleza. Con respecto las cualidades que deben concurrir en una no- driza y en su leche para que sean buenas, puede consultarse el tratado de las enfermedades de los nios de Rosen de Rosenteins, mdico de Suecia, que es el que mejor ha escrito hasta ahora so- bre esta importante materia. "Una nodriza, dice, debe tener un carcter tranquilo, suave, moderado, alegre y virtuoso. Su edad ha deser de veinte trein- ta aos, y ha de haber parido un poco antes que la madre del ni- o que va criar. Su salud ha de ser buena, sin seales de escor- buto, sus encas "deben estar firmes y sanas. Conviene que sea mas bien gruesa que delgada, y si es posible de una constitucin bastante parecida la de la madre. "La leche ha de tener un color blanco azulado, sin olor, un sa- bor muy dulce y no salino ni amargo, ha de presentar poco cuer- po y caer fcilmente de sobre la ua, donde se esprimir una go- ta, y sacudiendo la mano repentinamente no ha de quedar nin- guna seal de ella. ]STo debe hacer impresin alguna en el ojo si se pone una gota en este rgano, etc., etc. "Debe comer suficientemente la nodriza horas arregladas, prohibindole el vino puro, el aguardiente, la cerveza fuerte y el caf. El t con leche se le puede conceder, aunque raras veces, y nunca los chcharos, nabos, coles y dems menestras flatulen- tas. Si es casada y vive al lado de su marido, no sirve para criar. "No dar de mamar muy menudo, sino horas arregladas, y cuando el nio tenga realmente necesidad de ello, como cuan- do hace mucho tiempo que no ha mamado, cuando fija la vista en su nodriza y la sigue con sus ojos donde quiera que va, y si se alegra cuando esta se descubre el pecho. "Mas como he dicho antes, si la madre no puede criar su hi- ( o, deber usar paro ello la lactancia artificial, por medio de los biberones, mas bien que acudir una nodriza. El mtodo que comunmente se acostumbra poner en prctica es vicioso y casi siempre perjudicial al nio, cuyo delicado estmago no puede digerir fcilmente la leche de los animales que por lo regular es la que se emplea en estos casos, mas menos aguada y azucara- da, causndoles indigestiones y diarreas que destruyen mas bien que fortalecen su constitucin." La mezcla siguiente rene todas las condiciones apetecibles pa- 111 ra este obgeto, pudindola hacer cada vez mas fuerte y nutritiva proporcin del crecimiento y robustez del nio. Carne de va- ca y carne de ternera, dos onzas de cada una. Agua, libra y me- dia. Se hace hervir por el espacio de seis horas. Se sazona lige- ramente, se desengrasa colndole en fri. Se mezcla este caldo partes iguales con leche de vaca y agua, y se mantiene un ca- lor suave para usarlo. Cada dia se aumenta un poco mas la can- tidad de carne, despus la del caldo en la mezcla, de modo que al fin desaparezcan enteramente la leche y el agua. Si las madres tienen entereza para poner en prctica este pre- cepto, no tardarn en convencerse de que los biberones n la ma- yor parte de los casos, son preferibles para sus hijos al j>echo de la mejor nodriza (Teste, enfermedades de los nios.) Otra costumbre perjudicialsima los nios, es la de preser- varlos escesivamente de las impresiones del aire, el lavarlos con, agua tibia con aguardiente solo, bien de caa, bien de Islas. Esta prctica los cria dbiles y raquticos, hacindoles estraordi- nariamente susceptibles, dotndoles de una esquisita sensibilidad las mas imperceptibles variaciones de la atmsfera, y causn- doles por este motivo una multitud de males y padecimientos. Muy al contrario, el nio debe acostumbrarse desde muy tier- no las vicisitudes del aire que le rodea, deben adminitrrsele lociones de agua fresca al levantarse por las maanas y cada vez que lo necesite en el dia, y hacer un uso constante de los baos frescos, con el obgeto de embotar en cierto modo su sensibilidad orgnica, y de desarrollar todos los sistemas y funciones progresi- vamente, impidiendo por este medio que los sentidos y la inteli- gencia tomen un vuelo prematuro, cosa muy comn en este pais, y que se hace todo lo posible por favorecerla, en vez de oponerse semejante mal, cuyas fatales consecuencias se esperimentan en adelante y cuyos resultados nunca se achacan la causa que los ha producido. Seria traspasar los lmites que me he propuesto, si me esten- diese mas sobre la higiene propia de los nios; los mdicos to- ca, pues, inculcar cuanto pertenece este ramo los padres que tienen puesta su confianza en ellos para la conservacin de la sa- lud de sus hijos. Hasta aqu la Topografa mdica general de la isla de Cuba. Paso ahora la particular de las jurisdicciones en que se halla dividida, valindome de las noticias que me han remitido los pro- fesores mdicos residentes en el interior de esta Antilla. 1 1 '> K. i. JURISDICCIN DE LA NUEVA-FILIPINA, La jurisdiccin de la Nueva-Filipina ocupa la parte mas es- trema del departamento Occidental de la Isla, y confna al Orien- te con la de San Cristbal, en el rio Caiguanabo, mas comunmen- te conocido por el nombre de San Diego de los Baos; con la de Baha-Honda al Norte, y se dilata al poniente hasta el cabo de San Antonio, teniendo por lmites al Norte y al Sur ambos mares. Tiene sobre cincuenta leguas de estension E. O. y catorce de anchura N. S. Est dividida en seis partidos, a saber: Consola- cin del Sur, San Juan y Martnez, Guane, Mantua, Baja y Pi- nar del Rio. Atravisala de Oriente a Occidente, dividindola en dos partes desiguales, la cordillera conocida con el nombre de los rganos, continuacin del sistema occidental de montaas de la Isla, que partiendo de la sierra de Anafe, al E. del Ma- riel, se prolonga hasta la ribera izquierda del Cuyaguatege, ter- minando al frente de Paso-Real de Guane. El aspecto del territorio, considerado de un modo general ofre- ce tres fisonomas distintas que forman entre s un precioso con- traste digno de la atencin del observador. Las montaas que constituyen la antes mencionada cordillera y compuestas en su mayor parte de rocas peascos de naturaleza caliza, y de una altura de mas de 400 varas sobre el nivel del mar, ofrecen en sus escarpados flancos y elevadas cimas el pin- toresco cuadro de la mas lozana y atrevida vegetacin, propia de los pases intertropicales; el panorama mas encantador de la na- turaleza en toda su sublimidad agreste, produciendo con profu- sin los rboles, que dan las maderas de mas estimacin y valor, as para mueble?, como para construccin, y un sinnmero de plantas y arbustos. Los montes y colinas de menos elevacin, que as en la parte del Norte como en la del Sur, se encuentran los costados de la citada cadena de montaas, y que abrazan una estension de tres cuatro leguas de terreno segn los puntos, pizarrosos, guijar- rosos y casquijosos en su mayor parte, presentan el triste aspec- to de estensos interminables pinares, entre los que solo en al- gunas vertientes y mrgenes de arroyos suelen hallarse algunos paos de tierra cubiertos de palmas y algunos otros rboles tro- picales, sin lo cual el observador pudiera creerse transportado otro pais remoto. Los montes mas notables, y de los que algunos constituyen la parte de cordillera perteneciente la jurisdiccin, son: la Sierra 113 de Ancn, los Quemados de Pineda, Pea blanca, sierras de Ca- beza, del Sumidero, los Acostas, Luis Lazo, Portales y la de Cu- yaguatege; el cerro de Cabras, el/Viga de Santa Posa y las Cu- chillas del Contador. De ellos de sus colaterales parten casi to- dos los rios que cruzan y fertilizan esta parte de la Yuelta- Aba- jo, y de los que, como indicaremos hablando de su curso, unos corren hacia el Sur, y otros toman la direccin inversa, recibien- do todas las aguas de sinnmero de riachuelos y arroyos que por doquier se encuentran. Los terrenos que median entre dichos montes y el mar consti- tuyen uno y otro lado una estensa llanura mas menos ondu- losa interrumpida por oteros de poca elevacin, y depresiones del terreno, que indican generalmente el curso del gran nmero de rios, riachuelos y arroyos que en todas direcciones la atra- viesan. Los que mayormente merecen especificarse en la parte meri- dional, son: el rio de San Diego, que tomando su origen en las Cuchillas de los Gavilanes, atraviesa interiormente la sierra de este nombre, en un espacio de cien varas, pasa por los baos tan conocidos en la Isla y el pueblo de Paso-Peal, dividindose lue- go en varios brazos que incorporados corren al mar desembocan- do en la ensenada de Dayanguas: la Herradura que procedente de los rganos, pasa por el casero de su nombre, y va formar el estero del Convento: Po-Hondo, de igual procedencia, que pasando al Sur del pueblo de Consolacin del Sur, nese luego con el Agiconal y despus de haber recibido las aguas de sus tributarios Santa Clara y Paso-Viejo, corre hacia el Poblar, don- de se divide en dos brazos, que van parar al estero del Gato: la Coloma, que nace tres leguas de la costa, pasa por Colon y va formar el estero de su nombre: el rio Guama nace en la lo- ma de las Flores, dos leguas !N". O. de Pinar del Pi, pasa al E. de este pueblo, despus de habrsele unido el Cangre, cruza las vegas de las Taironas, de la Llanada y las Palizadas y va a des- aguar en la boca de su nombre: Pio-Sequito, que nace en el cer- ro de Cabezas, y Pio-Feo que procede del de Cabras, se unen un cuarto de legua de distancia de la tienda de Bustamante, para verificarlo luego con Pio-Seco y San Sebastian legua y media de la costa y desembocar juntos en el mar. (Pio-Seco procede de las lomas de las Calabazas, y San Sebastian de las Mangas). San Juan y Martnez nace en el cerro de Patones y dirigin- dose de N". E. y de E. S. va desembocar en el mar, reci bien- do en su curso varios arroyos de poca monta: Galafre, desde su nacimiento al mar, tiene unas tres leguas; nesele el arroyo Ya- gitas y desagua en la boca de su nombre: Arroyo Pio-Puerco tiene su nacimiento en las cuchillas del Contador y va parar 15 114 lnea recta al mar, siendo su curso como de dos leguas: el Sba- lo, que trae idntico origen, desagua en la boca de su nombre, hoy dia cegada: el Cuynguatege nace en la sierra de los Acostas, atraviesa el valle de Luis Lazo, recoge en su curso el rio Porta- les, procedente de la sierra de su nombre, el Bagaral y Valle, pasa por el pi del cerro de Guane y desagua en la ensenada do Corts. Los rios que desembocan en la costa setentrional son: el Gua- diana, que va parar la ensenada de su nombre: Mantua, que pasa al S. de este pueblo, y desemboca al N. de la punta de Aba- jos: Sansueas, Zarzal, Salado, Montezuelo, que traen su origen de los montes de sus nombres: el de Santa Isabel, que tiene su nacimiento en la hoyada de Misa, y desemboca en la ensenada que lleva la misma denominacin: Yaguazas, Macuriges, Rio del Medio, Nombre de Dios, Rio de Puercos y Malas-Aguas. En la mavor parte de ellos se crian los robalos, lizas, anguilas, biaja- cas, camarones y otros peces, y en no pocos de ellos cocodrilos que se encuentran regularmente en la boca de los mismos. Dichos rios en tiempo de aguas interceptan con sus crecientes las comunicaciones, pero tan pronto se retira la estacin lluvio- sa quedan en su mayor parte reducidos un cauce insignifican- te, cuando no una absoluta nulidad, debindose esceptuar el Cuyaguatege, en todos tiempos caudaloso imponente y que pu- diera ser navegable algunas leguas si no estuviese su boca ostrui- da por el cieno. Las tierras llanas mas menos quebradas accidentadas se- gn mayor menor sea el nmero de los rios y arroyos que las cruzan, entre estensas sabanas tierras yermas en que su an- tojo crecen el peralejo, la palma cana, el guano y algunos arbus- tos de ningn valor, son terrenos feraces idneos para el culti- vo de toda suerte de rboles frutales, viandas, legumbres, horta- lizas y cuanto en ellos se desee sembrar. Los mas productivos y convenientes para el de la preciosa planta del tabaco, que cons- tituye la principal riqueza de los habitantes de la jurisdiccin, son sin disputa, y merecen entre ellos la preferencia los que ba- a Rio-Hondo en el partido de Consolacin, y los que fertiliza el San Juan, en la comarca de su nombre. La naturaleza geolgi- ca de dichas tierras, aunque variable, se puede decir de un mo- do general, que es arcilloso-arenisca, cubierta de humus tierra vegetal, particularmente en las bajas y caadas. En ellas crece con lozana el tabaco, el maiz, el pltano, el arroz, la malanga, el boniato, la yuca y toda clase de viandas. Los terrenos inmediatos la costa, particularmente en la del Mediodia, son en su mayor parte cenagosos, pantanosos y ane- gadizos: estensos impenetrables manglares cubren sus orillas 115 en buena parte del espacio comprendido entre los rios Caigna- nabo y Galafre, y no pocas lagunas ocupan ambas mrgenes del Cuyaguatege. La costa Norte se presenta mas limpia y desem- barazada; los terrenos de sus inmediaciones son algo mas eleva- dos y por lo mismo libres de cinagas y lagunatos. Ambas cos- tas poseen buenos surgideros frecuentados por buques menores que hacen el cabotage con los puertos de la Habana y Bataba- n. Los principales en la meridional son: la Coloma, el embar- cadero de Colon, el estero de Guanito, Punta de Cartas, Galafre, Bailen y Cuyaguatege: en la setentrional, Guadiana, Damug, los Arroyos, Santa Rosa, Santa Luca, Malas- Aguas, Rio del Medio y Baja. La poblacin de la Nueva-Filipina en el ao de 1853 es la si- guiente: Partido de Pinar del Rio 9570 almas. Consolacin del Sur 9103 San Juan y Martnez 8552 Gnane 5478 Mantua 2783 3? Ba J a - \ 1714 Emancipados 14 Total 37214 almas. Los mejores terrenos para el cultivo del tabaco se encuentran indudablemente en esta Vuelta- Abajo; a la escelencia de la pre- ciosa rama que se cosecha en las vegas de la Lea y otras de Rio- Hondo, de Monterey en San Juan, y en algunas de San Sebas- tian, debe la justa celebridad de que goza en todo el mundo ci- vilizado. Se conocen tres ingenios, el de San Mateo en el parti- do de Pinar del Rio, San Luis en el de San Juan, y Santa Luca en el de Baja. Los colmenares abundan particularmente en la parte del Norte; las haciendas de crianza se hallan repartidas por todas partes, aunque prevalecen en la setentrional y en la del centro, que es la mas montaosa. El hierro y el cbrese encuen- tran con preferencia al Nordeste en los terrenos ridos de Man- tua, en cuyo partido se estn actualmente esplotando siete minas del segundo de dichos minerales. Las maderas de estima y las de construccin abundan en las montaas calizas de que hemos antes hablado y en algunos bos- ques vrgenes: entre ellas figura la caoba, la vera, el bano, gra- nadillo, cedro, roble, haya, sabic, guayacan, chicharrn, quie- bra-hacha, cana, encontrndose igualmente algunas apropsito para tintes, como el fustete, brasilete, brasil y campeche. Ya 116 hemos indicado que los pinares son numerosos y estensos, preva- leciendo en los montes, que pueden considerarse como estrivos de las cordilleras, sin que deje de estar poblada de los mismos buena parte dlas tierras llanas. La numerosa y variada familia de las palmas, se encuentra con profusin en todos puntos y so- lo hemos dejado de observarla en los terrenos poblados de pinos. Entre los rboles frutales propios de la Isla, los mas comunes en ciertos parages de la jurisdiccin, son: los guayabos peruanos, de los que se encuentran bosques enteros en algunas cejas de terrenos llanos, y el almendro en corto nmero; el mango y la po- ma-rosa, de la que se ven cercadas algunas vegas y potreros, lo mismo que del ann: el caimito, el cocotero, el canistel, el coro- jo, la guanbana, el mamey colorado, el mamn, la papaya, el tamarindo y el naranjo y limn agrios, criados, la mayor parte de ellos, espontneamente. En algunos jardines hemos visto la cidra, la lima, la morera, la parra y la higuera de Espaa, pero sus frutos no tienen mrito alguno, y casi nunca llegan a sazonar. Escasea el naranjo cagel y es en estremo raro el de china. La jurisdiccin abunda en plantas medicinales, unas importa- das y cultivadas en jardines y patios de las casas, y otras que espontneamente se crian en los bosques y campos. Entre las primeras se cuentan la acedera, la yerba-buena, el ans, la mejo- rana, organo, apio, peregil, culantro, lechuga, albahaca, malva- visco, yerba-luisa y otras cuyas propiedades y usos son por dems conocidas. Entre las que se dan espontneamente en los campos y bosques figuran la artemisa, el nogal y el palo de caja, empleadas como emenagogas; la raz de la escoba amarga, como emenagoga y fe- brfuga; el tbano, el atege, la jagua, ia grama de costa, la cebo- lleta del cjate, las que se asignan propiedades diurticas; la na de gato, la zarza blanda, la achicoria, la escorzonera, la bor- raja, la calaguala, sudorficas; la malva-t, la yerba mulata, emo- lientes; la yerba de Garro, la verdolaga, el romerillo, atemperan- tes; la betnica, cuya raiz obra como emtica y la hoja pulveri- zada estornutatoria; el estramonio, conocido por chamico, la pendejera, el beleo, narcticos; la dulcamara, el sasafrs, el guayacan, la raiz de china, la curbana, el odonguey, de un uso comn como sudorficos y depurativos en los reumatismos crnicos y afecciones sifilticas; la cebolla del tararaco de costa, como emtico; el guaco, el llantn, la corteza del almacigo, el cuajan, el moruro, astringentes usados por el vulgo en las disen- teras colitides, rectorrgias y metrorrgias; la lengua de vaca, el orozuz, muy usados en la medicina domstica como pectora- les; la escamonea, la pia-botija, la gomo-resina del guaguas, 117 purgantes drsticos; el apasote, el bejuco de lombrices, el fruto de la pifia de ratn, la pica-pica, antihelmnticos. Los naturales del pais conocen algunas plantas y sus propie- dades teraputicas: sin embargo es lo mas comn que no sepan indicarlas en los casos en que puedan convenir: generalmente ha- blando usan en las afecciones gstricas de carcter irritativo los tnicos y estimulantes y en todas las enfermedades hacen el mas estraviado y perverso uso de los conocimientos que poseen. Sin que pretendamos conocer mejor que ellos la accin de ciertos medicamentos que jamas hemos ensayado en nuestra prctica, indicaremos algunos de los mas vulgares y los casos en que acos- tumbran propinarlos. La gomo-resina del manaj, se emplea como antipasmdico en las afecciones histricas; la del maguey en bilmas como con- fortativa en las contusioues; la del ocuge en las hernias recientes, mejor dicho, en las ligeras relajaciones del anillo inguinal; el caisimon como resolutivo, aplicando la hoja inmediatamente so- bre la parte inflamada; las hojas del almacigo en infusin como sudorfico y el cocimiento de la corteza como astringente en las diarreas y disenteras; el de la corteza del moruro en las metror- rgias; la infusin de las hojas del malambo como antipasmdi- ca; la corteza de la yava pulverizada (venenosa) como antihel- mntica. Entre los estimulantes que obtienen en casi todos los casos la preferencia de los campesinos, se cuenta la pimienta, el organo, el culantro, la mejorana, la yerba-buena y la salvia. Como reme- dio vulgar hemos visto aplicar como resolutivo y manera de cataplasmas en las paperas el pltano maduro asado al rescoldo, dividido por la mitad y cubierto de ceniza fina; el infuso del cristal de la sbila en las gonorreas crnicas; la calabaza blanca mondada (su cocimiento) en enemas en los casos de diarreas cr- nicas, los polvos de la cascara quemada del pltano verde en las lceras venreas, y otra multitud de ellos que seria largo enu- merar, y cuyos resultados de ningn modo nos atreveramos garantizar, por mas que hayamos observado su eficacia en algu- nos casos. Poco nada aficionados ala czalos naturales del pais, abun- dan en los bosques mas fragosos los venados, las hutas y el puer- co cimarrn silvestre. En las sabanas lo mismo que en las tier- ras cultivadas encuntranse con profusin las palomas rabiches, las sanjuaneras, las codornices, los carpinteros, los sabaneros, etc.; el ruiseor, el sinsonte, tocororo, degollado y el guacamayo suelen habitar en el espesor de los bosques donde el hacha no ha penetrado aun; el aura tinosa, cerncalo, lechuza, guincho, peri- quito, cotorra, tot, cao, judo, gaviln coli-rojo, halcn, crabo 118 y berequetec se encuentran por do quiera, observndose en las orillas de los rios y lagunas el aguaita-caimn, la becacina, coco, cuchareta, frailecillo, gallinuela, garcilote, huyuyo, alcaraban y la guanana; y en las costas la gaviota de manto-negro, el cora, el ostrero americano y otros. Aunque las vicisitudes atmosfricas y temperatura son casi idnticas en toda la Isla, procuraremos indicar de un modo gene- ral las modificaciones que, por razn de influencias locales, su- fren en toda la jurisdiccin; durante la estacin de la seca de Marzo a Mayo, no obstante de que la temperatura no es muy elevada, los vientos reinantes del Sur y Sudoeste, que por la costa del medioda no encuentran obstculo alguno, producen y causan estos habitantes un malestar general, y un trastorno en la parte moral indefinible. En esta poca las noches y maa- nas suelen ser frescas, pero al medio dia se siente ya bastante ca- lor, principiando formarse en el horizonte algunos nubarrones, que si bien raras veces rompen en verdadera lluvia, preludian por lo menos las aguas de la primera poca de la estacin lluviosa. Las enfermedades reinantes en esta estacin son por lo comn las flegmasas cerebrales, las cutneas y las oftalmas; y si como acontece algunos aos se adelantan las lluvias, se declaran de momento las diarreas y disenteras provocadas por las aguas de que en general se hace uso, cargadas en esta poca de las ceni- zas que arrastran de las sabanas que poco antes fueron quemadas. En la primera poca de la estacin lluviosa, que abraza cons- tantemente los meses de Junio y Julio, las tormentas que antes amagaban se pronuncian decididamente. A la lluvia suele pre- ceder siempre un viento fri y hmedo, que suprimiendo de pron- to la transpiracin cutnea, y rechazando los lquidos hacia el in- terior, provoca y produce las flegmasas del encfalo, de las me- ninges, y particularmente las del tubo digestivo, en las que se nota una marcada tendencia tomar la forma hemorrgica adi- nmica atcsica. La segunda poca lluviosa, que comprende los meses de Se- tiembre y Octubre, se inaugura con aguaceros mas fuertes, con lluvias mas copiosas y sostenidas, que algunos aos se prolongan hasta mediados de Noviembre. Durante ella, las tierras bajas se convierten en verdaderas lagunas; desbrdanse por d quiera los rios, inundando los terrenos colindantes y privando inter- rumpiendo el paso y las comunicaciones; los caminos se ponen intransitables, y las vegas en no pocos puntos quedan aisladas entre s, por las avenidas de arroyos insignificantes y de ningn caudal en tiempo seco. Reina por lo comn un calor hmedo y bochornoso; la temperatura sufre sin embargo muchas variacio- nes al dia, y no son raras las transiciones sbitas de un calor es- 119- cesivo un frio.hmedo y desagradable: transiciones que no pueden menos de egercer una influencia nociva en la economa; as es que las afecciones todas tienden tomar un carcter tifoi- deo adinmico: las colitides se hacen pertinaces, y las disente- ras cogen fcilmente un carcter ptrido. Ocurre algunos aos que las aguas se suspenden por algunos dias; entonces de las numerosas cinagas y pantanos que se formaron en el campo, abundantes de vegetales en putrefaccin, se levantan los efluvios y miasmas deletreos que provocan y dan origen las fiebres intermitentes, que en no corto nmero suelen reinar, as como tambin las fiebres cerebrales, cuyo desarrollo contribuyen po- derosamente las insolaciones que toman los vegueros que se ocu- pan del riego de los semilleros del tabaco. La aparicin de los Nortes marca la entrada de su estacin, que suele prolongarse hasta mediados de Febrero. Los vientos entonces reinantes son el Este, Nordeste y Norte, precedido ca- si constantemente de celages en el horizonte y lloviznas, hasta que se fija de un modo estable, para desaparecer los dos tres dias. Al declararse dicho viento, el termmetro, que en esta poca del ao suele sostenerse de 18 20 Reaumur, baja r- pidamente 12 y 10, observndose siempre, aunque no rei- ne, una disminucin sensible de la temperatura la madrugada, que se sostiene hasta la aparicin del sol, cuyos rayos vienen disolver la densa niebla que amanera ele un tupido manto cubre la mayor parte de la jurisdiccin, particularmente en las caa- das, en las orillas de los ros y lagunas, que no desaparece mu- chos dias hasta las ocho las nueve de la maana. En esta estacin son muy comunes las calenturas catarrales, las afecciones torcicas, las gstricas y las intermitentes sim- ples, reinando igualmente, aunque en corto nmero, las afeccio- nes reumticas v algunas diarreas mucoso-sanguinolentas. Los habitantes de las vegas, as por sus costumbres como por los trabajos que se dedican, son los que mas espuestos se ha- llan enfermar. Hablando de un modo genrico, son de tempe- ramento sanguneo-nervioso, con preponderancia de este sistema idiosincrasia gastro-heptica, enjutos de carnes, de estatura elevada, tez cetrina, cabellos negros, amigos de intrigas amoro- sas y peleas de gallos, y no pocas veces sacrifican esta diver- sin favorita el bienestar de sus familias. Al parecer indolentes, se dedican no obstante al cultivo de la planta del tabaco con un entusiasmo que les honra, desafiando los ardorosos rayos del sol, las nieblas, el sereno y las humedades. Las chozas que habitan, formadas en general de guano de yaguas, (se entiende que ha- blamos de las clases menos acomodadas), distan mucho de tener las condiciones higinicas necesarias; los alimentos se reducen 120 la carne de puerco ahumada, las raices harinosas y al maz; unos beben el agua de arroyos, otros de lagunas, y los mejor li- brados las de rio, que gran parte del ao estn turbias y car- gadas de sustancias hetereogneas. Faltos de recursos, espues- tos de continuo insolaciones, humedades, mil focos de infeccin y mal alimentados, no es estrao que los campesinos enfermen en mayor nmero y que no pocos de ellos lleven im- preso en su rostro el sello de las fiebres intermitentes, disente- ras, diarreas y diversos afectos gastro-hepticos. La mortandad ocurrida en los campos no guarda de modo al- guno proporcin con la que ha tenido lugar en las poblaciones: este funesto resultado no se estraar as que se sepa que es cos- tumbre desgraciadamente asaz generalizada, no consultar ni lla- mar los profesores del arte de curar, sino en los casos mas gra- ves, cuando de nada pueden servir los aucsilios de aquellos; y si lo hacen es muchas veces solo con el fin de cubrir los desa- ciertos de impudentes curanderos descaradas viejas: tan puni- ble negligencia por parte de los moradores del campo, no cabe duda que acarrea mayor nmero de defunciones, haciendo apa- recer la jurisdiccin en general, mucho mas insalubre de lo que en realidad es en s. PINAR DEL RIO. Este pueblo se encuentra situado al S. de la cordillera de los rganos, y los 77 25' longitud de Cdiz y 22 15' de latitud. Est edificado parte en tierra llana y baja, parte en la pendiente y meseta de un otero que se eleva al JST. O. de un llano de poca estension. Su pavimento, compuesto de arcilla y cascajo en la parte alta, es duro, compacto, y forma un ligero declive que des- pide las aguas al momento; de suerte que apenas cesa la lluvia, se puede transitar libremente por sus calles: no sucede as en la parte baja, cuyo piso formado de una mezcla de arena y tierra vegetal, sin desages, conserva por algn tiempo las aguas plu- viales en algunos charcos asaz perjudiciales la salud de los moradores de aquel barrio. El cuartelillo denominado de Mritos es de mampostera y teja; su capacidad para alojar cmodamente una compaa, rene las apetecibles condiciones higinicas, teniendo la^cocina y lugares escusados separados del cuerpo del edificio. El hospital de caridad hubiera honrado a este vecindario si se hubiese concluido. La crcel rene la suficiente capacidad para contener treinta presos con la debida separacin de blancos y de color, y una sala alta para mugeres. En una loma otero que se eleva al ]ST. del pueblo y del cual 121 solo lo separa la pequea caada del arroyo Yagruma, se est construyendo el nuevo cuartel, que podr contener ocho compa- as con toda comodidad. Tendr piso alto para pabellones de gefes y oficiales. Las cocinas y escusados quedarn fuera y al- guna distancia del cuartel, con el cual comunicarn por un pa- sadizo corredor cubierto. Este edificio, cuyos trabajos hasta el primer piso estn terminados, est situado sobre un terreno cas- cajoso, seco y compacto, y corta distancia en frente del edifi- cio tiene la fuente del pueblo, y en el fondo otro manantial de agua potable. Hllase en proyecto la construccin de un hospital militar en el estremo "N. O. de la meseta en que se est edificando el cuar- tel. Hoy sirve de tal una casa particular de las de mayor capa- cidad del pueblo, que aunque no rene las condiciones propias de establecimientos de esta naturaleza, tiene la suficiente venti- lacin y capacidad conveniente para contener con comodidad cincuenta enfermos. El pueblo tiene desde ltimos del ao de 1851 guarnicin fija de ochocientos hombres, que ha contribuido no poco al progreso de los establecimientos ecsistentes en aquella poca y la aper- tura de muchos nuevos. Hoy no est bien alojada la tropa, pesar de tener compaas acuarteladas en el teatro. Los terrenos son generalmente quebrados por la parte del ~N. O., y poca distancia se encuentran los cuchillos del Guao, las sierras del Cangre, estribos de la cordillera occidental; en los dems rumbos son llanos y bajos hasta media legua de distancia, circunstancia que hace que en tiempo de aguas se formen algu- nos lagunatos y lodazales de consideracin. Las inmediaciones del pueblo las constituyen en su mayor parte terrenos de sabana incultos; aqu y acull suele encon- trarse alguna miserable choza, y alguno que otro cayo cultivado. !N"o hay mas laguna que la del ingenio San Mateo; tiene un cuar- to de legua de estension y se halla al S. y una hora de distan- cia del pueblo. Al N. E. y bastante cercano corre el rio Guama, que se divi- de en varios brazos para ir desaguar en la boca de su nombre. El arroyo Galeano paga su tributo este rio. La poblacin rural se halla bastante diseminada, pero deben, considerarse como mas poblados el cuartn de las Obas, Rio- Eeo, Rio-Sequito, la Llanada y las Taironas. Estos puntos son tanto mas insalubres, cuanto mas se aprocsiman la costa, ce- nagosa y pantanosa por los derrmenes de los rios. Su poblacin 2.000 habitantes. Las enfermedades endmicas de este pueblo y su partido son las disenteras y diarreas mucosas en todos tiempos, pero con 16 122 preferencia y mayor nmero en la estacin lluviosa, cuando rei- nan el calor y la humedad. JSTo solo estos agentes las provocan, sino el uso que se hace del agua turbia del rio; se ha observado que en las dems estaciones atacan igualmente los recien-lle- gados, en quienes toman en breve el carcter crnico si los indi- viduos que las sufren tienen algo depauperada su constitucin: en este caso no tardan en caer en un estado de postracin y ma- rasmo que les conduce pronto al sepulcro, si con tiempo no se trasladan otro parage. Entre las espordicas figura la fiebre amarilla, de la que se vieron el ao pasado de 1853 seis casos en individuos de la guar- nicin y cuatro en los paisanos, todos ellos recien-llegados de la Pennsula. Cinco tuvieron una terminacin fatal, habiendo dos de estos esperimentado los sntomas de la invasin en la travesa de la Habana Pinar del Po. Este partido ha sido respetado de las enfermedades epidmi- cas; no obstante, desde el ao de 1830 ac se han conocido dos epidemias de viruelas, habiendo sido la ltima en los meses de Febrero y Marzo de 53. Las personas primeramente atacadas acababan de llegar de la capital, de donde se cree importaron el mal, que qued por de pronto reducido sus familias. Al poco tiempo la enfermedad habia invadido todo el pueblo y se ce- baba atrozmente en la gente de color: nas tarde invada las ve- gas, en las que no dej de causar alguna mortandad. No tenemos datos para saber cual esta haya sido; mas con todo por un clcu- lo prudente puede fijarse en el diez por ciento, debiendo mani- festar que indudablemente hubiera sido menor si todos los ata- cados hubieran podido proporcionarse los aucsilios y recursos indispensables. De la guarnicin solo hubo catorce soldados, mientras que entre los paisanos se contaron mas de cuatrocien- tos, siendo el mayor nmero gente de color. l clera solo se ha observado en dos puntos del partido, saber: en la Coloma, entre unos africanos all reunidos; pero la epidemia ces tan luego como se diseminaron, sin que se propa- gase el mal; y en una vega del cuartn de San Jos, dos leguas JN . O. de Pinar del Pi, habindose desarrollado la enfermedad entre unos gallegos que acababan de llegar de la Habana, de los que perecieron seis ocho, as como tambin la seora y tres hi- jos del dueo de la finca. En el pueblo no prendi. SAN LUIS. Se halla los 77 22' de longitud y 22 10' de latitud, en el centro de un llano que se encuentra entre el rio de San Sebastian y Kio-Feo, que lo orilla por el E., unindose ambos media le- 123 gua mas abajo al S., para desaguar juntos en la boca del Guama. Las aguas que se usan son las del arrojo llamado del Pasto- reo, procedente del Pinar, que casi tocando las casas, se halla al . E. y corre hacia el S. por el estremo oriental de la pobla- cin. Dichas aguas puras, cristalinas, delgadas y de un sabor agradable, gozan de propiedades decididamente tnicas, produ- ciendo maravillosos efectos en las dispepsias, clorosis, diarreas crnicas, en una palabra, en todas aquellas afecciones sostenidas por una atona trastorno funcional de los rganos digestivos. Habiendo enseado la esperiencia el gran partido que de dicha agua podia sacarse en la curacin de ciertas enfermedades der- matoideas y lceras atnicas de las estremidades inferiores, por desgracia tan comunes, acaba de construirse con este obgetouna casa que encierra un tanque bao de diez y seis varas de largo por diez de ancho y dos de profundidad, con un plano inclinado para baarse segn convenga. Hay como 140 habitantes. El clima de San Luis es benigno; se respira un ambiente puro y vivificador, lo que no se estraar sabiendo que en sus alrede- dores no se conocen ni cinagas ni lagunatos. Su temperatura es suave. Las lluvias no son por lo comn escesivas, ni las tor- mentas adquieren el grado de intensidad formidable de otros puntos; parece que la electricidad se encuentra mas equilibrada; as es que los desprendimientos de este fluido son poco frecuentes. El justo renombre de salubre deque merecidamente goza San Luis, de ningn modo puede hacerse estensivo toda la parro- quia, pues esta cuenta algunos puntos inmediatos ala costa muy mal sanos, y en los que por las muchas cinagas y lagunatos de que abundan, son endmicas las calenturas intermitentes, las di- senteras y las diarreas, debidas estas ltimas alas aguas cenago- sas que beben los habitantes y al uso del maiz tierno. Dichos puntos son el Mulo, Manaj, Rincn-Grande y Guanito. Las enfermedades reinantes en la parroquia, aparte de lo que dejamos indicado, son en verano las intermitentes simples, las fiebres biliosas, y en otoo las disenteras y fiebres tifoideas de carcter adinmico, las aracnoiditis y las gstricas. SAN JUAN Y MAPwTINEZ. Est edificado en la orilla derecha del rio de su nombre, que tomando su origen en Lagunillas y recibiendo las aguas del ar- royo Papayas, corre de . S. por el centro de un ameno valle, en el que se ven con profusin vegas muy bien cultivadas. Ro- dean el casero un sinnmero de oteros y pequeas colinas, en las que se observa una lozana y frondosa vegetacin, siendo de 124 ellas las que merecen mencionarse, por su mayor altura, las si- tundas al X. llamadas de Palma-Sola, distantes un cuarto de le- gua, y las que mayor distancia se elevan al O. conocidas con el nombre del Q-acho. Situado en la costa del S. al poniente de la cabecera, los 77 25' de longitud y 22 12' de latitud, dista solo dos leguas y me- dia del mar, con el que comunica por medio de una calzada que v del pueblo Punta de Cartas, punto de recalada de los vapo- res de Bataban. Tiene una sola calle, de pavimento arenoso- trreo, que sigue la misma direccin que el rio, el que por la parte del S. lame el pie de las ltimas casas. Sus aguas, proce- dentes de pinares, son puras, cristalinas, delgadas y agradables, y corren sobre un lecho de arena y piedra china menuda en los pasos que uno y otro estremo del pueblo se hallan. Su poblacin 170 almas. Hay una casa particular de embarrado y teja que sirve de hospital para los soldados de la guarnicin, que se compone de una compaa del regimiento acantonado en Pinar del Rio. Alo- ja en una casa de bastante capacidad y ventilacin, que tiene la cocina y escusados separados del cuerpo del edificio. El viento S. que por la parte de Punta de Cartas no encuentra obstculo alguno en su curso, recargndose su paso por los pan- tanos inmediatos la costa, de efluvios miasmticos, suele dar margen al desarrollo de no pocos casos de fiebres intermitentes, que aos atrs, en algunos puntos del partido, obligaban los moradores abandonar sus hogares. Para indicar las afecciones reinantes, falta de datos que no podemos encontrar ni en los habitantes ni en la guarnicin, que por lo comn gozan de buena salud, tenemos que recurrir los puntos mas enfermizos de la comarca, que son los mas inmedia- tos la costa; tierras bajas y cenagosas, como Martinez, Papa- yas, Gaiafre y Barrigonas. Durante la primavera predominan las arachnoiditides y las gastro-encephalitides, las fiebres gs- tricas y algunas intermitentes de carcter simple. En verano son comunes las fiebres biliosas y las gstricas, que suelen tomar al- gunas veces el carcter tifoideo. En otoo reinan las perniciosas, las cerebrales y algunas diarreas y disenteras provocadas por los malos alimentos y peores aguas de que hacen uso; en este ao ha ocurrido tambin un corto nmero de casos de clera. En el invierno, indudablemente la estacin mas saludable, solo se ob- servan fiebres catarrales benignas, algunas bronquitis ligeras j alguna vez tal cual pleuritis pneumonitis. 125 GUANE. El pueblo de Filipina, mas generalmente conocido por Guane, se encuentra en la parte mas estrema del departamento Occiden- tal de la Isla, frente al cabo de San Antonio, entre los mares del !N". y S., de los que dista unas siete leguas. Su longitud 77 55', y su latitud 22 15'. Se halla parte en la meseta y parte en la pen- diente de una lomita que se eleva al S.O. y orilla derecha del rio Cuyaguatege, el mas caudaloso de la Vuelta-Abajo. Este nace en los rganos, al pi del cerro de Cabras, pasa por el Sumidero, penetra en la abertura de este nombre al pi de la montaa y des- pus de recorrer un valle llamado el Potreriilo, circuido de mon- taas de piedra caliza escarpadas inaccesibles, rompe de nuevo por la parte opuesta para salir al valle de Luis Lazo, formando una galera llamada el Resolladero; recoge en su carrera muchos rios tributarios y desagua en la ensenada de Corts. El Cuyagua- tege, que no estar obstruida su boca de cieno, seria navegable, causa bastantes perjuicios en tiempo de lluvias en atencin que inunda no solo los terrenos de cultivo de mas de una legua de estension, si que tambin todas las vegas de la Catalina, dejan- do en varios puntos cinagas y lagunas que se conservan todo el ao. Tiene de poblacin 150 habitantes. Hallndose Guane alguna distancia del mar y rodeado da montes de alguna consideracin por el lado de la brisa, su tem- peratura es muy elevada en verano. El E". que entra sin obst- culo siguiendo el curso del rio, hace que en invierno sea el fri mas iutenso que en otros puntos. Las nieblas son bastante co- munes, y en invierno suelen cubrir con su espeso manto todo el valle hasta las nueve de la maana. Las lluvias son escesivas desde Julio Noviembre. Las aguas del rio de que hacen uso algunos habitantes, contienen fosfato y sulfato de cal, carbonato de magnesia, cido carbnico en estado libre y materia estractiva. Otros beben las de los arroyos Gil y Manacas que corren corta distancia del pueblo, las que atri- buyen mejores cualidades. Los puntos mas enfermizos del partido son: las vegas dla Ca- talina, situadas las orillas del Cuyaguatege en terrenos bajos, llenos de pantanos y lagunas de alguua estension y no poca pro- fundidad, de donde se desprenden miasmas y efluvios deletreos, causas de muchas intermitentes, que degeneran fcilmente en perniciosas, si con tiempo no son combatidas con el febrfugo por escelencia larga mano. Figuran en seguuda lnea la parte del Naranjal, cuartn de Paso-teal y las mrgenes del rio Sansueas, que son asimismo 1 2(5 muy insalubres, en atencin que sus agrias repelidas por el Cn- yagnatege, inundan aquellas por mas menos tiempo, dejando cinagas de consideracin, que al secarse despiden emanaciones propias para producir las calenturas de los pantanos. Suelen reinar en primavera las intermitentes simples y las fie- bres gstricas; si se declaran las lluvias, son bastante comunes las diarreas y disenteras y toda suerte de irritaciones gastroin- testinales, tanto provocadas por el maiz tierno, como por las aguas del rio, que en las primeras avenidas estn cargadas de las ceni- zas de las quemas de las sabanas en tiempo de seca. Obsrvanse en verano igualmente las mismas fiebres peridi- cas, las biliosas y las diarreas de la misma naturaleza. En otoo, poca de enfermedades en toda la Isla, reinan con bastante fre- cuencia las intermitentes de carcter pernicioso, las cerebrales, tifoideas de carcter adinmico y las disenteras ptridas. Du- rante el invierno las bronquitis, las fiebres catarrales, y alguno que otro caso de pneumonitis pleuritis/ Se han observado tam- bin, en el ao de 53 y en dos puntos diferentes, algunos casos de clera que se presentaron principalmente en la gen- te de color. La parte del cabo de San Antonio comprendida entre este y los llamados Remates de Gaane, es poco menos que impenetra- ble por tierra: solo alguno que otro nativo de aquellos intermi- nables seborucales, que podrn tener catorce leguas de estension, se ha atrevido atravesarlos pi pertrechado de calzado apro- psito para desafiar las punzantes agujas ele los peascos conoci- dos por Dientes de Perro, teniendo no pocas veces que rodear la- gunas de una legua de estension. Entre otras se cuentan las de Santa Brbara, Albufera y la Restinga. MANTUA. Este pueblo se encuentra en la costa del !N\, distante del em- oarcadero de Arroyos unas tres leguas; est situado los 22 a 20' latitud y los 78 de longitud, la orilla derecha del rio de su nombre. Su pavimento es de arcilla cubierta de una capa de hormign y arena gruesa, con un regular declive que lo libra de lodazales y aguas encharcadas. En sus inmediaciones no se encuentran otros montes que los llamados Montezuelos, colina de poca elevacin una milla del pueblo, y de terrenos pizarrosos y pedregosos, sin vegetacin al- guna. Por el N. E. se prolonga una llanura ligeramente acciden- tada por oteros insignificantes, terrenos estriles de pinares, ju- carales, abundantes en cobre y hierro por varios puntos. En las 127 orillas del rio* se encuentran algunos terrenos de cultivo, no muy feraces, sembrados de tabaco. Las aguas del rio se consideran poco potables por proceder de terrenos calizos, y la que se usa es la del manantial denominado de los Conucos, que contiene gran cantidad de hierro, slice, car- bonato de cal y de magnesia. Las nieblas son rarsimas pesar de la procsimidad del rio, y el pueblo goza el renombre de sa- ludable, justo y merecido. La fisonoma del valle de Montezuelos es alegre y risuea y contrasta singularmente con el de Mantua, triste y montono, pesar de su despejado horizonte. Los vecinos de dicho cuar- tn difrutan de una salud envidiable, debida en parte a la buena calidad de las aguas y los aires puros que respiran. Solo tiene unos 100 habitantes. Suelen verse casos raros de pleuritis y alguno que otro de bron- quitis en el invierno; al principiar las aguas algunas fiebres gs- tricas y diarreas simples: en verano pocas biliosas y en otoo al- guna disentera con un corto nmero de intermitentes. Las tifoi- deas son rarsimas. Hay algunos manantiales de que se hacen pomposos elogios, cuales son los de la Lima, Perdomoy Crdenas, que por las pro- piedades mdicas que les atribuyen, se cree sean sus aguas fer- ruginosas. BAJA. Su latitud 22 31' y su longitud 77 50'. Dista del mar por el punto que ocupa el surgidero de su nombre, como tres millas. Como distancia de cuatro leguas se v la cordillera de Gaa- niguanico, con multitud de montes de poco elevacin que hay entre este y el pueblo. Aqu toma origen el rio Baja que va desembocar en la ensenada de su nombre. Solo llegan sus habi- tantes 42. Por su situacin debe considerarse Baja como un punto de los mas saludables de esta parte de la Isla. Est destinado ser una poblacin de primer orden, si no se opusieran ello ciertas ideas del dueo de los terrenos. En los puntos de Macuriges y Nombre de Dios, que son los mas bajos, suelen reinar las intermitentes. CONSOLACIN DEL SUR. Situado en la latitud de 22 18', y longitud de 77 10', tiene un terreno llano y elevado, de naturaleza casquijoso-arenisca, que forma un ligero declive en las laderas del mismo hacia to- dos rumbos menos al E., debiendo esta circunstancia un piso 128 en todos tiempos seco por lo menos libre do lodazales. Consta la poblacin de 120 almas. Orilla el pueblo por el O. el arroyo de Pablo, tributario de Rio-Hondo, que recoge en su curso las aguas del de Santa Cla- ra, de Arroyo-Luis, y otros de poca monta. Hay algunas lagunas de consideracin, de las que emanan otros tantos arroyos que llevan su nombre: figuran entre ellas las llamadas Lagunatos, Ojo de Agua, Ubas Ilicacos. El agua que usa la poblacin es la del arroyo del Pinar bien la del Ocnge; contiene gran cantidad de carbonato de magnesia, almina y fosfato de cal. Son regulares las nieblas en el pueblo. Se halla bastante libre de enfermedades, mas no as los puntos poblados de la costa, distinguindose el Palenque, el Ojo de Agua, Guadalupe y el Poblar, en los que son endmicas las fie- bres tifoideas y las intermitentes, que toman con facilidad el ca- rcter pernicioso. Las disenteras y las diarreas son raras, y solo se observan alguna vez en la estacin calurosa. Durante el ao de 1853 tuvo la jurisdiccin en los meses de Enero Setiembre y en el de Noviembre, que son los partes que tengo en mi poder, 1320 enfermos y 119 muertos, en esta forma: MESES. PARTE CIVIL. PARTE 1 MILITAR. Casos. Muertos. Cas n s. Muertos. Enero 63 83 74 156 190 264 138 113 105 134 35 1 4 4 14 15 21 11 21 19 9 33 39 48 30 54 50 69 54 55 63 47 41 3 Febrero 1 Marzo 1 Abril 1 Mayo 1 Junio Julio ?> Aerosto )> Setiembre Octubre 3 1 Noviembre 1 Totales . . . 1320 119 616 12 129 Ao de 1854. MESES. PARTE CIVIL. PARTE MILITAR. Casos. Muertos. Casos. Muertos. Enero 107 128 106 149 185 148 248 640 463 181 208 184 4 15 5 8 9 12 22 64 57 9 18 8 83 46 34 48 49 71 170 179 58 42 28 31 Febrero 33 Marzo 33 3 Abril Mayo 33 Junio 53 2 Julio 19 Agosto . . . 39 Octubre 9 3) 33 33 Totales . . . 2747 231 839 72 Guarnece este punto un regimiento. Las enfermedades que en primera lnea han figurado son las disenteras, diarreas, fiebres catarrales, intermitentes, tifoideas, vmito, calenturas biliosas, varicela v viruelas. Desde 1? de Julio de este mismo ao empez reinar la ver- dadera tifoidea bajo todas sus formas, la fiebre amarilla y las congestiones cerebrales y pulmonales, principalmente en la tro- pa, atacando as los que llevaban- algn tiempo de permanen- cia en la Isla, como los reclutas recien-liegados; observndose sin embargo que se cebaba y causaba maj>or nmero de vctimas entre los naturales de Galicia, de los que se contaron cinco muer- tos de ocho atacados hasta el dia 17. A pesar de haber mandado la compaa de granaderos San Juan y Martnez, una San Diego y otra San Luis, fallecieron dos en el espresado San Diego, y fueron atacados tres en San Luis. Todos los casos presentados en Pinar del Rio seguan to- mando el carcter tifoideo, por cuyo motivo las defunciones fue- ron en mavor nmero. De 1. de Julio 21 de Agosto entraron en el hospital militar 191 individuos con la dicha fiebre amarilla y perecieron 37; de la tifoidea 16, de los que murieron 7; de la gstrica 13; de la ce- rebral 3, muriendo 1; y de las intermitentes 4, pereciendo otro. El 16 de Octubre ya no quedaban en aquel hospital militar mas que 14 enfermos, convalecientes de la liebre amarilla. 17 130 N. 2. JURISDICCIN DE SAN CRISTBAL. Se halla entre las del Mariel, con la que confina al E.; la de Baha-Honda que queda al N., y la Nueva-Filipina que se en- cuentra al O.; constituyendo sus lmites por el S.la costa de este nombre. Esta posee algunos esteros y dos ensenadas, saber: la de Majana al naciente, y al poniente la de Dayangnas. Su territorio se compone en la mayor parte de tierras llanas, aunque algo bajas y cenagosas hacia la costa, limitadas al N. por la cordillera occidental de montaas de la Isla, y de las cuales pertenecen la jurisdiccin las sierras de Barrabs, de Naranjo- Dulce, del Rosario, de San Bartolom, las lomas del Campana- rio, Pea-Blanca, Mata-Toros, Condenados y Limones, puesto que de sus vertientes emana el mayor nmero de los rios que cruzan la llanura y que dirigindose de N. S., van pagar su tributo al mar. EL rio de Pedernales sirve de lmite las jurisdicciones de San Cristbal y Mariel, pasa al E. del pueblo de las Mangas y se di- rige desaguar en la ensenada de Majana. El Bayate cruza por el E. de Candelaria y desagua en la boca de su nombre, la cual van parar igualmente el de Jejenes y el Colorado. El de San Cristbal, que derrama en la boca ele Sabanalamar, cu- yo punto afluyen igualmente los rios ya unidos de Santa Cruz, Taco-taco, Mata-Toros y Arroyo-Grande, procedentes del Cuzco. El Bacunagua, formado del rio Manso y algunos otros arroyos, va fluir en la boca de su misma denominacin. El de los Pala- cios desemboca en el estero de Carraguao. Dichos rios, de poco caudal, cubren en tiempos lluviosos con bus avenidas las mrgenes de los mismos, causando no pocos perjuicios tanto las siembras como la salud de los moradores, interceptan las comunicaciones con bastante frecuencia. Las tierras llanas son de naturaleza arcilloso-trreas, trreo- arenosas, observndose en algunos puntos ferruginosa. La costa est cubierta de manglares, que en algunos parages se estienden media legua al interior. Las montaas en general son calizas, es- pecialmente las de la cordillera central. Se hallan todas cubier- tas de una frondosa vegetacin, tanto en sus cimas como en laa vertientes. Esta jurisdiccin est dividida en cinco partidos, que son: San Cristbal, San Diego, los Palacios, Candelaria y San Marcos. El nmero de habitantes llega 18.614, distribuidos del modo siguiente: 131 San Cristbal 3621 San Diego 3888 Palacios 3001 Candelaria 4005 San Marcos 4099 18614 La riqueza y bienestar de los moradores depende del cultivo de frutos, entre los que ocupan el primer lugar el tabaco, azcar y caf, la cria de ganados vacuno y de cerda en algunas hacien- das y corrales, que ocuparn dos terceras partes del territorio. SAN CRISTBAL. Este pueblo, cuyos habitantes llegarn 200, se halla situado los 76 45' de longitud y 22 45' de latitud, sobre una plani- cie de alguna estension, de pavimento arcilloso-ferrugneo, duro y compacto, seco al momento que termina la lluvia, en atencin que forma un ligero plano inclinado hacia uno de los estreios de su calle Real. Guarnece la poblacin una compaa de la fuerza que ecsiste en Pinar del Rio, la que se halla alojada en una casa particular, que dista mucho de brindar las convenientes condiciones de capacidad y ventilacin, tan necesarias para toda reunin de hombres. El llano sobre que est la poblacin es bastante elevado si se compara con los terrenos colindantes, por los que se desliza al E. el rio de San Cristbal y al O. Arroyo-Grande, dirigindose am- bos de 1$. S., derramar el primero en la costa y el segundo en el rio Taco-taco. Se ven menos de una legua las sierras conocidas con el nom- bre de Lomas del Cuzco, que ofrecen una perspectiva en estremo pintoresca. Al pi de las mismas y en sus quebradas se encuen- tran varios manantiales de aguas muy buenas, por lo comn fer- ruginosas, de que hace uso el vecindario. Los alrededores de San Cristbal son por dems alegres, su ho- rizonte despejado y estenssimo, escepto por la parte del N.IST.E., en que queda limitado por las sierras dichas; la atmsfera es transparente y seca, presentndose el cielo de un color azul her- moso; la temperatura es poco elevada. Su salubridad es poco menos que proverbial, y nadie podr ponerla en duda desde el momento que se haga cargo de su be- lla y ventajosa situacin al ET. del partido, en las cercanas de la sierra. Esto no obstante, en algunos puntos de este se padecen de 1 32 un modo endmico la9 fiebres intermitentes, por lo comn benig- nas, y que ceden los febrfugos con mucha facilidad. TASO-REAL. Es cabeza del partido de San Diego, su longitud 77 5', y su latitud 22 8'. Consta de una calle E. O., ancha, espaciosa y de piso arenoso cascajoso. El punto que ocupa es elevado y llano, y por el estremo O. la orilla el rio Caiguanabo. El horizonte es despejado, el cielo claro y puro; la temperatura elevada por lo comn, queda en estremo modificada por la brisa. Rodeado de llanuras, escepto por el O., donde se observan algunas tierras ba- jas, Paso-Real ofrece una bella perspectiva. La configuracin del partido de San Diego es en algn modo parecida un cono, cuya base la forman al N. las sierras, y la mnta al S. la playa de Dayanguas. El terreno ofrece al !N\ una igera capa de tierra vegetal sobre un fondo mezclado de piedras y arcilla, mientras que hacia el S. dicha capa es mucho mas gruesa, vindose ademas en este rumbo algunos puntos cenago- sos y pantanosos. Suelen observarse en invierno algunas fiebres catarrales, bron- qutides y pleurtides, en corto nmero; la primavera ofrece al- guna que otra angina y fiebres mucosas; en verano se presentan la encefalitis, fiebres inflamatorias y disenteras, y en otoo fie- bres de diferentes tipos y reumatismos. Las intermitentes son en- dmicas en los puntos cenagosos de la costa. Muchos son los arroyos que en distintas direcciones cruzan el partido; todos se inclinan al S. en busca de los dos rios antes re- feridos; sus aguas son escelentes, escepto las del Caiguanabo, que aunque tomadas agrandes distancias dlos manantiales del casero de San Diego, arrastran siempre partculas de hidro-sul- fato de cal y carbonato de hierro, cuya presencia comunica dichas aguas propiedades escitantes, como lo prueban las fre- cuentes irritaciones gstricas que se observan entre los habitan- tes de las mrgenes de este rio. La poblacin es de 20 almas. SAN DIEGO DE LOS BAOS. El casero de este nombre est al S. de la cordillera del Rosa- rio, los 77 3' longitud y 22 10' de latitud. Edificado en la margen izquierda del rio Caiguanabo, sobre un terreno desigual, en la falda misma de la sierra, hllase corta distancia rodeado en gran parte de cerros y terrenos montuosos. Descuella entre las varias casas construidas para hospedar los baistas, el cuartel-hospital, ocupado en tiempo de baos, por los militares enfermos que de todos los puntos de la Isla acuden 133 hacer uso de aquellas saludables aguas. Dicho edificio, de construccin moderna, est situado sobre un terreno cascajoso y arcilloso, seco aun en tiempo de aguas por el plano inclinado que forma; consta de dos cuerpos capaces de admitir cada uno ochenta camas. Mientras dura la temporada de baos, la poblacin se v en estremo animada, concurrida y bulliciosa; mas as que aquella termina queda poco menos que desierta, reducindose sus habi- tantes unas 130 almas; dirase un pueblo abandonado. Los terrenos colindantes irregulares, varan en su naturaleza geolgica, segn los puntos; as es que las piedras calizas, los mr- moles y varios metales diversamente combinados constituyen los cerros cubiertos de una frondosa vegetacin, mientras que en la parte baja se encuentra una tierra arcillosa cubierta de una capa de csped yerba menuda tan comn en los terrenos yermos. Eu San Diego se respira un aire puro y ocsigenado; su atms- fera es transparente, el cielo claro y limpio de celages, la tempe- ratura poco elevada; por lo comn las noches y maanas son fres- cas en todas estaciones. Lo mas notable interesante de este punto es el nmero de manantiales que tiene, los cuales debe toda su celebridad y re- nombre. Dichos manantiales se hallan al O. del pueblo en el mismo cauce del rio, que por este lado pasa muy inmediato alas casas: bjase ellos por dos rampas pendientes por las que el descenso se efecta con no poca incomodidad y molestia, encon- trndose al final de cada una de ellas una especie de playa bas- tante capaz, casi al nivel del agua, escavada en las mismas mr- genes del rio, de piedra dura caliza, igual la del mismo lecho. De esta brotan los manantiales ojos de agua conocidos por los nombres de la Gallina, el Tigre y el Templado, que nacen en la margen E. izquierda del rio, inmediatos ella: el Acera- do y Santa Luca, en la opuesta, no estando aun bien determina- do si la Paila que ocupa todo el ancho del rio tiene n surti- dor propio, si solo se reduce ser un receptculo en el que se mezclan las aguas de los dems manantiales: entre estos, los tres primeros se consideran de aguas minerales termales salino-sulfu- rosas; los del Acerado y Santa Luca de aguas minerales no ter- males, ligeramente salino-ferruginosas, y los de la Paila de aguas minerales fras salinas. El agua de la Gallina es en un todo transparente y difana y se enturbia al cabo de algn tiempo de hallarse en contacto con el aire atmosfrico; olor casi nulo antes de este contacto, pero en estremo pronunciado huevos podridos despus de l: sabor nauseabundo medida que baja su temperatura; gravedad espe- cfica casi igual la del agua destilada. La del Tij^rc es asimismo transparente, enturbindose al contac- to del aire; olor ligeramente heptico y luego muy fuerte hue- vos podridos; Babor nauseabundo que luego se modera: gravedad especfica poco mayor que la del agua destilada. La del Templado es tambin difana y transparente, pero pier- de su transparencia espuesta al aire; olor ligeramente heptico, y despus de oreada huevos hueros que se desvanece poco rato; sabor nauseoso, que disminuye cuando se enfria; su grave- dad como la anterior. Los principios minerales que constituyen estas aguas, su tem- peratura y la presencia del gas sulfhdrico hidrgeno sulfura- do, que admiten todos los que han practicado su anlisis y que demuestra el olor sufuroso huevos podridos, las colocan en la clase de Aguas minerales termales salino- sulfiir osas . Estas obran produciendo debilidad en el interior y modifican- do las secreciones de todas clases por la absorcin, con lo que proporcionan los elementos mas poderosos de la medicacin al- terante; de modo que las indicaciones de su aplicacin se encuen- tran en aquellas afecciones siempre crnicas, que reclaman la accin de los alterantes y de los fundentes; por tanto convendrn en las intermitentes rebeldes, obstrucciones viscerales, infartos glandulares, catarros crnicos, reuma y gota, dolores osteocopos, retracciones de los tegidos fibrosos, ciertos anquillosis hidro- pesas; sirviendo ademas, por la escitacion tpica que producen en la piel, para resolver los tegidos de las cicatrices deformes y contusiones antiguas, y para modificar el estado vital de las lce- ras atnicas. El agua del Acerado es transparente, pero no tan limpia ni difana como las termales; olor ligeramente repugnante, mas bien heptico, pero apenas perceptible; su sabor un poco fresco, ligeramente estptico. La de Santa Luca es ligeramente turbia y como lechosa, sin perder su transparencia; olor ninguno lo mas un poco repug- nante; sabor como el del agua comn bastante gruesa. La de la Paila, que se considera como la mezcla de las aguas de todos los surtidores manantiales, tiene un color ligeramente lechoso, olor huevos podridos apenas perceptible, que se des- vanece al poco tiempo, sabor igual parecido al de un agua pe- sada y gruesa, y una gravedad especfica un poco mayor que la del agua destilada. El Doctor Pons las considera con una accin sedante muy mar- cada en la piel, debida su baja temperatura; al mismo tiempo escitantes al interior por la absorcin de las sales alcalinas que contienen como por la accin secundaria y consecutiva del pri- mer efecto. Por eso convienen en todas las enfermedades de la 135 piel, en las afecciones nerviosas, en las anmicas, y en la mayor parte de las lceras, que sern combatidas favorablemente por el agua de la Paila. PALACIOS. Pueblo situado los 76 28' longitud y 22 35' de latitud N. Su terreno es llano y elevado, de naturaleza arcillosa y cascajo- sa. Por el estremo O. de la nica calle ancha y espaciosa que tiene pasa casi lamiendo las ltimas casas el rio Palacios que va desaguar de N". S. en el estero de Carraguao. Las tierras colindantes son quebradas por la parte del !N". mien- tras que por el S. y O. son bajas y cenagosas, particularmente en los puntos que atraviesa el rio. La parte de la costa, bien que bastante distancia del pueblo, est llena de lagunas y cina- gas, contndose entre las primeras, al S. O. las llamadas Jagey y Ternero, y entre las segundas al S., Macuriges y Dayanguas. Las montaas mas inmediatas se hallan al K., como distan- cia de cuatro leguas, y se distinguen entre ellas como mas nota- bles las de Toro^ Palma, Pea-Blanca y Loma-Pelada, formadas de piedra caliza y cubiertas de varios rboles y toda clase de palmas. El horizonte de los Palacios es estenso, limpio y despejado; el cielo se presenta claro, la temperatura suave y agradable. Cuen- ta 304 habitantes y goza con justicia el concepto de muy saluda- ble; no as Bacunaga de Abajo y otros puntos del partido en los que son endmicas las calenturas intermitentes. CANDELARIA. Su longitud es de 76 40' y su latitud de 22 37'. El casero est edificado casi en el centro de una estensa llanura, limitada al N". E. por las lomas del Cuzco y Manantiales, distantes como dos leguas; el piso es arcilloso- arenisco ferruginoso, seco en todos tiempos en atencin que el terreno absorve de momento las aguas pluviales. El punto que ocupa la poblacin es elevado si se compara con el de las inmediaciones, que unas dos leguas de distancia, par- ticularmente por la parte del S. es bajo y pantanoso por los der- rmenes del Bayate, que pasando por el estremo de aquella se dirige desaguar en la boca de su nombre. En el punto llamado Puerto-Eico son las tierras gredosas, mientras que al IST. son negras cargadas de humus, tan propio para la vegetacin. El horizonte de Candelaria es claro y despejado; respirase un aire puro y se disfruta de una temperatura agradable. Los habi- 136 tantes del pueblo que sern 230, hacen uso del agua del Ojito de agua de la Virgen, manantial que corta distancia se encuen- tra al N. de la poblacin, abundante y fecundo en todos tiem- pos, de tal modo que en la calamitosa poca de seca del ao 44, cuando los rios y arroyos del partido se hubieron esterilizado, to- do su vecindario se surti del referido manantial. Sus aguas se creen digestivas por la cantidad de bi-carbonatode soda y sulfa- to de magnesia que contienen; son puras, cristalinas y de un sa- bor esquisito. El pueblo, lo mismo que gran parte del partido, se considera como muy sano; solo en el punto de Puerto-Rico y San Juan suelen presentarse algunas fiebres gstricas intermitentes sim- ples, a escepcion del otoo en que suelen tomar, aunque rara vez, el carcter pernicioso. Las tifoideas son casi desconocidas. El farmacutico D. Francisco Barreto, residente en este pue- blo, posee un blsamo, al cual ha dado el nombre de vulnerario^ en cuya composicin entra el zumo del fruto de la Gira, que ensayado en grande escala con los militares heridos en la ltima invasin pirtica, curados en aquel punto, produjo escelentes efectos as en los heridos de arma blanca, como en los de armas de fuego. Asimismo elabora un licor, que denomina antiasmti- co, compuesto de varios vegetales, ntrelos que figuran la semi- lla del aguacate, la amapola y las flores de naranjo. MANGAS. Es cabeza del partido de San Marcos, y se encuentra los 76 34' de longitud y 22 45' de latitud, tres leguas de la costa del S. por la ensenada de Majana. El casero est edificado en un terreno desigual y bajo; tiene al !N". y corta distancia el arroyo Lecuna, cuyas corrientes se dirigen ]N . S. hasta la laguna del Su- midero donde desagua. En tiempo de seca queda este arroyo estril. Los terrenos inmediatos al pueblo, de naturaleza arenosa-tr- rea, son igualmente bajos y cenagosos, encontrndose en los al- rededores un sinnmero de lagunas que se conservan todo el ano y entre las que figuran, por su mayor estension, la de Piedras, Ahoga-Perros, Tesoro, Ealcon, Magoa, Punta-Brava, Seiba, Su- midero y Canoa. En tiempo de aguas todo el contorno se con- vierte en una estensa cinaga; circunstancia que hace que el pais sea notablemente mal sano, y que unida la aridez de las tierras, en general de sabanas, contribuya que sea poco poblado por este punto. El aire que se respira est cargado de efluvios miasmticos, razn por la que son muy comunes las intermitentes, que suelen 137 tomar el carcter pernicioso. La temperatura es elevada y hme- da: las nieblas reinan la mayor parte del ao. Los habitantes del pueblo, que llegan unos 80, hacen uso de las aguas de pozo, consideradas como potables, aun cuando la verdad son bastante pesadas. La de los dems es en estremo sa- lobre. Los sitieros beben el agua de las lagunas mas inmediatas sus viviendas. Todos los caminos do este partido se ponen intransitables du- rante la estacin lluviosa. Carezco de datos para espresar el nmero de enfermos que tu- vo esta jurisdiccin el ao de 1853. Mas en el ao de 1854 han ocurrido los casos siguientes: Casos. Muertos. Agosto . . . Setiembre . Octubre . . Noviembre. Diciembre . Totales . . Casos. Muertos/ Enero. . . . Febrero. . . Marzo . . . Abril. . . . Mayo. . . . Tnnirt 13 23 27 27 40 34 51 2 2 5 1 8 3 66 32 68 37 >> 1 2 2 9 Julio . , . . 367 35 No han venido los partes de Enero y Diciembre, como se ve por el estado anterior. Han figurado la disentera, calentura inflamatoria, intermiten- te y pleuresa. N. 3. JURISDICCIN DE BAHIA-HONDA. La jurisdiccin de Baha-Honda puede considerarse como un polgono imperfecto cuyas mayores anchuras y largo llegan cuatro y seis leguas. La parte del N., aunque con muchos collados de poca altura, en general, es adaptable todo gnero de agricultura, presentan- do sus pequeas ondulaciones mucha facilidad pura el trabajo. La parte del S. es quebrada en graduacin ascendente hasta sus lmites, hacindose notable por sus serranas, algunas de ellas in- accesibles. Comienzan en la hacienda Candelaria del Aguacate y siguen hasta el centro de la de San Juan de Guacamaya, en di- reccin de oriente a poniente, unindose con las de las Pozas, San Cristbal y San Diego de Nuez. Las tres lomas mas notables son las nombradas Guacamaya, los Cayos y la Candelaria que circuye el sitio memorable deque toma el nombre. No es menos admirable la de la Hoya, que con otras 18 1 38 Igualmente notables, forman el valle por donde atraviesa el ca- mino, que con mil dificultades, pone en comunicacin los pue- blos de Baha-Honda y San Cristbal. Sin embargo, una respe* table estension de terreno se halla cultivada. Las maderas do construccin son muy abundantes, pero presenta su conduccin dificultades tan insuperables, (pie ni aun las mas valiosas remu- neraran los gastos de sacarlas del monte; motivo que hace quo bu estraccion sea insignificante. Los terrenos son bastante feraces en general, constituyndolos buenas capas vegetales de mas menos profundidad. Entre ello3 hay algunos cuabalosos y de carrizales, pero la mayor parte de ellos son compuestos de arcilla, perdign y pedruzcos; as es que deben considerarse formados de las tres transformaciones y de aluvin. Los principales rios que los baan son dos de poca considera- cin y se conocen con el nombre ele Camarones, Cirilo Monta- ra el uno, y de Baha-Honda Biajacas el otro, desembocando ambos en la baha. Tienen su nacimiento, el primero en terrenos de la hacienda Camarones, legua y media de su desage en el mar, y el segundo poca mas distancia en los del Aguacate y lugar que ocupan los baos, en que hay un manantial de aguas potables cristalinas, esquisitas y tambin sulfurosas, conocidas desde tiempo inmemorial por sus escelentes cualidades medici- nales, pues tiene acreditado la esperiencia que los individuos ata- cados de dolores reumticos crnicos, erupciones cutneas, obs- trucciones viscerales, hemiplega, han conseguido su total res- tablecimiento. Hay otro rio que divide el partido de Baha-Honda del dlas Pozas, conocido con los distintos nombres de S. Diego de Tapia, Cayos, S. Juan, S.Miguel Maniman. Nace en las serranas del Sumidero, y desemboca en la costa N. por Maniman, abrazan- do en su curso como unas ocho leguas. En las crecientes se ele- va su cauce hasta doce varas, no siendo muy perjudiciales sus avenidas causa de lo quebrado de los terrenos por donde pasa, consecuencia precisa de la estrechez y profundidad de su curso. Varios otros y diversos arroyos cruzan la jurisdiccin, con aguas buenas y potables para satisfacer las necesidades de sus habitantes. Su descripcin puede verse en las varias geografas de la Isla. En muchos puntos se encuentran manantiales de escelentes aguas, y entre ellas las hay sulfurosas, ferruginosas impregna- das de otras sustancias, como cal, magnesia, etc. El pueblo de Baha-Honda est los 22 52' de latitud K, y ?6 45' 30" de latitud del meridiano de Cdiz. Est fundado en terreno cuabaloso, y su superficie ligeramente inclinada le es muy 139 conveniente para qne las aguas pluviales no se estanquen y for- men pantanos y lagunas que perjudiquen. La temperatura rncsima en la estacin del calor es de 26 29, y la mnima en la de los Nortes de 11 12 del termme- tro de Reaumur. Lo dominan dos colinas, una del N.E. y otra al S., en medio de las que se halla la planicie poblada, con 460 ha- bitantes. Estos se surten del agua del rio, que por el O. les pasa bastante inmediato; y no obstante esta feliz circunstancia, el ao escaso abundante de lluvias, ocasiona en el primer caso la es- tancacin del agua por falta de corriente, tan perjudicial la sa- lud, y en el segundo la multitud de sustancias estraas que ar- rastra, causa mas notables perjuicios. La entrada del puerto de Baha-Honda la defiende el fuerte de San Femando con un destacamento de tropa, cuya salud est cargo de un profesor honorario del Cuerpo de Sanidad militar con 300 reales de gratificacin al mes. Dicha fortaleza se halla rodeada por el oriente de manglares y lagunas, mejor dicho, de focos de infeccin. Esta causa unida la estrechez de las cuadras para la tropa y presidio, hacen que en este punto se padezcan de un modo end- mico las calenturas remitentes intermitentes simples y compli- cadas. El ao de 1850 lleg el caso de que entre todos los hom- bres que componan el destacamento, solo tres habia tiles para el servicio, hallndose los restantes atacados de estas fiebres. Las enfermedades endmicas observadas tanto en el pueblo y su partido como en la jurisdiccin, son las diarreas en los meses de Mayo y Junio; desde fines de este sea en esto y otoo, principalmente los aos en que las aguas no son constantes, las fiebres remitentes intermitentes perniciosas, tifoideas, en tal nmero, que con mucha propiedad podran mirarse como epid- micas, pues aos hay en que acaso no pasen de dos las casas de la poblacin y sitios vecinos, donde no haya dos, tres mas in- dividuos atacados de ellas. No sucede as el ao en que las aguas son abundantes, porque entonces se sufren las intermitentes sim- ples, aunque siempre en gran nmero; duran por lo comn has- ta Diciembre, en cuya poca se padecen tambin las disenteras y pleuresas con mayor menor intensidad. Las diarreas de Mayo y Junio ceden con facilidad al uso de los opiados de la ipecacuana, si son atendidas racionalmente en su invasin y si se observa un buen rgimen. Las remitentes intermitentes simples, al de los hemticos y de la quinina ad- ministrada pronto y en dosis proporcionadas, pues de lo contra- rio degeneran en tifoideas, perniciosas, etc., y complicndose con afecciones del hgado, bazo, pulmones, etc., necesitan el ausilio del plan antiflojstico de primero y segundo orden, siendo en es HO- tos caso9 muy peligrosas y las convalecencias muy dilatadas. Estos individuos suelen quedar sugetos padecer la9 intermiten- tes de IVio, como las Llaman vulgarmente, cada 10, 15, 6 20 das, burlndose por decirlo as, de todos los antiperidicos y revulsi- vos hasta la primavera en que desaparecen por solo la influencia de la estacin: tambin desaparecen mudando la temperatura. El ao de 1S53 reinaron las calenturas intermitentes y algu- nas disenteras, pero carezco de los estados mensuales correepon- dientes, para poder dar el nmero de enfermos que hubo cada mes. En el ao de 1854 predominaron las intermitentes y las diarreas. Casos. Muertos. Agosto . . . Setiembre . Octubre . . Noviembre. Diciembre . Totales. . Casos. Muertos. Enero. . . . Febrero. . . Marzo . . . Abril. . . . Mayo. . . . Junio. . . . Julio . . . . 43 55 37 9 18 117 1 4 2 4 5 3 51 78 42 6 ? 9 4 450 38 Se v por el anterior estado la poca ecsactitud que ponen los subdelegados de medicina en la remisin dlos partes mensuales de sus respectivas jurisdicciones. N. 4. JURISDICCIN DE GUANAJAY. Se notan en esta jurisdiccin la loma de Guanajay conocida mas comunmente por la Mesa del Mariel, y la de Guajaibon. Sus terrenos son quebrados al N., de tierra negra, en su capa ve- getal, y arcillosa en el fondo: al S. son llanos, bermejos y de mu- cho fondo. Se hallan aqu las escelentes canteras de las Capella- nas, cuya piedra es tan blanda que se labra como la madera pe- ro que espuesta al sol es tan dura como el mrmol. Al N. E. es el terreno quebrado, blanquecino y de piedra calcrea. Los pueblos son: Guanajay, Mariel, Cabanas, Cayajabos, Ar- temisa, San Luis de la Seiba y Baes. Las aldeas: Puerta de la Gira, Quiebra-Hacha y Guayabal. Los caseros: Santo Cristo, Amiot, las Caas y Virtudes. En Guanajay ecsiste un cuartel muy regular para doscientos hombres de tropa, y 25 caballos. Hay un hospital militar, regu- larmente asistido, pero que como casi todos los del interior de la Isla no rene las condiciones higinicas propias para estos esta- blecimientos, por ser una casa particular la que sirve de asilo los enfermos. 141 La aparicin del invierno desarrolla pleuresas, raras pulmo- nas y afecciones catarrales qne cuando se fijan en el pecho, to- man en su terminacin un carcter nervioso, y se ha observado repetidos aos la coqueluche. Tambin se presenta notable n- mero de oftalmas catarrales; estas enfermedades ceden al trata- miento diafortico, abrigo y quietud. En primavera se disfruta de general salud observndose tan solo leves indisposiciones. Los trabajos de agricultura que con ardor en este partido ocupa casi toda la gente, as como el sustento de que viven los agricultores, compuesto en la mayor parte de carne de cerdo salada y ahuma- da, dan las predisposiciones contraer flegmasas agudas que des- arrollan fiebres angiotnicas muy numerosas. Estas cuando son tratadas con el plan antiflojstico de primera especie, general- mente terminan en la curacin; mas cuando no se les opone en tiempo este mtodo curativo, degeneran en fiebre inflamatoria, 6 si no en nerviosa ptrida, quedando por ltimo y con mucha frecuencia intermitentes mas menos rebeldes, conforme la cau- sa que las sostiene. Para todos sus estados se emplean medios bastantes eficaces que comunmente obtienen su curacin; pues son raros los casos funestos, siendo muy favorable en su curso la saludable influencia del clima que no envuelve ni desarrolla en- dmicas y mortferas fiebres, como sucede con las que tienen su origen en las costas terrenos cenagosos y pantanosos. En la es- tacin de las lluvias la variedad de temperatura influencia del aire frio-hmedo, dan ocasin al desarrollo de disenteras agudas y graves; pero cuya terminacin es buena si se combate en tiem- po con un plan antiflojstico de segundo orden, terminando la cu- racin, muchas veces, repetidos vomitivos de ipecacuana; sus- tancia muy probada por sus buenos resultados en esta dolencia, cuando le acompaa, lo que es frecuente, embarazo gstrico. El nmero de enfermos asistidos por profesores mdicos el ao de 1853 fu el siguiente: Casos. Muertos. Agosto . . . Casos : Muertos. Enero. . . . 311 69 ? 15 Febrero. . . 55 5J Setiembre . 1017 57 Marzo . . . 55 55 Octubre . . 918 31 Abril . . . . 55 55 Noviembre. 1052 50 Mayo. . . . 651 17 Diciembre . 1073 23 Jiiiin 563 753 42 7 Julio . . : . Totales. . . 6398 296 Reinaron la diarrea, fiebre catarral, intermitentes, viruelas y bronquitis. 142 Ano de L854. Gagos, M ttertos. Agosto . . . Cmob. M aei i"-. Enero. . . . i 1 i 23 570 24 Febrero. . . 5o5 27 Setiembre . 053 55 229 13 Octubre . . 838 40 Abril . . . . >i ?? Noviembre. 738 10 Mayo, . . . 407 7 Diciembre . 227 8 Junio. . . . }) Julio . , . . 633 28 Totales. . . 5597 235 Predominaron las fiebres intermitentes, catarrales, las virue- las y la diarrea. La tropa tuvo los aos de 53 y 54 los enfermos siguientes: MESES. Enero Febrero Marzo Abril Mayo . . Junio Julio Agosto Setiembre Octubre Noviembre Diciembre Totales ANO DE 1853. Casos. 78 27 41 22 31 30 54 48 60 41 Muertos. 498 1 5? 1 1 1 2 1 ?? 9 9 ANO DE 184. Cass. 57 19 12 10 9 67 46 50 81 65 55 33 504 Muertos. 1 5) ?> 5 ?? ?> 4 5 6 5 3 24 N. 5. JUEISDICCION DE SAN ANTONIO ABAD. La villa de San Antonio Abad mas conocida por el nombre de San Antonio de los Baos, causa de los que proporciona el her- moso rio arroyo que le atraviesa, se halla en el interior de la Yuelta- Abajo, los 22 53' 35" de latitud N. y 76 16' 30" de longitud, occidental de Cdiz. Est rodeada de campos frtiles y cultivados, los que unidos bus escelentes calles, sus buenas casas de cantera, sus cmodos aunque sencillos puentes, sus concurridas temporadas, hacen de este pueblo una residencia grata y apacible al habitante y cUver- 143 tida al transente. Ecsiste fuera de la poblacin nn escelente cuartel que domina la villa por la parte del E\, donde regular- mente pasa aclimatarse parte de la tropa recien-llegada la Isla. !No tiene en su jurisdiccin altas montaas que rompan el ho- rizonte, ni marinas cujas perspectivas formen contrastes con las de nuestro elemento; pero la situacin de la villa en la falda meridional de una colina que se eleva con suave ascenso, y el variado y agradable aspecto de sus alrededores, coronados de millares de palmas, hace no menos agradable la vista al llegar ella que la que se goza luego ascendiendo los puntos mas emi- nentes y observando el sucesivo panorama que se estiende por el S., oriente y occidente. Si de la villa nos dirigimos al 1ST. por un terreno alto y pedre- goso, se domina el llano de rigoanabo y su vastsima laguna de juncos y espadaas, que da origen al rio de San Antonio, cu- yas aguas se pierden en el mismo pueblo, hundindose al pi de una corpulenta gusima. Este paisage termina por el "N. en los altosanos de Bauta y de Guatao, dos y tres leguas de distancia y al U. E. en la sierra de Anafe. Desde su altura se divisa todo el distrito, los llanos de Barrio y el Copey, y dos leguas el mar. Mirando al E. cierran el ho- rizonte las alturas que rodean la Habana, y la sierra del Bejucal. Volviendo al O., la propia sierra de Anafe, alzndose gradual- mente, impide estender la vista; pero subiendo su mayor altu- ra, se distingen las sierras del Cuzco. Al S. se v toda la juris- diccin; la derecha el pueblo de Vereda-Nueva, con sus potre- ros y sitios de labor; la izquierda la laguna de Ariguanabo con las alturas que en anfiteatro la rodean por el medioda: tras es- tas apenas se perciben los palmares que rodean la villa, y luego los distantes partidos de la Gira de Melena y de Alquzar, y al fin por encima de las cenagosas playas de Guanmar y Cajo, los cayos y mares de la parte del S. Tal llanura sin montaas, rios ni bosques, se estiende desde una sierra al !N"., hasta una cinaga al S.: est cubierta de sitios de labor, cafetales, potreros y algunos ingenios. En general el terreno de toda esta jurisdiccin es formado de tierra bermeja, mulata y algunas piedras; su base es de carbona- to cido de cal, causa de que sea algo soluble en el agua y de que forme cal pura cuando se calcina. La tierra bermeja es casi toda arcillosa, mezclada con sulfato de almina y otras sales; es astringuete como todas las tierras boleares y su color debido al csido de hierro que con ella est mezclado; se une al agua for- mando una lega lechosa y grasienta. En la tierra mulata hay un esceso de csido de slice'y de manganeso. Se encuentra en 144 algunos parajes una piedra de base calcrea, que decrepita al fuego, desprendiendo gas hidrosulrico y qne se descompone por la accin de los lcalis. Se conoce con el nombre de coco Hacia la parte del S. ecsiste una sabana que termina en el mar. Hay tambin un monte de rboles que llaman Costanera, fangoso y lleno de humedad, que abunda en slice y sustancias animales y vegetales en putrefaccin, constituyendo una atmsfe- ra enfermiza y productora de fiebres intermitentes de todos tipos- La base calcrea y la tierra vegetal por sislas no son aprop- Bito para la vegetacin; por eso la naturaleza, y imitacin suya el arte, combinan las proporciones en que estos elementos deben encontrarse para servir al alimento de los vegetales; porque si la cal absorve el agua con desprendimiento de calor, la arcilla mo- dera con la humedad que retiene, la eseesiva sequedad de la otra, dando origen de este modo un terreno vigoroso y feraz. En el partido de la Gira de Melena no hay rios ni arroyos, sino dos lagunas frtiles en tiempo de aguas, conocidas bajo los nombres de Guayabo y Pinea. En la poca de los Nortes se entablan en casi todos los parti- dos de esta jurisdiccin las neblinas espesas y durables hasta que el sol va subiendo, y llegan entablarse los vientos. Refrescan la atmosfera, dan las plantas la humedad necesaria para su crecimiento; su descomposicin en las hojas de estas les hace ab- sorver los principios indispensables para su nutricin, ecsalando gas ocsgeno, til para la respiracin; pero a la sombra y de no- che desprenden zoe y gas cido carbnico perjudicial la salud. Las enfermedades nerviosas, y toda afeccin que tiende ha- cerse convulsiva, son muy frecuentes: las visceras del vientre su- fren tambin mucho causa de la sensibilidad que les comuni- can el cutis y el cerebro y de la suma movilidad que producen en ellas los estmulos de que se abusa en este pais. Desde Mayo Setiembre se presentan gastritis agudas, dolor espasmdico de estmago, diarreas, disenteras por el inmodera- do uso de Jas frutas, principalmente del mango, abundante en resina, y estimulante que produce irritaciones de la mucosa in- testinal, origen de estas afecciones, las que ceden al uso bien combinado de los lacsantes, sub-cidos y los mucilaginosos. En los meses restantes reinan las afecciones de los nervios, co- mo epilepsias, convulsiones y espasmos, inflamaciones de las membranas serosas y mucosas, como pleuresas, hepatitis, gastro enteritis, catarros, anginas, reumatismos, etc. Ceden los mto- dos antiflogstico y sudorfico. Los habitantes presimos las sabanas y cinagas, sufren los males de carcter crnico, que tienen su asiento en los sistemas mucoso, linftico y celular, como son la leucorrea, diarrea, escr- 145 fulas, tumores blancos de las articulaciones, hidropesas, apople- gas serosas, fiebres intermitentes, perniciosas, atcsicas, etc. etc. San Antonio goza de un hermoso temperamento, de que va disfrutar en el verano una buena parte de la poblacin de la Ha- bana y proporciona un punto propsito para convalecer los mi- litares que han sufrido enfermedades largas y de alguna gra- vedad. Durante el ano de 1853 se han contado los enfermos siguientes: MESES. PARTE CIVIL. PARTE MILITAR. Casos. Muertos. Casos. Muertos. Enero 31 21 45 53 66 51 82 59 33 43 54 45 4 3 5 ? 2 3 7 4 6 1 3 35 11 13 10 21 17 12 32 21 31 29 22 Febrero 5 Marzo 37 Abril 5> Mayo 7* 1 Junio 1 Julio Asrosto "7 1 51 2 1 Totales . . . 583 38 254 6 Ao de 1854. PARTE CIVIL. PARTE 1 VIILITAR. MESES. Casos- Muertos. Casos. Muertos. 60 41 48 44 37 46 85 187 87 88 36 27 97 1 2 7 9 3 11 22 10 9 4 2 37 11 3 26 30 22 82 78 48 33 25 4 7 1 Abril Mayo k Junio i Julio 4 Agosto 16 o > 10 2 4 77 Totales . . . 786 80 399 37 19 146 La poblacin por partidos es como sguo: San Antonio. . . , 7968 almas-. Gira 7226 Vereda Nueva 4146 Alquzar 4366 Govea 1516 24222 Sus pueblos son: San Antonio, Alquzar, Gira de Melena, "Vereda Nueva, su aldea el Palenque Guaibacoa y sus caseros Guanmar, Cajo, Govea, Caimito y Tumba-Cuatro. La guarnicin de San Antonio es transente, pues los mas de los militares que all viven son reclutas que pasan su aclimata- cin convalecientes, pero puede calcularse como termino medio de cien hombres. N. 6. JUKISDICCION DE LA HABANA. La jurisdiccin de la Habana comprende los partidos de Puen- tes-Grandes, Quemados, Arroyo-Naranjo, Calvario Isla de Pinos. El terreno es en parte llano con algunas ondulaciones, y en parte compuesto de lomas de alguna elevacin, que sin embargo no merecen por su altura el nombre de montaas. Entre ella3 descuellan las de San Antonio el Chiquito, en cuva cspide se halla el castillo del Prncipe; las de Jess del Monte, distinguin- dose la loma de Joaqun y la de Luz; las de la Habana, siendo 3a principal la de Soto, sobre la que estn construidas las fortale- zas del Morro, Cabana y Nmero 4. Entre las dems que rodean bu baha y la hermosean con su constante verdor, formando una vista agradable y deliciosa, se v la llamada de Atares, donde se halla el fuerte de su nombre. Toda la jurisdiccin se halla sobre un banco calcreo, con una capa de tierra vegetal mas menos profunda, compuesta de ar- cilla, arena, csido de hierro y humus, propia para las distintas producciones vegetales que se cultivan en !, dando con profu- sin hortalizas, legumbres, frutas y granos en las diversas estan- cias y sitios de labor que ocupan casi toda la estension del terreno. Se conocen los rios Marianao que pasa orillando el pueblo de su nombre, con un agua esquisita y agradable; Chorrera, que na- ce con el nombre de Jicotea, tomando despus los de Jiaraco, Chorrera, Catalina, Calabazar, Almendares, Puentes-Grandes, y 147 ltimamente de Chorrera al desaguar en el mar al K.; el Luya- no, que forma la lnea divisoria entre la Habana y Guanabacoa v desagua al S. de la baha. Ko hay mas laguna que la de Curbelo en el origen del rio Al- mendares y el ojo de agua en la Catalina; manantial estenso y sumamente vistoso y pintoresco que llama la atencin de los que lo visitan. Sus puertos son los de Marianao en la boca del rio, con torren y algunas casas; la Chorrera, igual ste; y el de la Habana, con las ensenadas de Marimelena, Guasabacoa y Ataros. Tiene un puente sobre el arroyo Mordazo, que es de sillera y y con un arco que se tiene por el mayor de la Isja. Otro sobre el rio Almendares en Puentes Grandes, de madera, con buenos es- tribos de cantera. Uno en Marianao, de ojo pequeo gtico, con grandes terraplenes y buenos muros de sillera. Uno en el rio Luyan, de tres arcos, construido con piedra de sillera, de nota- bles proporciones y de forma elegante y atrevida. CIUDAD DE LA HABANA. Se halla situada los 23 9' de latitud K, y 76 4' de longi- tud occidental de Cdiz, en la margen occidental de su hermosa baha. Todo su recinto, menos la parte que ocupa el muelle, est rodeado de murallas con diez baluartes y siete puertas, teniendo hacia la baha y entrada del puerto la batera castillo de la Punta, el baluarte de San Telmo, la batera de Santa Brbara, y el castillo de la Fuerza al jST.; y al S. los baluartes de Paula, San Jos, el Matadero, con una puerta, y el de la Tenaza. La estensa llanura que ocupa Ja poblacin, hizo que este ter- reno se prefiriese al del otro lado de la baha, en razn que el que ocupa hoy el pueblo deHegla presenta lomas de alguna con- sideracin, inconveniente no pequeo para formar nna ciudad considerable. La inclinacin natural que se v desde Puerta de Tierra hasta la baha es mas menos sensible y en forma de abanico, habien- do desaparecido algunas desigualdades, proporcin de la regu- laridad que se ha ido dando las calles con las infinitas compo- siciones y rellenos que han hecho tan necesarios las muchas llu- vias del tiempo de verano y el incesante trfico de carruages de> todas especies que las cruzan continuamente. Aun quedan todava algunos vestigios de ellas, principalmen- te en las calles de Chacn, Pea-Pobre y plazuela de San Juan de Dios; que indican que antes de construir la ciudad habia mu- chas corrientes naturales que conducan las aguas llovedizas la baha. 148 El terreno primitivo es calcreo, grueso y cascajoso, como for- mado de ostras, y de una dureza estraordinaria, que va disminu- yendo en algunos puntos basta hacerse desmenuzable. Los barrios de Guadalupe, Jess Mara y San Lzaro, situa- dos estramucos, participan del mismo terreno, teniendo dos cor- rientes bastante marcadas, una al S. hacia el fundo de la baha y otra al mar del N. La superficie del barrio de Jess Mara es de aluvin de re- bnenos artificiales; es el mas enfermizo de todos, porque el piso Be compone de los restos de plantas martimas; es pantanoso y est cegado con las basuras de la ciudad. Los miasmas despren- didos de estos parages son perjudiciales la salud, y las epide- mias se propagan en el con una rapidez admirable, favorecidas al mismo tiempo por la miseria y poco aseo de los infelices que viven en aquel parage, que siempre llevan consigo un germen de destruccin y de muerte. En la parte del "N. se halla el barrio de San Lzaro, gozando de las circunstancias que proporciona un perfecto estado de sa- lubridad. Est sobre un grueso banco calcreo de donde se han sacado y sacan hermosas piedras de cantera. Parte de este ban- co est cubierta de arena y parte lo oculta una tierra bermeja que tiene gran cantidad de almina y csido de hierro. La abun- dancia de aguas y las brisas lo hacen completamente sano y sa- ludable. Se halla en l la quinta casa de salud de San Leopoldo. Carraguao, que comprende en su recinto el puente de Chavez y los dos mataderos, se halla en un suelo bajo y pantanoso, sin embargo de que una porcin de este barrio contiene un terreno variado y con corriente que lo hacen bastante sano. El barrio de Atares empieza en el canal de desage desde el puente de Chavez hasta la ensenada deTallapiedra. Contiene el establecimiento de la casa de salud Quinta del Hey. El temperamento de este barrio es fresco y saludable por las continuas brisas que reinan, y su terreno hacia la parte del S. es algo cenagoso. En l se halla el castillo de su nombre, cuya falda se estable- ci un cementerio provisional en tiempos de clera, donde se se- pultaron 2954 cadveres pertenecientes al hospital militar, al de- psito de Cimarrones, y los barrios de Guadalupe, Jess Ma- ra, Pilar y Jess del Monte, durante los aos de 1852 y 1853. Se le calcula una poblacin de 2856 almas. El barrio del Pilar goza de un temperamento muy fresco y bastante saludable, y sus terrenos, aunque en parte cenagosos, son buenos, dando solo lugar algunas intermitentes simples: 3492 habitantes. El de Yillanueva consta de 2294 almas, y su temperamento es 149 hermoso, fresco, saludable y sus terrenos muy secos. Las fiebres catarrales y las intermitentes simples son las enfermedades pre- dominantes. En el barrio del Cerro, donde ecsiste el deposito de negros ci- marrones, hay hermosas quintas y casas de recreo; tendr unos 2852 habitantes; es bajo y hmedo del puente abajo y de ste hacia arriba seco, ventilado y saludable. Se ven las fiebres in- termitentes. Tiene varias pendientes y muchos brazos de la Zan- ja que lo abastecen de agua en abundancia. El de Jess del Monte tiene terrenos altos, secos y quebrados, particularmente en lo que ocupa la poblacin, que ser de unos 3992 habitantes. Hacia el E. hay una parte que es algo cena- gosa, pero en lo dems pocos barrios habr que aventajen este eon respecto la situacin que ocupa. Su temperamento es her- moso y bastante fresco: muchas personas van convalecer este punto, pues no se notan mas enfermedades que las anginas y al- gunas disenteras. El de Luyan se halla en terreno seco y llano; se disfruta en l de un temperamento fresco y tan saludable que no se notan en su recinto sino las dolencias comunes las diversas estaciones. El barrio de Arroyo-Apolo sufre las mismas enfermedades y tiene una temperatura agradable y un clima bastante sano. El del Prncipe es sano, seco y saludable. Contiene el castillo de su nombre, el fuerte de San STazario, el torren de la Chorre- ra y la batera de Santa Clara. El barrio de Puentes-Grandes, es una hermosa poblacin si- tuada al estremo occidental de la de estramuros de la ciudad de la Habana. Se encuentra antes de llegar l la llanura llamada la Cinaga y el Mordazo, pequeo casero que pertenece las Puentes, separado de l por un brazo del Almendares. Todo el barrio est atravesado de S. L por este mismo rio que divi- dindose en dos brazos en el punto que llaman la Laguna, va desaguar en el mar pasando por debajo de dos magnficos puen- tes que han dado su nombre la poblacin. Su situacin es brillante y su temperamento fresco y saluda- ble, como que sus terrenos son altos y sumamente secos pesar de la abundancia de aguas. Por esta razn y por las continuadas brisas que lo baan, es uno de los puntos mas concurridos en las temporadas de verano. La poblacin es variable, segn las po- cas del ao; all no hay enfermedad alguna reinante, pues solo aparecen muy pocas de las comunes todos los temperamentos y todos los climas. Las calles de la Habana generalmente son rectas !N"JS\0. S.S.E. y E.N.E. S.S.O., direccin que permite sombra en ellas la mayor parte del tiempo posible. Las de intramuros son algo 150 estrechas, y esceptuando las principales, pa vi alentadas de grani- to, que no llegarn tal vez ocho, las otras se resienten del con- tinuado trfico de carruages de todas clases que las cruzan, sin que haya bastado mejorar su piso de un modo conveniente al constante esfuerzo para ponerlas transitables con reparaciones continuas, y sin que haya medio de evitar el muchsimo polvo en tiempo de seca ni los grandes lodazales que produce el menor aguacero. Ademas de los barrios estramuros de que he hecho mencin, comprndela Habana los pueblos de Regla y Casa-Blanca en el litoral opuesto del puerto, comunicndose con el primero por medio de vapores y con el segundo por los botes guadaos par- ticulares. En la poblacin de fuera de murallas hay muy buenas calles 6 calzadas y paseos, contndose entre aquellas las de Galeano, de la Reina, de la Infanta y otras, y entre los segundos la Ala- meda de Isabel II, la de Tacn, la calzada de Belascoain, etc. Tiene toda la ciudad infinitas fuentes y pajas de agua en las casas particulares que abastecen de este lquido sus habitantes, mediante una corta retribucin anual. Se cuentan entre los edificios pblicos una crcel, perfecta y slidamente construida, con las condiciones de salubridad nece- sarias, la que tiene su frente un cuartel para tropa de infante- ra y su fondo otro para el presidio correeccional; cinco cuarte- les sin contar los de las fortalezas; un hospital militar, tres de ca- ridad y cuatro quintas casas curativas con alguna otra particu- lar donde se asisten enfermos transentes y sin familia que los cuiden y no son bastante pobres para pasar los hospitales de caridad. El cuartel de la crcel es un edificio de piso alto, con sufren- te la brisa, perfectamente ventilado y donde puede alojar un regimiento, aunque no con todo el desahogo y comodidad que se requiere en un clima como el de la Isla. El de la Fuerza, situado en uno de los ngulos de la plaza de Armas, tiene ocho cuadras de piso alto y bajo para las ocho compaas del regimiento de Iberia actualmente acuertalado en l. Son bastante capaces y con la ventilacin suficiente para mantener la salubridad de la tropa. Otra para convalecencia, donde cmodamente pueden estar treinta hombres. Una para la msica, capaz para cincuenta. Otra que sirve de almacn, y una para la escuela. Ademas, hacia el frente que cae la entrada del puerto, tiene un edificio de tres pisos, donde se hallan los pabellones de gefes y oficiales, con balcones al muelle y una ventilacin admirable. El de San Ambrosio de tres pisos, donde estuvo el hospital 151 inilitar por mnclios aos, es pequeo para el nmero de hombres que compone un regimiento, aunque sus cuadras se hallan bien ventiladas, y con el desahogo de un patio bastante capaz con fuente y lavadero. El de Artillera, donde se aloja la brigada maniobrera del ar- ma, consta de un solo piso, con un patio espacioso y empedrado, y otros varios pequeos, que comunican entre s y con el ante- rior, dejando aisladas las cuadras de la tropa, caballerizas, coci- nas, escusado, etc. Las cuadras son tres, bastante capaces y bien ventiladas, donde puede estar el soldado con comodidad. Hay una sala de convalecencia, otra de almacn, albeitera, talabarte- ra, depsito de material parque y caballerizas para contener cmodamente de 90 a 100 caballos; fuente y pozo bastante frtil. El de Lanceros se halla estramuros en una plazoleta de la ca- lle de Dragones, contiene cuatro dormitorios cuadras para la tropa, donde alojan dos escuadrones y la escolta del Capitn Ge- neral. Son en general poco ventilados y estrechos, para el nme- ro de plazas que contienen; mas en razn de las distintas comi- siones y partidas en que se divide esta fuerza suelen estar los que quedan de servicio con alguna franqueza y comodidad. En resu- men, el nmero de hombres que por lo regular viven en l es de ciento noventa y ocho. El cuartel chico, poca distancia del grande, tiene una sola cuadra donde alojan 128 hombres que sufren las mismas altera- ciones de aumento y disminucin que las que esperimentan los del cuartel grande por razn de partidas, destacamentos, etc. Tie- nen uno y otro buen patio, caballerizas suficientes para el n- mero correspondiente de caballos, agua abundante, y todas las dependencias que ecsige el servicio del arma de caballera. Para la compaa de zapadores de Ingenieros se ha fabricado este ao un cuartel de madera en la muralla que est sobre la puerta de Tierra, perfectamente ventilado y muy capaz para el nmero de plazas de que consta dicha compaa. El castillo del Prncipe sirve tambin de cuartel, aunque rara vez aloja en l un regimiento. Tiene veinte y cuatro cuadras pa- ra dormitorios de la tropa, almacenes, cantina, calabozo, presidio, pabellones, etc. etc.: en general son oscuras, hmedas y poco ventiladas. Esta fortaleza se halla situada al O. de la ciudad, es- tramuros, al fin del paseo de Tacn y sobre la principal loma de San Antonio el Chiquito. La subida es bastante incmoda y fa- tiga mucho la respiracin. Cerca de este castillo est la fortale- za batera de San Nazario con dos habitaciones de manipostera y una de madera que sirve de almacn de artillera. Al N. del Prncipe y presima al mar se halla la batera de Santa Clara, donde practican los artilleros sus egercicios doctrinales. 152 El castillo de la Punta, cuyos fuegos se cruzan con los del Morro y Cubana, se halla construido la entrada del puerto y solo tiene un destacamento de guarnicin con algunos presidiarios. El castillo del Morro, que forma la punta E. de la embocadura del puerto, se halla construido sobre rocas naturales. La tropa se aloja en diez grandes bvedas, cinco de piso bajo y otra9 cin- co de alto, sin otra ventilacin que las puertas y ventanas de uno y otro estremo de ellas. Hay pabellones para oficiales, casa para el gobernador y gefes, y un depsito de agua de bastante es- tension y de veinte varas de profundidad; es esquisita y mejor que la de algive. En el ngulo mas saliente de la fortaleza se ha- lla la torre de la farola, y el depsito de banderas para las sea- les que hace el viga la plaza. Sigue este castillo la gran fortaleza de la Cabana con 18 b- vedas enteras cuadras para la tropa, 22 medias bvedas, que sirven de calabozos, cantina, depsito de carbn, cuarto de ban- deras, cuerpo de guardia, cocinas, armera, depsito de licencia- dos y dormitorio de algunos ingenieros. Las cuadras de la tropa, de piso bajo y alto, tienen cada estremo una puerta y dos pe- queas ventanas; por consecuencia hay poca ventilacin princi- palmente de noche. Hay ademas 8 medias bvedas para la guar- nicin de artillera, msica, almacenes y cantina, 20 para el pre- sidio y cuerpo de guardia, 24 pabellones para oficiales y otros para oficinas etc. etc., 4 algives y un gran depsito de agua, casa para el gobernador y gefes. El Numero Cuatro se halla poca distancia hacia el E., tiene un pequeo destacamento y suele, como sucedi el ao de 1854, eervir de hospital provisional en tiempo de epidemias. El hospital militar, con la denominacin de San Ambrosio, es- t situado en el gran edificio que sirvi de Factora de tabacos, ni S. de la poblacin de estramuros, y tocando al mar por el fon- do de la baha, cuyas aguas lamen sus paredes posteriores. Su capacidad es suficiente hasta para mil camas; se halla bien venti- lado y asistido hoy, pero su localidad es psima, y poco nada apropsito para esta clase de establecimientos. Se han instalado en l 29 hermanas de la Caridad para el cuidado y buena asis- tencia de los enfermos. El de San Juan de Dios puede mirarse como un modelo de hospitales por la asistencia, aseo, limpieza y hasta lujo que en l se observa, principalmente de dos tres aos esta parte. Pue- de contener con comodidad mas de doscientos enfermos; tiene asignadas 12 hermanas de la Caridad. 153 Estado demostrativo del movimiento necrolgico ocurrido en et hospital de San Juan de Dios de la Habana desde 1? de Ene- ro de 1853 hasta fin de Diciembre del mismo. Clera. Fiebre amuri- lla. Calen- turas. Tsis. Virue- las. Sfilis. Varas enfer- medad. Total. Ecsist* en 1? de Enero 1 115 43 73 1 150 98 50 299 3 43 1592 1284 324 3245 12 40 10 36 98 42 196 204 34 476 2 5} 2 4 V 17 796 612 176 1601 92 US 2891 2251 695 Total 232 5953 Ecsist? en fin de Dbre. m 6 128 El de mngeres hospital de Paula, 8e halla en el mismo caso que el anterior, y cuenta con 7 hermanas. El de San Lzaro, situado estramuros y casi al fin de la pobla- cin por la parte del O. y costa del N., tiene dos salas qne pue- den contener quince enfermos, y treinta y tres casitas pequeas donde pueden habitar hasta seis personas y las habitaciones su- ficientes para los empleados del establecimiento. A este han to- cado 4 hermanas de la Caridad. Hay ademas cuatro quintas casas de salud para particulares, y varias casas curativas establecidas en distintos puntos de la poblacin. Los partidos pedneos de la jurisdiccin son, segn he dicho, Puentes-Grandes, Quemados, Arroyo-Naranjo, Calvario isla do Pinos. Los pueblos que contiene son: Casa-Blanca, en la orilla N. del puerto, Regla en la oriental; Calvario, Arroyo-Naranjo, Morda- zo, Puentes-Grandes, Quemados, Marianao, San Antonio el Chi- quito y Nueva-Gerona. Las aldeas: la del Pescante, entre el Mor- ro y a Cabana; Mantilla, Chorrera, Arroyo-Apolo, Playa de Marianao y Luyan. Cuntanse ademas los caseros: Chorrera del Sur, San Juan, el Puente, la Seiba, Quemado- Yiejo y Uri- bazo. En la ciudad de la Habana se padecen casi todas las enferme- dades conocidas en la medicina, aunque algn tanto modifica- das, como he dicho, por el clima propio de los paises intertropi- cales. Las principales y mas comunes son las espuestas al prin- cipio de esta obra y de las que escuso volver tratar por evitar 20 154 molestas repeticiones. Mas no estar Jemas esponer el nmero de las que se han presentado el ao de 1853 la prctica de la medicina. PARTE CIVIL. PARTE MILITAR. MJCxiB. Casos. Muertos. Casns. Muertos. 3479 2135 1612 1663 1870 2121 3250 3368 3008 2391 2266 2128 276 208 101 86 170 174 438 447 391 140 279 180 2890 485 314 411 429 454 550 724 703 578 476 424 326 48 14 1& Abril 23 9 22 Julio 74 Agosto . . 59 Octubre 26 24 12 13 Totales . . .| 29291 5874 342 De los 29291 enfermos se cuentan de fiebre amarilla 4444 con 575 muertos, en esta forma: MESES. Enero . . . Febrero . . Marzo. . . Abril. . . Mayo . , Junio . . . Julio . . . Agosto . . Setiembre . Octubre . . Noviembre . Diciembre . PARTE CIVIL. Casos. Totales 44 2 9 19 71 383 919 944 724 629 517 183 PARTE MILITAR. Muertos. .( 4444 35 )) ? 11 52 84 97 121 89 86 26 Casos. Muertos/ 1040 194 No estn especifica- dos por meses en el estado general de es- te hospital que ten- go la vista, porque en esa fecha no esta- ban dichos estable- cimientes bajo la di- reccin del Cuerpo de Sanidad militar. 575 155 Relacin de los enfermos de fiebre amarilla pertenecientes 4 la Marina, que han sido asistidos en el hospital militar y dems puntos que se dirn, desde primero de Julio hasta el dia 7 de Octubre de 1853. Entra- Cura- Falle- Eesis- Proporc. dos. dos. cidos. teutes. de muTt. Hospital militar 733 525 215 33 28p.g' En el Nmero 4, desde el 26 de Set. 87 48 10 29 12 E el de Belot, desde el 17 de id. . 109 65 15 29 1* En el del Gallinero , desde el 27 id. 29 13 1 15 i En el deS. Leopoldo, desde el 27 id. 23 4 3 16 13 ,. Las dos ltimas proporciones no pueden servir de tipo por el corto tiempo en que se toman. En la convalecencia del Keal Arsenal, desde 21 de Agosto entraron 400: de ellos han ido 348 sus destinos, 30 han vuelto al hospital, y quedaron 29 ecsistentes. Resumen. Entrados. Salidos. Fallecidos. Ecsistent . 773 525 215 33 87 48 10 29 109 65 15 29 29 13 1 15 23 4 3 16 Total 1021 655 244 122 Invadidos de la misma enfermedad desde l 7 de Octubre hasta, el 4 de Noviembre, fecha en que se remiti el ltimo estado la Superioridad. ^^^ En el Hospital militar. En el Nmero Cuatro. En Belot En el Gallinero , . . En San Leopoldo . . En Garcini . . . . Total Entrados Fallecidos. 38 6 75 7 1 1 8 2 3 2 16 4 141 22 Curados. 32 68 ?* 6 1 12 119 Nota. Muchos de los individuos invadidos terminaron en c- lera cuando estaban en estado de convalecencia. 156 Cuadro estadstico-necrolgico que ofreci el puerto de la Haba- na en el ario de 1853, durante las enfermedades que reinaron en fos buques surtos en l los ltimos meses del ao, cuyas no- ticias se lian tomado de las que peticin de la Comandancia General del Apostadero han facilitado los Cnsules estrange- ros y la Comandancia de Matriculas de esta provincia. Nmero de muertos. Nmero de buques que pertenecen. Enfermedades de los fallecid. NACIONES. Clera. Fieb. amarilla Espaoles mercantes . . 100 54 23 77 Franceses id. . . . . 34: 4 ?? 34 Ingleses id 32 16 2 30 Americanos id . . . . 75 50 6 60 Belgas id 10 5 2 7 Holandeses id . . . . 3 3 no se es plican. Bremeses id 3 nose indie. 1 8 Hamburgueses id. . . ?? ?) )> Totales . . 263 132 34 216 Notas. Segn se echa de ver de los datos originales que han servido para la formacin de estos apuntes, las noticias estracta- das no pueden ser tan amplias como era de desear y lo ecsige un cuadro estadstico; sin embargo, ademas de las estampadas arri- ba, constan en las comunicaciones oficiales recibidas las espira- ciones siguientes: 1* Ignrase la muerte de los individuos de mar espaoles que 6e quedaron en tierra por enfermos la salida de sus buques, y que se infiere hayan fallecido, ecsistiendo como todava ecsisten en la Comandancia de Matrculas, los papeles que les pertenecan y fueron entregados por sus capitanes. 2* En el numero de muertos dlos buques espaoles mercan- tes se cuentan 10 pilotos, 6 agregados, un mdico y un contra- maestre. 3* Muchos de los buques franceses han perdido mas de la mi- tad de sus equipages, y solo se sealan como ejemplo los tres de que se ha hecho referencia sobre un personal de 42 plazas, con- tndose entre los fallecidos 3 capitanes de travesa, y aadindo- se la circunstancia de que una parte de los invadidos fueron vc- timas del clera en la convalecencia de la fiebre amarilla. 4. a El total de marinera mercante inglesa entrada en la Ha- bana en todo el ao de 1853 ascendi 1363, sin contar las ma- las-vapores: los 32 muertos que se sealan no pertenecieron pre- 157 lisamente los meses de la epidemia, pues 7 de ellos murieron antes de Setiembre. 5* En cuanto la marina mercante de los Estados-Unidos, figuran entre sus muertos 2 capitanes y la esposa de otro; en el concepto de que los 15 illeeidos que faltan en su easilla para completar el total de 75 fueron vctimas de otras varias enfer- medades. 6? Por lo que liace los belgas, el personal de las dotaciones 1 >1 5) 5) 55 55 5? 55 55 55 n PARTE MILITAR. Casos. 35 6 8 2 2 93 18 12 22 13 7 10 148 Muertos. 1 2 2 > > 2 3 1 3 3 17 NUMERO 7. JURISDICCIN DE SANTIAGO DE LAS VEGAS. De esta jurisdiccin, es cabecera la ciudad del mismo nombre, que se halla situada al S. de la lia'bana la distancia de unas cinco leguas, en la latitud de 22 57', 00" y longitud occidental 76 7', 10" del meridiano de Cdiz. Su piso es llano, seco y sa- ludable, hallndose al pi de la Sierra de Santiago, mas conoci- da por el nombre de Sierra del Bejucal, que la domina por la parte del S. en un terreno sobrante realengo que contiene cua- tro caballeras de tierra. La ciudad de Santiago tiene un hospi- tal de caridad y otro militar que se ha cerrado hace poco tiempo. En l se asistan los soldados que de distintos cuerpos de la guar- nicin de la Habana pasaban trabajar en la construccin del nuevo cuartel y ademas los individuos convalecientes que por razn de sus enfermedades crnicas salud valetudinaria, eran destinados ese punto que se considera como muy fresco y sa- 1 C>5 ludable para fortalecerlas constituciones deterioradas por largos padecimientos. El espresado cuartel est sinado un estremo del pueblo la derecha del camino que conduce desde la Habana este punto, al !N". de la ciudad y con su fronte fachada principal al E. Es un edificio escelente y renne todas las condiciones de la salubri- dad, ventilacin, capacidad y compartimiento, que pueden de- searse en esta clase de obras, pues si bien se halla en el terreno mas bajo cercano la poblacin, se ha obviado este inconvenien- te levantando el plano de situacin por medio de rellenos, y dan- do mayor declive las aguas llovedizas, que de otra manera se hubieran apoyado al rededor del edificio, con perjuicio de su es- tabilidad y de la salubridad de la tropa all acuartelada. Su planta es un cuadrado cuyos lados !N". y S. constituyen las cuadras para cuatro compaas en el piso bajo y otras tantas qu8 correspondindose con las mismas ocuparn el piso alto. La corriente natural de agua mas prcsima Santiago es el rio del Calabazal, que dista legua y media de este punto, y como el pueblo est muy elevado sobre el nivel del mar, se imposibilita tanto el adquirirla por medio de pozos, que en la poblacin hay muy pocos, y algunos de ellos con ciento veinte varas de escava- cion, por lo que el vecindario ha construido en las casas peque- os algives, cortos en nmero, y capaces solamente para atender las necesidades da una corta familia. Este es el grande incon- veniente que se encuentra en Santiago para alojar mucha tropa, pues aunque los algives que se construyan en el cuartel podrn bastar para las primeras necesidades de beber, guisar, lavarse y atender la polica del edificio; pero de ningn modo para aten- der lo que necesita una tropa que se halla en aclimatacin, tai como baos, lavado, etc. La salubridad de la poblacin es inmejorable y seria un pun- to soberbio de aclimatacin y convalecencia sino fuese tan esca- so de aguas. En el ao de 1851 estuvo destacada en Santiago una compaa del regimiento de Bailen que lleg la Isla en 1850. Tuvo algunos enfermos en el hospital atacados de la fiebre de aclimatacin (que por lo general suele ser muchas veces el vmito aunque en grado benigno), y de esta fuerza solo perecie- ron dos tres individuos, segn noticia del Profesor de aquel hospital. A la idea de la conclusin del cuartel va unida la de la cons- truccin de un hospital de la capacidad proporcionada la fuer- za que aquel pueda contener. El nico hospital que tiene San- tiago es el de Caridad, sostenido por la poblacin, pero tan re- ducido y en tan mal estado que en manera alguna puede llenar el obgeto de uno militar. Habia ademas, para este ltimo inten- J (Hi- to, ana easa particular embargada por la leal Hacienda, que bv bien se halla construida en un solar bastante capaz, seria necesa- rio reedificarla casi totalmente y hacer gastos de consideracin para convertirla en un hospital de 150 canias. Hoy se halla su- primido el hospital militar y los enfermos de la poca tropa que haya en aquel punto y no puedan pasar la Habana se asisti- rn en el hospital de Caridad de que hemos hablado, por cuenta de la Hacienda. Los terrenos de esta jurisdiccin son llanos en general y de calidad superior a causa de la mucha tierra vegetal que contie^ nen, ya roja ya negra y mulata. A pesar de esto hay parages en ella que los tienen malos para la vegetacin y por esta causa se' concretan las siembras la maloja, maz y viandas. Se divide la jurisdiccin, fuera de las cuatro caballeras de tier- ra que comprende la ciudad, en cuatro cuartones y cinco parti- dos: los primeros son D* Mara, Rincn, Boyeros y Calabazal: los segundos AVajay, Bauta, Guatao, Arroyo-Arenas y Cano. En el cuartn de D. a Mara hay varias lagunas artificiales y el arroyo Jbaro, que se incorpora en el Almendares. El del Hin- cn, cuyo terreno es en parte llano y en parte quebrado, tiene algunos parages pantanosos en tiempo de lluvias, y varias lagu- nas frtiles. Pertenece l la sierra loma de Santiago 6 de Bejucal. Varias lagunas artificiales se ven en el de Boyeros y el arroyo Jbaro le pasa por su centro, as como por el del Cala- bazal. El partido de "Wajay tiene el terreno desigual, tanto en cali- dad como en superficie; se halla una montaa loma de poca ele- vacin, cuatro arroyuelos que desaguan en el rio Almendares y otros cuatro en el de Govea. Se encuentran diez lagunas frtiles de las cuales cinco son de una regular estension. Los terrenos en- general son bajos, lo que da lugar a que en la estacin de las aguas se formen muchos pantanos. El agua de los varios pozos que tiene este partido solo es potable en algunos de ellos. El del Cano cuenta seis arroyos que se unen al rio de Maria- nao; es su terreno muy bajo y da muy buena greda para las obras de alfarera. Cerca de la poblacin pasa uno de los arroyos que conocen con el nombre de Ahoga-ratones, y desagua en el de Arroyo- Arenas. Hay varias lagunas, siendo una de ellas la lla- mada Coca que conserva agua todo el ao. Arnyyo-Arenas cuenta el de su nombre que se une al rio Jai- manitas, y la laguna del Quib en la costa, continuacin del rio de Marianao. La poblacin se halla en parage algo elevado por lo que es bastante fresca, principalmente de noche. En los meses de aguas crece bastante el arroyo dando lugar a la reunin de multitud de vegetales que se estacionan all, se corrompen y des- ] 67 piden emanaciones miasmticas la manera de los pantanos; tiene su hermoso puente de tres ojos. En el casero de Canta- ranas, prcsimo Arroyo-Arenas hay un pozo que segn un an- lisis que se hizo de sus aguas por disposicin gubernativa, es se- mejante la del templado de Ioh baos de San Diego. En el Guatao se halla el principio del rio de Jaimanitas que lo forman varios arroyos; todo este partido es cenagoso y propen- so calenturas intermitentes, disentera que hace bastantes es- tragos, diarreas hidropesas. Bauta tiene las lomas llamadas de Marcial, de la Pastora, am- bas de poca elevacin, y la sierra de Anafe. Le pertenece el rio de Sta. Ana Bauta, el de Baracoa y el de Santa-Cruz que se une aquel. Varios arroyos entran en dichos rios, de los que se forman distintas lagunas, y le sirve de lindero por el S. la de Ariguanabo. El nmero de habitantes de Ja jurisdiccin es el que sigue: Ciudad de Santiago . . 2172 D. a Mara. ..... . 791 Rincn . . . . . 567 Boyeros , . 872 Calabazal 880 "Wajay . 1585 Cano . . . . . . , 1800 Arroyo- Aren as . . . . 1312 Guatao ..... 1826 Bauta. . , . . 2030 J- ' J 1 -L 1 - . 13835 Sus pueblos son la ciudad de Santiago, "Waja} r , Guatao, Cano, Arroyo-Arenas, Hoyo-Colorado y Corralillo. Las aldeas, el Ca- labazal, Rincn de Calabazas, Rancho-Boyeros, Cruz de Piedra, Cangrejeras, Santa-Ana, Liza, Cantaranas, y Jaimanitas. Los caseros, Cuatro-caminos y Sto. Domingo. Estando la ciudad de Santiago situada al pi de la sierra de Bejucal y en terreno llano y seco, sin tener al !N". y al E. otro mas elevado, claro est que constantemente debe hallarse baa- da por estos vientos, que son los que con mas frecuencia reinan; y como en su paso no arrastran emanaciones de ninguna especie de pantano ni laguna, las enfermedades son de consiguiente muy raras, pudiendo decirse que solo en el invierno y primavera e3 cuando se observan algunos casos de inflamaciones muy ligeras de los rganos respiratorios, y que terminan por lo general, en IG8 bien, bajo el influjo do un rgimen apropiado. En el otoo de los alloa abundantes en lluvias suelen presentarse leves disente- ras, principalmente en aquellas personas do la clase menestero- sa que usan alimentos de mala calidad, abusando del maiz, de frutas no sazonadas y que por ltimo no toman otra agua (pie la que recogen diariamente de las lluvias: con todo eso rara vez ocurre que termine algn caso por la muerte, bastando por lo re- gular para su curacin, la dieta y el uso de las bebidas atempe- rantes. Esta poblacin ha sido respetada por la epidemia del clera morbo, en las distintas pocas que lia invadido la Isla. La de las viruelas, si ha atacado alguno que otro individuo, ha sido con mucha benignidad. Otro tanto puede decirse respecto la fie- bre amarilla, cuando algn pennsula* recien-llegado ha caido con esta enfermedad. En suma, puede decirse (pie la ciudad de Santiago es una de las mas saludables de la isla de Cuba. En el resto de la jurisdiccin reinan las ebres catarrales y bi- liosas, disenteras y algunos casos de ttano espontneo. Las ca- tarrales ceden al mtodo sudorfico y los dems recomendados por los autores; las biliosas suelen terminar prontamente pasan- do tifoideas; su mtodo curativo es arreglado a los sntomas que se presentan, no habiendo mtodo particular para combatirlas; sin embargo, la pocin de Piorry, compuesta de sulfato de mag- nesia y nitrato de potasa, ha dado muy buenos resultados en el perodo tifoideo. Las disenteras, despus de combatidos los sntomas inflama- torios, han cedido beneficio de los vomitivos de hipecacuana, y algunos casos que han resistido este medio, se han tratado con ventajas, con una pocin preparada por el farmacutico de Santiago, cuya composicin ignoran los Profesores. El ttano es- pontneo no siempre es mortal y se ataca segn los sntomas. n el Rincn se sufren ademas las fiebres intermitentes, al- gunas de ellas perniciosas, atacndolas inmediatamente con el antiperidico por escelencia, y lo mismo sucede en los restantes partidos de esta jurisdiccin. ]STo dejan de verse con frecuencia la angina, la pnemona y la pleuresa que se tratan con los reme- dios propios para destruir estas afecciones. El ao de 1853 tuvo esta jurisdiccin los enfermos siguientes: 169 MESES. Enero . . Febrero . Marzo. . Abril . . Majo . . Junio . . Julio . . Agosto . Setiembre Octubre . Noviembre Diciembre Totales PARTE CIVIL. PARTE MILITAR. Casos. Muertos. Casos. Muertos* 48 4 J5 122 11 )) 145 20 J) 93 8 }* 55 55 ?5 108 9 J5 62 3 >5 44 12 64 5 ?J 135 3 16 55 80 5 15 55 58 3 9 1 959 83 40 1 Se presentaron varios casos de colera epidmico. "N"o hubo tropa hasta el mes de Octubre que pasaron 100 hombres para las obras del cuartel de Santiago. Ao de 1854. PARTE CIVIL. parts militar. jtt.hb.fcj 3. Casos. Muertos. Casos. Muertos, 21 2 27 55 39 2 21 1 35 7 28 1 Abril 36 5 7 55 29 14 3 2 21 16 5? 1 61 4 26 55 Agosto 116 13 14 1 Setiembre T0 9 24 55 103 11 19 ?) Noviembre 107 . 10 4 5? Diciembre 137 12 24 55 Totales. . . . 768 80 221 4 22 170 N. 8. JURISDICCIN DEL BEJUCAL. Cuentea esta jurisdiccin la ciudad del mismo nombre, los pue- blos de Quivican, San Antonio de las Vegas, Bataban y la Playa; las aldeas Santo Cristo de la Salud, Gabriel, Buena- ventura y Giro-Marrero, y los caseros Giro de Boigal y San Felipe. Sus partidos son: Bataban, Gabriel, Quivican y San Antonio de las Vegas. Los terrenos en su mayor parte son lo mismo que los de Santiago, y su costa es toda cenagosa. La ciudad de Be- jucal situada a la falda de las lomas de su nombre, se halla en parage elevado y goza de un temperamento por dems saluda- ble. No sucede lo mismo en la costa, que en razn de las ema- naciones pantanosas se padecen de un modo epidmico y casi todo el ao las calenturas intermitentes, entre las que se presen- tan muchos casos de perniciosas que necesitan la quinina con mano franca para su curacin. Su poblacin es la siguiente: Bejucal. ..... 5.895 almas. Bataban 4.070 Gabriel 4.351 Quivican 4.550 S. Antonio de las Vegas 3.165 22.031 N. 9. JURISDICCIN DE GUANABACOA. Villa de Nuestra Seora de la Asuncin de aquel nombre, si- tuada en la provincia Departamento Occidental de la Isla, media legua de la Baha de la Habana, sobre diversos cerros de piedras cuabalosas, y una altura de mucha consideracin. Su latitud 23 7' 4 V y su longitud 76 1' 45". Cuenta 8.070 habitantes dentro de sus goteras. Hay 1316 pozos de agua .potable, siendo muy delgada la que se encuentra al S. y E. de la poblacin. Dos fuentes abovedadas, la famosa del Obispo y la del Padre Jcome y varios ojos de agua esquisita al rededor de la Villa, como son el de los frailes franciscanos, el pozo de Guaicanamar, en la estancia de Tadeo, a} Poniente, el de Fray Alonso, en las mismas cercas de la estan- cia de Cabeza de Vaca al Oriente, y la Pacheca en terrenos de 171 la del Sapote, propiedad del Hoejrital, al N. Ecsisten otros titu- lados Tarraco, Albail, Barrete, Nuez, Espaol, Coronel, Casa- nova y la Negrita, qu dan nombre los baos, de que se'apro- vecha el pblico mediante una corta pensin. Son muy saluda- bles sus aguas, particularmente las de los pozos del Succino, Pa- pas y Manjabo; este ltimo se halla hoy acotado dentro de una casa particular por no ser de gran necesidad para el sostenimien- to del pblico. Hay 80 algibes abundantes, no ecsistiendo nin- guno en el barrio de Corral-Falso. De los confines de la Villa nacen los arroyos de Barreto, Nu- ezy el Albail, que desde la banda del S. cruzan la poblacin hasta una tercera parte de su superficie, reunindose en Tarraco el lecho del arroyo del Chipre, en que tambin concluye el de Fray Alonso, que siguiendo hasta el N. como la distancia de dos caballeras de tierra, se pierde en el rio de las Lajas, que serpentea la parte oriental del partido de Buena- Vista, a medio cuarto de legua de la Villa y continua a perderse en el mar en el estero de Cojmar, formando al llegar la costa un pequeo islote que llaman el Cachn. Hay dos cuarteles de infantera y caballera en que residen los cuadros veteranos, y un cuartelillo donde se aloja el destaca- mento del Egrcito que viene peridicamente a la Villa pa- ra aucsiliar al Gobierno. Tienen la capacidad y solidez necesa- rias y estn convenientemente situados. Hoy es punto sealado para la convalescencia de la tropa que la necesita. Dos hospitales para ambos secsos se hallan situados en la ca- lle de las Damas. El de hombres, que lleva el nombre del Pa- triarca Seor San Jos est junto la Plaza mayor, haciendo frente al O., y el de mugeres, que llaman de Nuestra Seora de la Asuncin, lo tiene E. en la esquina de la calle del Campo Santo. Tienen muy pocas entradas y se reciben en uno y otro hasta seis pobres, nmero de camas dotadas. No estn mal dis- tribuidos ni carecen de la necesaria solidez; pero el celo de la Junta Superior de Caridad ha dispuesto la enagenacion de am- bos edificios con la plausible mira de edificar uno en sitio conve- niente para los dos secsos bajo el plano que se formare y enton- ces habr adelantado mucho la Santa causa de la humanidad. Circundan la Villa por el O., S., E. y N. las lomas de Car- bonell del Indio, Potos, Corral-Falso, Fray Alonso y las de los Indios, todas cuabalosas y muy secas, de lo que participa el ter- reno de la poblacin. La atmsfera siempre clara y limpia no se carga sino en las turbonadas y tambin en los meses de Mayo y Abril, de una bruma que se v venir del E., as como de la que es muy comn en la Isla durante el invierno, y entrada de la primavera; atribu- 172 yndose la primera las grandes candlas que so dan en las di- latadas sabanas de las haoiondas de crianza del interior, antes do las aguas, y apoderadas de los montes vecinos, so ceban en ellos por muchos dias corriendo una gran ostensin. Su temperatura, por la elevacin en que se encuentra la Villa, varia notablemente de la de la Capital, hacindose mas visible esa diferencia, en las maanas, tardes y noches, pues solo aprie- ta el calor por la anchura de las calles y escasez de altos edifi- cios que facilitasen la sombra necesaria, desde las diez de la ma- ana hasta las cinco de la tarde. Las aguas de la Villa tienen todas provechosa aplicacin, por- que las potables se destinan al lavado y dems usos de la vida. La estacin de los baos es desde Mayo hasta Setiembre inclusi- ve, y la temperatura de las aguas la atmosfrica, teniendo las aplicaciones que desde luego se detallan. Bao del Coronel. Contiene una corta porcin de gas hidrge- no sulfurado y cierta cantidad de asfalto (petrleo), y se prescri- ben en las debilidades nerviosas, la clorosis, etc. Bao de Santa Hita: predomina el asfalto, acreditndolo el constante olor de esas sustancias que ecsalan; obran como tni- cas y resolutivas. Bao de la Condesa: es algo mas sobre cargado de gas hidr- geno sulfurado. Las mismas aplicaciones del Coronel. Baos de ISTuez, Barreto, Albail, Padre Jcome, Negrita, Casanova y alguno que otro en casas particulares: contienen ye- so en mas menos cantidad y carbonato de magnesia, cargando mas el yeso en el de Casanova. El de los padres franciscanos, situado la falda del !N". de la loma del Indio de la Cruz, es agua tan pura y deliciosa como la de la famosa fuente del Obispo, que est la banda S. de la misma loma y en igual meridiano. Por el anlisis que el Sr. Esteves hizo del pozo del Succino, resulta que sus aguas son de las mas puras, habiendo encontrado un poco de hidro-clorato de cal, ignorndose hasta ahora quien le comunica el olor succino, porque ni esta sustancia es soluble en el agua, ni se ha descubierto ei cido succnico. Estas aguas se aplican con mucho fruto los desentonos de estmago y en las diarreas, dando siempre los mejores resultados. Los pozos de la cordillera que corre de $". S. y atraviesa la Villa por la parte del E., contienen las mas escelentes aguas, so- bresaliendo uno que est en la parte superior de la cordillera y distancia de unas setenta varas de los baos de Tarraco; estos estn al Poniente y centro de dicha cordillera y el de la Conde- sa al naciente. A los confines de la Villa la banda del S. O. y 300 varas 173 de su ltima calle, se encuentra el Cementerio general, muy sli- do y de bastante capacidad, en cuyo centro se halla el clebre Santuario del Seor del Potos, construido en 1675. Crzale por el mismo rumbo del S., la gran calzada del Luyan, y por el fren- te la hijuela que conduce la Vilia por la calle de San Antonio y Potos. Los partidos y sus respectivos habitantes son los siguientes: Buena vista. . , 1276 Bacuranao 1794 Guanabo 2482 Pepe Antonio 2721 San Miguel 1457 Enfermedades reinantes. En la primavera las anginas tonsilares, ulcerosas, algunas pseu- do-membranosas, (croup,) colitis, diarreas, sin faltar en esta es- tacin casos de otras enfermedades. En el estio y otoo, las disenteras, fiebre intermitentes, catar- rales, inflamatorias, mucosas, amarilla, biliosas, tifoideas, atcsi- cas, adinmicas, continuas remitentes, etc. Durante el ao de 1S53 hubo en esta jurisdiccin 2033 enfer- mos y 91 muertos en esta forma: MESES. PARTE CIVIL. PARTE MILITAR. Casos. Muertos. Casos. Muertos. Enero 234 212 150 136 147 112 145 168 197 165 207 162 11 8 9 4 4 2 17 5 11 5 5 10 3 ?> ?} 2 2 ?? 5 17 12 3 ? 5? Febrero ) Marzo J5 Abril ?5 Mayo Junio . . 11 Julio i Agosto 4 Setiembre Octubre 5 Noviembre Totales . . . 2035 91 44 9 174 Ao de 1854. PARTE CIVIL. l'ARTK MILITAR. MESES. Oadfts, Muertot. Casos. Muer toa. 147 1 7 77 113 5 2 77 91 2 7 77 Abril 77 1 11 77 115 3 9 77 125 9 10 5 158 14 12 1 211 8 3 77 218 17 3 77 237 24 13 3 184 6 16 77 169 11 6 77 ToTALBS. . . . 1845 101 92 9 Las enfermedades que han predominado han sido calenturas intermitentes, catarrales, tifoideas, amarilla, diarreas, disente- rias, anginas, croup y varicela. Hubo una compaa de guarnicin. K 10. JURISDICCIN DE Sta. MARA DEL ROSARIO. El terreno de esta jurisdiccin es en parte calcreo, pedrego- so y arcilloso. Hay varias lomas de naturaleza caliza, y una ser- rana del Sudoeste al S., cubierta de montes, as como una lnea de lomas conocidas con el nombre de Candela limpias de vege- tales y cuyo terreno es calcreo. Desde el E. al . y Noroeste ecsiste otra cadena de sierras montuosas y pedregosas, donde la vegetacin se manifiesta mas menos lozana y por manchones que hacen variar al infinito su aspecto. Varias lagunas contiene la jurisdiccin, as como rios y arro- yos que la fertilizan por distintos puntos, aunque hay parages donde las aguas son bastante escasas, como sucede en la ciudad de Santa Mara del Rosario, cabecera de la que nos ocupa. El terreno de esta Ciudad es elevado y cuenta solamente con dos pozos bastantes frtiles para surtir de agua la poblacin, que consta de 450 habitantes. Consta la jurisdiccin dla Ciudad referida, de los pueblos de 175 San Jos de las Lajas, Nazareno y Tapaste, las aldeas San Fran- cisco de Paula, y Managua y el casero de Jamaica. Sus partidos son Santa Mara del E-osario, Managua, San Jo- s de las Lajas, Tapaste y San Francisco de Paula, cuyo nme- ro de habitantes es el siguiente; Cabecera 3850 3 Managua 313 San Jos 5333 Tapaste 4980 San Francisco 1643 18939 En los terrenos del ingenio de Cotilla y punto llamado Cum- bre-Hermosa, ecsiste una cueva, formada toda de piedra dura, que contiene en su interior unos grandes estanques del agua que filtra por su parte superior, cristalina, inodora y bastante fria. Por sus propiedades teraputicas se cree que contiene bicarbo- nato de'sosa, pues que ha producido maravillosos efectos en las dispepsias y otras afecciones gstricas, as como en las del hga- do, bazo, en la anasarca y en los padecimientos de los rones y dems vias urinarias; es diurtica en sumo grado. El profesor Castillo, residente en San Jos de las Lajas por el espacio de veinte aos las ha administrado con feliz csito en los que padecan fiebres intermitentes errticas, sostenidas produ- cidas por las obstrucciones del hgado bazo, que haban sido consecuencia de gastro-en tero-hepatitis continuas, intermitentes remitentes y en las que se habia hecho uso del sulfato de qui- nina para corregir su tipo. El pueblo de San Jos de las Lajas tiene un piso generalmen- te enjuto; el terreno de su jurisdiccin fructfero y seco, escep- tuando las caadas y barrancos que forman los rios de varios in- genios, arenoso y arcilloso, negro, blanco, bermejo y mulato. Por su llanura y la distancia a que se halla de las montaas del Es- nordeste y Kj goza libremente de los vientos de estos puntos y est resguardado de los psimos del S. y Sueste. Esta poblacin goza constantemente del mejor estado sanitario, tanto que en los borrascosos tiempos de las epidemias que han desolado muchos puntos de la Isla, este ha permanecido intacto; la del clera de 1833 que diezm los habitantes de otros pueblos, hizo poqusi- mo dao en ste, no habindose notado un solo caso en la de los aos de 1850 y 51. Hoy, seis de Noviembre de 1854, se ven las jurisdicciones de Nazareno, Tapaste y Gines, que rodean la I7G quo nos ocupa, azotadas, desde hace cuatro meses, de las fiebres tifoideas y disenteras malignas, rio habindose presentado entre toda la poblacin mas que algn caso aisladoy sumamente benigno. No se conocen las liebres intermitentes en el pueblo de San Jos dlas Lajas, ni en los terrenos colorados de su jurisdiccin. En el resto de la de Santa Mara del Rosario y sus partidos reinan de Diciembre Abril las fiebres catarrales, los corizas, diversas especies de anginas, mas siempre de un carcter benig- no y solo en los casos de ser las anginas malignas gangrenosas son mortales, particularmente en los nios, que con mas frecuen- cia las padecen y se hacen mas difciles de curar. Las fiebres catarrales reumticas tienen sus pocas, aunque no se presentan todos los aos. La gripa y la influenza han visitado varias veces esta jurisdiccin sin perdonar las dotaciones de las fincas de campo. Las gastro-ceflicas remitentes son endmicas casi todos los aos por los meses de Agosto Octubre; en mu- chos casos toman el carcter de tifoideas, cuando se prolongan mas all del primer septenario; bien se revisten de esta forma desde su invasin, terminando veces por la muerte. Las fiebres mucosas suelen presentarse en los otoos hmedos; su marcha es lenta, y su curacin tarda, sobre todo si toman el carcter nervioso. Las fiebres gstricas mucosas se observan en los otoos clidos y hmedos, cuya complicacin ecsige mucha circunspeccin y prudencia en su mtodo curativo, porque gene- ralmente presentan un carcter insidioso y es muy comn su pa- so al estado adinmico atcsico segn el temperamento iclio- sincracia de los sugetos que la padecen. Las fiebres ardientes biliosas suelen presentarse en el esto; si el calor es intenso y las lluvias escasas, pronto se presentan los sntomas del tifus de Amrica de los trpicos, como sucedi el ao de 1854, en que la temperatura se ha visto muy elevada por la falta de aguas, dando origen bastantes casos y en su mayor nmero mortferos. Las calenturas disentricas de carcter maligno se ven por los meses de Junio Setiembre, estendindose veces basta Diciem- bre cuando se complican con la calentura tifoidea, haciendo es- tragos en los nios y en las dotaciones de las fincas principal- mente. Las calenturas francamente inflamatorias son raras, pre- sentndose alguna vez que otra fines de invierno. Las adin- micas y atcsicas rara vez se observan en su estado primitivo; las mas veces son el paso de las gstricas mucosas y biliosas cuando se prolongan mas all del primero segundo septenario y no se ha corregido detenido su curso. La tifoidea regularmente prin- cipia por un estado gstrico mucoso con el tipo remitente, cu- rndose las mas veces, si son espordicas y se han atendido 177 tiempo. El tifus se observa de vez en cuando y de un carcter epidmico, terminando los mas de los casos en la muerte cuando llegan al segundo tercer periodo. Las fiebres ecsantmicas suelen verse algunos aos en la pri- mavera y esto, estendindose hasta el otoo con un carcter be- nigno, escepto los casos de viruelas confluente y maligna, que han causado alguna mortandad. Las pneumonas y pleuresas se han hecho cada vez mas raras, y si algn caso se observa, regu- larmente es en los inviernos frios y hmedos. Las calenturas ce- rebrales son espordicas, terminando las mas veces por la muer- te cuando su tipo es continuo sub-intrante. Las irritaciones hepticas son las mas comunes, particular- mente en los estos clidos y secos. Las esplenitis son muv raras. Los males de las vas urinarias se observan con mas frecuencia en las personas de edad avanzada, lo mismo que el reumatismo y la gota. La tisis pulmonal tuberculosa es mas comn en la clase de co- lor y en la edad florida y su terminacin funesta. La pneumona crnica, con sus distintas terminaciones, es mas frecuente en el secso femenino y en la juventud, dando por resultas las mas ve- ces la muerte. La tisis mesentrica se observa comunmente en el periodo de la denticin consecuencia de una enteritis crnica, en los nios linfticos y en los pobres, dando un resultado fatal los que se ha- llan en el tercer periodo. Las tisis hepticas tan comunes en este clima y en la edad adulta, se presentan con bastante frecuencia la prctica de la medicina en esta jurisdiccin; son pocas las personas que fallecen de afeciones crnicas, en esta edad en la vegez, donde la hepatitis no haya tomado la iniciativa, haya si- do una de sus principales complicaciones. Las escrfulas solo se observan en la infancia y la juventud, en los temperamentos linfticos y en las clases pobres, que care- cen de los principales recursos para su subsistencia. Las neuralgias son frecuentes sobre toda la rbito-frontal rei- nando en los tiempos frios y secos frios hmedos. Del ttanos se observan algunos casos durante el esto y otoo lluvioso, con preferencia en unos puntos mas que en otros; gene- ralmente en los terrenos negros y rojos, siendo mas comn el trau- mtico, mucho mas mortfero que el espontneo, que suele ce- der con mas facilidad al mtodo curativo. La epilepsia, catalepsis y eclampsia, se observan con mas fre- cuencia en los nios, durante el periodo de la denticin, sobre to- do si tienen lombrices intestinales alguna irritacin cerebral primitiva; en las mugeres embarazadas y en los individuos entre- gados las bebidas alcohlicas, con predisposicin hereditaria. a O 178 La sfilis bajo todas sus formas es mas comn en las dotacio- nes de las fincas, principalmente en los negros venidos de frica. Los mtodos curativos adoptados por el profesor Don Jos del Castillo, residente en San Jos de las Lajas, son los generalmen- te usados en toda la Isla para estas distintas afecciones, con las modificaciones quo demandan la estacin, las influencias atmos- fricas y telricas, el clima, la constitucin mdica del ao, el secso, la edad, el temperamento idiosincrasia del sugeto, la na- turaleza de la enfermedad, su agudeza, intensidad, periodo en que se encuentra, fuerza debilidad del paciente, carcter be- nigno, maligno insidioso del mal, tipo que guarda; observando las crisis vas por donde la naturaleza quiere desembarazarse del agente nocivo que la abruma, para ayudarla, si son favora- bles, y oponerse ellos por los medios teraputicos mas conve- nientes si son contrarias. As es que en las afecciones francamente inflamatorias, usa el plan antiflogstico en toda su estension y larga mano en los su- getos pletricos y robustos y cuando el mal es apremiante. En las inflamaciones menos agudas adopta el mismo sistema mas moderado, sin perder de vista su curso para proceder segn las circunstancias. En las enfermedades gstricas mucosas y biliosas; sin dejar de atender los sntomas mas culminantes en su aumento y es- tado, con los acdulos, demulcentes, emolientes y algunas emi- siones y revulsivos cutneos; no ha dejado de administrar algu- nos evacuantes del aparato gastrointestinal cuando los ha encon- trado indicados. En las fiebres tifoideas, cura segn las fases del envenenamiento miasmtico, lo mismo que en el clera asitico, en el curso de las viruelas y en todas las enfermedades de incu- bacin atendiendo al periodo de inflamacin, reaccin vital y eli- minacin del agente morbfico, en que todo prctico egercitado conoce hacia donde se encuentran las fuerzas vitales para repe- lerlas hacia las vas naturales por donde se descarten con menos perjuicios, bien formando revulsiones artificiales, administran- do al mismo tiempo los neutralizantes mas conocidos en las en- fermedades que son producidas por dicha infeccin, teniendo presente el estado del estmogo intestinos que son los puntos principales por donde han de pasar los medios teraputicos que se administran. Las enfermedades intermitentes sean cuales fue- ran en uaturaleza, su asiento y el tipo que guardan, las combate en el estado inflamatorio con los antiflogsticos y revulsivos; y en la intermitencia con sus antiperodicos que lo son las sales de quinina en sus diversas combinaciones. Las enfermedades ner- viosas en que la vascularidad no ha tomado parte, las combate con los antiespasmdicos mas menos asociados con los narcti- 179 eos y sedantes y algunos revulsivos intestinales 6 cutneos, siem- pre que se hagan rebeldes las primeras indicaciones. El ttanos cuando se ha presentado apirtico y sin complicacin del pade- cimiento inflamatorio de algn rgano, lo ha curado casi siempre con el subnitrato de mercurio interior y esteriormente, pero si ha presentado alguna otra afeccin concomitante ha asociado otros mtodos al espuesto, hacindolos preceder segn lo reclame la naturaleza del padecimiento. Las escrfulas las ha combatido con el Yodo y sus combinaciones acompaadas de los emolien- tes y los evacuantes. Las inflamaciones cerebrales con emisiones sanguneas generales y locales, los diluentes, la nieve ala cabeza, los revulsivos las estremidades y los evacuantes en su declina- cin. Las enagenaciones mentales cuando estn acompaadas de fiebre y el sugeto es pletrico las combate por el mismo orden que las inflamaciones generales. Y cuando la enagenacion no viene acompaada de sntomas flogsticos y el sugeto es dbil y de temperamento nervioso, usa los diluentes y los sedantes tales como la digital y alguno que otro narctico ai interior; la nieve la cabeza y los revulsivos las estremidades. En las Epilep- sias, Gatalepsias y Eclampsias, cuando se presentan en el perio- do de la denticin, atiende al estado de irritacin del aparato gastrointestinal y cervical, y cuando son provocados por los ver- mes intestinales despus de atender al estudo de irritacin ad- ministra los antielminticos arreglados al estado del sugeto, usan- do algunos revulsivos si lo reclamase la naturaleza del mal. La sfilis la cura con el mercurio en sus diversas preparaciones, los depurativos, los demulcentes, y evacuantes. Las enfermedades psricas con los antipsricos como el sulfur, los amargos los eva- cuantes y otros segn sus complicaciones. Las enfermedades cr- nicas las combate atendiendo al estado de antigedad, vicio que las sostiene, fuerza del individuo, asiento y naturaleza del mal, segn el sistema de los autores que mejor han escrito sobre di- chos padecimientos, adoptando el que est mas en armona con la clase y naturaleza del mal que combate, teniendo en cuenta la estacin y el clima y todas las dems causas que rodean al en- fermo. Durante el ao de 1853 se present el nmero de enfermos que continuacin se espresa; 180 Casos. Muertos. Agosto . . . Ca-OH. Muertos. Enero. . . . 224 14 78 2 Febrero. . . 117 11 Setiembre . 72 3 Marzo. . . . 117 15 Octubre . . 132 6 Abril. . . . 124 8 Noviembre. 136 10 Mayo. . . . 93 5 Diciembre . 30 1 Junio. . . . 88 7 Julio . . . . 68 5 Totales . , 1279 87 Fueron comunes las viruelas, las intermitentes, las catarrales y las bronquitis. Ao de 1854. Casos. Muertos. 1 Casos. Muertos. Enero . . . Febrero . . Marzo . . . Abril. . . . Mayo. . . . Junio. . . . Julio . . . . 69 43 89 86 76 90 168 2 10 3 3 3 5 7 Agosto . . . Setiembre . Octubre . . ISToviembre, Diciembre . Totales . . 200 117 164 143 82 20 22 17 18 6 1327 116 Reinaron las intermitentes, las catarrales y las biliosas. N. 11. JURISDICCIN DE GINES. Estindese tres leguas por el N., cuatro por el S., nueve E. y ocho al O., comprendiendo en su demarcacin los pueblos de Madruga, Nueva-Paz Palos, Guara, Santa Catalina, Melena, San Nicols, el Jobo, Rosario, Pipin y la Jagua. Los terrenos son negros, bermejos, de buena calidad y feraces en general, pero con algunos puntos desiguales y pedregosos; en otros hay porciones de tierra arenosa y caliza, estril inculta. Las varias capas de terreno que constituyen el asiento de la llanura de la jurisdiccin de Gines, en una estension de mas de cinco leguas de largo y diez de ancho, son en su mayor parte de carbonato de cal, mas menos puro. En varios puntos se obser- van algunos cantos de Silex pirmaco que estn embutidos en bancos de greda pura, y que producen chispas con el eslabn. Arinque es muy natural que sobre la gran formacin calcrea se- 181 candara, que abraza todo el trmino de Gines se encuentren algunos minerales de distinta naturaleza, el que est nicamente reconocido es el mrmol. Se halla la falda de la sierra del Gua- najo, tres' leguas de Gines y dos y media del- camino de hier- ro en un terreno bien llano. Los diferentes bancos que corren en capas horizontales en direccin E. Noroeste, ofrecen las varieda- des mas comunes, desde el blanco estatuario hasta el fondo par- do con vetas de colores variados. Su compacta estructura y el ad- mirable brillo que adquieren por el pulimento, los hace propios para ios artefactos mas esquisitos de escultura y relieve. Debe hacerse aqu mencin particular de las grandes y abun- dantes canteras de piedra que se encuentran al Nordeste de la poblacin de Gines distancia de poco mas de dos leguas. Compnense de bancos de largas dimensiones, cuya estructura consiste en una sobre-posicion de capas de dos tres pulgadas de espesura que se separan al menor esfuerzo beneficio de una cua. Las superficies que se desunen son lisas iguales; circuns- tancia que las hace de mucha estimacin para la construccin de los enlozados, despus de darles escuadra el tamao que se quiere. Estas piedras son duras impermeables y de naturaleza puramente calcrea. Las montaas de Candela se encuentran poco mas de una legua de Gines al Noroeste. Principian en el punto conocido por el Guanajo, y concluyen en el ingenio de Ayala. Corren en- tre Nordeste y Noroeste como legua y media ele largo, teniendo una de ancho, y representando una prolongacin de sinuosidades valles cultivados que las hacen de un aspecto agradable y pin- toresco. Sus pendientes son suaves y accesibles y su formacin es toda de fondo calcreo. La de Jiquima, en el partido de Madruga, es la mas elevada y desde su cumbre se descubren las montaas de Camarioca, los mares de N. y S,, por hallarse colocada en el centro y igual distancia de uno y otro. Si no fuese por las montaas de Jaruco se veria tambin desde ella la Habana sus inmediaciones, pues que su altura sobre el nivel del mar puede ser de unas quinien- tas varas. Yrias otras lomas se encuentran en la jurisdiccin, que no merecen describirse por su poca importancia. Las de Ma- druga son una continuacin de las que llaman de la Jaula y Co- tilla, entre San Jos de las Lajas y Tapaste; siguen formando una cordillera que pasa por el partido de Pipin en direcion & la Bija, y entre Nordeste y Sudeste. Son estriles y en su forma- cin abunda la base calcrea. Los montes son pequeos restos que se conservan aun en los ingenios de la jurisdiccin; pero que estn destituidos ya de aquel carcter de virginidad que les diera su forma primitiva, y cami- ]S2 nan sn entera destruccin por el corto anual do lena que en ellos so hace para atender las zafras. A tres leguas de Gines hacia el N., media antes do llegar la Catalina, se encuentra un manantial de donde brota una enor- me cantidad de agua que se dirge hacia el S., formando un rio caudaloso. En su curso llega al camino por el puente de Llama- raguas, sigue Mayabeque desaguando parte en el rio de esto nombre y parte en una inmensidad de terreno que ha converti- en cinaga. A distancia de poco mas de medio cuarto de legua do Gines, antes de llegar al puente del rio, da ste dos grandes brazos; el primero la derecha y el segundo algo mas adelante, la izquier- da. Otras muchas divisiones sufre este rio, dos de las cuales dan origen dos zanjas que atraviesan la poblacin por el Sueste, formando con otra divisin un abultado brazo que constituye la zanja real que atraviesa por el centro al pueblo de Gines, y cor- ta las calles transversales, que tienen cada una nn puente bien construido y vistoso para facilitar las comunicaciones. Por lti- mo, se subdivide en un sinnmero de ramales que fertilizan casi todos los terrenos y fincas de la jurisdiccin. Admirable es la distribucin del vasto caudal de aguas del rio Gines, que estendido en una longitud de cerca de nueve leguas, desde su origen hasta su terminacin, beneficia profusamente el anchuroso circuito de mas de veinte leguas, ya sirviendo loa usos mas esconmicos de la vida, ya irrigando los terrenos por donde la mano del hombre le ha practicado zanjas y cauces, ya en fin, como potencia fluida y de vapor dando impulso un cre- cido nmero de mquinas de otros tantos ingenios que se encuen- tran su paso. El rio de Pipin nace en las lomas de Madruga y pasando por el lado del pueblo de su nombre, se sumerge en un sumidero furnia contenida en el mismo can del rio, que en tiempo de seca se empobrece, pero en el de aguas aumenta considerable- mente su masa, y prosigue hasta perderse en las lagunas que se hallan en la ensenada da la Broa. ~No ofrece este rio otra parti- cularidad que la de tener su orilla, cerca del pueblo, un ma- nantial frtil de muy buen agua del cual se surte el vecindario todo el ao. Corriendo el rio de Gines sobre una madre arenosa, renen sus aguas las apreciables cualidades de sanidad y pureza. Son por consiguiente difanas, cristalinas, inodoras y algo sabrosas, gozando en grado eminente la facultad de disolver el javon y de cocer las legumbres reblandecindolas. No es posible determinar las sustancias que contengan estas aguas en disolucin, pues no se ha hecho aun el anlisis escrupuloso de ellas; pero es probable 183 que posean en muy corta cantidad alguna salado base de sosa de magnesia. Las aguas de los pozos diseminados por la jurisdiccin, aun- que menos buenas que las del rio, son no obstante muy sanas. Todas ellas disuelven bien el javon y ablandan las verduras, lo que prueba que pesar de tener que atravesar por muchas capas de tierra, y disolver las sales que encuentran en su trnsito, no estn escesivamente cargadas de estas sustancias, especialmente da las de base caliza, que las haran crudas speras. Las de Madruga son minerales y gozan de bastante celebridad para la curacin de muchas afecciones. La temperatura de la jurisdiccin en general, sugeta como lo es- t la del pas sufrir las frecuentes variaciones que le imprimen la3 alternativas del calor y del fri, de la sequedad y de la hu- medad, est no obstante modificada por circunstancias que le son peculiares. En los parages llanos corren libremente las brisas y refrescan la atmsfera, haciendo agradables las tardes, noches y maanas hasta una dos horas despus de salir el sol. En los montuosos sufren los vientos distintos choques que los hacen va- riar de direccin, y causa en unos puntos el buen eecto que pro- ducen las brisas, sintindose en otros un calor insoportable y so- focante. Los vientos "N. son repentinos, de poca duracin, no pasando de tres dias por lo regular, y alternando con el E. que es el mas reinante. Suele intercalarse el viento S., que templa en cierto mo- do el fri de los Nortes, y hace disfrutar de una temperatura fres ca y agradable. En la estacin de las aguas se carga la atmsfe- ra de muchos nubarrones blancos que por las tardes se deshacen en lluvia cayendo el agua en gran cantidad. La influencia que egerce sobre la economa la temperatura ha- bitual del clima de esta regin es relativa la manera de ser que le es propia. En efecto, la accin fisiolgica del calor sobre el organismo, regularizada por circunstancias locales, que hacen menos agravante la accin poderosa de este agente, determina en el esto y otoo aquellas enfermedades que tienen principal- mente su asiento en las vas gstricas y biliosas dando lugar las fiebres de este nombre y las mucosas de diversos tipos, pe- ro con el marcado predominio del intermitente, las diarreas y disenteras; y en el invierno las fiebres catarrales, las bron- quitis, y algunas veces las pneumonas y pleuresas, los dolo- res reumticos, las anginas y alguno que otro caso de ttanos espontneo traumtico. La teraputica de estas enfermedades est reducida en las fie- bres las depleciones sanguneas, ya generales, ya locales, segn el grado de intensidad do los sintonas inflamatorios que simpa- J81 ticamente so desarrollan; los evacuantes y di] tientes; los re- vulsivos en algunos casos, y por ltimo, los antiperidicos en todas formas durante las apirecsas. Las diarreas y disenteras se curan administrando en las pri- meras la dieta mas severa, las infusiones aromticas, anodinas y el abrigo, medios aconsejados por el estado de la lengua y de la regin superior por una parte, y la naturaleza de la causa pro- ductora por otra. La disentera se combate con los remedios mas acreditados por la esperiencia, como las sanguijuelas al ano, los opiados, etc. contando con el poderoso aucsilio de la ipecacuana en dosis emticas y administradas en los primeros periodos del mal. Las fiebres catarrales y las bronquitis ligeras ceden por lo re- gular al influjo de la dieta, del abrigo, de pociones sudorficas y alguna vez a los ligeros epispsticos; y las pneumonas y pleure- sas las emisiones de sangre, los diaforticos pectorales, sien- do necesario en algunos casos ocurrir al custico. Los dolores reumticos que se presentan por una consecuencia precisa del cambio de temperatura, pero casi siempre sin desarro- llarse una inflamacin franca, terminan por lo comn promovien- do la traspiracin, particularmente con los polvos de Dower y con la aplicacin tpica del cianuro de potasio en diluciones mas monos concentradas sobre las partes afectas; en el estado crni- co lia producido felices resultados el uso del yoduro de potasio al interior. Por iguales causas se ofrecen espordicamente y en muy cor- to nmero las anginas, en las que un tratamiento activo y direc- to ha sido siempre seguido de su fcil y pronta curacin, obser- vndose por rareza las del carcter membranoso croup. El ttanos, sea espontneo sea traumtico se presenta con par- ticularidad en la raza africana y especialmente en los esclavos, que por su condicin y naturaleza de los trabajos que les estn encomendados, estn mas espuestos los cambios vivos y repen- tinos de la atmosfera y la accin vulneraria de los instrumen- tos de labor. Se ha triunfado no pocas veces de la fiereza de este terrible mal con el uso metdico y racional del sub-nitrato de mercurio y con los antiespasmdicos y opiados en general. VILLA DE GINES. La villa de San Julin de los Gines est situada en el Depar- tamento Occidental dla Isla, 12 leguas Sudoeste de la Haba- na, en los 22 19' 66" de latitud boreal y 75 46' de longitud occidental de Cdiz. Ocupa como un cuarto de legua en el cen- tro de un hermoso y dilatado valle, que por todas partes pre- 185 senta la vista un aspecto bello y encantador. Contiene dos an- chas y espaciosas plazas que con el tiempo servirn sus habi- tantes de puntos de recreo y solaz bajo la sombra de su arbole- da y beneficio de su buen pavimento. Sus calles son en la mayor parte rectas, y de un piso cmodo y suave. Sus edificios son por lo general de muy buena construc- cin, bien ventilados y sanos, y sus frentes engalanados con agra- dables printuras, ofrecen un conjunto alegre y vistoso. Goza del inmenso beneficio que les proporcionan las diferentes zanjas que atraviesan proveyndola de sanas y abundantes aguas. La tem- peratura es benigna en la estacin de las lluvias, aunque sin em- bargo sngeta las variaciones peculiares de los trpicos; pero en las otras estaciones del ao la constitucin y temperatura del aire es apacible y pura. Entre las poblaciones centrales de la isla de Cuba, debe justa- mente considerarse Gines como una de las primeras y princi- pales. Y en realidad de verdad, si su cielo claro y despejado, si a la constante y proverbial salubridad de su temperamento, la estension y hermosura de su poblacin, que va cada dia en aumen- to, la estraordinaria profusin de sus aguas potables, que a la vez fertilizan las campias que la rodean, sosteniendo todo el ao una constante vegetacin y abasteciendo prdigamente sus mer- cados y la Habana de toda clase de frutos; si todas estas con- sideraciones favorables se une la ventaja de estar corta distan- cia de la Capital, y casi en contacto con ella por la va del fer- ro-carril, no queda duda de que Gines es bajo todos aspectos digno de figurar en el primer rango de las poblaciones mas favo- recidas y de ocupar un lugar preferente en el catlogo de los pue- blos aptos para la aclimatacin. Para su mayor bien y prosperi- dad, quizs no est lejos el dia en que unido tambin con la Ha- bana por la carretera, cuyo ltimo tramo est para realizarse, proporcione inmensos beneficios las clases menos acomodadas. MADRUGA. Pueblo situado la falda ele una loma, con tierra bermeja y cuabalosa en su mitad !N". y tierra negra en la del S. El partido se calcula en seis y media leguas cuadradas, de tierras cultivables. La parte del N. es en general triste, improductiva, desigual, con algunas lomas, seca, de tierra bermeja y algunos pedazos de ne- gra; la del S. es mas alegre, frtil de tierra negra y bermeja, tam- bin desigual. A la parte, del E., lmite del partido, el terreno es poco frtil, negro, pedregoso y desigual. La mas elevada de las montaas es segn se ha dicho la Ji- quima. Un valle de mas de dos leguas de largo y una de ancho, se estiende al E. de la poblacin, rodeado de montaas ridas y 24 18(5 escabrosas; este valle hace que el viento E. 6 la brisa sea libre j sin impedimento alguno, y refrescando la atmsfera del pueblo, hace que el airo queso respira sea franco, puro y vital. Se conocen cuatro arroyos; el de las Auras atraviesa el parti- do y desagns en el rio Pipin: el do la Majagua atraviesa por cerca de la poblacin el espacio de dos leguas; el de los Monta- nos desemboca en el rio San Blas; el de Casa-Blanca desagua en el potrero de los Prncipes donde so pierde en una gran furnia. En el pueblo de Madruga hay dos clases de aguas; econmicas y medicinales. Las primeras filtran de un manantial que llaman el Copey, y son muy puras y saludables. Las segundas nacen de varios manantiales que estn situados dentro de la poblacin, de los que se han formado varios baos medicinales bastante concur- ridos en la estacin de ellos. El primer bao es el del Copey, de agua cristalina y pura, que es la que se usa para beber, del cual se valen las personas que padecen irritaciones nerviosas para conse- guir un alivio sus sufrimientos. El segundo es el de la Paila, que nace de un manantial al O. de la poblacin y el agua sale de un hoyo de poca profundidad y de dos pies de dimetro; sus paredes estn vestidas de mani- postera y atravesadas por un tubo derecha izquierda que sir- ve para proveer los baos construidos en cada uno de los depar- tamentos en que est dividido el decente edificio que los cubre. Estas aguas son hidro-sulfurosas y estn constantemente la tem- peratura ordinaria. Al salir de este bao se dirigen por una caera bien construi- da unirse con las de otro manantial que se halla mas adelanto hacia el E. y forman all otro que se denomina Templado, menos saturado que el anterior. Tambin est resguardado por una bue- na casa repartida en dos salones. Reunidas estas aguas corren formando un arroyo delgado hacia el S. dla poblacin, por don- de salen, y poca distancia son recogidas por una caera, que las conduce otro manantial menos abundante y constituyen el bao de San Francisco el dichoso, que igualmente tiene una cmoda casa. Al Nordeste y dentro de la poblacin nace el manantial del Tigre, de agua sulfurosa mas dbil que la de la Paila y en su mismo nacimiento se ha construido el bao. Por ltimo, fuera del pueblo hacia el E. hay otro manantial de agua fangosa, que despide un olor penetrante, causa sin du- da de la presencia del asfalto que contiene en bastante cantidad. Est cubierto por una barraca de regulares dimensiones. Las aguas de estos baos producen maravillosos y sorprenden- tes efectos en las enfermedades crnicas de la piel, reumatismos, infartos linfticos, debilidad nerviosa, etc., etc.; pero ni su natu- 187 raleza est bien estudiada, ni las observaciones mdicas se han llevado con la proligidad y esactitud que se requiere; resultando de aqu que tanto estos como los dems baos minerales de la Isla, se aconsejan indistintamente los enfermos sin una verda- dera y precisa indicacin, al mismo tiempo que muchos indivi- duos los toman por capricho, por lujo y ostentacin y sin temor los resultados que semejante prctica puede producir. Ademas hay en la jurisdiccin los pueblos y caseros de Gua- ra, la Catalina, San Nicols, el Jobo, Melena del Sur, Rosario, Pipin, Nueva-Paz y la Jagua. El nmero de sus habitantes es de 33.455, repartidos en dichas poblaciones y fincas rurales de la jurisdiccin en la forma si- guiente: Gines . . 7327 Guara 2707 Catalina . . 4479 San Nicols y Jobo . . . 5077 Melena del Sur y Posario . 3551 Madruga y Pipin. . . . 4079 Nueva Pazo los Palos. . l 90* Jagua f El nmero de enfermos ha sido el siguiente: AO DE 1853. AO DE 1854. M.LSES. Casos. Muertos. Casos. Muertos. Enero 328 15 140 5) 326 10 140 1 133 2 150 4 Abril 212 14 51 1 Mayo 98 2 V 5? 94 2 84 3 Julio 182 5 215 6 Agosto 315 28 j Setiembre 725 172 ?} 51 426 35 435 18 Noviembre 366 5 232 11 Diciembre 533 28 148 7 Totalbs. . . . 3738 318 1595 51 Peinaron el clera, disentera, diarrea, intermitentes, catarra- les, tifoidea, viruelas, coqueluche, pulmona, anginas, etc. 188 N. 12. JURISDICCIN DE JARUCO. Es bastante saludable y las enfermedades que so padecen en ella son las comunes toda la Isla, sin que ninguna predomino corno epidmica. Ademas de la ciudad de Jaruco tiene los pue- blos de San Antonio del Rio blanco del Norte, Jibacoa, Agua- cate J Caraballo; las aldeas, San Matas y Santa Cruz; los case- ros, Casguas y Rio Jaruco. El nmero de habitantes es el que sigue: Jaruco 4131 Aguacate 1894 Bainoa 2703 Casguas 4494 Jibacoa 2719 Rio blanco del Norte . 3055 19296 jiiijiermos de la Jurisdiccin en 1854. Casos. Muertos. Agosto . . . Casos. Muertos. Enero . . . . 55 5) 155 16 Febrero. . . 29 55 Setiembre . 181 40 Marzo. . . . 41 3 Octubre. v 55 Abril. . . . 79 4 Noviembre. 63 6 Mayo. . . . 73 4 Diciembre . 55 55 Junio. . . . Julio . . . . 74 60 4 4 Totales . . 755 81 Han faltado los partes de Enero, Octubre y Diciembre. Las diarreas, disenteras y fiebres tifoideas han sido predomi- nantes. N. 13. JURISDICION DE MATANZAS. El terreno de la jurisdicion de Matanzas es bajo y onduloso, formado en su mayor parte de roca caliza, porosa y desigual, cubierta de una capa de tierra vegetal de color encarnado y os- 189 curo, que sostiene una vigorosa vegetacin. Carece al parecer de metales, y de aguas minerales, pero se acaban de denunciar en las inmediaciones de Matanzas unas canteras de preciosos mrmoles. Las montaas pertenecen al segundo orden del Departamento Occidental. Empieza esta cadena entre Bejucal y Santiago, y se estiende pof el E. hasta Lagunillas. Avanza luego hacia el N". por Santa Mara del Rosario, Jaruco y Matanzas, en cuyo pun- to se enlaza con la cordillera menor que corre al JN". desde Gua- nabacoa esta ciudad. La eminencia mas elevada es el Pan de Matanzas a 460 varas sobre el nivel del mar; siguen esta la de Arcos de Canas, Tetas de Camarioca y Managua, lomas de Ca- moa y Escalera de Jaruco de menos elevacin. Hay tambin las sierras de Guamacaro, las de San Miguel y Santa Ana de los Caballeros, las de la Bija, la Magdalena y el Palenque. Como la jurisdiccin abraza un rea bastante considerable, se encuentran diferentes clases de terrenos propios para toda espe- cie de cultivo, aunque su mayor parte lo est de caa de azcar, y en el momento que esta produccin no es buena, se abandona el lugar para potrero pastos naturales. CIUDAD DE MATANZAS. Se halla situada en la costa JT. de la Isla y tercio occidental de ella, los 23 2' 40" de latitd boreal, 75 16' 10" de longi- tud occidental del meridiano de Cdiz. Est construida en el fon- do de la baha de su nombre, formada por un brazo de mar que se interna primero al Sudoeste y despus al Oes sudoeste, y pre- senta en la banda S., cuatro millas de la ciudad, la boca del rio Canmar, confundiendo sus lmites en las desembocaduras de los rios San Juan y Tumur, que distan entre s unas quinien- tas varas, y corren de Occidente Oriente. La poblacin de Matanzas con sus arrabales, se calcula en 18000 almas. La ciudad esta edificada sobre un banco calcreo, de considerable dureza, cuya altura sobre el nivel del mar es de una vara en la orilla, elevndose rpidamente hasta diez y des- cendiendo luego por grados desde la plaza de San Francisco has- ta las alturas lometas que separan la ciudad del valle del Yu- mur. Los arrabales ocupan un rea mayor que la ciudad. El de Pueblo-Nuevo, separado por el rio San Juan, tiene dos puentes de comunicacin, uno de ellos en la misma desembocadura, de slida sillera, atrevido y de hermosa apariencia, y otro de raa dera un poco mas arriba. Hay en este barrio un buen cuartel de Do- caballera, varias casas do recreo, talleres de fundicin y el ar- ranque del ierro-carril que entronca con el de la Union. El barrio de Versalles, al otro lado del Yumur, sobre el cual tiene dos puentes, de madera y manipostera el uno y de made- ra el otro, se estiende la falda de la eminencia llamada la Cum- bre. En el est el hermoso hospital militar y civil de Santa Isa- bel, un buen cuartel para un batalln de infantera y el pasco que se estiende por la orilla del mar hasta el castillo de San Se- verino. El rio Oanmar que tiene su entrada un pequeo fuerte, es navegable hasta dos leguas de su embocadura, para goletas y lanchas. Nace de unos pobres ojos de agua en el punto que lla- man las Moscas, cerca de la Sabanilla; en su curso va recibiendo otros nuevos ojos, as como varios arroyuelos que lo hacen cau- daloso, y pasando por el punto que llaman los Almacenes, por el de Pozo-Seco, Arroyo la Vieja, Andarivel, etc. desemboca don- de se ha dicho. El rio Yumur lo forman varios arroyos, siendo dos sus prin- cipales brazos; Rio-Grande, que viene de Corral-Nuevo, y Iiio- Chico, que nace en San Francisco del Ojo de Agua. El rio San Juan nace de varios ramales en Santa Ana, unin- dosele Arroyo la Vieja y San Pedro, hasta entrar en el de San Asrustin, como una le^ua de su desembocadura. Este ltimo viene de Caunabaco, faldeando las lomas del Pan y el Palenque, recibe las aguas del rio de Caas, poco despus del sitio cono- cido por los baos de San Agustn. Constituyen el rio de las Ca- as, Rio-Seco, la Magdalena y San Francisco de Paula, forma- dos por las vertientes de la Vija y lomas inmediatas. En la ciudad se emplea el agua de algibe y de pozo para loa usos de la vida. Tambin se echa mano de la del rio San Juan, conducindola en lanchones y tomndola mas de una legua de la poblacin as como tambin la del rio de San Agustn. Se tra- ta de conducirla por caeras desde el punto en que son mas pu- ras y cristalinas. El clima de Matanzas, como el de toda la Isla, es clido y h- medo, siendo predominante esta ltima cualidad en razn de los dos rios que la cien por ambos lados. Casi siempre se v cu- bierta por las maanas de vapores y neblinas, siendo estas en al- gunas ocasiones tan espesas que no permiten distinguir los obge- tos una corta distancia. Las estaciones en general son dos, la de aguas y la de seca. Los vientos generales son las brisas del E., y de noche los terra- les bastante hmedos y mas frescos que en la capital. Reinan los Nortes con frecuencia de Octubre Marzo, que duran dos tres dias, precedindolos el S. y volviendo otra vez la brisa. Los 191 meses de Marzo y Abril suelen menudear los vientos al S., mor- tificando en gran manera a los habitantes por ser muy calurosos y secos, y por las nubes de polvo que levantan. l)urante los meses de Junio, Julio y Agosto se sostiene el ter- mmetro de Farenheit de 76 88 grados, llegando muy comun- mente hasta 95. En la estacin de los Nortes baja los 68 70 y alguna que otra maana amanece los 60. El barmetro sufre muy poca variacin, y el higrmetro, en los meses de llu- via seala un alto grado de humedad. Las enfermedades mas comunes en esta ciudad y su jurisdic- cin, se reducen la diarrea, las mas veces simples, algunas de difcil curacin y pocas de terminacin funesta, pues que por trmino medio hubo un fallecido por mil enfermos en 1852. Si- guen en el orden de frecuencia la fiebre catarral, benigna y su- mamente curable, las calenturas intermitentes, el sarampin, que d un fallecido por cien atacados, la disentera, rebelde veces todos los medios de curacin, y de la cual mueren cuatro por ciento, de los que la padecen; la angina cuya benignidad est de- mostrada con solo decir que solo quit la vida uno de cada tres- cientos atacados; la fiebre biliosa, cuva gravedad guarda la mis- ma proporcin, la bronquitis de poco cuidado en loa sugetos no predispuestos la tisis, la pleuropneumonia de la cual han muer- to siete por ciento, y el clera del que han perecido algunos mas de la mitad de los invadidos. Entre las enfermedades esternas la que mas menudo se presenta es la oftalma que sostenida por la humedad de la atmsfera, suele hacerse larga y rebelde los mejores tratamientos. Los vapores y abundantes neblinas que all se esperimentan producen catarros pertinaces que terminan con frecuencia en la tisis, si dan con sugetos predispuestos ella; la reverberacin del sol en el blanquizal de su piso y el polvo sofocante que le- vanta el viento en tiempo de seca, produce las oftalmas, las an- ginas, la tos convulsiva, las pleuresas y pulmonas, que se pre- sentan en esta estacin. En la de lluvias las aguas estancadas y corrompidas de los manglares, la putrefacion de los mariscos que hay en ellos, producen y aumentan sobremanera el nmero de las calenturas intermitentes, hasta el punto de hacerse algunos aos epidmicas. Los ochos meses del ao que no son de Nortes y de seca, mo- lesta mucho el calor, y son frecuentes losdias en que se hace in- soportable, y como en este tiempo es cuando se manifiestan las aguas, se esperimentan dias muy calurosos con noches y madruga- das muy hmedas, por los abundantes relentes y rocos, produci- dos causa de los rios y cinagas que tiene la ciudad. Espuestos sus habitantes tanto en ella como en toda la juris- 102 diccin sufrir una constante oscitacin del sistema cutneo, tener ecsaltada su sensibilidad, esperimentar una transpiracin sensible muy manifiesta y aun escesiva, deben por consiguiente estar sugetos la escitacion de los sistemas sanguneo y nervio- so, la irritabilidad de las membranas mucosas, la flogedad del aparato muscular, y la poca accin del tubo digestivo, origi- nndose en razn de todas estas predisposiciones, las anginas do todas especies, reumatismo, pleuresas, pneumona y dems afec- ciones catarrales mas menos inflamatorias, la diarrea, disente- ra, neurses, apoplega, parlisis, totanos, etc. Mas las verdaderas enfermedades endmicas de Matanzas y su jurisdiccin son las fiebres de todos tipos. Desde Enero y Di- ciembre se padecen las calenturas como enfermedad reinante, contndose entre estas, las catarrales, biliosas, mucosas, gstri- cas, atcsicas, adinmicas, fiebre amarilla y sobre todas, las in- termitentes y remitentes, que muchas ocasiones toman el carc- ter de perniciosas. Las continuas variaciones de la atmsfera y los miasmas que la impregnan, son causas que hacen que estas fiebres sean end- micas en Matanzas, donde se observan todo el ao, bajo sus dis- tintas faces y aspectos; presntanse algunos aos como epidmi- cas y se v con mucha frecuencia que si en una casa cae un indi- viduo enfermo de estas calenturas, es casi seguro que toda la fa- milia sea presa de la misma enfermedad. Por lo general toman el tipo de diarias, de tercianas simples dobles, y muy raras ve- ces el de cuartanas en las personas que las padecen de un carc- ter crnico, acosando los calenturientos cuatro seis meses. En las recidivas guardan el tipo septenario ya por escesos en el rgi- men ya sin causa manifiesta. Las que se presentan en la primavera son mas fciles de cu- rar y menos propensas recadas, que las del otoo invierno. Las simples se curan en el primer septenario, bastando para ello el emtico y algn purgante salino, y aprovechar la primera in- termisin para administrar un escrpulo del sulfato de quinina. Muchos casos hay en que no se hace necesario el antiperidico, pues basta el uso de los evacuantes para hacerlos desaparecer. Alguna vez se usan las emisiones sanguneas locales, si ame- naza una congestin orgnica, si se presentan cefalalgias inten- sas, cuyo sntoma es muy general en esta clase de fiebres, prin- cipalmente en las de la primavera. Todas las especies de calenturas perniciosas se presentan la prctica en Matanzas, pero con especialidad las soporosas, letr- gicas, comatosas y apoplcticas: la aparicin de estos temibles sntomas suele acontecer de la tercera la cuarta accesin y ade- mas de emplear entonces los revulsivos permanentes, la gran 193 confianza para vencerlos estriva en las altas dosis del sulfato de quinina; as es que se administra una dracma de esta sal en la primera intermisin, para precaver nn nuevo acceso, que segu- ramente, sin este poderoso recurso, mataria al enfermo en pocos momentos. En las remitentes y aun en aquellas fiebres cuyos accesos se alcanzan los unos los otros, se administra la quinina sin temor, aun durante la calentura y siempre se obtienen buenos resulta- dos. Vulgarmente se cree que las obstrucciones viscerales de re- sultas de las calenturas intermitentes, son producidas por la qui- nina, pero en realidad no son mas que una consecuencia de las congestiones orgnicas ocasionadas por las mismas calenturas cada acceso de ellas que se presenta. Aun concediendo por un momento que as fuese, siempre resultaran mas salvados de una muerte cierta con esta prctica en las fiebres perniciosas, que los que pudieran sucumbir consecuencia de las enfermedades que dejan en pos de s dichas fiebres. A los que quedan sufriendo frecuentes recidivas les atacan los profesores con las preparaciones arsenicales y dems succedneos de la quinina, con los revulsivos la columna vertebral cuando esta seala algn punto sensible en su trayecto, las regiones del hgado, bazo pulmn cuando consideran estas visceras con- gestionadas por la repeticin de los accesos febriles. Mas el principal recurso con que cuentan es el de sostener por algunos dias la administracin de la quinina en dosis fracciona- das, hasta pasar el perodo septenario en que acostumbra la ca- lentura repetir. Ademas en los sugetos que quedan en un estado anmico clortico se emplean al mismo tiempo las preparacio- nes marciales, teniendo que acudir al fin, si no se consigue el ob- geto, los medios higinicos, ordenando los enfermos que va- ren de temperamento y de localidad por algunos meses. Las fiebres biliosas, gstricas, mucosas, etc. y aun la amarilla, que generalmente no la distinguen en el primer perodo los pro- fesores de una manera absoluta y con una conviccin inmutable, las curan del mismo modo, observando siempre las circunstan- cias individuales del enfermo, de modo que si es recienllegado, con un temperamento sanguneo, que presente sntomas infla- matorios, son mas prdigos en las emisiones desangre, atrevin- dose practicar algunas generales; pero si lleva ya algn tiem- po en la Isla, no ha padecido en ella alguna enfermedad febril, son mas parcos en dichas emisiones, contentndose con llenar las indicaciones que se presentan con el uso de las locales. El trtaro emtico y los purgantes salinos, preceden siempre la quinina, temiendo en los recienllegados, cuando reina epid- micamente la fiebre amarilla, que se presenten sntomas del t- 25 J04 fus icterodes, 6 bien quo las otras especies de calenturas se com- pliquen con sntomas tifoideos: entonces insisten' en la quinina, en las preparaciones marciales, en los cidos minerales y en las bebidas abundantes con el cloruro de sodio; tambin echan ma- no del nitrato de plata cristalizado cuando ya se declaran los sn- tomas de putridez y disolucin de la sangre, del espritu de tre- mentina, y de un grande revulsivo en toda la regin gastro-he- ptica. Si se presenta la atacsa o la adinama, segn hemos dicho, usan ademas de los medios espuestos, del almizcle, alcanfor, cas- treos y dems antiptridos y antiespasmdicos, siendo mucho mas prdigos en los revulsivos las estremidades. Desde el 1 ? de Enero de 1840jiasta 30 de Junio de 1854 lia tenido el hospital de Matanzas 20720 enfermos, de los cuales cu- raron 19823, murieron 671 y quedaron 120. Desde el ao de 1850 hubo 392 invadidos del clera-morbo epidmico, de los que fallecieron 187, cuyo guarismo debe rebajarse como epidemia del nmero de los que fallecieron de enfermedades comunes y de las fiebres endmicas de los pases tropicales, quedando redu- cido el nmero de muertos 484 y dando el 2f por ciento en el largo espacio de 15 aos. Tambin se incluyen en este nmero cien individuos que perecieron de tisis pulmonal. PUEBLO DE LA SABANILLA. Colocado este pueblo en el centro de la Isla de "N. S. en su parte mas estrecha, tiene igual distancia una y otra costa con poca diferencia. En la parte del S. se halla la gran cinaga nom- brada de Zapata y al E. de ella la ensenada de Cochinos, donde desagua el vertiente de la gran sierra que divide Cuba de E. O.; tambin desemboca el rio Jatibonico, navegable en botes chatos una gran estension tierra adentro, y cuya boca es difcil llegar ni aun en la seca, por lo anegadizo del terreno y las tem- bladeras que mucho antes se encuentran, y que nunca se han visto firmes para poder transitar caballeras. Colocado el pueblo en una llanura de cerca de dos leguas, en circunferencia, rodeada de los camellones lometas que la cir- cundan, hacen que este sea un plato receptculo que deposita sus propias aguas y las que vienen de los alrededores, principal- mente de la parte del S., sea la espalda del pueblo, y aunque descubierto por el N". y Nordeste, su suelo siempre es hmedo y pantanoso en proporcin las aguas mas menos abundantes que caen en tiempo de lluvias y de Nortes. Sus terrenos son pobres, arenosos y de perdign, su vegetacin depauperada, pues aunque fu rica por las maderas de construc- 195 cion quo posea, hoy se vea solo sabanas incultas, espnestas la accin del sol, y productoras de un miserable pasto llamado es- partillo, algunos rboles muy raros que nombran guayabales, de poca altura y de follage muy escaso. Es sobre filones de una piedra fioja, caliza, de aspecto jabono- so y muy hmeda, llamada cachimbo, sobre la misma piedra suelta mezclada con tierra gredosa, finalmente sobre un barro amarillento, sin solidez, por el cual filtran las aguas procedentes de un estancamiento de ellas, en tanto grado que los pozos suben hasta la nivelacin natural del suelo, secndose por el contrario si el ao es escaso en lluvias. Por lo comn reinan aqu las enfermedades que en el resto de la jurisdiccin, y se combaten con los mtodos curativos admiti- dos en medicina. La jurisdiccin tiene una ciudad, tres pueblos, cinco aldeas y doce caseros; como tambin diez partidos cuyos nombres y n- mero de habitantes son los siguientes: Matanzas . . . . 22283 Corral-Xuevo. . 904:0 Seiba-Mocha . . . 8187 Santa Ana. . . . 5197 Canmar. . . . . 1424 Guamacaro . . . . 7785 Camarioca. . . . 3549 Cabezas. . . . . 7394 Sabanilla . . . . 6730 Alacranes . . 8120 15 5) 79709 Durante el afo de 1853 tuvo la jurisdiccin 22531 enfermos y 1694 muertos en el orden que continuacin se espresa: 196 meses. PART TVTL. PAKTK MILITAR. Casos. Huertos. '.-i-ii - . Murrios, 1661 36 244 3 1755 45 93 3 1713 40 91 1 Abril 1563 54 95 3 1725 95 94 1 2095 68 97 2 1869 252 212 10 2831 369 221 56 2413 296 151 30 Octubre 1791 334 208 40 1521 GS 183 3 1588 37 152 1 Totales . . . 22531 1694 1841 153 Tenia dos regimientos ele guarnicin no completos. Los doce meses de 1854 ofrecieron el nmero que sigue: PARTE CIVIL. PARTE MILITAR. jUjteJbjj. Casos- Muertos. Ca3os. Muertos. 1013 21 186 1 578 22 107 ?? 225 20 87 1 Abril 750 25 93 2 Mayo 456 693 10 24 127 196 5 4 1003 85 271 5 1023 61 262 18 915 33 160 4 Octubre 724 14 111 2 Noviembre 955 19 88 ? 786 30 71 2 Totales. . . . 9151 364 1729 44 Las enfermedades principales fueron disentera, fiebres inter- mitentes, biliosas, catarrales, bronquitis y clera espordico. 197 N. 14. JURISDICCIN DE CRDENAS. El distrito jurisdiccional de Crdenas se halla comprendido entre los 23 12' 50" y 22 22' 4" de latitud boreal, y 74 9' 50" y 75 6' 4" de longitud occidental de Cdiz. Lo limitan al N. el mar, al E. las jurisdicciones de Cienfuegos y Sagua la Grande, al S. la cinaga de Zapata y al O. la jurisdiccin de Matanzas. Su terreno en lo general es llano y sumamente frtil, compues- to de tierras negras, bermejas y mulatas; es cenagoso al N. en to- do el litoral de la costa, desde punta de Hicacos la laguna del Tesoro, que son 24 leguas. El rio de Limones nace en la hacienda de Alvarcz y desagua al N., recorriendo una estension de doce leguas. El de la Palma nace en Laguna-Grande y desagua al O. del embarcadero de la Teja en la coste del . El de Sierra-Morena, corto rio, nace en Limones y desemboca al E. de la Teja, y el de la Hanbana, que tiene su origen en el pozo de Mordazo. Hay otros de menor con- sideracin, como el de las Palmillas, Piedras, San Antn y Ci- marrones. Las lagunas mas conocidas son las de Guanajayabo, Moja- Bragas, Asiento-Viejo, Tacan y Camacho. En Punta de Hica- cos se hallan las salinas de su nombre y las del Choc; la prime- ra, de grande estension, produce de 130 140000 arrobas, y la segunda sobre 4000 de una sal de escelente calidad. Todas las costas son cenagosas, especialmente en tiempo de aguas, de modo que se hacen intransitables; la que hay desde Camacho hasta la punta de las Molas es arenosa en su mayor parte, solo interrumpida en pequeos espacios por las penas do Bernardino, de Camacho, punta de Caravela y cabo Francs, en una estension de seis leguas al N. y cinco al S., siendo por esta parte cenagosa, menos en su terminacin, cerca del embarcadero de las Gucimas, en donde se hallan algunos arrecifes que dan origen una cantera que est en esplotacion. Como toda esta costa se v cubierta de arrecifes y bajos, es casi inaccesible. El puerto de Crdenas es el nico considerable que hay en la jurisdiccin; ademas tiene sta los embarcaderos de la Siguapa, Siguagua, San Mateo, la Palma, que es interior, 3 leguas del rio de su nombre; la Teja, Santa Clara y Ganuza, con el surgide- ro del Jcaro, donde vienen parar los ramales del ferro-carril de su nombre. Toda la jurisdiccin se halla dividida en los partidos siguien- tes 6 poblados con el nmero de habitantes que se indican; 198- Cantel . . . Ceja do Pablo Cimarrones . Guan utas . . Hanbana. . Lagunllas. . Macuriges . . Palmillas . . Camarioca . . 2030 almas. 8206 7000 15065 1714 8739 15231 10664 5241 Total . . 73896 55 5) 55 55 55 55 55 55 55 Se tienen por muy saludables los baos del mar en Baradero, los de Santa Rosa y Santa Mara en Palmillas y los de San An- drs en el rio de su nombre. Deben citarse como curiosidades un ojo de agua y un pozo que hay en la jurisdiccin. El primero ecsiste en el hato de Taba- co, partido de Macuriges, rodeado de paredones. Su circunferen- cia es de 90 varas con una profundidad asombrosa: cuando hay vientos del S. sus aguas toman un color lacticinoso y despiden un olor de azufre, cuyo fenmeno desaparece con el cambio del viento, presentndose de nuevo el agua clara, delgada y muy po- table. El pozo se encuentra en Palmillas al O. de Tacan; sus cris- talinas aguas ecsalan un olor insoportable de sulfuro de potasio en el acto de sacarlas, pero pasadas algunas horas se disipa en- teramente: y es no solo muy potable sino tambin medicinal en las afecciones herpticas. El estado de la atmsfera es claro y despejado escepto en los meses de lluvia que hay mucha humedad y un calor fuerte du- rante el dia: las noches unas son muy calurosas y otras frescas, pudiendo decirse que la diferencia de unas otras es de una va- riacin repentina. Las enfermedades reinantes en los meses de Junio, Julio y Agosto son las calenturas inflamatorias y disenteras sanguneas. El mtodo curativo seguido contra estas dolencias ha sido el plan antiflogstico ya local, ya general, bebidas emolientes y emulsi- vas y el rgimen. En Setiembre, Octubre y Noviembre las calenturas gstricas, diarreas biliosas y algunas disenteras de la misma naturaleza; el mtodo generalmente ha sido el antiflogstico, bebidas emo- lientes sub-cidas y la dieta, insistiendo mas menos en estos medios, segn la gravedad de los casos. Por Diciembre, Enero y Febrero se presentan las anginas de todas clases, pero con particularidad la tonsilar y farngea, as >_199 como las afecciones catarrales. La teraputica es variada segn los diferentes grados de las anginas: cuando son ligeras han bas- tado los antiflogsticos generales unidos los tpicos resolutivos; si la aeccion se lia hecho intensa se han empleado las evacuacio- nes sanguneas. La fiebre catarral se termina favorablemente cuando es atendi- da en los primeros dias, restableciendo la actividad de la piel sin descuidar la disposicin inflamatoria, siendo la nica guia para su tratamiento la intensidad de la calentura. Por Marzo, Abril y Mayo reinan algunas fiebres intermitentes contra las cuales se han usado los emticos y purgantes, cuando hay saburras en el estmago, y el sulfato de quinina en la apirec- sa para impedir la vuelta de la accesin. Las antedichas enfer- medades se han hecho mas menos graves segn la idiosincra- sia de los pacientes y el mtodo curativo que contra ellas se haya adoptado. La fiebre amarilla se ha padecido algunos aos y sobre todo el presente, no habiendo dejado de segar algunas vctimas. Las causas que pueden dar origen estas enfermedades son muy variadas, contando como la principal el estado de la atms- fera y el olvido de las reglas de una buena higiene. POBLACIN DE CRDENAS. La villa de Crdenas, cabecera de su jurisdiccin, est situa- da en la costa . de la Isla, al Sudoeste de la ensenada de su nombre, sobre terreno llano y pedregoso por partes, y bajo y anegadizo en toda la barriada conocida con el nombre de la Ma- rina. La latitud es 23 2' 45" y la longitud 74 54' 40" al O. del meridiano de Cdiz. Sus aguas potables son por lo general de pozo, siendo pocas las personas que pueden proporcionrselas de algive: aquellas son pesadas, poco cristalinas, de gusto salitroso y depositan en las vasijas de metal en que se hierven una gran cantidad de sa- les calcreas. El hospital militar est hoy en la casa de salud, y consiste en un buen saln bajo de 60 varas de largo y 12 de ancho, con bue- nas luces, ventilacin fcil y las dependencias necesarias en esta clase de establecimientos. Pueden colocarse bien sesenta enfer- mos, mas la asistencia de estos nada tiene de esmerada. El cuartel de infantera es un solo piso, con capacidad para 300 hombres, que pueden alojar cmodamente en cuadras venti- ladas, 6ecas y con buenas luces. Hay abundante agua de pozo tan buena como la mejor de la poblacin. 2lX) 1 do caballera es anlogo al anterior, de manipostera y teja, de piso bajo, ventilado y regularmente cmodo, pudiendo alojar en l una seccin de 25 30 hombres y sus ociales. La costumbre que tienen los vecinos de arrojar Ja basura en los solares mas inmediatos, de los muchos que hay alternando con las casas, la estancacin en ellos de las aguas llovedizas que se mezclan en algunos con las del mar, la acumulacin en estos sitios de materias animales y vegetales en putrefaccin, favoreci- da considerablemente por el calor y la humedad, producen cons- tantemente un considerable desprendimiento de emanaciones impuras, que alteran y vician la composicin del aire, hacindo- lo en estremo insalubre, y hasta repugnante y nauseabundo para las personas delicadas, no acostumbradas respirarlo, y son cau- sas de las calenturas intermitentes mas menos graves, cuyo ti- po presentan tambin casi todos los males que se padecen en la poblacin de cualquier naturaleza que sean. No es menos perjudicial el gran nmero de almacenes situa- dos barlovento de la poblacin, levantados sobre estacas, que dejan debajo de s una atmsfera espaciosa, donde las aguas es- tancadas por haberles cortado su comunicacin con el mar, se ha- cen sumamente nocivas la salud, pues ecsalan desde Mayo has- ta Agosto una hediondez insoportable capaz de asficsiar los que respiran tan funestos gases, producto del derramen de las mieles, de las basuras y del fango del terreno en que se han fa- bricado estos establecimientos. La poblacin de Crdenas sube 5302 almas que unidas las 73896 del resto de la jurisdiccin, hacen un total de 79198 habi- tantes. El partido de Macuriges situado un estremo de la jurisdic- cin hacia el S., tiene terrenos regulares; colorado y bermejo en la parte alta y negro y barroso en la baja. Las aguas en general son malas y gruesas, escepto en el punto llamado Jageicito don- de hay pozos de seis nueve varas constantes de una agua rica, digestiva y ligera que nada tiene que envidiar las mejores de la Isla. Se encuentran grandes lagunas en los terrenos bajos, y ojos de agua en los pedregosos llamados de Realengo. El de Cimarrones es de terreno alto, seco, bien ventilado y muy sano: no tiene rios, sino dos arroyuelos que vienen de las lomas de San Miguel, y cuyas aguas estn cargadas de princi- pios sulfurosos. No hay montaas sino lomas mas menos ele- vadas, con mucho monte, maderas y palmares. Su atmsfera es pura, clara y muy sana: las aguas son de pozo, cristalinas y de un delicioso sabor. La gente del campo suele padecer disenteras biliosas en tiempo de lluvias. La jurisdiccin produce azcar, caf, ganado, carbn, sal y 201 maderas. Tiene muchos ingenios, cafetales y haciendas, y es la mas cruzada por ferro-carriles. El nmero de enfermos en toda ella durante el ao de 1853 ha sido el siguiente: MESES. PARTE CIVIL. PARTE MILITAR. Casos. Mueitos. Caos. Muertos. 486 75 779 329 496 718 38 594 458 583 471 651 33 9 46 9 12 9 16 97 143 85 27 13 26 25 39 24 29 30 27 57 78 131 55 55 1 1 Marzo Abril . . . . Ma} 7 o 55 55 1 55 1 Agosto 2 Octubre. 6 2 55 Totales . . . 6024 499 293 11 El ano de 1S54 han ocurrido los casos siguientes: ^XVQ'FQ PARTE CIVIL. PARTE MILITAR. Tasos. Muertos. Casos. Muertos. Enero . . 471 221 219 192 .221 231 158 570 1334 1166 249 180 14 8 11 11 8 14 27 24 48 56 14 6 102 50 40 36 68 103 126 134 112 124 74 31 Febrero Marzo Abril Mayo Julio 4 6 4 Octubre 12 3 5? 55 Totales . . . 5212 241 1000 29 Haba un regimiento de guarnicin. Las enfermedades que mas han figurado, son viruela confinen- 26 te, fiebres peridicas, biliosas y catarrales, disentera y diarrea en el ao de 1S53. En el de 1851:, las intermitentes, vmito fie- bre amarilla, calentura biliosa, catarral y tifoidea. K 15. JURISDICCIN DE SAGUA LA GRANDE. Los terrenos do esta jurisdiccin participan do las diversas clases y divisiones que son consiguientes su gran estension y localidad, notndose que los estratificados y terciarios abundan mas hacia el interior, que en las inmediaciones del litoral donde por lo comn son de acarreo aluvin. Tanto el rea que ocupa la poblacin de Sagua, como los de- mas terrenos inmediatos, hasta llegar la boca del rio son de transicin acarreo y descansan sobre un banco de arena arci- llosa compacta. El tegido cavernoso ele las formaciones calizas, (seboruco), no se encuentra sino mas de cuatro millas al inte- rior, en las lomas llamadas de la Jumagua, Palmarejo, y algo mas distantes en el Calabazar y otros puntos de la jurisdiccin. La Sierra-Maestra que atraviesa la Isla en sentido longitudi- nal por la parte del JST., se interrumpe trechos y vuelve re- aparecer mas adelante, como sucede desde las Pozas Sierra- Morena, y aun desde San Francisco al Quemado de Gines, don- de en el punto conocido por Man agita vuelve aparecer conti- nuando la cordillera vuelta de Guata, loma del Fraile, Palma- rejo, Magdalena y Calabazar. Esta cordillera es de formacin secundaria; los terrenos inme- diatos son escelentes para la agricultura. En el partido del Que- mado de los Gines ecsisten grandes estensiones de terreno, cu- ya superficie se halla cubierta de piedras foliculares, lenticula- res, y concreciones incrustaciones marinas. Se han encontrado asimismo abriendo pozos, varios cuernos de Ammon, como tam- bin petrificaciones de especies conocidas en la actualidad. Sin embargo, aunque abundan en piedra suelta, se prestan grandemente la agricultura, y el terreno generalmente es berme- j-o, cuyo color parece debido sin duda al csido de hierro y man- ganeso que entran en la composicin con porciones de alumina, slice y magnesia que constituyen el suelo vegetal. Desde la orilla del mar hasta las inmediaciones de la Sierra- Maestra, cuyas distancias por trmino medio es de mas de 3 le- guas, el terreno es generalmente bajo, de capa vegetal, negra, arenisca, pero en que predomina la arcilla alumina con un es- pesor ele doce catorce pulgadas, trmino medio. Esta capa ve- getal 6 humus, descansa sobre una de arena pura, en las orillas del rio, pero apartndose de sus mrgenes la estrata es de marga 203 y greda de color de plomo, y en las cercanas de la costa de co- lor amarillo, de consistencia tenaz, untuosa impermeable. Desde que concluye el terreno bajo en la zona comprendida entre el litoral y las montaas, cambia el aspecto fsico del ter- reno, cuya capa vegetal es bermeja mulata participando de los tintes intermedios, entre la primera y la negra. Aqu predo- mina la tierra calcrea, y por lo general la slice combinada en incrustaciones. La cordillera de montaas llamada Sierra-Maestra corre prc- simamente paralela la costa y su formacin es secundaria, abun- dando en ella la piedra calcrea, que es la base esqueleto de su estructura. Aqu el suelo es muy desigual, lleno de quebra- das, laderas, precipicios, cavernas, furnias y derrumbaderos des- carnados. Sin embargo, tal es la fuerza de la vegetacin en este clima, que todas estas lomas se hallan vestidas de frondosos bos- ques, que encuentran su alimento por entre las hendiduras de los peascos, estendiendo sus robustas raices por las sinuosidades de los mismos, para internarse en los huecos donde se pierden de vista. Los terrenos conocidos por el nombre de sabanas se componen en su mayor parte de arena combinada con csido de hierro y piritas del mismo metal; razn por la que son infructferos de to- do punto, menos que no se adoptase el sistema de abonos. Las sabanas son de dos clases, saber: de terrenos altos de costa- nera. Las descriptas son las primeras, pues las ltimas en vez de arena, se componen de arcilla pura. Los terrenos correspondientes la colonia de Santo Domingo son generalmente llanos, de capa vegetal negra y bajos; partici- pan de los terrenos de acarreo y descansan sobre cascajo menu- do. No se encuentran lomas en toda ella. Casi toda la estension de la costa es de cinaga manglar ane- gadizo y los cayos que tiene al frente tambin son en su mayor parte de mangles, esceptuando dos tres que son de piedra, don- de trabajan los corales y mad reporas. Los vientos reinantes son los comunes toda la Isla, esperi- mentando los Nortes en la estacin seca de Octubre Marzo, y las brisas del primer cuadrante de Marzo Octubre. Los del S. soplan alternativamente en la estacin lluviosa, y entonces la temperatura es mas alta, influyendo notablemente en nuestro or- ganismo y causando cierta displicencia y malestar. En los meses de Junio, Julio y Agosto, desde launa a las tres de la tarde se esperimentan las grandes turbonadas del Sur con vientos fuertes y abundantes lluvias, contrarrestando la brisa, cuya lucha suele suceder la calma por algunos momentos, predo- minando en seguida el viento fresco precursor de la turbonada; 204 despus que esta lia descargado, recobra la brisa su dominio y vuelve presentarse la atmsfera clara y despojada. En tales circunstancias, se verifica que si llueve mucho son pocos los ra- yos, pero muchos los relmpagos y truenos interrumpidos y le- janos; pero si llueve poco y hay mucho viento, el fluido elctri- co es abundante y aun terrible. Los primeros repuntes del Norte suelen aparecer algunas ve- ces fines de Setiembre; este viento sopla con mas fuerza de Di- ciembre Enero, csceptundose los casos en que aparece algn huracn, que por lo general es en Octubre, pues de 24 huraca- nes que ha sufrido la Isla en 134 aos, los 14 han ocurrido en es- te mes. La temperatura media del ao varia segn los lugares, obser- vndose alguna diferencia entre los terrenos altos y los mas ba- jos prcsimos al mar. Temperatura media en el arlo. Sagua 25'7. Quemado 22 c 9. Todo segn el termmetro de Reaumur. La verdadera brisa se distingue por su agradable frescura, que hace sentir ligereza, placer y bienestar. El S. es caliente, sofo- cante, enciende la sangre, produce dolores de cabeza, y pone de mal humor. El ET. es fri, desagradable, constipante, agrava las enfermedades, y disminuye la actividad vital. Cuando reina la brisa todos los semblantes estn animados y risueos, y si es ei S. se presentan las apoplegas, insultos y mil padecimientos, desgracias y aun crmenes. Los pozos de la jurisdiccin ascienden 250; en cuanto la calidad mas menos potable de sus aguas varia segn la cali- dad de los terrenos, su altura sobre el nivel del mar, distancia la costa y mil otras circunstancias. Generalmente hablando los pozos de la poblacin de Sagua dan mala agua con muy rara es- cepcion, mas los del interior la dan buena y tanto mejor cuanto mas distantes estn de la costa y a mayor altura situados. Abundan los manantiales de escelente agua en los terrenos al- tos y muy particularmente en las sabanas, donde la frescura, transparencia y salubridad de las aguas detienen con gusto al se- diento viandante, gozoso de encontrar tan agradable refrigerio. Ei manantial de agua mas delgada, limpia y esquisita de toda la jurisdiccin, se halla en las sabanas del hato Amaro, cinco le- guas de Sagua; es tan delgada y pura como la de lluvia. El nmero de arroyes es tan considerable que se necesitara un prolijo y minucioso trabajo, para hacer la enumeracin de to- dos ellos. Sin embargo, se cree sin ecsageracion que pasan de 205 500, y muchos do ellos con bastante caudal de agua, en todas estaciones. Nacen al pi de la Sierra-Maestra en su vertiente septentrional y corren unirse con los ros principales, tributn- djles sus aguas para engrosarlos, y descender al mar que es el receptculo comn de unos y otros. Los rios que corren por el terreno de la jurisdiccin, son: Sier- ra-Morena, Caas, Zacatecas, Jiquiabo, Sagua la Grande, Yab, Magnaralla y Calabazar. Los de Zacatecas, Jiquiabo, Yab y Maguaralia tributan sus aguas al Sagua la Grande; los dems desaguan en el mar cada uno de por s. Las aguas de estos rios no son de la mejor calidad, y aun peo- res en las primeras lluvias de la primavera, por la mucha canti- dad de cenizas y basuras que recogen de los desmontes y quema- zones de maniguas practicadas en sus inmediaciones durante la seca. Muy pocas personas beben dichas aguas, teniendo pozos manantiales en sus fincas que se las proporcionan mejor: en cuan- to a los vecinos del pueblo de Sagua, aunque muchos la usan del rio, tienen la precaucin de filtrarla para librarla de las im- purezas que pueda contener. La mayor parte de la zona de tierra baja comprendida entre las inmediaciones de las sierras y la costa, produce multitud de vegetales de los comunes la Isla, maderas preciosas y de cons- truccin, frutas, legumbres, pastos, aves, peces de rio, del mar, etc. etc. ISo es raro ver aparecer alguna vez que otra algunos manates, mas no tanto cocodrilo caimn como en la costa del S. Donde sobre todo abunda la pezca con esceso es en las lagu- nas que forman los cayos anegadizos frente Carahatas. No es poco comn sacar de un lance con red veinte arrobas de pescado. Con vista de la calidad de los terrenos, aguas, variaciones at- mosfricas y otras condiciones mas menos sanitarias de la ju- risdiccin, es fcil comprender las enfermedades mas comunes en ella con respecto las distintas localidades que la componen. En los terrenos bajos y pantanosos son endmicas las intermitentes, y en los de condiciones opuestas las inflamatorias, biliosas, catar- rales, las afecciones reumticas, etc. Gracias los- muchos desages, la falta de inundaciones del rio de Sagua, que no se ven desde el ao de 1838, y al retiro de los montes por causa del fomento de la agricultura, se nota que ha mejorado mucho la condicin. sanitaria de los alrededores de la poblacin de Sagua, hacindose mas raras y menos intensas las enfermedades endmicas. Las fiebres gastro-biliosas intermitentes simples, que algu- nas veces toman el carcter de remitentes y pasan al estado ti- foideo, han disminuido estraordiuariamente desde la poca cita- da, siendo antes de ella una frecuente causa de destruccin que 200 hacia abandonar aquellos paragcs por enfermizos y mortferos. Iloy han mejorado en sumo grado estas condiciones y las pobla- ciones gozan do la misma salud en general que los demaa habi- tantes de la Isla. SAGUA LA GRANDE. Pueblo situado los 22 48' 10" de latitud boreal y 73 47' 40" de longitud occidental de Cdiz y edificado en la margen izquierda del rio de su nombre, terreno llano y pantanoso. Cons- ta de unas 400 casas y 2200 habitantes. Tiene un cuartel para alojar la compaa que lo guarnece; es una casa particular, poco propsito para el obgeto y no merece mencionarse. Es puerto interior habilitado, hallndose 7 leguas de la boca de su rio, distancia que forma ste por los rodeos que hace, pues si se mira en lnea recta solo dista la poblacin de la entrada del rio tres leguas y media. Hay tambin un hospital militar cuya capacidad y circuns- tancias le hacen quizas el primero de la Isla, en su clase. En una hermosa casa en situacin muy elevada, fabricada espresamen- te para este obgeto por un particular, profesor de Medicina y Ci- ruga, bien ventilada y provista de cuantos accesorios necesita para el buen tratamiento del enfermo y bienestar del convale- ciente. Le adorna un hermoso jardn que contribuye purificar el ai- re y recrear al enfermo. Un bao bastante capaz, abundante- mente provisto de agua por medio de bombas hbilmente colo- cadas, proporciona este elemento para las necesidades del edifi- cio y para el aseo y comodidad de los enfermos. Por ltimo, los utensilios, los dependientes y criados, y el esmero con que se cuida de la asistencia del soldado, lo constituyen de una catego- ra superior sin duda la del punto donde se halla establecido. El cementerio se encuentra una milla Sudoeste de la pobla- cin, con capacidad bastante y una buena calzada que sirve de paseo; rene este lugar todas las condiciones que apetecerse pue- den, y que como el hospital nada dejan que desear, pudiendo envidiarlo otros pueblos mucho mayores y con mas riqueza y proporcin para establecerlo. Consta la jurisdiccin de 25519 almas distribuidas del modo siguiente: En el pueblo y sus cercanas . . 2455 Partido del Quemado de Gines. 4452 dem de Jumagua 4236 dem de Amaro 3165 207 dem del Calabazar 2610 dem de Rancho-Vela .... 2878 dem de Yab . ...... 1896 dem de Alvarez 1793 Colonia de Santo Domingo. . . 1734 25519 En estos partidos hay las aldeas y earseros de sus nombres y ademas los de Pueblo-Nuevo de San Juan, Guata de la Izquier- da, Boca del rio Sagua, Yiana, Jiquiabo, Carahatas y Sierra- Morena. Son tan insignicantes que no debe hacerse mencin de ellos. Durante el ao de 1853, se vieron en esta jurisdiccin 6529 enfermos y 360 muertos. PARTE CIVIL. PARTE MILITAR. MESEf>. Casos. Muertos. Casos. Muertos. 647 12 6 )) T23 11 3 J> 435 1 1 )) 423 13 3 )> Mayo 452 7 2 1 413 12 1 5) 511 10 4 55 619 9 2 55 488 13 2 }) 465 17 4 1 703 170 18 3 650 85 12 2 Totales. . . . 6529 360 58 7 208- Ao do IS.">4 MESES. Enero .... Febrero . . Marzo Abril .... Mayo .... Junio .... Julio .... Agosto . . . Setiembre . . Octubre . . . noviembre . . Diciembre. . . Totales PARTE CIVIL, Ca 5134 M nettos. 187 10 284 19 369 4 345 9 427 8 075 3 10G3 158 593 45 219 4 424 4 208 3 340 9 276 PARTE MILITAR. 7 99 3 1 99 1 6 5 2 3 4 2 34 M uertos. 99 99 1 5? 99 59 5? 99 99 99 >9 99 99 Las enfermedades que han ocupado el primer lugar son las diarreas, fiebres intermitentes, catarrales, biliosas, sarampin, di- sentera, anginas, tos ferina, variolides, viruelas y hepatitis. La guarnicin es una compaa. K". 16. JURISDICCIN DE CIENFUEGOS. Bajo el nombre de colonia de Fernandina de Jagua se dio principio a una poblacin en la pennsula de la Majagua el ao de 1819, por cuyo tiempo se albergaron los primeros colonos en tiendas de campaa, celebrndose la primera misa dentro de una barraca que se construy al efecto, la parte N. de la sa- crista de la actual iglesia, en 30 de Octubre de 1820. Esta poblacin, hoy villa de Cienfuegos, se halla situada la orilla septentrional de su gran puerto, los 22 9' 00" de lati- tud, y 74 W 00" de longitud, 60 leguas de la Habana. Su superficie abraza unas seis caballeras de tierra. Sus calles son rectas N. S. y E. O.: tienen quince varas de ancho y el piso es arenoso; el nmero de casas, que pueden dividirse en cuatro cla- ses, es el de 791 y el de habitantes de 5556. El cuartel de infantera, aunque destinado para alojar dos compaas es bastante estrecho y hubo poco gusto en su cons- truccin, pues ademas de ser parte de ladrillos y mucha parte de madera, tener bajos sus techos, que son de teja, rene la cua- lidad desfavorable de ser angostas las cuadras. Se ha dado prin- cipio otro al E. de la poblacin, sobre una pequea eminencia, con capacidad suficiente para cuatro compaas, el de caballera es de tabla y teja y muy poco capaz: se tiene en alquiler. El hospital militar est construido con bastante solidez; es de ladrillo y teja y sus portales interiores de azotea, capaz para re- cibir ciento cuatro enfermos, sin contar con las dems depen- dencias: se compone ele una sala espaciosa para los de Medicina, otra para los de Ciruga, una para oficiales, otra para convale- cientes, una para enfermedades contagiosas, otra para las ele la vista y un calabozo. Est formado sobre un paralelgramo de 50 varas de frente y 60 de fondo, sanse 3000 varas cuadradas, con 2000" mas al fondo, para el aumento proyectado. Se halla si- tuado sobre una pequea elevacin al JST. ce la villa, pudiendo asegurarse que es el mejor en su clase que hay hasta el dia en la provincia del centro. Se trasladaron l los enfermos en 1? de Agosto de 1S52: ha sido fabricado por su actual contratista Don Jos Mara Aguayo, y llama la atencin por su localidad, aseo y buena asistencia. Est en proyecto la obra que se destina para el hospital de ca- ridad, que ha de lindar con el anterior, llevar iguales dimensio- nes, de modo que los dos ocuparn una manzana completa. En- tre los edificios est proyectada la capilla pblica y con tribunas particulares los dos hospitales. La casa sanitaria de Santa Rosa, se halla asociada la Quin- ta del Rey en la Habana y la casa ele salud de San Pablo de Matanzas, para recibir mutuamente los suscritores ele cualquiera de las tres que enfermasen en sus incursiones por los puntos in- dicados. A la parte occidental de la poblacin y orilla del mar se ha- lla el matadero; la casa es bastante capaz, de horconaduray te- ja, con su correspondiente corral para depsito dereses y cerdos: pero siendo natural su piso y sin ningn eleclive, resulta que la sangre all estancada entra en corrupcin, lo que causa que ecsale un plor pestfero, que no solo se deja percibir bajo el mismo es- pacio, sino larga distancia de aquel punto. Esto contribuye no en poca parte, al desarrollo de enfermedades, por aquel rumbo de la poblacin, cuya prueba es bastante conocida por el mayor nmero de enfermos que resultan en aquella barriaela, principal- mente si se despierta alguna epidemia, como sucedi en el cle- ra de 1850 y 51, as como con las viruelas en el presente de 53. La mayor parte de la costa es de cinaga y manglar, pantano sa, casi intransitable en las aguas, pero seca en los meses de Enero Mavo. La ensenada del Ingles, el estero del mismo nom- 27 210 bre y dos mas, se hallan comprendidos en la co.^ta interior de la baha. Lo atraviesa el ferro-carril. A esta misma barriada cor- responde el hospital militar. o habiendo en esta villa fuentes ni manantiales de agua dulce y no siendo suficiente la de 37 algivee, algunos estanques de madera, varios curbatosy quinientos y pico de pozos (aunque es raro el potable), se halla en la necesidad de ir tomarla por mar las mrgenes del Damuj en la aguada que llaman Felipe, que tiene su nacimiento en las tierras del ingenio Concepcin, y desagua en el propio rio. La conducen agives notantes re- molcados por un vapor y la depositan en curbatos que tiene la empresa, vendindola al pblico en carretones de la misma. La antedicha aguada se halla cuatro leguas de la poblacin. La aguada de Santa Luca la orilla O. del Damui, surte tambin en la estacin de lluvias a esta villa; nace en los terrenos del in- genio Constancia, y est su desage media legua mas cerca que la de Felipe. El terreno que ocupa la poblacin es parte arenoso- y parte cascajoso con arcilla por debajo, por lo que es estril para pro- ducir plantas y las que le son propias no se encuentran en gran- des clases, siendo mayor el nmero de las martimas. El puerto de Cienfuegos es uno de los mas espaciosos de la Isla. y uno de los mejores del Globo por su limpieza, abrigo, profun- didad y escelente andadero. Tiene cinco leguas de largo en di- reccin NF. E. y S.- E. y dos ele ancho E". S. Desaguan en l los tres rios navegables, Damuj, Salado y Caunao, por los cuales un vapor y otros barcos de vela conducen sus muelles los fru- tos de varias fincas del distrito. Ademas desaguan en la misma baha parte del rio Arimao y varios arroyos. A la entrada del puerto frente al punto nombrado Pasa-Caba- llos, est el hermoso castillo de Nuestra Seora de lus Angeles, sobre la costa de sotavento de Jagua. Toda la costa perteneciente esta jurisdiccin desde la boca del rio San Juan, lmite con Trinidad, hasta la ensenada de Co- chinos, lmite con la Habana, es de seboruco, el mar sin fon- do, como tambin sin cayos, y solo con un placer situado ocho leguas al S. de la boca. A una legua S. E. de esta villa se halla un cayo-pennsula co- nocido por Punta-Ladrillo, ckmde se encuentra el Lazareto. Es- te edificio es de maderas del pais, de dos pisos, construido con solidez, y cedido al Gobierno por varios comerciantes que lo com- praron su primitivo dueo. Se halla hoy en un estado de dete- rioro que llama la atencin de cuantos lo visitan. La temperatura de la atmsfera vara segn los meses esta- ciones del ao; en Octubre, Noviembre, Diciembre y parte de 2J1 Enero, las maanas, tardos y noches son templadas, sintindose calor al medio da. Desde el mes de Enero y todo Febrero se de- jan sentir regulares fros, y desde Marzo hasta Setiembre inclu- sives, mucho calor. Las observaciones hechas en la marcha re- gular del termmetro de Farenheit dan el siguiente resultado. Termmetro de 8CP 92, 60 70. En el casero de la Sierra, jurisdiccin de Cumanayagua, al rumbo S. E. de Cienfuegos, y que d principio las lomas de Trinidad, se deja sentir fro de dia y mucho mas por la noche, aun en tiempo del mas riguroso verano. Los vientos que mas comunmente reinan son el S. E. y T. O.; rara vez el ~N. franco: el S. E. es la verdadera brisa del E, que parece que chocando con las elevadas lomas de Trinidad, forma remolino, y desviando su direccin es repelida hacia esta villa, la que regularmente empieza las diez de la maana, ( lo que llaman los marinos virazn) y dura hasta el anochecer, cuando, despus de una corta calma, se presenta el terral que permanece toda la noche, y es un consuelo para mitigar el calor, que se sien- te durante el dia, y un "beneficio que reciben los buques de ca- botaje para favorecer su salida del puerto y su navegacin. En las inmediaciones de Cienfuegos los terrenos son quebra- dos; pero la parte S. O. del puerto se divisan colinas escarpa- das, entre las que se distinguen las dos nombradas Tetas de Do- a Tomasa y forman la costa. Al rumbo S. E. se encuentran las elevadas montaas, que hacen la cordillera de Trinidad, desde el rio San Juan hasta Siguanea, formando parte de la jurisdiccin de Cumanayagua. Las principales son la sierra de San Juan, Rio Blanco en la Sierra, loma de Ventana, loma Picacho, la Atra- vesada, Herradura, Alcalde, Madoray otras muchas de segundo orden difciles de determinar por la aglomeracin que forman como anfiteatro la gran cordillera que las precede. El rio Damuj se forma de los arroyos riachulos Pltano, Salto, San Marcos, Santa E,osa, Soledad, Santiago, Ciego-Mon- tero y Jabacoa, tomando todos el nombre de la hacienda donde nacen, por donde pasan. Es navegable hasta 4 leguas, para buques de poco calado. El Caunao hasta otras 4, y el Salado hasta el paso del camino real de la Habana. No habiendo rios en esta poblacin se carece de baos corrien- tes, y estos suelen, irlos tomar algunas personas, de un arroyo que pasa por el casero de Caunao, legua y media al E. de esta villa. Se encuentran otros puntos en esta jurisdiccin que brin- dan los mejores y mas saludables; entre estos los frescos y de cristalina agua de los rios Hanabanilla, Arimao y Cumanayagua, los termales de Ciego Montero y de la Vija. Las sustancias sa- linae del primero son en apariencia las mismas que las de los o o banos de San Diego, con la elevada temperatura de 39 cent- grados. Produce maravillosos electos en las enfermedades cut- neas, principalmente las hermticas, inveteradas, en las sifilticas y reumticas. Las de la Yija no son tan activas y convienen en es- tas mismas afecciones, al mismo tiempo que en muchos casos de enfermedades crnicas del estmago intestinos, hgado y bazo, sin presentar los inconvenientes de Ciego- Montero. Las laguna de la jurisdiccin son la del Tesoro, que es de agua potable, al X. de la ensenada de Cochinos, partido de Yagua- ramas. La de Guanaroca, especie de mar interno, que comunica con la baha; es salada. Laguna Grande, Urubisito, Derramade- ro, Baracaldo y Matagt, de agua potable, Gavilancito y Gua- gimico, salobres. Pertenecen al partido de Cumanayagua. Mifermedadcs. Segn los partes sanitarios que ecsisten en el archivo de la Junta Subalterna de Sanidad de esta villa, y el estado del hos- pital militar, el ao de 1852 ascendieron 1138 los enfermos que hubo en la parte civil de esta poblacin y 524 militares, de modo que siendo el nmero de habitantes 5556 sin contar estos, resulta que algunos mas de la cuarta parte enfermaron, lo que no favorece mucho esta villa en cuanto la salubridad. Las fiebres intermitentes en sus varios tipos son las que mas han reinado, pero con predominio las tercianas, resultando ha- ber sido atacadas de ellas 544 personas del pueblo, lo que es ca- si igual la mitad de la totalidad de enfermos. Enere los mili- tares resultaron 307 del mismo mal, que es mas de la mitad del total de enfermos que tuvo la tropa. Los meses que dieron ma- yor nmero fueron Enero, Octubre, Noviembre y Diciembre, aunque no ha pasado un mes del ao sin que haya habido algu- nos casos de dicha enfermedad, causa que hace que la coloque- mos en la clase de endmica, atribuyendo la causa que la produ- ce al foco de infeccin miasmtica que se estaciona en la mata- zn de que hemos hablado y en las cinagas y pantanos de que hemos hecho mencin describiendo la localidad de la villa. No tienen poca parte en esto'los almacenes de mieles situados al fren- te del S. de la baha, un desage descubierto que tiene el cuar- tel de infantera, cuyas emanaciones dan un olor pestfero in- cesante, irresistible para los que por all transitan y mucho mas para los vecinos y la misma tropa, la tenera que est al lado del arroyo del Ingles y las basuras que se depositan en los parajes pantanosos de la poblacin con el obgeto de cegarlos. Intil es hablar de los perjudicialsimos efectos que este concurso de cau- sas malsanas puede producir. 213 Ei segundo lugar lo ocupan las fiebres catarrales, dando por resultado IOS casos en la villa, 329 en la jurisdiccin de las La- jas, y algunos en los otros partidos. La fiebre amarilla, salvo algn caso salteado en el pblico, es la que ocupa el segundo lugar en la tropa, comprendindose en- tre ellos algunos individuos de los buques de guerra que fondean en esta baha. Las dems enfermedades no llaman la atencin por ser en cor- to nmero, y no encontrarse una causa predominante que las pro- duzca, por lo que las colocamos en la clase de las espordicas. Las epidemias no dejan de visitar esta villa y sus partidos ru- rales con alguna frecuencia: as ha sucedido desde el ao de 1850 al 51 con el clera-morbo asitico, y en el presente de 53 con la viruela en bastante nmero v gravedad. El nmero de muertos de la clase de paisanos en el ao de 52 fu 138, y nue- ve de los militares: resulta el 8 por ciento prcsimamente de los primeros y el 1 T 4 T de los segundos. La curacin de las fiebres intermitentes, segn acostumbran generalmente los facultativos consiste en los emticos, los emeto- catrticos, los purgantes y las preparaciones de las diversas sa- les de quinina, particularmente el sulfato ya solo maridado con el hidro-ferro-cianato con el tartrito antimonial de potasio; pe- ro con ventajossimos resultados unidos por parte iguales con el cido tartrico. Usanse tambin las friciones del trtaro estivia- do de Peysson, y decocciones febrfugas. La quinina la usan inte- riormente y por fricciones y enemas. En la curacin de las fiebres catarrales sanse los emticos, los purgantes oleosos de man, los pectorales de distintas especies, los diaforticos, las emulsiones gomosas y en algunos casos la quinina. Contra la fiebre amarilla, en su invasin primer perodo, se tisa el plan antiflogstico directo indirecto, ocsicatroya con nie- ve sin ella la frente, fomentos al abdomen y semicupios emo- lientes, enemas, pediluvios y sinapismos, bebidas sub-cidas, ti- sana acidulada con crmor, el aceite de olivas, de almendras dulces, los evacuantes, la pulpa de tamarindo, el man, etc. En el segundo perodo y en los dems, segn la complicacin de la enfermedad, se propina la pocin de quina etrea, la quina con el estracto acuoso de opio, el estracto de quina y ter, la quini- na sola con el lactato de hierro, y otras preparaciones ferrugi- nosas. Curanse las viruelas con los diaforticos; principalmente con las tisanas de borraja, amapolas sahuco, la pulpa de tamarin- do, ligeros evacuantes, algunas emisiones sanguneas generales locales, segn los casos, baos emolientes parciales generales. 214 y I03 antiptridos. Las otras enfermedades, as como son diver- sas en su clasificacin, lo son tambin en cuanto al mtodo cu- rativo. PARTIDO DE SAN FELIPE DE CUMANAYAGUA. Est situado al E. de la villa de Cienfuegos, y su punto mas prcsimo es el embarcadero de Factora, orilla izquierda del rio Caunao. Confina con la jurisdiccin de Trinidad," con la de Vi- lla-Clara, y con el partido de Camarones. El aspecto de su territorio es sumamente variado, al N". N". O. son los terrenos negros, sobresalientes, quebrados, con piedra de cachimba en su capa vegetal, y fondo de arcilla. Al E. son lla- nos con pequeas ondulaciones, parte secundarios, y su mayor estension de sabana estril y arenosa. Despus se encuentra la parte mas elevada del territorio formada de una aglomeracin de lomas escabrosas, cuyos crestones se encuentran cubiertos, en mucha parte, de calcreo superpuesto a las piedras primitivas. Algunas se componen de terrenos secundarios y abundan los mi- nerajes cobrizos mas menos combinados con el hierro y otros metales. El resto es ondaloso y quebrado y solo las mrgenes de los rios ofrecen pequeas planicies formadas por las tierras de acarreo, A las orillas de los rios se cosecha el tabaco en abun- dancia y de buena calidad. En la actualidad se esplotan las minas Santa Teresa, Victoria y Esperanza, de las que se han esportado algunos cargamentos. En la hacienda Urub se halla un gran banco de piedra grfica, bastante buena al parecer para imprenta. En los meses de Abril y Mayo la costa comprendida entre las bocas de Guagimico y San Juan, cuaja sal de espuma de muy buena calidad, que recoge el vecindario para su consumo: puede calcularse su produccin en 1600 arrobas. Encierra los pueblos de Arimao, Cumanayagua, San Antn, la Mandinga y la Sierra. PARTIDO DE SAN FERNANDO DE CAMARONES. Su aspecto es llano y onduloso; en algunos puntos es negro y en otros algo amarillo. Est al N. E. de la villa de Cienfuegos. Cuenta con el casero Ciego-Alonso, y los cuartones Camarones, Limones, Ciego-Montero y Maltiempo. Su poblacin, 3428 blan- cos, 528 de color libres, 2325 esclavos, que componeu 6281 ha- bitantes. 215 PARTIDO DE SANTA ISABEL DE LAS LAJAS. Situado al N. de esta cabecera, presenta su territorio frtil, lla- no y seco, conteniendo algunas sabanas, con tierra negra en ge- neral y por partes un terreno cuabaloso, por cuya causa apenas contiene humedad, orendose al dejar de llover. Su tempera- mento es muy saludable, tiene un cielo hermoso y de un aspec- to muy alegre. El agua es de pozo y muy regular, habiendo ade- mas un manantial cerca de la plaza de la iglesia, al rumbo E. que llaman de la Yagruma, el que d un agua esquisita: hay otro nominado la pocita de Doa Candelaria. PARTIDO DE YAGUARAMAS. Su situacin es al O. de Cienfuegos, limitado al Oriente por el rio Damug. E"o tiene lomas ni mesetas, por ser muy llano en toda su estension: hay dos llanuras notables, una al . y otra al S., su piso es arenoso y muy firme, pero estril y sin cultivo. Tiene varas sabanas por haber poco monte en el interior; las mas dilatadas son las del Alcalde mayor y la de Galindo. La primera abunda en buenos pastos para ganado vacuno y caba- llar, y tiene muy inmediato el rio Alcalde mayor: la segunda es de terreno muy flojo, pantanoso y estril. PARTIDO DEL PADRE LAS CASAS Linda por el X. y N". E. con el de Camarones, por el S. O. con la villa y su baha, por el O. con el rio Damug y por e S. E. con el partido de Cumanayagua. El terreno es variado en cuan- to al color de su superficie, pues lo hay negro, colorado y ama- rillo: es llano pero con algunas ondulaciones. Es de muy buena calidad para pastos y cultivo. Corresponden este partido algu- nos rios y arroyos, como el Salado, el Saladito, el arroyo del In- gles y otros; pero no tiene lagunas. Casi toda su estension est poblada de fincas. Eesmen general de los habitantes de la villa de Cienfuegos y su jurisdiccin. En la Villa. . . 5556 Cumanayagua. . 5979 Camarones . . . 6281 Lajas .... . 10693 Yaguaramas . . 3630 Las-Casas . . . 4569 Total . . . 36654 21G Durante el alo do 1852 hubo en toda esta jurisdiccin 133 emfermos y 601 muertos. En el hospital militar 521 y 9 muertos. En el ao de 1853 hubo los casos de medicina siguientes: MESES. Enero , Febrero ... . . . Marzo Abril Mayo Junio Julio Agosto Setiembre Octubre Noviembre Diciembre Totales . . . PARTE (MYIL. Casos. 256 102 129 153 193 122 259 213 356 570 218 288 2889 Muertos. 9 4 6 8 6 4 7 17 16 32 4 6 PARTE MILITAR. 119 Casos. 29 37 24 12 22 20 33 40 61 55 38 22 393 Muertos, 2 1 1 >j 5? 1 8 7 1 1 22 Los doce meses de 1854 ofrecieron el nmero que sigue: PARTE CIVIL. PARTE MILITAR. MJbJSo, Casos- Muertos. Casos. Muertos. 166 13 22 13 126 8 23 33 98 3 42 33 Abril 82 4 36 90 3 34 1 91 45 27 1 103 11 77 1 154 15 95 5 230- 14 33 3 189 10 24 5? Noviembre '. 59 2 30 1 267 9 15 458 35 Totales. . . . 1655 137 12 Las enfermedades que han figurado en primer trmino han si- do las afecciones catarrales, calenturas biliosas, amarilla, infla- 217 materia, intermitente, diarrea, disentera, anginas, pleuresa y sarampin. Guarnece una compaa la poblacin de Cienfuegos. N. 17. JURISDICCIN DE VILLA-CLARA. De seis diez leguas, segn los diferentes rumbos, es el radio que forma esta jurisdiccin, cuyos terrenos, esceptuando las sa- banas, son muy frtiles y muy poblados de toda clase de vegeta- les. Por la parte del N. son casi llanos, y de bastante poblacin diseminada por ellos. Por la del S. hay cerros estriles, alterna- dos con valles mas menos feraces y poblados. Los principales rios son el Sagua la Grande que corre de S. N., y Sagua la Chica, cuyo anuente principal es el Ochoa, de escelentes aguas. Hay ademas el llamado Yab, y una multitud de rios menores y arroyuelos que riegan la jurisdiccin y en la poca de las lluvias ponen sus habitantes incomunicados. No hay mas montaas que algunas lomas que parecen ser una continuacin de la cordillera de Trinidad, aunque su mayor par- te se halla en grupos aislados. Estas lomas son casi todas pedre- gosas, sin vegetacin y parece que contienen diversas especies mineralgicas. La mayor de todas se halla seis leguas al S. de Villa-Clara, y mide 1200 varas llamndosele Pico del Potrerillo. Varias otras lomas se encuentran en la jurisdiccin, siendo la mas frondosa la titulada Monte Capiro, que est cubierta de plan- tas y rboles escelentes y de la cual sopla una brisa agradable por las tardes. Pocos bosques se ven ya en esta jurisdiccin, pero no escasean I03 rboles frutales de toda especie y maderas duras propias pa- ra construccin. Sus plantas medicinales, son las comunes to- da la Isla en general as como las especies de animales conoci- dos en ella. Posee unos baos termales sulfurosos, [la Pija] seis siete leguas al S. de Villa-Clara, y cuatro minas de cobre igual dis- tancia al S. O., tres inmediatas al pueblo de Manicaragua y una prcsima al casero de San Fernando. Tambin se hallan algu- nos pozos de chapapote. No nace en la jurisdiccin el funesto manzanillo, pero estn pobladas las sabanas de guao, cuyo contacto produce una espe* ci de herpes hmedo, que se cura los quince veinte dias con fomentos de cocimiento de gusima sobremanera emolientes. Como esta jurisdiccin no cuenta con ninguna costa martima, ni tiene mas embarcadero interior que Granadillo, tres leguas 28 218 de la boca del rio Caonao, lmite entre Sag a la Grande y Villa- Clara y ninguno do sus rios desemboca por el S., no tiene caima- nes ni cocodrilos. Las araas peludas y las avispas sufren una transformacin curiosa, segn se espresa el profesor Larralde en sus apuntes so- bre topografa mdica de Villa-Clara. "liemos visto, dice, las araas transformadas en una mota que llaman Zarza, y las avispas en otra designada con el nombre de Ga, y por mas fabu- loso que esto parezca, no es por eso menos cierto. El presbtero Don Jos Dionisio Beitia, nos ense un papel lleno de las se- gundas, y el escribano Don Miguel Palacios, tuvo por mucho tiempo una de las primeras metida en una caja de cristal encima de su mesa de despacho, donde todos la vieron. lie aqu el he- cho. Todos estos animales haban perdido su color, y tenan el de un blanco sucio. Conservaban todava su verdadera forma, pero sus patas eran ya mas largas que lo ordinario, y con algu- nos vellos que iban haciendo el oficio de raicillas. Del cuerpo so elevaba el tallo que constitua la mata de una dos pulgadas de largo. En poca mas avanzada desaparece ya la forma del ani- mal, y de esto hemos visto muchos egemplos, y muchas son las personas que pueden atestiguarlos. Basta que los animales mue- ran naturalmente sobre un terreno propsito para que se veri- fique su metarmorfsis. Por ltimo, hay muchos hacendados de bastante ilustracin, que han ecsaminado semilleros de estas Gias en sus campos, entreonando a las avispas producindolas. He con- signado aqu esta observacin porque no es agena la historia natural y porejue ya anteriormente se ha cuestionado sobre ella en la Isla." Las enfermedades que mas aquejan estos habitantes son las fiebres intermitentes de todos tipos, pero en particular del cuoti- diano, Las causas mas productoras de estas fiebres son las fre- cuentes variaciones de la temperatura. A los das calurosos del verano suceden las noches frescas, principalmente si vela la bri- sa, ha descargado alguna turbonada; lo que produce un cam- bio brusco, que suprimiendo la transpiracin, origina el desor- den del sistema nervioso. As es que los que las padecen con mas frecuencia son los habitantes del campo, mas espuestos es- tas alteraciones. El Dr. Larralde en su larga prctica ha hecho la observacin de que los naturales del pais son acometidos de estas calenturas en doble nmero que los europeos, y en estos son tambin mas benignas y de mas fcil curacin. Lo mismo sucede precisamen- te, segn ha visto, con el ttanos tanto espontneo como traum- tico. De cien tetnicos pueden contarse setenta negros, veinte hijosde la Isla y diez europeos. Cree que tal vez sea la causa de 219 esta diferencia la irritabilidad nerviosa de las distintas razas, pe- ro no entra en la cuestin por no ser propia de este lugar. Las estaciones del ao tienen sus enfermedades propias que sin embargo no escluyen a las que atacan en las dems. En el invierno tropical de Noviembre Febrero soplan los vientos E. N. E. y N., acompaado este ltimo casi siempre de lloviznas. El termmetro que se mantiene entonces de 16 18 Reaumur, baja hasta 10, 12 14. Estas repentinas variaciones de tempe- ratura afectan la economa y dan lugar las fiebres catarra- les, las pleuritis y desarrollan un estado agudo en las afeccio- nes crnicas de los rganos respiratorios, que marchan rpida- mente hacia una terminacin funesta. Durante esta estacin son las maanas muy frias y hmedas las noches, sintindose algn calor al medio dia. Se observan ademas las fiebres intermiten- tes simples y en corto nmero; se presentan el reumatismo, las oftalmas catarrales principalmente en la tropa, y algunas diar- reas serosas. El plan curativo que se emplea contra dichas dolencias, con- siste en los diaforticos antimoniales y las evacuaciones sangu- neas locales, para las pleuritis y las fiebres mucosas; los revulsi- vos, los narcticos y espectorantes para las afecciones crnicas de los rganos torcsicos. Las dems ceden los mtodos ordi- narios, siendo muy til la ipecacuana en las diarreas serosas, y dando muy buen resultado en las oftalmas los colirios de nitrato de plata y las cauterizaciones con el sulfato de cobre, sobre todo si hay granulaciones en la mucosa palpebral. El Dr. Corazza, mdico militar, asegura que estos ltimos remedios no se emplea- ban en la villa de Santa Clara, hasta que l empez propinar- los tanto en la enfermera del cuartel como en el hospital. En la primavera de Marzo Mayo, es cada vez mas intenso el calor y reinan los vientos fuertes de S. y S. E. Las maanas y noches frescas, pero muy clido el resto del dia, sealando el es- presado termmetro de 22 24P. Bajo el influjo de esta consti- tucin climatrica se manifiestan las calenturas gastro-biliosas, las flegmasas cerebrales, los ecsantemas, las anginas y el ttanos. Los agentes teraputicos mas usados para combatir las fiebres biliosas son las sangras moderadas, los evacuantes y bebidas acuosas, como la pulpa de. tamarindo, el agua de Sedlitz, las ene- mas emolientes y la dieta absoluta. Con este sencillo mtodo afir- ma el Dr. Corazza que ha triunfado en todos los casos que se le han presentado, siendo algunos de ellos bastante graves. Esta calentura atac el ao de 1851 casi todos los peninsulares re- cienllegados este punto, y despus de la convalecencia, que era algo larga, disfrutaban de una salud tan perfecta que les hacian creer se hallaban ya aclimatados. 220 rara la curacin de las otras afecciones se emplearon los me- dios ordinarios, con la nica diferencia de que el plan antiflogs- tico no era tan enrgico como en los climas templados, por la ten- dencia que tienen aqu las enfermedades complicarse con fen- menos nerviosos. El totanos se atac con el opio grandes dosis unido al castreo, se ech mano veces de alguna evacuacin sangunea, de la morfina por el mtodo endmico, etc., pero sin mucho fruto, pues de cuatro casos que observ este profesor, so- lo uno salv la vida. La tercera estacin, de Junio Agosto, es la poca de las tor- mentas; la temperatura media 26, la electricidad atmosfrica escesiva, menudean los grandes aguaceros, acompaados de vien- tos frios, y de fuertes descargas elctricas, teniendo que lamen- tar todo3 los aos algunas desgracias. Todos estos meteoros se presentan por la tarde, cuando el calor es estremado, causando disminucin repentina en la escala termomtrica, que influye de un modo notable en la economa, porque entonces se halla la piel en su mcsimun de actividad. Desde luego aparecen las hepatitis, las apoplegas y las dems enfermedades de los centros nerviosos y del tubo digestivo, to- mando algunas veces la forma atcsico-adinmica. El tratamien- to de estas afecciones morbosas es poco mas menos el ordina- rio, como las sangras y dems antiflogsticos, teniendo muchas ocasiones necesidad de recurrir despus de este la medicacin tnica y revulsiva, especialmente en los casos adinmico-atc- sicos. Finalmente, en los meses de Setiembre Noviembre las llu- vias son continua